LA BALA QUE MATÓ A JOSÉ ANTONIO,
HA SIDO ENCONTRADA EN ALICANTE

Por José M. Martínez Aguirre
Semanario El Español, 22-I-44

        


Así se demuestra la autenticidad de la bala. La silueta marca el lugar exacto que ocupó José Antonio junto al ángulo. La pequeña cruz, a la altura del pecho, está en el lugar del impacto donde fue hallado el proyectil, según se ve en la «foto» del detalle del muro. Al caer José Antonio hacia su izquierda, quedó, aproximadamente, en el lugar donde hoy se alza la cruz. La doble flecha del suelo indica el lugar ocupado por el piquete de ejecución.
 

 



Un detalle del muro ante el que estuvo José Antonio en el momento de su fusilamiento. La flecha en negro indica la bala. De allí mismo fue arrancada por el camarada Alberto Valero solo unos días después.

 


La bala que mató a José Antonio ha sido encontrada en Alicante. El milagroso y accidentado proceso que ha seguido este pedazo de plomo durante siete años, hasta aparecer, plenamente identificado como el proyectil que causó la muerte al primer jefe nacional de la Falange, tiene rasgos y detalles interesantísimos. Es una larga historia. llena de matices inesperados y de hechos en parte inexplicables, la que nos va demostrando paso a paso. d e s d e aquella madrugada trágica hasta el 29 de noviembre último - fecha en que la bala fue depositada en manos del jefe provincial de Alicante--, la realidad incontrovertible de que precisamente este proyectil, entre todos los disparados aquella mañana. fue el que segó la vida del Fundador.

Ahora, pasados aquellos tiempos d e zozobra y de angustia en la zona no liberada. casi esfumado su recuerdo con el accidentado palpitar de estos últimos años. la narración detallada de tantas pequeñas coincidencias como contribuyeron a la conservación de esta reliquia falangista constituye un capítulo inédito -e interesantísimo-. que puede ser el epílogo para la biografía de José Antonio.

Ha sido un doble peregrinar milagroso -el de esta bala. primero encerrada en el minúsculo patio de la enfermería donde fue asesinado José Antonio  y luego caminante y escondida en distintos lugares de la provincia, hasta que la paz hizo posible su aparición sin peligros a la luz pública. Encierra todo ello una suerte doble: la de conservarla intacta a través de tantas peripecias y la de conservarnos también la certeza -lo más importante- de su procedencia.

Por este doble cúmulo de circunstancias favorables, la Falange cuenta hoy con una valiosísima prenda más, directamente relacionada con el sacrificio de su jefe nacional. Y ahora, tanto como guardar este pedazo de metal, chafado por su vértice, interesa la conservación minuciosa de esta historia que, punto por punto, con detalles magníficos, sirve como comprobante de indudable  fuerza para asegurar la procedencia legítima de la reliquia.

Veréis, diáfanos como en una operación matemática, interesantes como la más estupenda aventura, los detalles sobresalientes de esta singular historia.

Alberto Valero Montesinos es jefe local del Movimiento en Rojales desde los primeros días del año 1936. Una limpia trayectoria en el servicio falangista-durante ocho años de labor activa-en este núcleo fundamental de la Falange de Alicante, que estaba constituido desde la visita de José Antonio. por los grupos de la Vega Baja del Segura.
Rojales es un pueblo agrícola situado junto al río. casi al final de su curso. entre huertos de naranjos y cabezas montañosos, estériles. Allá fue, en su apasionada peregrinar por todas las tierras de España, el jefe nacional de la Falange. Y de esta visita salieron dos jefes locales íntimamente relacionados con los detalles de esta historia: Alberto Valero Montesinos. de Rojales, y Felipe Hernández Ros, de Benijófar.

Poco después del 18 de julio Valero, perseguido sañudamente por los rojos, como todos los demás miembros de la Falange, marchó a Madrid, escondiendo su verdadera personalidad, con el ánimo de servir al Movimiento desde la zona roja, o, en el mejor de los casos, de hallar el modo de pasarse al territorio nacional. Sin embargo, los hechos no ocurrieron tal y como el primer jefe local de Rojales lo esperaba, y muy poco tiempo después, a primeros de septiembre, ingresaba en la cárcel de Murcia, en la que iba a permanecer hasta finales de noviembre. Luego, una providencial medida de los marxistas dio por resultado su traslado a la prisión provincial de Alicante, y con ello al origen primero y fundamental para el hallazgo de la bala.

ALBERTO VALERO EN ALICANTE

Con los primeros días de diciembre del año 1936 Valero era ingresado en la antigua cárcel de Alicante, hoy casa-prisión, donde sólo diez jornadas antes había sido asesinado José Antonio. No ingresó solo. Su hermano Joaquín-por algo eran una familia de falangistas-le hizo compañía desde el primer momento en la celda número 12 de la galería final, precisamente la misma en donde ahora se halla instalada la capilla de la casa, y a la que daba también la celda donde estuvo José Antonio. Miguel Primo de Rivera estaba entonces, incomunicado, en la celda contigua, número 11, de esta misma galería,
Era natural que toda la atención de los dos hermanos se dirigiese exclusivamente hacia ese patio lóbrego. apenas entrevisto en la parte alta de sus muros por el ventanuco enrejado de la celda, en donde diez días -antes había hallado la muerte el jefe nacional. Laboraron pausadamente. El patio, por rigurosa orden superior que nadie se atrevía a quebrantar, estaba cerrado desde el mismo momento en que fueron sacados :os cadáveres de José Antonio y de los cuatro mártires de Novelda con él asesinados en la mañana del mismo día 20. Era, un comparti- miento vedado. desde aquel fatídico instante. a los ojos humanos. Nadie podía traspasar el umbral de esa pesada puerta. forrada de recia chapa metálica. que separa la galería del patio.

A este lado de. la puerta. Miguel Primo de Rivera Alberto y su hermano Joaquín: la Falange, esperando impaciente un instante. un resquicio, para pisar ese mismo suelo sembrado de guijarros, para contemplar, el muro de pétreos sillares donde se habían estrellado las balas asesinas. Más allá de la puerta. al otro lado, cuatro paredes grises. un centinela eternamente apostado en lo alto del muro y varios impactos minúsculos -señas apenas visibles en la durísima piedra-de los lugares donde golpearon las balas después de su misión asesina. Se comprende fácilmente que aquella puerta-el franquearla-fuese desde el primer momento de su llegada una obsesión impresionante para los dos hermanos falangistas de Rojales.

POR FIN... EN EL PATIO.

La constancia y la suerte pudieron más que todas las severísimas órdenes del director de la cárcel. Una mañana temprano. muy poco después de aquella en que los dos presos llegaron conducidos desde Murcia, ambos fumaban unos cigarros con uno de los oficiales de la prisión en el pasillo de la galería. El tabaco fue lo primero. Al instante la conversación se deslizó por el tema más trascendental: la visita al patio, y. por fin sin que nadie se enterase, los dos hermanos fueron introducidos por el oficial hasta el patio que guardaba todavía en el aire; virgen de toda otra huella humana desde entonces, la presencia intangible de los cinco caídos de la Falange.

El mismo oficial fue explicando detenidamente a sus dos emocionado interlocutores cómo ocurrió el hecho. -Aquí- dijo. señalando aproximadamente al centro del patio -se situó el piquete de ejecución. Contra José Antonio dispararon tres malagueños refugiados en Alicante desde la caída de su ciudad natal. Eran Beltrán, Escalera Y Pantoja. José Antonio Primo de Rivera estaba colocado exactamente ante el muro ése -el que hay junto a la puerta de la enfermería-,y junto al ángulo que forman esta pared y la que limita el rincón del fondo del patio. Los otros estaban al lado de él frente a ese recodo que tiene en su final el patio y junto a la pared que lo separa de la calle.

Alberto, con la fiebre de la emoción en los ojos, recorrió con una rápida mirada todos los detalles del recinto. La pared, la puerta de la enfermería. aún un poco manchada; el otro muro del fondo, ante el que habían estado los cuatro caídos con el Fundador... Sin embargo. donde puso toda su atención fue en los bloques de piedra que situados a la altura del pecho de un hombre, corpulento formaban el ángulo de las dos paredes. Allí enfrente. precisamente donde él mismo pisaba, había pisado José Antonio sus últimos Instantes. En En esta pared, en estas piedras -pensó- se apoyaría un instante su cuerpo, herido de muerte. antes de caer ....

EL IMPACTO

-¿Qué ... ? ¿Qué es esto? . Miró con detenimiento aquel trozo minúsculo de muro, los tres o cuatro sillares más próximos al lugar donde había estado José Antonio. y volvió la cabeza disimuladamente hacia el oficial de la prisión. Lo vio atentamente interesado en contar a Joaquín algunos nuevos detalles. Entonces Alberto sacó un minúsculo cortaplumas y lo aplicó contra la pared. Hizo fuerza ...

El guardián seguía enfrascado en sus explicaciones:

-Cuando lo fusilaron, José Antonio cayó en dirección al portal de la enfermería. Quedó tendido ahí- y señalaba una distancia equidistante entre los dos límites de la pared- o mucho más cerca de la enfermería que antes de las disparos.
 

«Otro de los que fusilaron -proseguía-, no muerto del todo, se fue arrastrando lentamente, mientras los del piquete cargaban de nuevo, junto a José Antonio, hacia la puerta de la enfermería. Allí, tendido ya sobre los dos primeros escalones, lo remataron ... »

Cesó la locuacidad del oficial de la prisión.

Alberto, nervioso, se precipitó al interior de la galería de nuevo. Tenía visible prisa por entrar en su celda. Ya dentro de ella, emocionado, encendido el rostro, con una palpitación creciente de todo su ser, escuchó, pegado el oído a la puerta, los pasos del guardia que se alejaba por el largo corredor. Unos instantes después, ya más tranquilo, se hallaba acurrucado en el último rincón de la pequeña estancia, Allí vuelto de espaldas, a la puerta para que no pudieran verlo por la mirilla, sacó un pequeño portarretratos, completamente deformado por algo grueso que tenía dentro. Lo abrió cuidadosamente. Su hermano Joaquín veía con estupor, dentro del minúsculo estuche, un trozo de metal cilíndrico y con la punta chafada. La voz de Alberto aclaró sencillamente: 
-Esta es la bala que ha matado a José Antonio.

COMPROBACIÓN

Puede parecer hasta cierto punto difícil a cualquiera que haya visitado la casa-prisión y sepa cómo estaba el patio, esto de que Alberto Valero encontrase la ,bala precisamente la que se hincó en el cuerpo de José Antonio -entre tantos guijarros grises, iguales, como hay en el suelo. Pero es que el valioso proyectil no fue hallado en el suelo, sino en la misma pared. Y, aparte de esto, son convincentes en sumo grado, irrefutables, los razonamientos que el primer jefe local de la Falange de Rojales aduce para demostrar su certeza. El mismo relata los detalles siguientes:
 
La bala, estaba clavada en la pared. Aún puede verse ahora, y se aprecia claramente en la fotografía, la pequeña señal que dejó en la dura piedra del muro al chocar, contra ella, Muchas, al rebotar, quedarían-y quizá estén aún-mezcladas con los cantos rodados del piso; pero ésa se quedó adherida al muro, chafada la punta por el fuerte gol- pe, como si fuese la cabeza de un clavo, y en el mismo lugar de donde saltaron las minúsculas esquirlas de piedra que la violencia del golpe desprendió y que ahora quitado el proyectil, siguen señalando el lugar donde éste se hallaba. La seguridad de que ésta era la bala que mató a José Antonio estaba en la misma narración del oficial de la cárcel. Si el Fundador se colocó solo, un poco distanciado de los demás, junto al ángulo de los dos muros del patio es materialmente imprescindible que la bala, para dar en la pared de este lugar, atravesase primero el cuerpo que tenía delante. La altura del lugar donde se encontraba es exactamente, como se dijo antes, la más aproximada a la parte del cuerpo de José Antonio donde debieron dirigir sus disparos. Claro que fueron tres los que hicieron fuego a la vez contra él; pero la explicación lógica de que sólo se haya encontrado este proyectil está en que los otros dos, quizá encontrando mayor resistencia, se quedarían dentro del cuerpo, mientras que éste atravesaría por un lugar tal que pudo salir con fuerza suficiente para romper piedra tan dura y para quedarse adherido a ella.

Que los otros dos proyectiles no salieron lo demuestra el hecho de que ningún otro impacto se percibe en la pared alrededor ni cerca de éste. y si alguna de las otras dos balas hubiese llegado hasta el muro con fuerza para rebotar y caer al suelo, alguna señal habría quedado del golpe en los mismos bloques de piedra.

En toda la extensión del muro del fondo, frente al que se hallaban los cuatro camaradas de Novelda. hay otras numerosas huellas de disparos que corresponden a los que para ellos fueron dirigidos. Pero la única señal en la pared delantera atestigua bien claramente sin lugar a dudas que esta bala que se conserva arrancada por Alberto Valero con su pequeña navaja, de sobre la misma huella es la única que atravesó completamente hasta salirle por la espalda el cuerpo de José Antonio.

OFRECIMIENTO A MIGUEL E INCIDENTES HASTA QUE TERMINÓ LA GUERRA

En la primera ocasión que se le presentó, Alberto hizo a Miguel Primo de Rivera. encerrado en la celda contigua, el ofrecimiento de esta magnífica reliquia. y Miguel, comprendiendo todo su valor y la necesidad de que se conservase, la dejó en poder de Valero, consciente de que quien había tenido tal acierto para encontrarla bien podría ser su mejor guardián hasta que terminase la guerra.

Alberto quedó, pues, con ella y la tuvo luego, hasta que salió de la cárcel en septiembre de 1937, cuidadosamente escondida en el mismo portarretratos. Cuando pudo llegar a su casa la encomendó al cuidado de su hermana y ésta la tuvo escondida en el fondo de una maceta con flores y en otros lugares parecidos. En todos, ellos estuvo. misteriosamente conservada, hasta el fin de la guerra, mientras que Alberto combatía en el Ejército Nacional, después que logró pasarse a la Nueva, España.

Aún después de abril del 1939, por diversas circunstancias que así lo aconsejaron, la bala quedó guardada largo tiempo en Rojales, siempre en este curioso portarretratos que conserva todavía, como huella valiosa del fin a que estuvo destinado durante siete años justos, una deformación extraordinaria. Por eso en su interior la minúscula caja tiene, de tanto tiempo como estuvo con ella, la forma exacta de la bala.

EN EL MUSEO PERMANENTE DE LA CASA - PRISIÓN

El día 29 de noviembre de 1943 el jefe local de Rojales entregó al jefe provincial del Movimiento de Alicante y consejero nacional, camarada Luis González Vicén, esta preciada reliquia falangista que durante tanto tiempo ha estado en su poder. Con este mismo motivo Felipe Hernández Ros, también ahora jefe local de Benijófar como antes de la guerra, hizo el regalo de una dobla de oro con el fin de, que de ella se haga el engaste donde deberá estar incrustado el proyectil que costó la vida al Fundador ...

Luis González Vicén tiene ya totalmente ultimado el minucioso proyecto que señala el modo como será conservado ese proyectil para la posteridad. Con la moneda, de oro que entregó el jefe local de Benijófar serán talladas cinco flechas y un yugo. En el centro de esta joya magnífica, que tendrá engastados en sus vértices numerosos brillantes, ha de ir el trozo de plomo que atravesó el cuerpo de, José Antonio. Y esta pieza, íntegra, va a ser en lo sucesivo -cuando la Casa-Prisión quede totalmente reorganizada- una de las más valiosas reliquias que se conserven en la sala de juicios donde fue condenado el Fundador, convertida en Museo permanente de todos los pequeños recuerdos que de él han quedado en Alicante.

Así la Falange alicantina, que ha sabido perpetuar la memoria de su Fundador en la conservación de la pequeña e inapreciable reliquia, guardará para siempre como un tesoro sagrado este cilindro de metal que arrancó el secreto de una vida -la mejor vida española de la anteguerra- prolongada en el misterio ímprescriptible de nuestro apasionado recordar.