En las fuentes falangistas

 

Pedro Sainz Rodríguez
de la Real Academia Española

Diario ABC, 20-11-1986

Conocí a José Antonio como al hijo mayor del general Primo de Rivera, marqués de Estella, que había protagonizado el pronunciamiento militar en Barcelona al amanecer del día 13 de septiembre de 1923. Esta intervención armada, que se realizó con la intención de salvar a la Monarquía, fue una de las causas de su caída, aunque semejante hecho no estuviese en el ánimo de aquel impulsivo militar. Don Miguel era
el último general decimonónico sublevado y José Antonio, su hijo, el joven abogado que sintió la necesidad de defender brillantemente no sólo la gestión y personalidad de su padre, sino de cuantos habían colaborado con
él. Por este motivo, a la muerte del genera! ocurrida en el mes de marzo de 1930, José Antonio se inicia en la actividad política y se presenta, en las Cortes Constituyentes de 1931, a una vacante del Congreso de Diputados por Madrid, en la que sería derrotado por don Bartolomé Manuel de Cossío.

En estas fechas yo aún no tenía puesto alguno en las Cortes, pero seguía muy de cerca la marcha política y mantenía con José Antonio ciertos contactos en nombre de alguno de los grupos alfonsinos, que seguían su evolución dentro de la Unión Monárquica Nacional. Cuando comenzó a gestarse la Falange pensé que sería una fuerza decisiva en España y tuve una constante preocupación: conseguir que no se opusieran a la Monarquía.

Con motivo de los sucesos del 11 de agosto de 1932, fue detenido José Antonio en Ondarreta, a la vez que su hermano Miguel. Ambos fueron acusados de participación en el golpe' de Estado del general Sanjurjo, pero pronto se les puso en libertad.

Como las detenciones en la vida de los políticos llevan consigo una poda de sus ideas, éstas suelen brotar con una fuerza mayor y así sucedió con José Antonio. Sus planes sobre la Falange le llevaron a relacionarse con el fascismo europeo y pronto apareció el primero y único número del semanario «El Fascio», que sería secuestrado por el Gobierno social-azañista. No habían transcurrido ocho meses cuando el 29 de octubre de 1933 se celebraba el acto del teatro de la Comedia, de Madrid, que sería considerado como la puesta en marcha de la Falange Española.

Con José Antonio yo hablaba tanto de filosofía como de política y nos unió una cordial amistad. Sin existir ningún pacto escrito, llegamos a un mismo acuerdo: no hostilizar la Monarquía ni oponerse a una futura restauración. Cuando me dio a leer, en pruebas, su «Discurso a las Juventudes de España», no tuve nada que objetar desde mi punto de vista. Con cierta frecuencia entregábamos alguna ayuda a Ledesma Ramos para su organización y le regalamos una motocicleta que le era necesaria para sus desplazamientos en su actividad propagandística. Antes de fusionarse el movimiento político de las JONS, que había fundado Ledesma, en Valladolid, en 1931, con la FE de José Antonio mantuvimos contactos que facilitaron la unión de ambos.

Intervine con José Antonio en la redacción de los llamados «Puntos de Falange» y le comentaba que tendría bastante dificultad para abrirse paso entre las derechas españolas de la época por el programa que presentaban. No caía bien aquella revolución nacionalsindicalista que tanto propagaban para conseguir un cambio social profundo.
Cuando él me decía: "Bien, pero si hay una ayuda por parte de las derechas, ¿qué grado de intervención queréis tener?" Yo, en broma, le respondía: "Hombre, pues un relativo derechete. El derechete de conocer vuestros proyectos políticos, el estar informado y, en algún momento decisivo que pueda rozar con nuestra situación política, el ser consultados."

A García Valdecasas, que estuvo presente en estas conversaciones con José Antonio, le hacía mucha gracia esto del derechete y los tres jugábamos con la palabra haciendo algunos chistes ..

Casi todos los meses me reunía a comer con José Antonio para estudiar los célebres «Puntos de Falange». Recuerdo que la aprobación definitiva se realizó en una tertulia que tuvimos en el Mesón de Fuencarral Sánchez Mazas, Sangróniz, José Antonio y yo. El fundador de la Falange y yo llegamos los últimos a este restaurante y nos fuimos a un rincón para revisar el texto final. Cuando lo llevamos a la mesa donde estaban los otros dos, lo leímos en voz alta y a los cuatro nos pareció muy bien la redacción.

Creo que la primera vez que la gente tuvo conocimiento público de tales puntos fue en un acto político que se celebró en Solares. Yo me había llevado una copia de los «Puntos de Falange» y los coloqué bajo las servilletas de todos los comensales, que no eran muchos, anunciándoles así el nacimiento de una nueva fuerza política y nuestras buenas relaciones con la misma.

Después de haber acordado estos puntos consideré necesario llegar a algo más y le propuse a José Antonio que firmase un acuerdo con don Antonio Goicoechea, jefe oficial de los monárquicos alfonsinos y de la minoría de Renovación. Este acuerdo se realizó ... y fue firmado en Madrid el día 20 de agosto de 1934.
Don Antonio me designó, como persona grata a Falange, para ser enlace entre los grupos monárquicos y los movimientos falangistas. Por este motivo, me reunía con José Antonio también para hacer cuentas en relación con las ayudas que se podían facilitar y para cambiar impresiones sobre la marcha de la política

A través de nuestras conversaciones pude apreciar el buen juicio, la clarividencia y la moderación de José Antonio. Cuando en el Parlamento hacía alarde de una actitud de fuerza y de violencia era porque lo creía conveniente para' el prestigio de su organización, no por ser un impulsivo incapaz de razonar.

Era un hombre frío y moderado que poseía además de una amplia cultura unos sólidos conocimientos jurídicos.

Siempre admiré su sentido de la justicia pero especialmente con motivo de un Viaje que hicimos los dos a Oviedo para asistir como testigos a la boda de Serrano Suñer con Zita Polo. Hablábamos de la dictadura y de la personalidad de su padre, don Miguel por el que José Antonio tenía una verdadera veneración y quedé sorprendido al comprobar que jamás fue un obstáculo para nuestra amistad mi ataque público a la dictadura ni mis intervenciones en la Asamblea, siguieron la línea iniciada en el banquete del Palace.

Un hombre que había acariciado el sueño de la Patria, el Pan y la Justicia para todo los españoles no conocía el rencor y mantenía esa difícil tolerancia que une los mejore esfuerzos de los pueblos en el desarrollo de sus valores permanentes.