1.  La unidad, condición necesaria

31 de marzo de 2005; Jueves de Pascua

 

Se sitúa el proyecto político de José Antonio dentro del proceso histórico concreto abierto el 14 de abril de 1931, como una propuesta para evitar su frustración como otra ocasión más perdida por España de conseguir el resurgimiento de una común aspiración nacional. Y, todavía, lamentamos que el fracaso del 18 de julio para la rectificación de la II República (si, el pronunciamiento militar fue para rectificar la República y no para restaurar la Monarquía), y su conversión en guerra civil, significara, por ello, que se malograra el proyecto de José Antonio. Que, en efecto no fue otro que el de poner fin a las dos Españas mediante la síntesis de los valores nacionales de la derecha con los valores sociales de la izquierda, en una Nación de todos, para todos, y con todos, sin exclusivas ni exclusiones. Y pensamos que ésta debió ser su última y más amarga reflexión al amanecer del 20 de noviembre de 1936, frente al pelotón de su fusilamiento. Hoy, sesenta y nueve años después, esta bandera sigue alzada: la unidad de las dos Españas, la unidad de lo nacional y lo social, la síntesis de tradición y revolución. Porque no puede haber Patria sin pan ni justicia. Ni pan y justicia sin Patria. Todo el pensamiento de José Antonio es un mensaje de unidad: unidad en el hombre y entre los hombres; unidad entre las clases sociales; unidad entre las tierras de España. Unidad de Europa y unidad de Iberoamérica. Pero ¿estamos en condiciones de predicar la unidad, quiénes no la practicamos, ni la queremos, ni siquiera entre nosotros mismos? Hay que poner fin inmediato al escándalo de la confrontación fratricida entre los que, todavía, declaramos nuestra filiación joseantoniana. Sin la previa unidad entre nosotros mismos no hay nada que hacer. Sólo llorar. Es decir, seguir llorando.

 Jaime Suárez