LA FOSA DE CAMUÑAS, AUTÉNTICO BOOMERANG CONTRA EL GOBIERNO
Y SU SELECTIVA "MEMORIA HISTÓRICA"

El Obispo auxiliar de Toledo insta a "aprender de los errores del pasado

"Venimos a hablar de paz y de reconciliación, no a denunciar nada"

Diario "La Gaceta"
24 de enero de 2010

 

Camuñas.- Ni revancha, ni odio, ni venganza. El perdón fue lo que celebraron ayer en la fosa de Camuñas (Toledo) los allegados de las personas asesinadas por los republicanos durante la Guerra Civil y cuyos cuerpos yacen en una mina, rodeados de cal viva y piedras. Sus allegados murieron como cristianos y avivar los recuerdos sería insultar a su memoria.

En esa línea, la del perdón y la reconciliación sin atizar rencores, iba el mensaje que envió el obispo auxiliar de Toledo, Carmelo Borobia, que acudió a la fosa un par de horas después de la misa. El prelado instó a aprender de los errores "entre hermanos" del pasado para que no se repitan en el presente. Aunque estaba anunciado que el arzobispo de la diócesis, Braulio Rodríguez, acudiese a la celebración, finalmente no fue posible, ya que era el día de San Ildefonso, el más importante para los religiosos de la provincia.

También el perdón imperó en la misa que tuvo lugar junto a la fosa en recuerdo de los fusilados y arrojados al abismo por los republicanos durante la Guerra Civil. Ofició la celebración el postulador de mátires de la Iglesia de la contienda, Jorge López. También cooficiaron la misa el párroco de Camuñas, Jesús Ángel Gómez, el vicario de Los Yébenes, Amos Damián Rodríguez de Tembleque, y el sacerdote de Herencia Julián Martín. Todos ellos leyeron los nombres de los enterrados en la fosa.

La emoción contenida de los presentes mutó en lágrimas cuando Jorge López anunció durante la homilía que ayer mismo se habían encontrado entre los cadáveres una medalla de la Virgen de la Inmaculada. En ella, con la inscripción "Ponme como sello sobre tu corazón", se simbolizó el homenaje que los vecinos de Camuñas, Hencinas, Villafranca de los Caballeros y Quero, entre otras localidades, rindieron a sus familiares.

Jorge López quiso destacar en la homilía que "venimos a hablar de paz y de reconciliación, no a denunciar nada". Se trataba de "invocar justicia" para todos los sepultados en la mina –los investigadores de la Sociedad Científica Aranzadi hablan de que habrá al menos 70 cuerpos–, y especialmente para los nueve religiosos en proceso de beatificación.

Setenta y cuatro años después de que sus seres queridos fueran vilmente asesinados y lanzados a una fosa común, varias decenas de personas disfrutaron de la oración que homenajeó sus memorias. Cada uno de los asistentes a la misa tenía una historia que contar sobre la Guerra Civil. Un caudal de relatos estremecedores.

Era el caso de los hermanos Miguel y Jesús Martín-Benito. En la fosa está el cuerpo de su padre, al que mataron "por ser un hombre justo", en palabras emocionadas de Miguel. Los dos hermanos, que acudieron con sus esposas e hijos, destacaban que sentían una mezcla de sentimientos. El "dolor" por recordar lo sucedido y la "alegría" de poder rezar por su padre.

Juan Pérez Olivares, de 65 años, no vivió los horrores de la guerra. Pero su madre le narraba entre lágrimas las circunstancias en que su tío, Teófilo Gutiérrez, fue asesinado a los 26 años. "Lo mataron únicamente porque era cristiano, vengo aquí porque mi madre (su hermana) le tenía pasión, y siempre me hablaba sobre él".

Las heridas de la guerra podrán curarse. Pero las cicatrices siempre quedan. Así, por ejemplo, los asistentes narraron a LA GACETA la historia de Simeón Almansa, uno de los que consiguió escapar a las ejecuciones de los republicanos. Se refugió en Villafranca, localidad próxima, y su hijo, menor de edad, le llevaba la ropa escondida debajo de la suya durante la guerra.

No eran pocos los que recordaron al sacerdote Emiliano Encinas, uno de los nueve mártires en la mina de Las Cabezuelas. Uno de los allegados del clérigo, Pedro Guzmán, mostró imágenes del sacerdote y de otros seis familiares que también fueron masacrados durante la contienda.

Otra historia conmovedora que se recordó ayer era la del sacerdote Sebastián Alfonso Tapia, quien, según cuentan sus familiares, se dirigió a sus verdugos para espetarles las famosas palabras de Jesucristo: "Padre, perdónales porque no saben lo que hacen".

"No remover"

Entre los asistentes que querían comentar sus sensaciones primaban dos ideas: el perdón, nuevamente, y sus críticas a la conocida como ley de la memoria histórica que el Gobierno socialista aprobó la pasada legislatura. "No hay que remover, pero si se remueve, que se remueva lo de todos", apuntó Isidro González, quien, junto a su esposa, Teodora Oliva, socorrió a los miembros de este diario para que llegasen a la mina.

"La fe es algo muy serio. Unos murieron por esa fe y hoy en día otros la ridiculizan", comentó Amos Damián Rodríguez, vicario de Los Yébenes. Su padre, Amador, fue uno de los más emocionados.

 

«Primera relación de los asesinados en Camuñas»

Diario "La Gaceta"
23 de enero de 2010


Se confirman los asesinatos de tres mujeres. En el 'Expediente Camuñas' se recogen torturas, saqueos, incendios y profanaciones entre otros actos aberrantes.
 

Nunca se había intentado recuperar los cuerpos

 

El Gobierno da 20 millones de euros a la
"Memoria Histórica"

 Labradores, maestros y sacerdotes fueron ejecutados por los republicanos en la mina

Los datos y descubrimientos relacionados con la fosa común de la mina de Las Cabezuelas, en la localidad toledana de Camuñas, permiten identificar a algunos de las víctimas que allí fueron arrojadas. La Causa General, como se puede comprobar en el Archivo Histórico Nacional y entre los fondos del Poder Judicial, recoge el nombre de los 19 primeros ejecutados en la mina. Dentro de los documentos allí recogidos se encuentra uno que lleva por título Expediente Camuñas. Gracias a ese legajo se conoce parte de la lista de los que fueron asesinados por los republicanos, durante la Guerra Civil, en una zona alejada del frente que constituye el osario de la mina.

Los documentos del archivo contienen oficios que recogen “la relación de personas residentes en este término municipal, que durante la dominación roja fueron muertas violentamente o desaparecieron y se cree fueron asesinadas”.

A continuación se incluye una “relación de cadáveres recogidos en este término municipal, de personas no reconocidas como residentes en él, que sufrieron muerte”. Después, se enumeran los “tormentos, torturas, incendios de edificios, saqueos, destrucciones de iglesias y objetos de culto, profanaciones y otros hechos delictivos que por sus circunstancias, por la alarma o el terror que produjeron deban considerarse como graves, con exclusión de los asesinatos, que fueron cometidos en este término municipal durante la dominación roja”. Concluye con una “Relación nominal de personas asesinadas”.

Primera lista de asesinados en Camuñas

Yacen en el osario de la mina de Camuñas
Nombre y apellidos edad

Profesión

Fecha de su muerte

Sospechosos del crimen

Emiliano Encinas

39

Sacerdote

23.08.1936

Ricardo Molina, Doroteo Romero, Eugenio Oliva

Emilio Martín Benito 35 Labrador 23.08.1936

Ricardo Molina, Doroteo Romero, Eugenio Oliva

Roso Gallego 51 Labrador 20.10.1936

Adolfo Yugo, Bonifacio Galán, Eugenio Oliva, Vicente Gallego

José González Román y Villarreal 30 Maestro nacional 27.11.1936

Teodoro Galán, Juan Chavarrías, Adolfo Yugo, Jesús Galán, Bonifacio Galán

José Romero Santa Cruz        
Sixto Salas García Tapial        
Blas Galán Santa Cruz        
Jorge Antonio Moara Santa Cruz        
Concepción Cano Cano        
Román Cano Giménez        
Diógenes Beteta Corrales        
Manuel Muñoz Mariolanca        
Leoncio Ballesteros Cano        
Eugenio Ortega Santa Cruz        
Lorenzo Martín Benito        
Manuel Gracia Moreno Romero        
Herminio Velasco Alberca        
Vicenta Ávila Durango        
Eugenia de Castro        

Como se ha podido demostrar a lo largo de las exhumaciones, algunos cuerpos presentan lesiones producidas por las torturas que les fueron infligidas entre el momento de la detención y el de la ejecución. En esta primera lista, aparece el nombre de tres mujeres. Pero, además, aporta información fundamental para entender el contexto en el que se produjeron las ejecuciones. El estudio conservado en la Causa General incluye la profesión, la edad, la fecha de fusilamiento y la identidad de quienes fueron señalados como sospechosos del crimen.

Así pues, se puede poner nombres y apellidos a los Emilio Martín Benito, labrador; Emiliano Encinas, sacerdote; o José González Román y Villarreal, maestro nacional, así como una larga lista perfectamente documentada. Aunque no se puede conocer la edad de quienes fueron detenidos y ejecutados sin mediar procedimiento legal alguno, queda claro, por esta lista, que muchos de ellos eran ya sexagenarios cuando fueron arrojados, en algunos casos vivos, al pozo de la mina. Ancianos, ya que la esperanza de vida en España durante el primer tercio del siglo pasado rondaba los 62 años.

Entre los valiosos documentos estudiados, aparecen también apuntados otros hechos delictivos como la quema de iglesias, objetos de culto, o la simple sospecha de que las personas sepultadas en la mina, no pertenecen sólo a los términos municipales colindantes, sino también a gentes del propio Madrid.

Para realizar los informes en los que se encuentran estos datos, se tomó testimonio a los habitantes de la zona, que demuestran que era de conocimiento público el emplazamiento de los cadáveres y también los métodos ilegales que se emplearon para ejecutarlos. Información que fue puesta en conocimiento de las autoridades franquistas, que pudieron constatar que entre las víctimas había varios religiosos. Sin embargo, jamás se hizo ningún intento de recuperar los cuerpos.

El Gobierno de Rodríguez Zapatero ha justificado la Ley de Memoria Histórica para la recuperación de cuerpos de víctimas supuestamente ejecutadas por el bando nacional. El Ejecutivo ha concedido, desde 2006, a las asociaciones que se dedican a estas exhumaciones, 15 millones de euros y ha presupuestado otros 4 para el año 2010.

Segundo nivel

Los trabajos realizados a lo largo del pasado viernes en el interior de la mina han consistido en la retirada de los cuerpos ya estudiados de la capa superior. Pretenden descubrir totalmente la capa de cal que los sujetaba para extraer los numerosos cuerpos que se encuentran debajo y a los que los técnicos han tenido acceso tras introducir una luz.

Algunos objetos encontrados han sido enviados para su análisis, entre ellos dos trozos de tela negra que, según los datos recabados por los forenses, podrían haber pertenecido a la sotana de alguno de los ocho sacerdotes que fueron asesinados en la mina.
 

«Esqueletos de mujeres entre los restos de las fosas de Camuñas»

Diario "La Gaceta"
22 de enero de 2010

Todos presentan fracturas; algunas son resultado de torturas infligidas mucho antes de los asesinatos. Presentan disparos en distintas partes de la cabeza y en la mandíbula.
 
 

Los trabajos de reconstrucción son lentos; el reto para los forenses es no mezclar los
huesos de unas víctimas con otras.

 

Cartucho completo alemán, calibre 7,92 x 57


A medida que avanzan los trabajos de arqueólogos y forenses en el interior de la mina de Las Cabezuelas, en Camuñas (Toledo), se conocen más datos sobre los crímenes que cometieron los republicanos, durante la Guerra Civil, en esa zona alejada del frente.

Entre los numerosos cadáveres que se han logrado reconstruir, unos 35, aparece totalmente definido el de una mujer de unos 45 años de edad.

Además, en las últimas actuaciones de ayer se empezaba a recuperar un esqueleto de otra mujer que mantenía adheridas al cráneo tres horquillas y, junto a ella, un frasco de medicamento. De acuerdo con la opinión de los forenses, el cuerpo es el de una mujer de edad avanzada; aunque este extremo no se concretará hasta la extracción total de los restos que se producirá a lo largo del día de hoy.

Francisco Etxeberría es el profesor de Medicina Forense de la Universidad del País Vasco que dirige los trabajos en el pozo de la mina, a treinta metros de profundidad. Etxeberría confirma a LA GACETA que todos los cadáveres presentan numerosas fracturas, y que, si bien es cierto que algunas corresponden a la caída de los cuerpos, vivos o muertos, por el tubo del pozo, otras son fracturas que corresponden a heridas previas, indicativas de torturas infringidas a los asesinados tras su detención.

Muchos de los cuerpos recibieron disparos en diferentes partes de la cabeza. Etxeberría señala que “incluso uno presenta un disparo en la mandíbula; se aprecia perfectamente el recorte del hueso”.

Identificación

Los cuerpos estudiados hasta el momento corresponden, de acuerdo con los datos históricos disponibles, a ejecuciones tardías realizadas en 1938. Conforme avance la excavación, en el fondo de la mina aparecerán los cadáveres que fueron arrojados en agosto de 1936.

A última hora del día de ayer se estaba trabajando en la extracción de los restos de dos cuerpos que los forenses consideran “muy característicos”, según informa López Teulón a este diario: “Uno es un individuo muy corpulento; el otro parece ser un chaval muy joven”. Al cierre de esta edición, los forenses no podían confirmar este extremo.

El principal problema al que se están enfrentando es el deterioro de los cuerpos, que aumenta cuanto más profundo están: “Debemos trabajar intentando no mezclar los huesos de unas víctimas con otras. En las fosas comunes es difícil porque se superponen los restos. Aquí todavía es peor, porque se encuentran más fragmentados y mezclados”, asegura Etxeberría.

Un pequeño bolso

Igual que sucediera el miércoles pasado, cuando se iniciaron las excavaciones, siguen apareciendo gran cantidad de objetos personales a medida que avanzan los trabajos.

El más llamativo es un bolso de pequeño tamaño que se encontraba a la altura del pecho de uno de los restos de mujer. “De su interior se han podido extraer una serie de monedas de cobre de poco valor”, como señala Jorge López Teulón, postulador de la causa de los mártires de las provincias de Toledo y Ávila, que pasó todo el día de ayer trabajando junto a los forenses.

Un lapicero de carpintero, horquillas, cristales de bisutería, monedas de diferente valor, restos de tela de la ropa y cantidad de zapatos, son las pertenencias que acompañaron a los ejecutados por los frentepopulistas. Cuando, en los años 40, la Fundación Hermandad Valle de los Caídos reclamó al Ayuntamiento de Consuegra los cuerpos de las víctimas de la guerra para trasladarlos al cementerio de El Escorial, el mismo consistorio ya tuvo que responder que era imposible, porque los cuerpos habían sido arrojados al pozo de Camuñas. Esta respuesta, en forma de carta, ha sido encontrada recientemente en la “Causa General” por los historiadores que trabajan con la Sociedad Científica Aranzadi, entidad que, a su vez, está aportando el apoyo técnico a los forenses.

Junto a la antigua mina, convertida en fosa común de la Guerra Civil por los republicanos, se encuentra una cantera que actualmente está en explotación. Uno de los consejeros de la empresa que la gestiona acudió ayer a la zona donde trabajan los forenses para informar de que la parte en la que se están estudiando los restos no pertenece a la antigua mina romana de plata, sino que es una ampliación realizada en el siglo XVI.
 

 
Entre tanto cadáver, los técnicos se están haciendo con una cada vez mayor cantidad de objetos personales encontrados;
lo que más destacan es la gran cantidad de zapatos que hay en el pozo.


La iglesia busca a los religiosos incluidos en la causa de beatificación de 2002

Los nueve Mártires de la mina de las Cabezuelas

El arzobispado de Toledo es el promotor de las actuaciones que la Sociedad Científica Aranzadi está realizando en la antigua mina romana del municipio de Camuñas (Toledo). Su intención es encontrar restos de los nueve religiosos que fueron martirizados y arrojados a una profundidad de treinta metros. Una de las preocupaciones de la Iglesia en los procesos de beatificación es el de dignificar los restos que acabarán convirtiéndose en reliquias. Para eso es necesario reconocerlos e identificarlos sin que quepa ninguna duda. En la mina de las Cabezuelas se buscan restos de los nueve religiosos que fueron martirizados y arrojados a una profundidad de treinta metros. Una de las preocupaciones de la Iglesia en los procesos de beatificación es el de dignificar los restos que acabarán convirtiéndose en reliquias. Para eso es necesario reconocerlos e identificarlos sin que quepa ninguna duda.

 
     

En la mina de las Cabezuelas se buscan restos de nueve religiosos asesinados durante los primeros meses de la Guerra Civil: son ocho sacerdotes y una Hija de María.

Este es el orden en el que fueron asesinados: Sebastián Tapia Jiménez Abendeño. Antonio García Calvillo Cobos, Emiliano Encinas y López-Ortiz, Faustino Santos Jimeno, Francisco de Paula Herreros González, Inocenta Millán Gallego, Carlos Álvarez Rodríguez, Federico Avengoza Remón de Moncada y Jesús Sánchez de la Nieta.

La investigación realizada por el sacerdote Jorge López Teulón postulador de la causa de canonización, ha recogido testimonios que demuestran que varios de ellos fueron torturados antes de ser arrojados, en algunos casos, vivos a la mina.

Cientos de cadáveres de la República están en fosas comunes de Toledo

Diario "La Gaceta"
19 de enero de 2010

Camuñas (Toledo). Durante la Guerra Civil, el municipio de Camuñas (Toledo), ya muy próximo a la provincia de Ciudad Real, fue escenario de una serie de asesinatos y torturas sobre las que se ha pasado por alto durante 70 años. El pozo principal de una antigua mina de plata romana fue utilizado como fosa común por los milicianos y políticos de los partidos del Frente Popular.

A veces se usaba para deshacerse de cadáveres que venían de pueblos de los alrededores; otras, las víctimas eran llevadas vivas a la entrada del pozo tras ser torturadas y, en el mejor de los casos, eran fusiladas antes de ser arrojadas. Mucha peor suerte tuvieron los que fueron lanzados vivos al fondo. Amador Rodríguez, actual propietario de la mina, recuerda los hechos: “Eran frecuentes las expediciones para deshacerse de cadáveres y prisioneros civiles.

Había auténticas excursiones. Hay un testigo que ahora está muy enfermo que cuenta como presenció, con 11 años, la llegada de una furgoneta llena de cadáveres que venían a tirar a la mina. Está el testimonio de los hermanos Nombela y el de Don Manuel Azaña diciendo que esto era otro Paracuellos. Se prohibió a los médicos forenses que se hicieran fotografías para evitar que se supiera”.

Para Amador Rodríguez no existe odio ni intento de revancha, lo único que pretende es “que se sepa lo que aquí ocurrió. No pretendemos sacar ningún resto. Tenemos que tener en cuenta que solo de Herencia hay aquí 70 personas. Yo digo todo esto sin ningún resentimiento. Lo perdono todo, pero quiero que se sepa que se hicieron muchas barbaridades”. Sigue señalando que el ejército del Frente Popular tuvo participación en los sucesos: “El ejército del Frente Popular no hizo nada para frenar los crímenes.

Durante aquellos días se escuchaban alaridos atroces, porque los tiraban vivos. Los jefes de los milicianos se limitaron a ordenar que tirasen cal y arena encima para sepultarlos”. Canonizaciones Jorge López Teulón es el postulador de la causa de los mártires para las provincias de Toledo y Ávila. Deja muy claro el propósito de la Iglesia en esta investigación: “La causa de canonización continuaría aunque no se recobrasen los restos. Esto sería para recuperar reliquias o restos para dignificarlos en una iglesia. A lo mejor encontramos algo. Si la beatificación es dentro de 70 años habrían desaparecido”.

Conocedor de la importancia del hallazgo explica: “Los científicos de Aranzadi hablan de 300 personas. De ellas siete están en el proceso de beatificación abierto en 2002”. Deja muy claro que no quiere entrar en una guerra estéril sobre quien mató más en la guerra. No le mueve el resentimiento porque “el ejemplo de los mártires debe servir para que no se repitan las barbaridades que se cometieron en una guerra que destrozó un país”. La financiación la sufraga el Arzobispado de Toledo, que a su vez ha recibido donativos para poder desarrollar toda la investigación. López Teulón señala que la memoria histórica “debe ser para todas las víctimas, más para las inocentes, como son las que descansan en el pozo de la mina de Camuñas” y confirma que los miembros de Asociaciones para la recuperación de la memoria histórica “no se han puesto en contacto” con ellos.

Trabajo técnico

Rafael Zubiría es un espeleólogo de la Sociedad Científica Aranzadi que está realizando los trabajos técnicos para que se pueda acceder a la mina y se desarrollen los trabajos científicos en el interior. Allí tendrán que acceder, descolgados por una grúa, los miembros del equipo forense que evaluarán el número de cadáveres almacenados. Reconoce que tras haber excavado numerosas fosas “en estos casos siempre hay emoción e impresiona”. El caso de la mina de Camuñas ha sido un reto en su trayectoria: “Hasta el último día dábamos por perdida la investigación. En un momento postrero encontramos cantidad de restos humanos. Se trata de los restos que se van a estudiar esta semana”. Este tipo de actuaciones hacen que Zubiría se sienta conmovido: “Te trasladas a un momento y una época que te hacen ver lo dura que fue la guerra civil. Te das cuenta de lo trágico que fue para todos y del sinsentido tan grande que supuso”.

«La mina de Las Cabezuelas esconde otro Paracuellos»

 

Diario "La Razón"
http://www.larazon.es/noticia/la-memoria-historica-del-otro-bando.html
25 de enero de 2009
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La Memoria Histórica oficial ha mantenido en el olvido la mina romana de Las Cabezuelas, en el pueblo toledano de Camuñas. Entre julio de 1936 y principios de 1939, ese pozo de más de 20 metros de profundidad se convirtió en un gigantesco cementerio para el bando nacional. La versión más probable es que entre 5.000 y 6.000 cuerpos de víctimas de la represión republicana estén allí. Ahora, la Iglesia ha emprendido una operación para recuperar los restos. En la imagen, Amador Rodríguez de Tembleque, junto al pozo de la mina en la que su tío fue asesinado.

La Iglesia ha emprendido la mayor y más compleja operación de búsqueda de víctimas de la represión republicana. Durante dos años, miles de cuerpos fueron arrojados a una mina toledana. Ésta es su historia

Setenta y tres años después, Jesús, «el cangrena», lo cuenta como si hubiera ocurrido ayer mismo. Como si, en lugar de estar sentado en el salón de su casa, al abrigo de sus 84 delicados años, de sus problemas de huesos y de este ventoso viernes de enero, siguiera aún atrapado en aquel sofocante día de agosto del 36, en la carretera que lleva a Manzanares, ayudando a los hombres del pueblo a bachear el camino. Justo aquella jornada en la que apareció el camión. -¿Esta vereda va a la carretera general que lleva a Madrid?, preguntó uno de los milicianos cuando bajó del vehículo. «Y yo, mire "usté", era un "vacín" de 11 años, y tenía mi curiosidad. Mientras los hombres le indicaban el camino me engarabité a la rueda del camión. Alcé la lona y ví a mucha gente "matá". Lleno, lleno. Habría 40 o 50 cadáveres, qué se yo. Bajé al suelo y en cuanto se fue el camión me puse a llorar». Lo vuelve a hacer ahora, como un niño. 72 años después. «¿"Usté" cree que hay derecho a que un chico de 11 años vea eso? -pregunta al periodista-. Y así no lo hubiera visto. No "me se" olvida. Lo tengo metido aquí». El dedo índice apunta su sien.

Arrojados al pozo

Por desgracia, es muy probable que el miliciano que conducía la camioneta y sus dos acompañantes encontraran la vereda. Y el camino a Madrid. Y llegaran poco después a su destino, la mina romana de Las Cabezuelas, en el pueblo toledano de Camuñas. Lo que allí ocurrió lo saben todos en la comarca. Uno a uno, los cuerpos que llevaba la camioneta fueron arrojados al pozo. Después de veinte metros de caída libre, clack, el ruido de los huesos al chocar. Y vuelta a empezar. La historia que cuenta Jesús es de sobra conocida en Herencia, su pueblo, como lo es en el vecino Camuñas y en toda esta comarca manchega a medio camino entre Toledo y Ciudad Real. Durante dos años y medio, entre julio del 36 y principios del 39, la mina de Las Cabezuelas se convirtió en un gigantesco cementerio para el bando nacional. ¿Cuántos fueron arrojados allí? Los más conservadores dicen que hay evidencias de varios centenares. Otros aventuran que podrían ser más de 10.000. Pero la versión más extendida habla de entre 5.000 y 6.000 desaparecidos, procedentes de los pueblos de alrededor y de, al menos, dos checas de Madrid, la del socialista Agapito García Atadell y la de Fomento o de Bellas Artes, la más aterradora de todas. «Esto es como Paracuellos, pero bajo tierra», susurran a media voz. Empujados vivos Todas las víctimas, menos una, eran del bando nacional. La mayoría habían sido fusiladas antes, pero otras eran empujadas con vida. Había pocos políticos, algunos religiosos y muchos seglares, gente de campo y pequeños comerciantes, que sólo tenían en común ser creyentes. «Todas las víctimas, menos una». La una es un miliciano. Según la leyenda, su acto de valentía en la boca del pozo era empujar al sacerdote Don Antonio Cobos. En el último momento, el religioso se zafó y se agarró a él. Los dos, víctima y verdugo, cayeron juntos.

Ahora, el secreto a voces está a punto de desvelarse. El Arzobispado de Toledo ha emprendido la mayor operación de memoria histórica del bando nacional, no sólo por la dimensión de lo que allí se puede encontrar, sino por la complejidad que entraña. Nunca antes un equipo de espeleólogos había bajado hasta un pozo de estas características en busca de cadáveres de la Guerra Civil. Nunca antes se había utilizado un georadar de gran alcance para inspeccionar un terreno así. Y nunca antes había tantos hijos, nietos y sobrinos del bando ganador de la guerra pendientes de lo que allí se encuentre. De momento, ya ha habido una primera incursión en la mina. El pasado 25 de noviembre, los espeleólogos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, puntera en España en esto de desenterrar memorias históricas (de uno y otro bando), bajaron al pozo por la boca auxiliar. Después de cinco horas de trabajo, se toparon con un cono de derrubios al fondo del túnel. No les dio tiempo más que a retirar parte de la arena. Sospechan que se quedaron a apenas unas paladas de los primeros huesos. Aranzadi ha bajado sólo en seis ocasiones a pozos y cuevas en busca de víctimas de la Guerra Civil: en Badajoz se topó con 15 cuerpos, 13 en León, 10 en Gran Canaria. Y poco más. En apenas unos días volverán a la mina, esta vez para retirar la lápida que cubre la entrada principal y adentrarse por un túnel de 20 metros en busca de los cuerpos.

Las balas de la evidencia

La primera tentativa en Camuñas ha servido para confirmar dos de las sospechas. Primera: que, como decían los vecinos, en el fondo del pozo hay un enorme montón de áridos y cal, que los republicanos llevaron al lugar en tres camiones y arrojaron por la abertura poco antes de que terminara la Guerra, cuando ya la daban por perdida, con el objetivo de destruir pruebas. Y segunda: que allí se fusiló a gente. La empresa Cóndor Georadar, encargada del primer rastreo, necesitó sólo una hora para hallar las pruebas del delito. «En tan poco tiempo -explica su responsable, Luis Avial- encontramos junto a las bocas de la mina multitud de balas y casquillos de fabricación soviética y mexicana, que hemos confirmado que fueron los que se utilizaron en la Guerra». Entre ellos, hay proyectiles con las fechas 1935 y 1936 en el culote. También monedas de la época, pendientes, crucifijos y un trozo de tela con un botón. El informe de la empresa es concluyente: «Dado que no hay constancia de enfrentamientos armados en este sitio, cabe relacionar indudablemente estas evidencias localizadas con los asesinatos de vecinos de la zona por parte de las autoridades republicanas o las milicias». El padre de Miguel Martín-Benito, de Camuñas, es uno de los asesinados. El 1 de agosto de 1936, cuando volvía a casa de arar en el campo, estaban esperándole unos milicianos. «Cámbiate al menos de ropa», le rogó su esposa. Hasta para encontrarse con su destino había que ir bien vestido. «Qué va, mujer, si en un momento estoy de vuelta», respondió. No regresó. Los primeros días los pasó en el calabozo del pueblo, convertido en improvisada checa. Su esposa le pasaba leche por las rendijas de la ventana. Pero un día no volvieron a verle. «De noche le montaron en un coche y se lo llevaron a la mina, junto a otros de los presos -relata su hijo-. A mi padre le fusilaron, y con él al cura-párroco. Pero otro que iba con ellos, Siméon, se salvó. Consiguió desatarse de las cuerdas y en un momento en el que el coche se paró consiguió escapar. Fue huyendo, de olivo en olivo, y no lograron prenderle». Miguel tenía entonces 11 años. Y como Jesús, «el cangrena», llora cuando lo recuerda. El alcalde de Herencia También llora Amador Rodríguez de Tembleque, vecino de Herencia. Su tío Victoriano, dueño de la finca donde se encuentra el pozo, es otro a los que arrojaron. Además, otros tres tíos suyos murieron. Pero su padre, Amador como él, se salvó. Era el alcalde de Herencia, y desde el principio supo que estaba en las listas. «Intentó pasarse al frente nacional para combatir -relata su hijo junto a la lápida que cubre la mina-. Debía pasar a buscarle una camioneta con otros compañeros, pero no llegó nunca. Un chivatazo los había delatado. Todos menos él fueron asesinados». Pronto comprendió que su única escapatoria era huir con toda la familia a Madrid y esperar, agazapados, a que nadie les delatara.

 

Más información en la fabulosa web del arzobispado de Toledo:

 www.persecucionreligiosa.es/mina_camunas/breve_historia.html

www.persecucionreligiosa.es/mina_camunas/martires_proceso.html

Las fotos que incorporamos a continuación proceden de dicha web.