Sobre el desmantelamiento de los restos del monumento
erigido a José Antonio Primo de Rivera en Barcelona

         
Sr. Director de La Vanguardia
Barcelona                                                                                         

 17 de febrero de 2009

Me imagino que el Sr. Alcalde de Barcelona y todos los miembros del Consistorio que preside dormirán tranquilos al haberse desmontado las piedras de lo que fue el monumento a José Antonio Primo de Rivera. Ahora ya podrán dedicarse a resolver los problemas que tiene nuestra ciudad y cuya enumeración excedería en mucho las líneas que este periódico me concede.

Me duele profundamente que se haya intentado agraviar la memoria de un hombre, fusilado en la contienda civil, que dejó sobradas muestras en sus escritos de amor a Cataluña y a la Barcelona que conoció. Fue el que dijo, por ejemplo, que “es torpe la actitud de querer resolver el problema de Cataluña reputándolo de artificial”, por tratarse de “un problema dificilísimo de sentimientos”; fue también, por seguir con otro ejemplo, el que aludió a “la liturgia de la sardana”… Para qué seguir.

Lo curioso es que se desmonten unas piedras -su efigie ya no las presidía- con la acusación de “franquismo”; hay historiadores que sostienen que ambos personajes no se profesaban mutua simpatía por discrepancias de ideas.

De todas maneras quizá diga algo a los jóvenes actuales la frase que presidía el derribado monumento: “La vida no vale la pena vivirla si no es para quemarla al servicio de una empresa grande”. Y a todos seguro que nos dice algo sus últimas palabras: “Ojalá sea la mía la última sangre española que se vierta en discordias civiles”. Así sea.

Atentamente,

Fdo: Manuel Parra Celaya
08025 Barcelona

 

(Por seguridad omitimos el DNI y domicilio de Manuel Parra).