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PRÓLOGO, 

por Agustín del Río Cisneros

Estas Obras completas de José Antonio Primo de Rivera –de las cuales he tenido el honor de ser recopilador– se publican ahora por el Instituto de Estudios Políticos en ofrenda de la memoria de José Antonio en el XL Aniversario de su muerte en Alicante y en servicio permanente del pueblo español.

Esta edición reúne todos los textos de José Antonio recogidos hasta la fecha, después de largos años de búsqueda e identificación. Incluye todos los elementos incorporados en las diversas y sucesivas recopilaciones que he venido realizando al correr del tiempo. Refunde la edición de Obras de José Antonio, que viene publicando durante los últimos años la Delegación Nacional de la Sección Femenina y el volumen de José Antonio íntimo.–Textos biográficos y Epistolario, que hice con la colaboración recopiladora de Enrique Pavón Pereyra y que publicó Ediciones del Movimiento en 1968, en que se agrupaban los textos hasta entonces considerados como inéditos. Se añaden ahora también las piezas fundamentales de la defensa de José Antonio en el Proceso de Alicante y otros hallazgos que pudimos identificar recientemente.

La colaboración de Enrique Pavón Pereyra ha merecido justamente los mejores y más cálidos elogios, a los que añado en estos momentos mi personal gratitud. Me complazco en dejar aquí constancia y recuerdo de una etapa de nuestro común afán y trabajo, impulsados por análoga devoción a la figura de José Antonio, y que fraguó además nuestra cordial y buena amistad. La común labor realizada en la búsqueda y salvación de textos inéditos fue recogida en las publicaciones de 1956 y 1958, fusionados en el citado libro "José Antonio íntimo, Textos biográficos y epistolario" aparecido en 1964 y reeditado en 1968, que ahora se integra en esta edición cronológica de Obras Completas. En la sucinta historia de las ediciones joseantonianas que va –como nota independiente– después de este prólogo, me refiero con más precisión y detalle a esta valiosa colaboración, que vino a unirse en 1956 a la línea de recopilación y al proceso editorial que inicié en 1937 y continué, en forma ininterrumpida y en progresivo perfeccionamiento, hasta 1976.

Esta obra contiene lo siguiente:

1. La sucesión cronológica de los textos de José Antonio desde 1922 hasta el 18 de noviembre de 1936, que recoge sus discursos, conferencias, alocuciones, entrevistas, declaraciones, ensayos, artículos periodísticos, notas, hojas, circulares, manifiestos, escritos y piezas varias, sus intervenciones de defensa ante el Tribunal de Alicante y su testamento, redactado en vísperas de su muerte.

Se divide esta compilación en dos partes: anterior y posterior a la creación de la Falange.

2. El Epistolario de José Antonio, que ofrece una serie de ciento treinta y tantas cartas, ordenadas también cronológicamente, que van desde el año 1921 al 19 de noviembre de 1936, incluidas las que redactó en la Prisión Provincial de Alicante antes del Proceso y las últimas que escribió el día anterior a su muerte.

3. Varios Escritos Poéticos.

4. Un apéndice, que comprende el Acta de Constitución de Falange Española y unas referencias informativas sobre la religiosidad de José Antonio y el plan de lecturas de José Antonio en las cárceles de Madrid y Alicante.


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El pensamiento y la acción política de José Antonio se proyecta sobre un marco histórico, configurado por la sucesión de acontecimientos políticos que determinan o suscitan su actitud, su reflexión y su decisión en cada momento.

A fin de esclarecer ante el lector este cañamazo histórico de fondo, la ordenación cronológica de los textos va separada por portadillas que marcan las fechas y los hechos de mayor relieve en la sucesión del tiempo y a los cuales responde José Antonio en cada época y circunstancia, dando así una visión dinámica de su concepción política y, a la vez, un trazo biográfico de su compromiso y emplazamiento personal ante el destino colectivo del pueblo español.

Este cuadro o marco histórico, que señala el devenir político de la intervención de José Antonio en la vida pública española, y que resume las referidas fechas fundamentales y acontecimientos decisivos de una época que va de 1923 a 1936, se coloca como perspectiva general o como introducción esquemática a la recopilación de los textos que componen esta edición.

Esta misma relación de fechas y hechos históricos indica la evolución de los acontecimientos políticos y vale como pauta temporal en la sucesión de las palabras y de los escritos de José Antonio en esta Obra. Y sirve como referencia en la ordenación de los textos del Índice Cronológico General.

Dada la extensión de la obra, ésta ha tenido que fraccionarse en dos tomos de volúmenes semejantes: el Tomo primero, con los Textos correspondientes a los Discursos y Escritos políticos que van de 1922 al 7 de abril de 1935 y el Tomo segundo, con los textos de Discursos y Escritos Políticos que van del 9 de abril de 1935 al 19 de noviembre de 1936, el Epistolario, los Escritos Poéticos y el Apéndice.

El tomo segundo comienza con el discurso pronunciado el 9 de abril de 1935 en el Circulo de la Unión Mercantil de Madrid sobre el tema "Ante una encrucijada en la historia política y económica del mundo" y se cierra con los Índices de la Obra: índice de sistematización, según el esquema de clasificación de textos de las primeras ediciones publicadas en la postguerra civil española; Índice topográfico(1)  e Índice cronológico general, según el criterio finalmente establecido en las últimas ediciones de la Obra joseantoniana.
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(1) En esta edición electrónica no se incluye este último índice topográfico, lo que puede suplirse con la utilidad de BÚSQUEDA

 

I. LOS TEXTOS DE JOSÉ ANTONIO Y SU REFLEJO BIOGRÁFICO

En 1951, con motivo de la presentación de la primera edición cronológica, hice un bosquejo biográfico de José Antonio que ahora transcribo y amplío a fin de reseñar, aunque sea esquemáticamente, todo el ciclo político de su vida, ya que también se ha extendido el tiempo abarcado por la recopilación.

Al ordenarse cronológicamente los textos de José Antonio Primo de Rivera, siguiendo su proceso biográfico y político, puede verse claramente el desarrollo de su personalidad y la generación de sus ideas sobre el cañamazo histórico de situaciones y circunstancias sucesivas de la política española.

A través de sus palabras y escritos se trasluce la vida de José Antonio, llena de intención y de finalidad al servicio de España. Su clara inteligencia, su vibración moral permanente y su resuelta voluntad se manifiestan en actitudes enteras: lúcidas, limpias y valientes, caracterizando su heroica y fecunda vida. La interna explicación de su pensamiento y la autenticidad de su conducta se revelan seductoramente en estas páginas –los viejos textos familiares– y flotan en el aire de España como incitantes de la acción política y como recuerdos de promesas inesquivables. Son la ausencia y la trascendencia de José Antonio operando sobre varias generaciones españolas que, de uno u otro modo le conocieron: unos, los más veteranos, física y personalmente; otros, los más jóvenes, moral e intelectualmente, por la estela de su vida legendaria y por su mensaje doctrinal.

Esta figura de José Antonio –perfilada y animada por su propia palabra– se ofrece ante nosotros aleccionadora, dinámica y sugestiva, rica en matices, capaz del diálogo íntimo: del consejo, del estímulo y del reproche; se acerca con su bella prosa al alma del lector –en trance sincero y honrado– y le transmite su noble mensaje de hermandad y de esperanza.

Sabemos que hay que rendir tributo admirativo –y que es de corazones leales hacerlo– a la memoria de los hombres señeros que ejercieron el bien para su Patria, y José Antonio lo hizo genialmente. Cabe, pues, el canto épico a su heroica existencia y la eterna elegía a su gloriosa muerte, pero no alejemos su magnífica y humana figura de nuestra tarea común en el diario quehacer, imaginando su consejo, adivinando cuál sería su norma, para que fructifique la semilla de su ideal.


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La obra joseantoniana se divide en dos partes:

I. Etapa anterior a la creación de la Falange, que alcanza de 1922 a octubre de 1933, y

II. Etapa falangista, que comprende desde el 29 de octubre de 1933, en que se funda públicamente Falange Española con el acto del teatro de la Comedia, en Madrid, hasta el 18 de noviembre de 1936, fecha en que escribe José Antonio su testamento en Alicante, la víspera de su muerte.

Esta segunda etapa se subdivide a su vez en dos períodos:

A) Falange Española, del 29 de octubre de 1933 hasta el 13 de febrero de 1934.

B) Fusión de la Falange Española y de las J.O.N.S., 13 de febrero de 1934 hasta el 18 de noviembre de 1936.

I. En la primera etapa se registra el inicio político de José Antonio. Un noble sentimiento filial promueve sus intervenciones. El 28 de enero de 1930 se produce la dimisión del General Primo de Rivera. Es encargado de formar Gobierno el General Dámaso Berenguer, el cual queda constituido el 30 de enero de 1930. La caída de la Dictadura del general Primo de Rivera fue aprovechada aviesamente por la licencia crítica, y José Antonio sale con su valentía –que le viene de estirpe– a defender el nombre de su padre y su gestión histórica al frente de los destinos de España. Es el momento que José Antonio denomina irónicamente "la hora de los enanos".

La muerte de su padre en París –16 de marzo de 1930– tiñe de dulce y serena melancolía el alma de José Antonio, pero enciende al mismo tiempo su ánimo y su mente en el sentido nacional. El problema personal del mando del general Primo de Rivera se transforma enseguida en el análisis histórico de España. La función de la inteligencia política, la misión del Poder y la psicología del pueblo español, desfilan ante su aguda y penetrante mirada, ya no para zanjar retrospectivamente, con justicia, el hecho de la pasada Dictadura, sino como temas atractivos y necesarios de estudio para una nueva solución del problema político y social de España. En la defensa que José Antonio hizo de don Galo Ponte, ante el Tribunal de Responsabilidades Políticas de la Dictadura, hay, junto a su ejercicio de buen abogado, mucha sustancia política proyectada al futuro como interpretación de la realidad social española y como diseño de una importante tarea de gobierno. Ya no es el juicio procesal de un régimen, o de un grupo de hombres, lo que ventila José Antonio, sino el juicio íntimo de la reciente historia española y el apunte de una nueva época política. Lo mismo puede verse en los escritos que dedica al tema de los intelectuales en relación con la Dictadura.

El 4 de abril de 1930 se hace público el manifiesto político de la Unión Monárquica Nacional y José Antonio asume la Vicesecretaría de esta entidad el 2 de mayo de 1930. Su dedicación política con este motivo queda registrada en esta publicación con las reseñas de una serie de actos celebrados en diversos lugares de España durante el curso de 1930 y comienzos de 1931.

El 18 de febrero de 1931 el Almirante Don Juan B. Aznar sucede en el Gobierno al General Berenguer, ante un panorama general de crisis de la Monarquía.

El 12 de abril del mismo año se celebran elecciones Municipales y el día 14 de abril de 1931 se proclama la Segunda República Española.

El 28 de junio de 1931 se convocan elecciones constituyentes, que se llevan a efecto el 4 de octubre de 1931. José Antonio presenta su candidatura por Madrid. Su manifiesto electoral del 29 de septiembre de dicho año, bajo el título "Por una sagrada memoria hay que oír a los acusados", explica bien su propósito. No consiguió ser elegido en aquella ocasión, pero evidenció la gran simpatía y adhesión que suscitaba su persona. Después de las elecciones, José Antonio expresó su gratitud, con su característica gentileza, a los veintinueve mil electores que habían votado su candidatura en Madrid, publicando un artículo en el diario "La Nación", que va incorporado en esta obra.

Desfilan ante la mirada penetrante de José Antonio hechos de transcendencia histórica, como el establecimiento y caída de la Dictadura del General Primo de Rivera, el derrumbe de la Monarquía española y la proclamación de la Il República española en 1931, seguidos de un proceso de inestabilidad, confusión y anarquía. Confluían factores de decadencia histórica, de descomposición social y de irrupción subversiva, con predominante signo marxista. El futuro se ofrecía como un enigma lleno de incertidumbres y riesgos para la comunidad española. Se ofrecía a la contemplación de José Antonio un tiempo de transición histórica en que habría de realizarse una nueva configuración política, de renovación institucional y de experiencia democrática. José Antonio había dicho el 16 de enero de 1931, en la conferencia pronunciada en Madrid sobre "La forma y el contenido de la Democracia", que "la aspiración a una vida democrática, libre y apacible será siempre el punto de mira de la ciencia política, por encima de toda moda", distinguiendo entre la forma y el contenido de la democracia. Habría que diferenciar, pues, el fracaso de las formas democráticas en su adaptación a las características sociales de cada época, del valor permanente del contenido democrático. Y concluía "No prevalecerán los intentos de negar derechos individuales ganados con siglos de sacrificios. Lo que ocurre es que la ciencia tendrá que buscar, mediante construcciones de "contenido", el resultado democrático que una "forma" no ha sabido depararle. Ya sabemos que no hay que ir por el camino equivocado; busquemos, pues, otro camino, pero no mediante improvisaciones".

Ahora bien, el panorama de los hechos políticos de la II República española muestra a José Antonio un proceso de disolución y corrupción democrática, que lleva a la grave crisis social de 1936.

El problema político consistía, según la visión joseantoniana, en realizar en cada época histórica de un pueblo su forma democrática, de acuerdo con los imperativos de su tiempo y de su proceso sociológico, a fin de salvar el contenido, real y esencial, de sus valores populares. Y en concreto, de frente a sus circunstancias, superar la forma liberal de la democracia, que mostraba por un lado, su ineficacia e incapacidad de servir a la justicia social, y por otro, su fragilidad ante el desafío revolucionario del comunismo.

De aquí, de estas premisas, partiría después José Antonio para formular su teoría orgánica de la sociedad y su síntesis de reordenación política orientada a corregir los excesos del individualismo extremo y del colectivismo absoluto.

En el fondo de la preocupación de José Antonio, en la Primavera de 1933, está la percepción de un hecho fundamental: la crisis del liberalismo. Entra en quiebra el liberalismo, no sólo por razones especiales de la vida española, donde el liberalismo fue adoptado siempre como una planta exótica y vivió precariamente, sino por motivaciones universales. El sistema liberal, entendido y realizado con las formas políticas del siglo XIX, no pudo superar dos factores de perturbación: uno, económico, ligado al proceso de la sociedad, producía la descomposición del capitalismo liberal, y otro, de carácter político, engendraba la rebelión de las masas movilizadas por el comunismo internacional. Después del triunfo del marxismo en Rusia –independientemente del gusto y el criterio de cada quien– no puede sostenerse el liberalismo en sus formas decimonónicas con sus defectos y anacronismos. José Antonio observó esta crisis del liberalismo, en que se conservaba un venerable respeto por la libertad abstracta mientras prosperaba y cundía la injusticia económica, base política que el marxismo aprovechaba hábilmente.

Hay en esta etapa anterior a la creación de la Falange una viva curiosidad por los acontecimientos del mundo, una toma de pulso a la modernidad, y dentro de ella con especial interés al fenómeno político del fascismo italiano. Pero es necesario decir que ese balbuceo de observación extranjera queda pronto replegado ante la original personalidad de José Antonio, más inclinado a buscar en las propias raíces españolas la fuente de su inspiración política. La fecha de fundación de Falange Española marca un límite claro. De ahí en adelante se perfila cada vez más la línea auténticamente española de su pensamiento y de su acción, y avanza en singularización y en originalidad el despliegue ideológico. La Revolución Española se formula precisamente en función de la necesidad y del interés de la propia sociedad española, y quedan deslindadas las fronteras intelectuales con otros movimientos políticos de revoluciones nacionales europeas. Muchos son los aspectos diferenciales del ideario de José Antonio: el concepto del Estado, subordinado a principios morales y al fin trascendente del hombre; el sentido de la dignidad humana, la consideración de la persona en la vida social, el respeto a la libertad, la afirmación de los valores eternos del hombre, la inspiración católica de la filosofía política y la estructura de la sociedad, con las unidades naturales de convivencia y representación política: Familias, Municipios y Sindicatos; estas notas características singularizan y distinguen tajantemente el pensamiento de José Antonio de todas las formas de totalitarismo, sean fascismo, nacionalsocialismo o comunismo. José Antonio declaró textualmente, a fin de barrer confusiones y equívocos perjudiciales al entendimiento de su política, con fecha 19 de diciembre de 19341 lo siguiente: "Falange Española de las J.O.N.S. no es un movimiento fascista", declaración que, por el tiempo en que fue formulada, era completamente ajena a todo oportunismo político.

II. A) Al fundar Falange Española, José Antonio levantó la bandera de un Movimiento de salvación nacional. Predicó el reencuentro de las auténticas venas de España para el cumplimiento de su misión universal. Tradición y Revolución se fundieron en dos afanes: ambición histórica y justicia social. Suscitó el gran clamor español de unidad y de victoria. Su mensaje de fe puso en pie al hombre español y levantó la conciencia nacional dándole el temple necesario –brío, estilo y metas– para hacer frente a la invasión comunista.

España estaba partida por tres clases de secesionismos: la anarquía de los partidos políticos, la traición de los separatismos y la violencia de la lucha de clases. José Antonio sembró la unidad y encendió el coraje de unas juventudes lanzadas al rescate de la Patria.

En el período de Falange Española se abren tres vías principales para la expresión política de José Antonio:

1. Se inician los actos políticos de Falange Española, quedando inaugurada esta serie con el discurso de la fundación del 29 de octubre de 1933, texto al cual hay que acudir en cada vuelta del camino.

2. Triunfa su candidatura de diputado por Cádiz el 19 de noviembre de 1933 y comienza su tarea en el segundo Parlamento de la República en diciembre del mismo año, donde pronunció magníficos discursos de afirmación y de polémica que se han salvado del olvido en que yace la mayor parte de la retórica parlamentaria.

3. Da nacimiento al semanario FE el 7 de diciembre de 1933 y publica en esta revista artículos y crónicas, maravillas de gracia expresiva y de fino pensamiento.

Y con los primeros sacrificios de vidas jóvenes que caen defendiendo el ser de España, mártires de la Patria, nace también ese estilo literario sencillo y patético, con que se honra a los camaradas caídos interpretando lealmente su sacrificio al entender la muerte –según dijo José Antonio– como un acto de servicio.

II. B) En el período de fusión de Falange Española y las J.O.N.S. gana en extensi6n y profundidad el Movimiento nacionalsindicalista. José Antonio radicaliza sus posiciones políticas. Su acción es más enérgica y su pensamiento más acerado. El sentido de la revolución penetra las ideas y las conductas. Si al principio José Antonio había insistido preferentemente en defender la unidad nacional frente a los separatismos, en afirmar el espíritu español frente a las deformaciones de la escéptica ironía izquierdista y de la vacua grandilocuencia derechista, en comprender la Patria por encima de la lucha de partidos y exaltar la soberanía frente a todos los internacionalismos, en este segundo período de fusión con las J.O.N.S. acentúa fuertemente el sentido de la justicia social frente a todos los privilegios y arbitrariedades clasistas, proclamando una nueva concepción económico–social.

Las dos palancas de la revolución, lo nacional y lo social, quedaron articuladas en la dialéctica y en la táctica políticas. Las flechas ideológicas pulían sus puntas: la ilusión de las juventudes, en torno al ideal patrio, y la necesidad de los obreros, hacia un mejoramiento del nivel de la vida. El trabajo en la paz y el heroísmo en el combate se consideran así como los auténticos títulos del verdadero patriotismo. Y las consignas del nacionalsindicalismo circulan y vigorizan la política de la Revolución española.

La subversión marxista y separatista en 1934 centra la polémica de José Antonio. Analiza los ingredientes de esta rebelión y no se conforma –como tienden siempre a hacer las derechas de turno– en sofocar la rebeldía aplicando estrictamente los tan amados recursos conservadores del orden público, sino que denuncia la necesidad de dar cauce y norma al espíritu revolucionario dentro de líneas españolas, con lealtad para los auténticos valores tradicionales, pero con inexorable rigor en la exigencia de ambiciones sociales de una política moderna.

El segundo bienio de la República, de 1933 a 1935, forma el paisaje de fondo de esta lucha de la Falange a la intemperie. Victoria sin alas fue la calificación de José Antonio al triunfo de las derechas y realmente ese fue su signo durante los dos años. Si José Antonio acusó en este tiempo a la izquierda, por su deslealtad con la Patria, por falsificar el destino histórico de España, también fustigó a la derecha por su insolidaridad colectiva, por su apego –bien por inercia o por egoísmo– a la injusticia social, por su insensibilidad para el dolor de los humildes, así como por la falta de temperamento para acometer con gallardía los problemas nacionales. Esta derecha, tan propicia a las soluciones acomodaticias, a las ficciones y a las apariencias formularias, pactaba con las situaciones establecidas, aunque implicaran la injusticia y la adulteración del sentido español. José Antonio entendió bien, como buen católico, el principio teológico –paulino– de la caridad, sin oscurecer el sentido político de la justicia, error o defecto en que incurrió cierto sector del conservadurismo egoísta español. En la vida colectiva pública la caridad debe llegar donde no alcanza la justicia, completando y perfeccionando así la sociedad, a la cual da su gracia moral, pero no debe utilizarse la caridad como un paliativo prudente e insincero de una injusticia manifiesta o de una miseria humana intolerable que requiere efectivo remedio. La afirmación revolucionaria de José Antonio sonaba escandalosamente en los ambientes fariseos y explica el silencio intencionado con que fue tratado el Fundador de Falange por el derechismo del segundo bienio de la República que, por otra parte, no encontraba reparos en aliarse con los viejos radicales, atufados aún de su rancio anticlericalismo.

Los dos primeros Consejos Nacionales de F.E. de las J.O.N.S. señalan momentos decisivos en el desarrollo táctico e ideológico del Movimiento nacionalsindicalista. El primero, celebrado a principios de octubre de 1934, coincidió con la revolución marxista y separatista de ese año, con el llamado octubre rojo. El segundo tuvo realización los días 15 y 16 de noviembre de 1935, ya abocados a las últimas elecciones de la República. Ambos se desarrollaron sobre cálidas y tensas atmósferas políticas, a las cuales respondía la gallarda y clara decisión de José Antonio.

En el semanario Arrilba nos dejó José Antonio rica fuente de doctrina y orientación política. Fue fundado el 21 de marzo de 1935 y sirvió de instrumento magnífico de expresión y de lucha. El 26 de marzo de ese mismo año nace el semanario Haz, revista universitaria y juvenil. La Prensa nacionalsindicalista aumenta y se extiende por España. Por la brevedad de esta reseña no podemos citar aquí los nombres de todas estas publicaciones heroicas del tiempo fundacional. Consignemos, sin embargo, para cerrar esta escueta alusión, el No Importa, boletín de los días de persecución, tiempo trágico para muchos camaradas. En las páginas de esas publicaciones vieron la luz muchos artículos de José Antonio que componen este libro y junto con sus discursos y conferencias integran la vieja doctrina familiar de la Falange.

Atacado por los dos costados, la saña de la izquierda y el recelo de la derecha, continuó la lucha esforzado de José Antonio en este tiempo dificil hasta desembocar en las elecciones de 1936 y en el triunfo electoral del Frente Popular, puente del comunismo para llegar al Poder en España. Arreciaron entonces las persecuciones contra la Falange y el odio se cebó en la persona de José Antonio. Detenido y encarcelado en Madrid el 14 de marzo de 1936, fue conducido a la Prisión Provincial de Alicante el 5 de junio de ese año. La consigna de este período fue el "No Importa", bajo cuya moral se dio la réplica a la saña roja. La sucesión de los manifiestos, las circulares, las órdenes de mando y los escritos de José Antonio durante esta época indican la prodigiosa lucha de un hombre extraordinario y excepcional, que sabía ciertamente que entregaba su vida, pero que con su sacrificio y su elevado mensaje abría el camino para una España digna, justa y libre. Ante la invasión de los bárbaros en su moderna forma de subversión marxista, defmió la trágica situación española: "No nos hallamos en presencia de una pugna interior. Está en litigio la existencia misma de España como entidad y como unidad. El riesgo de ahora es exactamente equiparable al de una invasión extranjera". El cerco a España se denuncia –decía– por sus consignas, por sus propósitos, por sus gritos, por su sentido. De Moscú partían los hilos de esta invasión comunista. Quizá el mundo vea actualmente con más claridad el hecho de la tragedia española a las luces de otros espectáculos universales de la agresiva expansión del comunismo, bajo la cual cayó víctima José Antonio Primo de Rivera.

Asume José Antonio la adversidad del último período de su vida en la Prisión Provincial de Alicante con ejemplar serenidad, lucidez y responsabilidad histórica. Y pone de relieve su fortaleza moral y su esclarecida inteligencia en la defensa que hace ante el Tribunal que le juzga en el Proceso incoado contra él, su hermano Miguel y su cuñada Margarita Larios. Mantuvo lealmente las ideas que habían inspirado su conducta política al fundar y conducir Falange Española de las J.O.N.S. Y se defendió –como dejó dicho en su testamento– con los mejores recursos de su oficio de abogado, "tan profundamente querido y cultivado con tanta asiduidad".

 

II. CLAVE HUMANA DE JOSÉ ANTONIO, IDEAS ESENCIALES Y EVOLUCIÓN POLÍTICA

Confluyen en José Antonio una serie de virtudes que se armonizan muy singularmente y configuran su personalidad. Representa un momento de plenitud humana de un noble linaje en leal compromiso con su pueblo, en que se funden la experiencia histórica de su estirpe con la visión renovadora de su iluminada juventud. Hay en José Antonio –como constantes– un grande y limpio amor a España, un dolor acuciante por el declive histórico de nuestra Patria en la época moderna –registrado muy especialmente durante el siglo XIX y primer tercio del XX– y una ferviente y rotunda decisión de conseguir el renacimiento patrio,. entregando para ello su más generosa vocación de servicio y sacrificio. Su propósito es riguroso: recuperar un destino ascendente para el pueblo español, mediante un gran esfuerzo y empuje colectivo. Para ello es necesario un gran ideal, síntesis de tradición y modernidad, capaz de impulsar la vida española, dándole la energía precisa para la conquista de las grandes metas comunitarias, la elevación espiritual y material de España, por las rutas fecundas de la unidad nacional, la dignidad humana y la justicia social.

Las ideas esenciales y permanentes de su doctrina son:

  • El concepto del hombre, como portador de valores eternos.
  • La consideración de España, como unidad de destino en lo universal.
  • La exigencia de la justicia social, como base inexorable de la existencia colectiva.
  • La implantación del sindicalismo nacional, como sistema de ordenación económica y vía de representación política, junto a la familiar y municipal.
  • Y la concepción del Estado, como instrumento –medio y no fin– al servicio del hombre y de la Patria.

La nueva ordenación política habría de corregir los excesos del individualismo anarquizante y del colectivismo totalitario, opresivo de la personalidad humana. La imagen política de José Antonio se configura como un Estado Social de Derecho.

Y en esto, sucintamente, ha consistido el mensaje de José Antonio y su gran obra de salvación nacional, a cuya empresa convocó a la juventud y a todo el pueblo español.


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José Antonio justifica claramente su empresa política. "Así resulta que cuando nosotros –dice en el discurso de fundación de Falange Española– los hombres de nuestra generación, abrimos los ojos, nos encontramos con un mundo en ruina moral, un mundo escindido en toda suerte de diferencias, y por lo que nos toca de cerca, nos encontramos una España en ruina moral, una España dividida por todos los odios y por todas las pugnas". La sociedad española se hallaba en situación anárquica, confusa y dividida en tres secesiones fundamentales: la pugna de los partidos políticos, la lucha de clases y los separatismos regionales. Ante la tremenda crisis del pueblo español, que vivía ya el último trance de su derrumbe histórico, se precipitaba la descomposición liberal de la sociedad e irrumpía violentamente la subversión del marxismo internacional, procesos que fraguaron conjuntamente la hecatombe española de 1936.En José Antonio se concilian las dos vertientes que habían operado contradictoriamente sobre la conciencia española: la línea tradicional y afirmativa de la unidad nacional y de los valores históricos, y la del pensamiento crítico renovador o regeneracionista. A tal fin, plantea una salida constructiva e integradora de los auténticos afanes de la tradición y de la revolución. "Entre una y otra de esas actitudes, se nos ocurrió a algunos pensar– –dijo José Antonio– si no sería posible lograr una síntesis de las dos cosas: de la revolución –no como pretexto para echarlo todo a rodar, sino como ocasión quirúrgica para volver a trazar todo con un pulso firme al servicio de una norma– y de la tradición, no como remedio, sino como sustancia; no con ánimo de copia de lo que hicieran los grandes antiguos, sino con ánimo de adivinación de lo que harían en nuestras circunstancias. Fruto de la inquietud de unos cuantos nació la Falange".

La evolución del pensamiento de José Antonio avanza, de manera coherente, a través de sus tres años de actuación política al frente de la Falange. Y podemos comprobar ese despliegue de ideas comparando el discurso inicial de fundación, de 29 de octubre de 1933, con el pronunciado al clausurar el 11 Consejo Nacional de la Falange, en el cine Madrid, el 17 de noviembre de 1935 y con el del cinema Europa, el 2 de febrero de 1936, en que expresa la actitud de Falange ante las elecciones convocadas ese año, en los que alcanzaba plenitud su mensaje político de la revolución nacional.

José Antonio examina la crisis de la sociedad moderna y responde desde la concepción cristiana de la vida, dando soluciones válidas en todos los planos de la convivencia: ofreció los fundamentos espirituales de un nuevo humanismo; estableció las bases orgánicas de una nueva sociedad y prefiguró un orden político que salvara la dignidad humana de los extremismos que operaban antagónicamente y que continúan haciéndolo hasta nuestros días. A José Antonio interesa fundamentalmente la salvación de la personalidad humana, amenazada simultáneamente por el liberalismo, que lleva por inercia a la anarquía y a la injusticia, y por el totalitarismo, que propende a la despótico supresión de las libertades humanas.

 

III. EL MENSAJE DE JOSÉ ANTONIO

En 1964 hice un estudio sobre el mensaje de José Antonio en el que analizaba su actitud ante la evolución ideológica de la época moderna, poniendo de relieve su disposición abierta, crítica y comprensiva, que le llevaba a resolver las contradicciones de su tiempo en una síntesis superadora, con la integración de los valores reales y efectivos de los sucesivos procesos históricos. Este trabajo se publicó como presentación de la edición de las obras de José Antonio en aquella fecha, reproduciéndose en las siguientes ediciones realizadas por la Delegación Nacional de la Sección Femenina. Me permito incorporar también estas reflexiones en este prólogo, porque el mencionado análisis doctrinal me parece que ha salvado la prueba del tiempo y tiene validez actualmente, y me exime, por otra parte, de cualquier tentación de ocasional oportunismo. Y en todo caso será un testimonio de constancia y consecuencia política en el entendimiento con que vengo asumiendo la responsabilidad de ofrecer a las sucesivas promociones españolas el mensaje de José Antonio.

  1. Movimiento abierto al futuro
  2. Actitud prospectiva ante la historia: comprensión y crítica de los procesos políticos de nuestra época.
  3. A la conquista del tiempo nuevo.

Consideramos el pensamiento de José Antonio como un Movimiento abierto al futuro. La clave de su posición es la actitud revolucionaria, actitud transformadora, dispuesta y favorable al cambio hacia un nuevo orden político–social. José Antonio tuvo una comprensión prospectiva de la Historia, en la cual se inserta la doctrina de la revolución española. Precisamente este sentido de su doctrina es el que va a permitir proyectar la revolución española con la mayor actualidad en el panorama del tiempo nuevo. Así, para circunscribir nuestra idea y hacerla patente, veamos cómo se articula en su mente con lucidez todo un tiempo histórico, que va del fin de la sociedad feudal y del Estado absoluto, pasando por el liberalismo, el capitalismo, el socialismo y el marxismo hasta los hechos políticos de las revoluciones nacionales de la primera postguerra mundial: fascismo y nacionalsindicalismo, para llegar –más allá de las conocidas formas de totalitarismos, que consideró como estructuras transitorias e imperfectas– a un nuevo tipo de sociedad, en donde habrían de encontrar armonía y conjugación equilibrada y estable, un orden de libertad y un sistema de justicia, la dignidad de la persona humana y los intereses comunes de la sociedad, resolviéndose el duelo jurídico de los derechos individuales y de las obligaciones sociales, sin caer viciosamente en el estatismo absorbente o en la anárquica disolución.

Admira la exquisita honradez intelectual de José Antonio. Y no es un criterio ecléctico, sino de selección y de amor por la verdad, lo que le lleva a distinguir la contribución valiosa de cada proceso histórico, de sus defectos, fracasos y motivos de caducidad. Por ejemplo, él, que hizo la mejor y más dura crítica del sistema liberal, poniendo de relieve su mal de origen y sus consecuencias lamentables, el escepticismo desaforado, la lucha de los partidos, la atomización de la sociedad y la anarquía resultante, no tiene ningún reparo en reconocer la conquista irrenunciable del liberalismo político, la igualdad ante la ley, y señalar la virtud de la iniciativa humana de la magnífica época heroica del capitalismo, del liberalismo económico, con sus dos palancas del progreso técnico y de la explotación de las riquezas; claro es que reconociendo que al final había de terminar en un desastre, porque la libertad naufragaba en el escepticismo y en el desorden, y porque la industrialización técnica se agarrotaba en el capitalismo deshumanizado, incapaz de establecer una justa distribución de bienes. Lo que había conseguido el liberalismo económico era, indudablemente, la iniciativa de la explotación de las fuentes de riqueza, el poner en marcha los resortes de la producción y aplicar los avances técnicos de la primera revolución industrial. Este es su éxito, que no puede regatearse. Pero este capitalismo liberal había olvidado, en la euforia de su expansión, la exigencia humana de la solidaridad social, y descuidó el cumplimiento de la justicia distributivo y de la necesaria participación de los trabajadores en la suerte económica de las empresas, hecho que más tarde –y en virtud de su propio instinto de conservación ha tenido que reconocer y tratar de corregir en algún grado, a fin de evitar el disturbio social. Ahora bien, ha quedado bien claro el fracaso social del capitalismo histórico y su necesaria corrección para ordenar justamente la comunidad, de manera que pueda ofrecer estabilidad y armonía fundamental entre sus componentes. De lo contrario, queda abierto el camino a la subversión, que se lleva por delante –como siempre– no sólo las estructuras económicas, sino los valores espirituales de la civilización.

El sistema de ideas de José Antonio es riguroso, con afán de síntesis, integración y superación. Aunque José Antonio formulara su crítica al sistema liberal, su pensamiento no tiene nada que ver con las políticas reaccionarias que anhelan secretamente, escuetamente, volver a los privilegios feudales, que desprecian o temen a la libertad y que desconfían sistemáticamente de la razón humana de los demás, mientras razonan egoístamente en favor de sus ventajas arbitrarias.

Al analizar el socialismo, considera justo su. nacimiento como reacción lógica ante la injusticia capitalista y valora la razón de las reivindicaciones sociales; apunta el descarrío del socialismo, lo que cierra su viabilidad política: el materialismo histórico, el ateísmo, el resentimiento, la lucha de clases, la violencia y la deshumanización.

Aunque José Antonio hiciera un análisis crítico del socialismo de su época, su concepción política no tiene nada que ver con quienes sustentan criterios de avaricia capitalista y carecen de sensibilidad para el dolor de los humildes y consideran sobrecargas económicas el repartir sus sobrantes económicos entre los que trabajan y viven en la escasez o cercanos a la miseria.

Y ante el propio marxismo comunista, frente al cual había de jugarse su propia vida, no falla la claridad mental de José Antonio. Lo define con un profundo sentido teológico como "una versión infernal del afán hacia un mundo mejor", frase en la cual hay ciertamente una condenación, pero también el reconocimiento de que existe en ese movimiento político del comunismo una real, aunque demoníaca, aspiración a un mundo mejor, que se deforma, llegando prácticamente a las más monstruosas e injustas de las situaciones humanas. De este marxismo, José Antonio dijo que estaba impregnado de un indudable "sentido de abnegación y solidaridad social", traicionado a la postre por la máquina fría y desalmada del Estado soviético.

Aunque José Antonio defendiera un sentido de libertad frente al determinismo marxista, su pensamiento no coincide tampoco con una variedad de anticomunismo que rechaza tal doctrina sólo en cuanto pone en peligro el abuso de su capital o las ventajas materiales que le proporciona la sociedad burguesa; ni coincide tampoco con aquel anticomunismo surgido en el mundo occidental después de la segunda guerra mundial, y que se ha puesto en guardia al descubrir desagradablemente que el comunismo, además de ser una subversión social, es un imperialismo que ambiciona desplazar de las encrucijadas del poder y de las fuentes de riqueza a las potencias que venían ejerciendo la hegemonía mundial.

José Antonio intentó una superación del dilema capitalismo-comunismo, así como una síntesis de tradición y modernidad capaz de responder a las convocatorias del tiempo. Hizo la crítica de la tesis capitalista de la sociedad, precisamente por el fallo de este capitalismo en la justa distribución de bienes, pero no coincidió tampoco con los propósitos demagógicos afanados en romper los engranajes de la producción de riqueza, sin considerar que los intereses nacionales, en su conjunto –la renta nacional– será, en fin de cuentas, lo que permita un mayor o menor reparto de disfrute económico entre los miembros de la comunidad. Ni tampoco concuerda con el conservadurismo rancio de la política, indiferente y despegado del progreso técnico y de la industrialización necesaria, posibles sólo por el avance de las ciencias aplicadas. Convendrá recordar cómo entendía José Antonio la operación salvadora de nuestro tiempo, el salto sobre la invasión de los bárbaros –subversión comunista del siglo XX– para sentar las bases de una época histórica de unidad espiritual y armonía social:

"Pero en las invasiones de los bárbaros –decía José Antonio, en noviembre de 1935– se han salvado siempre las larvas de aquellos valores permanentes que ya se contenían en la edad clásica anterior. Los bárbaros hundieron el mundo romano, pero he aquí que con su sangre nueva fecundaron otra vez las ideas del mundo clásico. Así, más tarde, la estructura de la Edad Media y del Renacimiento se asentó sobre líneas espirituales que ya fueron iniciadas en el mundo antiguo.

"Pues bien: en la revolución rusa, en la invasión de los bárbaros a que estamos asistiendo, van ya ocultos y hasta ahora negados los gérmenes de un orden futuro y mejor. Tenemos que salvar esos gérmenes, y queremos salvarlos. Esa es la labor verdadera que corresponde a España y a nuestra generación: pasar de esta última orilla de un orden económico social que se derrumba a la orilla fresca y prometedora del orden que se adivina, pero saltar de una orilla a otra por un esfuerzo de nuestra voluntad, de nuestro empuje y de nuestra clarividencia; saltar de una orilla a otra sin que nos arrastre el torrente de la invasión de los bárbaros".

Quizá la labor de la revolución auténtica sea salvar esos gérmenes que están negados, que están frustrados en la revolución marxista del siglo XX y colocarlos a un nivel de humanización y fecundidad histórica distinta. En buenas cuentas, este fue el gran intento de José Antonio, cuyo trazo inicial queda enraizado en los años fundacionales, pero está abierto a la empresa española.

El camino de la Revolución

En resumen: José Antonio quiso una Revolución, pero las revoluciones pueden dividirse a este respecto en dos clases: negativas y positivas.

Negativas, las que están movidas sólo por el resentimiento producido por la desigualdad social y el contraste de los niveles de vida –que van del lujo insolente a la mortificante miseria–, y estas revoluciones tienen siempre un carácter destructivo. Caldeadas por un ansia igualitario, sólo ambicionan el reparto agotador de los bienes de una sociedad, sin preocuparse lo más mínimo en cultivar, en incrementar las fuentes de riqueza con miras al mañana. Porque en el fondo lo que buscó el socialismo subversivo desde su impregnación marxista –y esto ha dominado su trayectoria hasta recientes evoluciones en la segunda postguerra mundial– no fue alcanzar la justicia económica en el marco de las sociedades liberales, sino el fabricar atmósferas sociales de malestar y descontento, llevarlas a la desesperación y utilizarlas como turbinas revolucionarias para hacer estallar la sociedad capitalista, y luego ya vendría la dictadura soviética a sustituir las huelgas por el trabajo forzado, y la agitación rebelde por la más sumisa servidumbre, conseguida por los fríos procedimientos del terror. Y así quedaba convertido el primitivo afán de justicia, que anheló ingenuamente un pueblo lanzado –al comunismo, en un mito de expansión universal y de paraíso futuro, paraíso futuro que habrá de alcanzarse en ese infinito rojo donde no llega nunca ni la más ilusa esperanza humana. Ese, como hemos dicho antes, es el camino negativo de la revolución social, el camino destructivo.

José Antonio no pretendió nunca lanzar al pueblo español por ese camino negativo en que se articulan todos los resentimientos para una obra de destrucción y disolución de la convivencia social y de la realidad nacional.

La Falange abrió el camino positivo de una revolución. Una revolución que habrá de ambicionar metas espirituales, nacionales y sociales. En el aspecto económico, los objetivos completos de la producción y de la distribución. Sin cuidar y sin aumentar la riqueza nacional, el reparto de bienes será siempre una cicatera distribución de la escasez y de la pobreza. Tan revolucionario es descubrir una vena de riqueza en la explotación nacional, concertar con eficacia los intercambios en el comercio exterior, incrementar el rendimiento de las tierras, aumentar las instalaciones industriales complementarias, en un sistema de crecimiento económico nacional, como velar por los salarios justos y decentes o mantener los precios en los niveles adquisitivos de nuestra población trabajadora.

Es preciso conseguir una nueva sociedad con fórmulas eficaces de libertad personal y de seguridad social. Pero no se piense que todo se reduce a la necesaria implantación de los sistemas de previsión y seguridad que garanticen contra la miseria a los hombres, dentro de una colmena social, si bien esta colmena social se rija matemáticamente, bajo una organización exacta, para que no se exhiba públicamente el dolor, el fracaso o el infortunio.

Es necesario garantizar un campo de acción para la iniciativa humana, para la emoción del riesgo y para la alegre satisfacción del éxito. La Falange sabe que la meta anhelada, , tampoco es el simple logro de una sociedad planificada, aritméticamente dosificada, con coeficientes previos reglamentados para la tristeza y la alegría en la vida humana, asemejándose a las colectividades de los insectos, de las hormigas, de las abejas o de los termites.

La Revolución tendrá, pues, afanes espirituales y materiales. En el aspecto económico, las siguientes metas: aumento de la producción, justa distribución, seguridad y promoción abierta –en igualdad de oportunidades– al esfuerzo humano.

Síntesis política actual.–Un orden de libertad y un sistema de justiciaJosé Antonio ambicionó una síntesis política, sincrónica con el tiempo histórico en que vivimos y que ha de ser a la vez un orden de libertad y un sistema de justicia. Un orden de libertad y un sistema de justicia que garanticen los derechos de la persona humana y realicen la solidaridad social en la vida común de la nación.

La Revolución se proyecta en tres planos: el objetivo espiritual, que es la fiel realización de la concepción cristiana de la vida, y reconquista del genio hispánico; el objetivo nacional, que es lograr la unidad de destino, la fortaleza de España en el mundo, y el objetivo social, que es conseguir la hermandad, la efectiva justicia en los diversos sectores de la sociedad española.

La doctrina de José Antonio es un mensaje de fe y de esperanza. Proclama nobles propósitos: lograr la unidad de los hombres y de las tierras; hacer que el hombre sea efectivamente portador, recreador de valores eternos; conseguir que la concepción cristiana de la vida se cumpla sin deformaciones; hacer que el principio espiritual no se falsifique, que la ambición nacional no quiebre, que la justicia social no se pierda entre una serie de trámites administrativos o se desvirtúe difiriendo sus saludables soluciones a un futuro más o menos lejano.

El hecho esencial de 1933-1936 –ese duelo que tuvo escenario en nuestro territorio–, en que se planteó la lucha radical entre dos concepciones de la vida: entre la concepción española, occidental y cristiana que proclamara José Antonio, y la concepción marxista, asiática, deshumanizada del comunismo internacional, sigue planteando tensamente, con dramática inquietud, el mismo problema en una dimensión mundial. Ante esta amplia perspectiva humana, la concepción de José Antonio que dio cara al reto del marxismo soviético, tiene hoy vigencia; sigue con validez, pero no solamente para España, sino con proyección universal.

Estamos en un tiempo de transición universal, de grandes mutaciones culturales, técnicas, políticas y sociales. La moderna revolución científica, la corriente general de transformación económico–social y la emergencia de grandes contingentes humanos al protagonismo político, confluyen, estimulando la aceleración histórica de esta segunda mitad del siglo XX, factores que trazan un nuevo panorama de vida a los afanes humanos. Asomamos a una nueva época –sugestiva, tensa y difícil– que requiere una comprensión dinámica y constructiva, tal como se ofrece en el pensamiento de José Antonio, quien rebasó su marco contemporáneo con vaticinios y aciertos proféticos, con inteligentes anticipas y afortunadas intuiciones del futuro iluminando la marcha histórica de un pueblo entero y abriendo los caminos de una nueva configuración social, exigente de justicia, de verdad y de dignidad humana.

 

IV. PERVIVENCIA DEL IDEAL DE JOSÉ ANTONIO

La vida de José Antonio se nos ofrece como estilo ejemplar de humanidad española; su doctrina, como fuente de inspiración y legado irrenunciable; su obra, como empresa incitante que reclama culminación; su alma, como inefable presencia que estimula, aconseja y vela los más nobles afanes de la comunidad española. Y su abnegación, al entregar su vida por España le dio el registro máximo de autenticidad y de trascendente significación.

La hora general del mundo parece reclamar posiciones claras en defensa de la civilización cristiana occidental. Se requieren perfiles definidos y líneas netas. El conjunto de ideas de José Antonio, que sirvieron para dar la réplica al comunismo, cobra excepcional vigencia. El definió las metas de la Revolución pendiente y explicó su contenido moral, nacional y social. Al desenvolver estos gérmenes doctrinales, la Revolución española había de ser auténticamente espiritual –católica–, sin caer en el fariseísmo; efectivamente nacional, sin los defectos del fascismo, y exigentemente social, sin incurrir en los errores del marxismo.

La anticipación de José Antonio en comprender la encrucijada histórica moderna le dio un carácter de vanguardia, de vigía de los tiempos nuevos, que el pueblo español ha de esforzarse en merecer ante el horizonte universal de las ideas y de los acontecimientos.

La doctrina de José Antonio ha atravesado el tiempo influyendo decisivamente en la marcha del pueblo español. La Falange encendió una fe nacional, que vio la victoria a través de una Guerra de Liberación bajo el caudillaje de Francisco Franco. España consiguió vencer todos los riesgos de la Segunda Guerra Mundial y mantuvo su independencia y neutralidad en un tiempo difícil. Posteriormente rompió también el cerco de una conjura internacional, defendiendo su soberanía e integridad.

Abierto el largo ciclo de la paz de Franco contribuyó eficazmente a la transformación nacional operada durante esta época. Impulsó las tareas de la reconstrucción, del crecimiento y del desarrollo nacional. Estimuló los mejores afanes sociales. Fomentó una conciencia colectiva de unidad, de justicia social y de permanente superación. La laboriosidad del pueblo español abrió un camino ascendente de elevación y mejora de los niveles de vida en nuestra comunidad. La síntesis de tradición y modernidad –como pensara José Antonio– trazaba un rumbo constructivo a la nueva sociedad española.

El destino quiso unir a Franco y a José Antonio en el recuerdo de los españoles. Una misma fecha –el 20 de noviembre– y un mismo lugar de oración –la Basílica del Valle de los Caídos– servirán a su memoria, entrelazadas sus vidas y sus muertes en el servicio de España.

Extinguida la vida de Francisco Franco el 20 de noviembre de 1975, y cumplido el trámite legal de sucesión, fue instaurada la Monarquía en la persona de Don Juan Carlos I como Rey de España, en cuyo reinado el pueblo español cifra sus mejores esperanzas. Coincidiendo en esta misma esperanza, deseamos que bajo su dirección alcance España su más fecunda plenitud histórica, por las rutas de la paz, la un¡dad, la libertad y la justicia.

He de expresar mi gratitud a Pilar Primo de Rivera y a Jesús Fueyo Alvarez, Presidente del Instituto de Estudios Políticos, por haber amparado, en forma decisiva e ilusionada, el proyecto de esta edición, permitiendo así ofrecer con ella un testimonio fiel de la vida y del pensamiento de José Antonio Primo de Rivera al cumplirse el XL Aniversario de su muerte.

Y he de dejar constancia también de mi reconocimiento a Manuel Solana Sanz, Secretario Gerente del Instituto de Estudios Políticos, y a Fernando Cañellas Rodríguez, Jefe del Departamento de Estudio, Desarrollo y Difusión de la Doctrina del Movimiento del mencionado Instituto, por el afecto y el estímulo con que acompañaron mi propósito editorial y promovieron s u realización.

Finalmente, con esta obra he pretendido contribuir al esclarecimiento de una época difícil y convulsa de la vida española, sirviendo lealmente –a juicio de mi conciencia– a la verdad histórica que se merece el pueblo español.

Al conmemorar este 20 de noviembre de 1976, hemos de ofrendar a la fecha aquellas palabras del testamento de José Antonio que revelan su generoso y postrer anhelo: "Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas calidades entrañables, la Patria, el pan y la justicia".

Madrid, 10 de noviembre de 1976
AGUSTÍN DEL RÍO CISNEROS



 
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