LA MATANZA DE PARACUELLOS ¿COMO FUE?

Declaraciones del testigo Gregorio Muñoz Juan

 
(Causa General, Archivo Histórico)


En Madrid, a 4 de septiembre de 1939, ante el Juzgado compareció el testigo anotado al margen, el cual fue enterado del objeto de su comparecencia, de la obligación que tiene de decir verdad, y de las penas en que incurre el reo de falso testimonio, siendo exhortado con arreglo a su clase, y

Preguntado por las generales de la Ley, dijo: Llamarse como queda dicho, de cuarenta y tres años de edad, de estado casado natural de Paracuellos del Jarama, de profesión industrial que no ha sido procesado, y con domicilio en Real 32 (Paracuellos del Jarama) y que no la comprenden las demás.

Preguntado, dice:

Que desde el mes de Septiembre de 1936 estuvo, al igual que otros muchos convecinos derechistas, obligado a cavar trincheras por imposición del Comité del Frente Popular de Paracuellos del Jarama. Cuando en la mañana del 7 de noviembre de 1936 se encontraba forzado a efectuar aquel trabajo a la salida del pueblo, se presentaron los componentes del Comité de Paracuellos, llamados Eusebio Domínguez Herreros (fallecido), Felipe Alcantarilla Marcos (preso en San Antón) y Fernando González Galeano (preso en Alcalá de Henares), los tres afiliados a la UGT, y con ellos el "responsable" y otros varios individuos que constituían el Comité del Frente Popular del barrio de las Ventas. Los que allí llegaron obligaron a los que trabajaban en las trincheras a bajar en el acto al sitio llama "Arroyo de San José". Aquí estaba, puede decirse que todo el vecindario de Paracuellos, trabajando en la apertura de la zanja que se señala con el número 1 en los planos levantados por la Sección Cartográfica del Primer Cuerpo del Ejército, que se unen junto a esta declaración, y a que se aludirán en el curso de la misma. A partir de aquel momento hubo de concurrir el declarante reiteradas veces al "Arroyo de San José" para trabajar, siempre obligado a ello, en la apertura de zanjas y así tuvo conocimiento de las expediciones, fechas y lugar de los enterramientos, que pasa a exponer por orden cronológico.

7 de noviembre de 1936


Como deja indicado, llegó alrededor de las 9 de la mañana al "Arroyo de San José", y vio que contra la ladera del cerro, o sea junto a la zanja numero 1 del plano, había aproximadamente 200 cadáveres que presentaban señales de fusilamiento. Oyó decir allí que las víctimas procedían de la Cárcel Modelo y habían llegado a las ocho de la mañana de aquel día en autobuses de dos pisos de los de servicio público en Madrid y fusilados inmediatamente. Cuando llegó el declarante, ya no estaban allí los autobuses. Sólo vio unos 12 o 15 milicianos desconocidos, armados de fusil, que se dedicaban a quitar a los cadáveres lo que llevaban en los bolsillos y las mejores prendas de vestir. Entre tanto, medio centenar de vecinos de Paracuellos cavaban la fosa número 1 hasta una profundidad de dos y medio metros.

Todos los cadáveres que allí había vestían de paisano, salvo unos veinte, que tenían uniforme de soldado. Oyó decir a aquellos milicianos, señalando a uno de los cadáveres que no vestía uniforme: "Este es un General". Aquella tarde enterraron en la fosa número 1 más de la mitad de los cadáveres. Los que quedaron insepultos fueron inhumados en la mañana siguiente, también en la fosa número 1, en la que recibieron tierra todos y sólo los cadáveres de la expedición allí matada en la mañana del anterior día 7.

Los cadáveres sepultados en esta fosa número 1 tenían en su mayoría ropas, aunque algunos de ellos, en número escaso, llegaron a la tierra completamente desnudados por la rapiña de sus asesinos.

Al llegar a su casa, en Paracuellos, en la noche del 7, de aquel noviembre, oyó muchos disparos de fusil que partían del "Arroyo de San José" y que supone serían del fusilamiento de los centenares de personas cuyos cadáveres se encontró en aquel lugar, según pasa a exponer:

8 de Noviembre de 1936

A las 8 y media de la mañana, el Comité del Frente Popular de Paracuellos, ordenó de nuevo a los vecinos bajasen, provistos de palas y picos, al "Arroyo de San José". Al llegar junto al sitio que ocupa la fosa número 2 del plano, vio a la orilla N. de la misma unos 500 cadáveres de fusilados, muchos de los cuales tenían las manos atadas a la espalda. No había por allí automóvil alguno, pero se veían en las carretera sus rodadas recientes y cristales rotos de sus ventanillas. No había en aquel lugar otras personas que los componentes de los Comités de Paracuellos y Ventas, quienes comentaban que los cadáveres pertenecían a una expedición de presos sacados la noche anterior de la Cárcel Modelo.

Medio centenar de vecinos de Paracuellos trabajaron forzadamente en la apertura de la zanja número 2, en la cual recibieron sepultura todos aquellos cadáveres allí encontrados aquella mañana. En su mayoría quedaron inhumados antes del anochecer del día 8 y los pocos restantes recibieron sepultura en las primeras horas de la mañana siguiente, también en la fosa número 2; o sea que en ella están enterradas todas las víctimas de la expedición llegada a Paracuellos y allí asesinada en la noche del 7 de Noviembre, y solamente ellos. A última hora de la tarde, algunos obreros del Comité de Ventas comenzaron la apertura de la fosa número 3.

Expedición de Torrejón de Ardoz

A las 11 de la mañana del 8 de Noviembre de 1936 vio llegar al "Arroyo de San José" varios coches ligeros, procedentes de Madrid, ocupados por policías rojos, que estuvieron hablando con los Comités del Frente Popular de Paracuellos y Ventas, y marcharon seguidamente. Supo el declarante que aquellos policías iban con el propósito de que se matase allí otra expedición de presos, pero al ver que todavía quedaban muchos cadáveres insepultos de la expedición de la noche anterior, resolvieron conducir la nueva expedición a un antiguo caz de riego, existente en la finca del duque de Tovar, llamada "Castillo de Aldovea" sita en los términos municipales de San Fernando de Jarama y Torrejón de Ardoz.

9 de Noviembre de 1936

A las nueve de la mañana bajó con los demás vecinos a trabajar como los días anteriores, encontrándose al llegar junto a la fosa número 3 y al E. de la misma, de 15 a 20 cadáveres, entre ellos el de una mujer gruesa, alta, y de unos 40 años. Ignora de donde procedieran estos cadáveres, los cuales presentaban señales de fusilamiento. Acabaron de abrir la fosa número 3, dándole una profundidad de dos y medio metros. Por la tarde, algunos trabajadores, entre ellos el testigo, dieron comienzo a la apertura de la fosa número 4 del plano. Vio como a alrededor de las 16 horas, llegó un automóvil pequeño, del que se apearon tres individuos, que decían ser policías, que estuvieron hablando con "el responsable" del Comité de las Ventas, hasta que, a los pocos minutos, llegaron cuatro o cinco autobuses de un solo piso del servicio urbano de Madrid, que quedaron parados entre los pinos que aparecen marcados en la parte Sur del plano a que en esta declaración viene refiriéndose. Pasado como un cuarto de hora desde la llegada de los autobuses, los milicianos armados que escoltaban aquellos presos, empezaron a sacarlos de los vehículos y en grupos de 20 a 25 los llevaban, atadas las manos atrás, al punto situado entre las zanjas numero 3 y 4 del plano, donde los daban muerte a tiros de fusil, para matarlos, ponían cada grupo de víctimas en fila y, desde una distancia como de seis metros, les disparaban de frente sus matadores, que eran aproximadamente una docena. Los muertos de esta expedición cree fueron en número de 150 a 200. Oyó comentar que procedían de las cárceles de San Antón y Porlier. Todos los cadáveres quedaron aquella noche sobre la tierra. Aunque al día siguiente no fue a trabajar en aquel lugar el que declara, oyó a otros vecinos que los cadáveres de la expedición del día 9, fueron enterrados al siguiente día en la zanja número 3 (que quedó llena con ellos y con los 15 o 20 cadáveres que allí aparecieron en la madrugada del 9 de aquel noviembre y cuya procedencia se desconoce) y en un pequeño trozo de la zanja nº 4, en una longitud aproximadamente de tres metros.

27 de noviembre de 1936

De nuevo fue obligado junto con otros vecinos a trabajar en el "Arroyo de San José". Llegó allí alrededor de las 9 de la mañana y se encontró la zanja número 4 tapada en una longitud aproximadamente de 50 metros, a continuación de la pequeña parte de ella que había sido ocupada con cadáveres del día 9 (supone que en esta gran porción de terreno que halló cubierto en la zanja número 4, se enterrarían expediciones de que no tiene noticia el declarante por haber sido asesinadas en días en que no estuvo en aquel lugar).

Cuando llegó al "Arroyo de San José en la mañana del 27, vio tendidos al S. de la zanja número 4; y junto a ella, gran número de cadáveres -cree fuesen siete u ocho centenares- que habían sido asesinados en la madrugada de aquel mismo día 27- Oyó comentar que procedían de las Cárceles de San Antón y Porlier. Los forzados a trabajar, pasaron todo este día en agrandar la fosa número 4 y en enterrar en la misma los cadáveres allí encontrados aquella mañana. Como no acabaran de darles tierra en el día, terminaron esta labor en la mañana del siguiente día 28. Estos 700 u 800 cadáveres recibieron sepultura en la parte central de la zanja número 4, o sea al O. de los enterramientos que en la misma se habían efectuado anteriormente.

28 de noviembre de 1936

A primera hora de la mañana volvió a trabajar al "Arroyo de San José" y vio como alrededor de las once, llegaban siete autobuses de dos pisos y otros tres de un piso, todos ellos de los del servicio público en Madrid, abarrotados de presos, atadas las manos a la espalda. Oyó comentar entonces que todos los presos procedían de la Cárcel de San Antón. Pararon los vehículos al lado de la zanja número 4. por su lado S. los milicianos que iban de escolta, fueron sacándolos en grupos de 20 a 25 presos, que colocaban en fila junto a la zanja abierta, de espaldas a ésta; y desde unos seis metros de distancia les hacían con sus fusiles fuego de frente. El penúltimo de los fusilados en aquella expedición fue D. Pedro Muñoz Seca, a quien mataron a muy pocos metros de distancia donde cavaba el declarante, en el extremo O. de la fosa número 4. Como conocía de vista a este tan popular autor, prestó el testigo toda su atención a sus últimos instantes, y le vio caminar con ademán tranquilo los veinte metros que le separaban desde el autobús al punto donde fue muerto, y al pasar junto a los cadáveres de los recién asesinados, decía: "Ahí va el ultimo actor de la escena; hasta al morir, con la sonrisa en los labios. Este es el último epílogo de mi vida". Al acabar estas palabras recibió los tiros mortales. Oyó como muchos de los asesinados aquella mañana, antes de morir, proferían, entre otras, estas expresiones: unos, "¡Os perdonamos de todo corazón, asesinos!"; otros, "Nos matáis porque somos católicos y personas de orden". Casi todos morían gritando: "Arirba España! y ¡Viva Cristo Rey!". Vio también aquella mañana como descendieron juntos, para ser matados, un señor alto, de luto, y sus dos hijos; aquel pidió permiso para hablar con ellos y, obtenido de los milicianos, los tres se salieron de la fila y empezaron a hablar en voz baja, juntas las tres caras. A los pocos instantes se acercaron dos milicianos y les gritaron: "Andad para alante". El padre apartó de sí, en un rápido movimiento de hombros, a sus dos hijos, quedando los tres frente a sus verdugos, al tiempo que el anciano gritaba "¡fuego!"y, en el acto, caían los tres muertos.

Aquella tarde y en la mañana del día siguiente, enterraron los varios centenares de presos matados en esta expedición, que recibieron tierra en la zanja número 4 (al O. de los enterrados de la víspera y casi hasta el extremo O. pues solo quedaron unos tres metros de este lado sin tapar entonces); otros muertos de esta expedición fueron inhumados en la mitad E. de la zanja número 5; los restantes recibieron sepultura en diversas pequeñas zanjas de que días atrás estaban abiertas por la parte O. de las zanjas números 5 y 6 y no a gran distancia de éstas. Se fijó mucho en donde enterraban a Muñoz Seca, y sin temor a equivocarse, puede señalar con precisión el punto de la zanja número 5 en que yacen sus restos.

29 de noviembre de 1936

A las nueve de la mañana y cuando iban a enterrar a los cadáveres que quedaban de la víspera, encontraron al N. de la fosa número 4, otros 500 cadáveres, que según oyó decir procedían de las Cárceles de San Antón y Porlier y que tuvieron que ser llevados aquella misma noche. Estos cadáveres fueron enterrados en la fosa número 5. A las 10 llegaron unos individuos en coche y bajaron a dos ancianas, a las que mataron a pistoletazos y fueron enterradas en las fosas pequeñas que hay al O. de los números 5 y 6.

3 de diciembre de 1936

Desde el día 29 estuvo el declarante haciendo trincheras y no volvió a Paracuellos hasta el 3 de diciembre, haciéndolo a las nueve de la mañana y encontró unos 400 cadáveres situados entre las zanjas números 5 y 6. No había milicianos, pero Donato, guarda del Comité, dijo que por lo menos  gran parte de ellos eran de Ventas. A parte de éstos los enterraron en el resto de la fosa número 5 y a los demás en la parte O. de la número 6. Pudo notar que en los días en que no le levaron a trabajar hubo nuevos asesinatos, puestos que las fosas estaban más llenas.

4 de diciembre de 1936

En el mismo sitio que el día anterior aparecen unos 150 cadáveres, oyendo decir que muchos de ellos, por lo menos, procedían de la Cárcel de Ventas. Fueron enterrados a continuación de la fosa número 6. El declarante ya no volvió a trabajar más al "Arroyo de San José", pero supone que debieron seguir los asesinatos en aquel lugar, ya que después de la liberación ha visto que la fosa número 6 está mucho más llena que cuando él la dejó en aquella fecha

Ratifícase, previa lectura y firma con S.S. Doy fé.
 

[Firma rubricada]

Gregorio Muñoz Juan