Este hombre

 

 



Enrique de Aguinaga
De libro Un informe (1972) y sus revisiones
Plataforma 2003


¿Quién es este hombre que, solo con tres años de azarosa vida pública, muerto en plena juventud, ha sido sublime referencial nacional durante toda una época histórica y ahora se condena al silencio o vituperio?

El mismo bromeaba con la largura de su nombre, José Antonio María Miguel Gregorio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, y decía: Soy un desgraciado que no se puede hacer tarjetas de visita al minuto. Pero la historia lo ha abreviado y lo ha dejado escuetamente en José Antonio, como yo quisiera abreviarle esta tarde, librándole de tanto falso apellido como se le ha impuesto.

¿Quién es este hombre cuyo nombre ha estado escrito en los muros de todas las iglesias de España y ahora hay que pronunciarlo en voz baja?

¿Quién es este hombre que, solo con un millar de páginas escritas, ha atraído y movilizado a jóvenes de tres generaciones?

¿Quién es este hombre que ha suscitado irreprimibles elogios, no solo en sus seguidores, sino también de sus adversarios?

¿Quién es este hombre sepultado en el corazón de piedra del Valle de los Caídos y enterrado también en el silencio y en la deformación, hasta el punto de que se pueda seguir hablando de José Antonio como de un desconocido? 235

¿Quién este hombre, perseguido por las izquierdas y por las derechas, como dice su propio cancionero?

¿Quién es este hombre del que, a los sesenta y seis años de su muerte, se publican nuevos libros, que se suman a su cuantiosa bibliografía, muy superior a la de sus contemporáneos en la política, que le multiplican en años de ejercicio?

¿Quién es este hombre del que, antes que en España, se han hecho tesis doctorales en Universidades de Europa y América?

¿Quién es este hombre que, ahora mismo, está suscitando un movimiento de catacumbas para romper el silencio en el año 2003, año de su centenario?

¿Quién es este hombre que ha pasado del mito a la proscripción?

¿Quién es este hombre del que se habla para condenarle sin conocimiento, sin lectura y, mucho más, sin estudio?

Buscando la respuesta a estas preguntas, en un libro recopilado por Emilio González Navarro y yo, hemos incluido mil juicios personales sobre José Antonio. Son juicios de amigos y adversarios, de parientes y desconocidos, de jóvenes y de viejos, de letrados y de simples, de personas de todas las tendencias y de todas las condiciones.

De la suma de tantas y tan variadas opiniones, como un denominador común, se deduce, por una parte, el atractivo personal de José Antonio, reconocido por todos, y por otra parte, su serena fidelidad a la norma inteligente, que le eleva sobre todas las violencias contextuales. 236

De este hombre, al principio de la guerra civil, desde Salamanca, donde era Rector de la Universidad, Miguel de Unamuno, el autor de La agonía del cristianismo, escribe a un amigo de Buenos Aires:

Apenas si se sabe nada de su suerte. Imagínese mi zozobra. Ahora, que nos da por arrasar la inteligencia, no es lícito que guardemos con demasiado optimismo lo que la contienda pueda depararle. Lo he seguido con atención y puedo asegurarle que se trata de un cerebro privilegiado. Tal vez, el más prometedor de la España contemporánea. 237

De este hombre, al cabo de los años, al final del siglo, Fernando Sánchez Dragó ha escrito:

El españolito con más gancho, con más misterio, con más duende, con más ángel, de esta terrible centuria que ya se acerca a su fin, se llamaba y se llama José Antonio Primo de Rivera. Urge sacar del olvido a este personaje, a este heredero de Hércules y de Ruiz Díaz de Vivar, a este sumo sacerdote -el último seguramente- de la religión del iberismo. Quizá su ejemplo nos pueda dar una pauta y una llave para abrir la oscura puerta del futuro. José Antonio Primo de Rivera es el español más interesante (y más desaprovechado) de esta terrible centuria que ya se acerca a su fin. 238

De este hombre se ha dicho, por ejemplo: prodigio de armonía (Pedro Laín), ¡qué alma tan limpia! (Gustave Thibon) 239, Inefable (Azorín) 240, intérprete y realizador de la doctrina de Ortega (Pío Baroja) 241, señalado por Dios (Camilo José Cela)242, inmenso filósofo (Cándido) 243, una de las personalidades más nobles y atractivas de nuestra Historia contemporánea (José María García Escudero) 244, Quizá hubiera podido cambiar la historia de España (Salvador de Madariaga) 245, generosa cordialidad frente a los que no pensaban como él (Gregorio Marañón) 246, víctima inenarrable (Indalecio Prieto)247, La verdad de España duradera (Luis Rosales) 248 ...

235 Arnaud Imatz, José Antonio, ce méconnu, en Le Monde (Diario), París, 30 de octubre de 1983. Antonio Gibello, José Antonio, ese desconocido, Dyrsa, Madrid, 1985

236 Enrique de Aguinaga y Emilio González Navarro. Discursos de presentación del libro Sobre José Antonio, Barbarroja, Madrid, 1997, p. 11

237 Miguel de Unamuno, carta al periodista argentino Lisardo de la Torre, agosto de 1936.

238 Fernando Sánchez Dragó, La dragontea, en Época (revista), Madrid, 15 de abril de 1991.

239 Francisco Navarro Calabui, en Arriba (diario), Madrid, 14 de septiembre de 1965.

240 Azorín, Elegía a José Antonio, en Gaceta Regional (diario), Salamanca, 20 de noviembre de 1941.

241 "Arriba" (dario), Madrid, 20 de noviembre de 1947

242 Camilo José Cela, Aquella noche... (once glosas desordenadas), en Ya (diario), Madrid, 20 de noviembre de 1943.

243 Carlos Luis ÁLvarez, Carta a las Juventudes de España, en Ariba, (diario), Madrid, 20 de noviembre de 1966.

244 osé María García escudero, El reformismo de José Antonio, en Ya (diario) , Madrid, 2 de diiembre de 1981,

245 Octavio Victoria, Vida de Salvador de Madariaga, Fundación Areces, Madrid, 1990, pp. 236-237.

246 Gregorio Marañón, Ensayo sobre la generación del 09, en Obras Completas, Tomo I, Espasa Calpe, Madrid, 1982, p. 804. Felipe Ximénez de Sandoval, José Antonio, Biografía apasionada, IV edición, Bullón, Madrid, 1963, p. 376.

247 Alfredo Kindelán (hijo), Contrastes, en ABC (diario), Madrid, 15 de mayo de 1876.

248 Luis Rosales, Soneto a José Antonio que descubrió, expresó y defendió la verdad de España. Murió por ella en Corona de sonetos en honor a José Antonio Primo de Rivera, Jerarquía, Barcelona, 1939.