AQUEL PERIÓDICO QUE MURIÓ
AL CUARTO NÚMERO

 



Francisco Bravo
FOTOS, 27.11.1937

Aquel periódico que murió al cuarto número. Pocas misiones más gratas que esta de historiar los tiempos primeros de la Falange. Al exhumar recuerdos y papeles, se evocan los días ilusionados que trajeron después estos de plenitud. Pronto haremos un libro sobre José Antonio y la vieja Falange. Mientras tanto, que estos reportajes remocen los bríos de la vieja guardia y aleccionen a los miles de camaradas que están con nosotros, precisamente porque la astucia y el valor de los primeros luchadores tenían una fuerza proselitista irresistible.

Hoy vamos a contar como se hacía y distribuía aquel boletín clandestino, zozobra de polizontes, terror de nuestros enemigos, que José Antonio -encarcelando ya- ordenó hacer, dándole el nombre castizo y retador de "No Importa". El susbtítulo era: "Boletín de los días de persecución". Y a través de la feroz represión emprendida contra nosotros después del 16 de febrero, aquella hojita era más eficaz y ofensiva que las mismas pistolas de nuestros hombres de lucha. Todos recordamos el "éxito de público" que tuvo. Furtivo, silencioso, se le escurría a los esbirros del tristemente célebre Alonso Mallol y llegaban a los últimos rincones del país dando ánimos y acrecentando la leyenda de la audacia invencible que siempre tuvo la Falange.

En Baleares el "No importa" tuvo una réplica clandestina también. Era una doble hoja titulada "Aquí estamos" Por circunstancias fácilmente comprensibles, no tuvo ni la fama ni la difusión que el primero, sobre cuya historia vamos a escribir ya, sin más tramites ni prólogos.

LA FIGURA DE MARIANO GARCÍA

Mariano García o la lealtad. Ancho, fuerte, incansable en la tarea, reservado, valiente cuando hacía falta, todo esto era y es el camarada Mariano García carnet núm. 29 de la vieja Falange, empleado administrativo a las órdenes de Raimundo Fernández Cuesta y administrador del semanario "Arriba". Uno de esos hombres sencillos, indispensables junto a las jefaturas, para realizar órdenes e implantar consignas, a despecho de dificultades.

Mariano García lleva ya unos meses en la zona nacional. Forma parte de este grupo de hombres ligados a José Antonio desde la hora primera, con el cual es menester contar cuando se quiere conocer el vivir íntimo de la Organización en sus primeros años de vida y lucha. Los que a él pertenecemos nos basta esta facultad de evocar el pasado, para sonreír optimistas al porvenir.

Este camarada era quien mejor podía relatarnos la historia del "No Importa". He aquí la charla sostenida con él, que publicamos seguros de que será leída ávidamente por nuestros camaradas y por quiénes sin serlo, recuerden con admiración los días más duros de la persecución desencadenada contra nosotros por el Frente Popular, a partir de febrero de 1936.

JOSÉ ANTONIO ORDENA

Yo sé camarada Mariano García que tú interviniste decisivamente en la publicación del "No Importa". ¿Quieres decirme lo que sepas sobre el asunto?
Porque a estas alturas puede servir al prestigio de Falange, contestaré a tus preguntas.

A José Antonio lo detuvieron el 14 de marzo. El semanario "Arriba" había sido suspendido (El último número, recordamos nosotros, fue el 24 de fecha 5 de marzo), y como era menester mantener la comunicación con los camaradas todos y, a la vez, atacar a los gobernantes, recibí la orden del propio José Antonio, oída a través de las rejas de la Modelo, para editar clandestinamente, por supuesto, un boletín que redactarían él, Raimundo Fernández Cuesta y otros camaradas de los que colaboraban en el semanario.

José Antonio mostró el interés más decidido en que sólo conociéramos la imprenta Raimundo, otro camarada y yo. Era preciso desesperar a la Policía y asegurar, al mismo tiempo la publicación del "No Importa". Y como era mi costumbre, apenas recibía la orden de José Antonio, me puse a buscar la imprenta por todo Madrid, pidiendo la colaboración a los impresores cuya simpatía por Falange conocía yo. Pero nadie se prestaba a ello por miedo al Gobierno y a los riesgos de toda clase que la publicación representaba. Teníamos los talleres de un camarada, que en otras ocasiones nos había servido, pero no queríamos arriesgarnos a perderla. Decidí por consiguiente, utilizarla únicamente en último caso. Y después de un peregrinaje por varias casas, encontré al fin una -no es posible, por hoy dar mas detalles sobre ella- cuya regente era falangista. Miembro de nuestro Sindicato de Artes Gráficas, el cual no sólo aceptó la responsabilidad de editar el "No Importa", sino que además, buscó un equipo de obreros de confianza, formado por un linotipista, un cajista y un maquinista. Con estos medios se comenzó a tirar el boletín. Los obreros, el regente y yo, hacíamos todo en dos noches, trabajando después de las once hasta la madrugada. Había que procurar no dejar ni rastro en el taller, porque los obreros de la casa eran rojos. La primera noche la dedicamos a la composición y corrección del primer número y la segunda a tirarlo. Puedes creer que no pegamos ojo durante más de cuarenta y ocho horas.

Quién hacía el empaquetado y la distribución?
El empaquetado lo hicimos en una habitación de la misma imprenta, entre el regente y yo. En un bolsillo llevaba los sellos para la franquicia. Hacíamos paquetes para las cincuenta provincias, "camuflándolos" convenientemente con etiquetas de Academias o casas de específicos y los depositábamos en varias estafetas para no llamar la atención. Los números destinados a Madrid no eran repartidos sino un día después de que se hacían los envíos a provincias.

De primer número del "No importa" se tiraron unos doce mil ejemplares. Para Madrid se reservaban tres mil y el resto se enviaba fuera. Dudo, que no obstante su clandestinidad haya habido en los últimos años publicación que causara un efecto más sensacional en toda España.

Como se hacía el reparto en Madrid?
Del "No importa" se hicieron tres números. Del primero hice diez paquetes, destinando cada uno al Jefe de Distrito de Falange, quien a su vez, tenía la misión de hacerlo llegar a sus subordinados y éstos de divulgarlo por todos los medios. Con un ordenanza de mi confianza cogimos un taxi cualquiera, metidos dentro los diez abultados paquetes y nos pusimos a hacer la distribución. Al llegar a la calle donde vivía el jefe de distrito, hacíamos parar el taxi tres o cuatro números antes o después del domicilio del camarada respectivo. Y mientras el ordenanza le subía el paquete, yo vigilaba y daba conversación al taxista, a fin de que no entrara en sospecha.

De esta forma el reparto del primer número se hizo sin dificultad. Para distribuir el segundo, usé el coche del camarada doctor Vaquero, ahora en zona nacional, que como falangista, disciplinado y entusiasta, lo cedió para este y otros menesteres de la Falange. Y el tercero lo repartí valiéndome del auto el camarada Ara, que entonces era jefe de Falange del distrito de Buenavista.

¿Cómo recogías los originales para el boletín?
José Antonio había prohibido, como ya te dije, que en el asunto interviniéramos más que dos o tres camaradas de toda confianza. Por esta causa yo mismo tuve que encargarme de recoger los originales de los artículos que se publicaban. La tarea exigía toda clase de precauciones. Cerrados nuestros centros y estrechamente vigilados todos nosotros, me valía de diversas tretas para burlar a la Policía. Los originales que salían de la Modelo, me llegaban por los conductos más inverosímiles. Otros trabajos me llegaban a mí de la siguiente manera: citaba a los camaradas encargados de traérmelos en cualquier punto de la ciudad, en pena calle de Alcalá o de la Gran Vía o en uno de sus cafés. Al saludarnos, me entregaban de manera ostentosa un ejemplar del " Heraldo" o de "El Socialista" que en sus dobleces guardaba el original del artículo que al ser leído, en el "No Importa" hacía perder el sueño a más de cuatro.

LA POLICÍA, JUNTO AL "NO IMPORTA"

Nada más aparecer el boletín -sigue diciéndome Mariano García- comprendimos que toda la policía de España estaba tras de sus huellas. Todos los números, una vez que estaban distribuidos, los hacía yo llegar a la Dirección General de Seguridad por un camarada asiduo de la casa, que se prestaba a la delicada tarea con verdadero entusiasmo. Alonso Mallol, Casares Quiroga, echaban las muelas cada vez que el "No Importa" llegaba a sus manos. La Policía registraba noche y día todas las imprentas. Pero el "No Importa" cumplía su desafío desde el primer número, en el que publicamos un suelto que decía:

"Para la difusión de este folleto.-La impresión de este boletín no corre peligro; está fuera del alcance de los sabuesos de Casares Quiroga. Pero su difusión, naturalmente, no está tan asegurada como la de "Claridad". Para irla organizando se establecen las siguientes reglas:"
Y se estampaban hasta tres indicaciones para solicitar, recibir y propagar el "No Importa".

Pues bien, en la misma imprenta donde se hacía nuestro famoso boletín se editada una publicación profesional del Cuerpo de Policía. Algunas veces, al ir yo con los originales me tropezaba con agentes de Vigilancia que iban con los de su revista.

¿Quién visaba los originales?
Antes de darlos a componer me las ingeniaba para que los viera José Antonio, mientras estuvo en la Modelo, luego los visaba Raimundo, quien en alguna ocasión remitió a Alicante algún artículo para que el Jefe los juzgara.

INCIDENCIAS CURIOSAS

¿Recuerdas algún detalle curioso digno de ser contado?
Puedes relatar los siguientes:

En la primera página del número primero aparecían estas cabezas: "El Gobierno, fuera de la Ley. -Falange Española de las JONS, declarada lícita por los Tribunales, sigue soportando el atropello gubernativo". Pues bien; sin darnos cuenta, de buena o mala fe, el cajista puso "ílicita" en vez de "lícita". Comenzamos la tirada y me llevé a casa los primeros números, formando un paquete que recogía personalmente un camarada de Cuenca para repartirlos en su provincia. A las doce de la noche me avisó de la errata en cuestión. Por teléfono avisé al regente de lo sucedido. Una hora después estábamos en la imprenta y enmendamos la errata, destruyendo los ejemplares donde aparecía. Figúrate si el boletín parece con el disparate a toda plana… José Antonio nos hubiera descalificado.

Por las dificultades originadas por la sañuda persecución que sufríamos, el tercer número de "No importa" salió hecho una verdadera birria. Aparecían repetidas algunas cosas y abundaban las erratas. El cajista autor de la errata del primer ejemplar había sido despedido ya que no sabíamos si su conducta era voluntaria o no, claro está, que haciéndole ver a lo que se exponía si se iba de la lengua. Pero sus sustitutos, el linotipista y todos, hacíamos las cosas con tantas ganas de ver el boletín en la calle, que el citado tercer número era una verdadera calamidad.
José Antonio, -tu lo sabes bien- era exigente, con las obras de la Falange, en grado sumo. Y al leer aquel engendro, nos envío desde Alicante una nota de su puño y letra, conteniendo un justísimo reproche para cuantos confeccionábamos la hoja clandestina de Falange, amenazando con suspenderla fulminantemente "para vergüenza -decía- de todos" si tales defectos se repetían.

POR QUÉ NO SALIERON MÁS NÚMEROS

Ya estaba José Antonio en Alicante y mientras se hacían los preparativos para la insurrección, me ordenó preparase la salida del cuarto número. Pero el dueño de la imprenta se negó a tirarlo. Porque la Policía había hecho un registro minucioso, deteniendo al camarada regente y privándome del más eficaz de mis colaboradores. No cabía duda que la policía había dado con la pista del boletín. Te explicaré como fue:
Teníamos unos cuantos millares del folleto editado por Falange, original de Raimundo Fernández Cuesta, titulado, "Economía, Trabajo y Lucha de clases". De acuerdo con el camarada encargado de Propaganda, decidimos enviárselos a los jefes provinciales, aprovechando la oportunidad del envío del número tres de "No Importa". El regente y yo, pensamos en el peligro que podía presentarse si abrían un paquete, ya que el folleto llevaba pie de imprenta, pero como nada había ocurrido en los números anteriores, decidimos enviar juntos el boletín y el trabajo de Fernández Cuesta.

En efecto, la cosa nos salió bastante desigual. Aquella misma noche se registró la imprenta, el regente fue detenido y los policías se llevaron los paquetes preparados para ser enviados a provincias. Pero yo logré salvar los tres mil números destinados a Madrid. Y con gran asombro de Mallol y sus subordinados, el "No importa" se repartió al día siguiente por todo Madrid, movilizando para ello a la Segunda Línea de Falange.

Descubierta la imprenta y ante la orden de José Antonio de que había que tirar el cuarto número, me dediqué a buscar imprenta nueva. Nadie quería comprometerse ni aún pagando por adelantado. Pero la Falange que para todo encontró siempre héroes y mártires, halló entonces al impresor con camisa azul que decidiera tirar el "No Importa", aún a riego de perder la libertad y acaso la vida.

En la imprenta, situado no lejos de un cuartel donde días después se luchaba por la nueva España, trabajaban los obreros en varios turnos, el último de los cuales dejaba el trabajo a las once de la noche. Cualquier trabajo de carácter clandestino había que hacerlo después de esa hora. El boletín debía salir el jueves 16 de julio. Contenía, entre otros trabajos, uno de Manuel Bueno y otro del camarada Tomás Borrás cuya conducta fue excelente como lo demuestra el hecho de que editara por su cuenta cuarenta mil ejemplares de la letra y música de nuestra canción de guerra y diez mil folletos del programa nacionalsindicalista. Teníamos, por consiguiente, original y todo preparado para salir el citado día 16. Pero surge el asesinato de Calvo Sotelo el día 13 y José Antonio ordenó se aplazase la publicación ya que quería publicar unas líneas suyas condenado el suceso y reclamaba un lugar preferente.
Dejamos por hacer un recuadro en la primera página y ajustamos las demás. Al día siguiente viernes, recibí el original del puño y letra de José Antonio, condenando durísimamente el asesinato de calvo Sotelo. Y cuando aquella noche lo íbamos a hacer, llego un nuevo emisario de Alicante con un manifiesto que José Antonio lanzaba al país.
Pero esto dejémoslo para un próximo reportaje.

Francisco Bravo