Qué somos y cómo estamos

 

Enrique de Aguinaga
La Gaceta, 16 de septiembre, 2012

 

 Ser y estar son más que simples  formas gramaticales que no se confunden en nuestro idioma. Son  referencias que atañen a la persona  y a la sociedad. Con toda ingenuidad, diría que el ser nos viene dado y el estar lo procuramos, sobre la base de que el estar no puede modificar el ser, como el modo no modifica la esencia. La cuestión  deja de ser un entretenimiento si la referimos al ser y al estar de España.

Mis amigos sonríen piadosamente cuando repito que, como consecuencia de mi avanzada edad, progresivamente me distancio de la política y me aproximo a la teología. Aclaro que no deben tomarse  literalmente ninguno de los términos, que tanto política como teología deben tomarse en su sentido más abierto, que se trata de una cuestión de  perspectiva cósmica. Perdón.

El estar tiene que ver con contratos y plebiscitos, en tanto que el ser se constituye como fundación. In illo tempore (1934, segundo de mi bachillerato) quedó escrito: Nuestra generación no es dueña absoluta de España. La ha recibido del esfuerzo de generaciones y generaciones anteriores y ha de entregarla, como deposito sagrado, a las que la sucedan. Si aprovechara este momento de su paso  por la continuidad de los siglos para dividir España en pedazos, nuestra generación cometería para con las siguientes el mas abusivo fraude, la mas alevosa traición…

Traición y cobardía son términos empleados por doctos tertulianos en busca de las causas que nos  han ido llevando al lunes. ¡Cuanta concesión claudicante al nacionalismo insaciable, falaz y chantajista! Recordemos con vergüenza cuando llovía al sur del Estado español para que no lloviera en España. Recordemos también las torpezas de nuestro amor a Cataluña (tengo a mi padre fundido en la fosa común de Barcelona). De un tal José Antonio aprendí, sin ditirambo, la palabra y la idea de Cataluña, tierra tan noble, tan grande, tan ilustre y tan querida, donde, si no es broma,  según el Instituto Catalán de Estadística (2006) el apellido más común es García, con  341.404 registros.

 Digo como Eulogio López: A mi nadie me quita mi Cataluña.