JOAQUÍN CABEZA DE VACA

Gonzalo Cerezo Barredo

A punto de cumplir ciento dos años, nos ha dejado el jefe, el amigo y el camarada entrañable, Joaquín, el 17 de este mayo que se nos acaba. Casado con Tina Nieto, se vinculaba a la legendaria saga de los hermanos Nieto, que habían señalado su huella, siempre notable, en la Falange madrileña, por donde quiera que  pasaron, siguiendo los  ejemplos vivientes de su padre, Luis Nieto, y su tío, el almirante Nieto Antúnez.

Probablemente el devenir de los acontecimientos subsiguientes no habría cambiado mucho. Hoy sabemos que estaba ya  en gran parte diseñado. Pero el inesperado asesinato del presidente Carrero le arrojó a un primer plano, seguramente no deseado, en que el futuro se entretuvo en coquetear con el almirante, ministro de Marina entonces. Nieto Antúnez, hombre próximo a Franco, de probada lealtad, y de indudables simpatías falangistas, hubiera sido muy probable sucesor en la presidencia del Gobierno, de no haberse producido interferencias para impeedirlo. Respaldado por importantes hombres del Movimiento fue sin duda su afinidad a la Falange lo que le cerró el paso. Pero esta es otra historia sólo abierta a la especulación.

La sobria esquela de Joaquín, rezaba así para definirle: Estadístico. Falangista, Voluntario de la Bandera de Marruecos. Hubiera podido añadir muchas más cosas en la noticia de su fallecimiento, omitidas, sin duda, por  propia decisión, pero que en aquella hora definitiva ya no contaban para su personal modestia. Quizá esas tres notas esenciales fueran ya las únicas que le importara dejar a su descendencia, él, que bien podía envanecerse de su ascendencia ilustre,  al pertenecer a una estirpe que había  escrito días de gloria en la gran aventura del descubrimiento  de las Américas.

Y las tres eran verdad:  Estadístico porque era su profesión, a la que se entregó  y sirvió con ahínco. Fue, con los hermanos Alcaide, uno de los renovadores de la estadística  española, desde un instrumento de plena fiabilidad en el estudio y profundización de la actividad económica en  nuestro país, como fuera el departamento estadístico de la Organización Sindical.

Falangista, porque lo fue desde la primera hora, cuando serlo requería un acto de fe  y no poco valor, pues entrañaba grave riesgo para tu vida, familia  y   profesión.

Voluntario de la Bandera de Marruecos, porque estaba llamada a ser una de las míticas unidades de primera línea durante la guerra civil. Su patriotismo, su ambición falangista de una España mejor,  y  vocación de servicio, se sobreponían a un riesgo cierto que ni buscaba ni rehuía.

Andando los cincuenta, nos conocimos en el INI, cuando cumplimentando el deseo de Suanzes,  y  de la mano del entonces su secretario general, José Luis Corral, otro camarada inolvidable, se creó el Centro de Estudios Económicos y Sociales del Instituto (CEEYS). A sus iniciales secciones nos incorporamos como directores Juan de Arespacochaga, Joaquín Cabeza de Vaca y Francisco Labadíe Otermín, a quienes acompañamos respectivamente, como segundos, Pablo González Liberal, Salvador Esteban Coca, y, yo mismo, con Paco Labadíe.

Allí vivimos la apasionante aventura de colaborar en la reconstrucción de España, que, se diría, casi veíamos crecer bajo nuestros pies en el día a día de nuestro acontecer. Desde nuestros afanes, intentamos implantar en el INI el capitalismo popular cuando empezaron a soplar aires de  fronda sobre la privatización de alguna de las empresas del ente. Un sueño -como tantos- que no llegó a su fin porque unos y otros se encargaron de estrangularle en la cuna.

Trabajador infatigable y, no obstante, animador activo de tantas tertulias, fecundo en obras e hijos -deja tras de sí nueve y una numerosa prole de nietos y biznietos- paciente, bien humorado, pendiente siempre de sus compañeros más que subordinados. Nunca le faltaba una palabra cálida o  una divertida anécdota que sacar del acervo inagotable de su prolongada existencia. A  quienes le tratamos y tuvimos la satisfacción de colaborar con él nos deja un recuerdo que no podrá borrar el paso del tiempo. Baste como ejemplo de su generosa entrega a los demás, que, ya retirado, desde la asociación de jubilados del INI que contribuyó a crear, se preocupó de poner en marcha un entusiasta grupo para visitar y hacer compañía a los compañeros que pasaban por momentos difíciles en su enfermedad, consumían en soledad sus recuerdos  o simplemente necesitaban ayuda y compañía.

Desde el primer momento de su fundación, tanto él como su mujer Tinuca Antúnez se integraron en Plataforma 2003, sin ceder un punto en su fidelidad a sus objetivos fundacionales. Era, como él mismo me dijo, “el último servicio que podría prestar a la Falange y a José Antonio”. Aunque por las dificultades de su avanzada edad ya no asistían últimamente a nuestros actos oficiales, no dejaban nunca de otorgarme los dos el honor de su representación, acompañada casi siempre de alguna otra de su “escuadra” de cuñados o cuñadas falangistas.

No sé si por edad era ya el “decano” de Plataforma. Bien pudiera ser así, pero “decano” o no, quiero dejar aquí memoria de su recuerdo, seguro como estoy, de que no faltará este, acompañado de una oración, de sus viejos camaradas por  su eterno descanso en los brazos del Padre. Adiós, Joaquín. Descansa en paz en aquel cielo difícil que quería José Antonio, enmarcado de ángeles con espadas a su entrada, donde no sólo encontrarás a tu siempre admirado José Antonio, sino también a todos los muchos camaradas y amigos que te precedieron.

31 de mayo 2009