Quién mató a Muñoz Seca?

Por Alfonso Paso
8 de enero 1977
Diario "El Alcazar"

Hay un recuerdo imborrable que me viene ahora al corazón porque de la mente no se ha separado jamás. Mi padre intentó por todos los medios  salvar a Pedro Muñoz Seca, que estaba internado en la cárcel de San Antón de Madrid. Mi padre publicó un artículo en el recién aparecido Diario por entonces, al término de la guerra, "Madrid". El artículo se titula "Con Muñoz Seca en la cárcel de San Antón", y mi padre relata el dramático encuentro que tuvo allí con nuestro gran autor cómico. Venía de intentar una entrevista con Marcelino Domingo y con el propio  Martínez Barrios, pero las cosas estaban graves para la República. Al fin, un poeta comunista llamado Pedro Luis de Gálvez consiguió un permiso para que mi padre visitara a Muñoz Seca en la cárcel de San Antón. Ya he contado como acompañé a mi padre y como salí conturbado y lleno de miedo de pensar que algo así pudiera sucederle al autor de mis días. Pedro Luis de Gálvez, a quien mi padre apodaba: "El Capitán Saltatumbas" iba con un pistolón pegado a la cintura  y se había dado un par de visitas por mi casa al tanto de una obra dramática que quería estrenar y que pretendía que mi padre arreglase.

Estábamos en la cocina de Apodaca, mi madre, mi hermana Juana y yo, comiendo puré de lentejas con pan frito. Entró el Capitán Saltatumbas preguntando por mi padre y como quiera que don Antonio no estaba se sentó a hacer tertulia y a mirar tan menguado alimento. Mi hermana masticaba ruidosamente el pan frito y de pronto, Pedro Luis de Gálvez sacó el pistolón, apuntó a mi hermana y dijo:

―Como sigas haciendo ese ruido te mato.

Juana se quedó helada y yo me llevé a Pedro Luis de Gálvez al despacho de mi padre para evitar mayores males.

Enterado mi padre de lo ocurrido cuando vino, y habiendo abandonado  la casa el Saltatumbas, tuvo una violenta escena con él a la que puso fin, meloso y bajuno, el tal Pedro Luis de Gálvez, diciendo:

―No te pongas así Antonio, que te voy a dejar ver a Pedro.

Aprovechó mi padre la ocasión y con ese antecedente llegamos a la cárcel de San Antón en octubre de 1936, sin que pudiera precisar la fecha exacta. Yo ví a a don Pedro tranquilo, irónico, mientras que el otro Pedro, Luis de Gálvez, ordenaba a los milicianos:

―A este que no me lo toque nadie. A muños Seca no lo mata nadie más que yo.

Muñoz Seca protestaba:

―Es un honor, Pedrito. Es un honor.

Mi padre habló largamente con don Pedro. Se quejaba el autor cómico de su úlcera de estomago y suplicó a mi padre que no le abandonasen nunca en la cuestión de las medicinas. Como el frío se echaba encima le pidió también unos calcetines de lana caso que por otra parte había pedido ya a su familia. Mi padre le mostró los que llevaba  puestos y le dijo:

¿Te abrigarán estos?

―Un poco más.

Mi padre se quitó los calcetines y se los entregó allí mismo bajo la supervisión del Saltatumbas con el que se encaró diciendo:

―Si algo le pasa al Muñoz Seca tu tendrás la culpa y lo pagarás muy caro. La República no puede permitirse estas cosas.

Pedro Luis de Galvéz fantocheó delante de los dos autores. No se cuantas cosas dijo. Lo que si es bien cierto y esto lo tengo grabado en la mente es que dijo que la República contaba bien poco y que eran los comunistas los encargados de sentar la justicia a partir de aquel momento.

Si quieres que Muñoz Seca siga vivo habla con Orden Público y con Carrillo que es quien lleva todo esto.

Mi padre, viejo, republicano, a la salida de aquel emocionante encuentro, llamó desde mi casa a Diego Martínez Barrios. Me parece que le estoy oyendo hablar.

―Si eres inteligente, Diego, si lo somos, no podemos permitir que un escritor esté en la cárcel. Eso mancha a la República.

Cuando colgó el teléfono aseguró a mi madre, conmigo delante, que Martínez Barrios iba a hablar con Carrillo. La cosa no se me ha olvidado nunca  porque yo asociaba el nombre de Carrillo a un vecino de la casa y mi padre me tuvo que sacar del error. Repito textualmente sus frases:

―Ese es capaz de todo con tal de hundir a la República, pero si Diego quiere...

Días después de lo que estoy narrando comunicaron a mi padre la muerte de Muñoz Seca. Santiago Carrillo Solares se acordará  seguramente de un viejo republicano que quiso romper su carnet de número muy bajo, en la calle Mayor, delante de Unión Republicana, por la muerte de Muñoz Seca, de la cual es responsable, mientras no se demuestre lo contrario, el Carrillo Solares a quien hay que aplicar la acusación por delito tipificado de genocidio y atentados contra la humanidad.