¡AQUEL
DÍA QUE SE LO LLEVARON A ALICANTE!
Javier
Aznar Acedo
Si
alguien me preguntase cuál es la emoción que más grabada ha quedado en mi
alma durante lo que va de mi vida, afortunadamente breve, siempre respondería
con una fecha: el 6 de junio de 1936. Nada semejante a este recuerdo. Ni los días
de las luchas callejeras, ni las peripecias pasadas en el Madrid rojo, ni la
aventura levantina de mi fuga, ni el frente, ni nada tiene en mí la fuerza de
aquel recuerdo.
Al
filo de las ocho de la noche, cuando acababan las últimas horas de trabajo que
José Antonio había ordenado, se desarrolló en la parte izquierda de la galería
aquella serie de escenas que ya han sido descritas tantas veces. Nosotros sólo
oímos los gritos, y unimos a ellos nuestras voces: ¡Arriba España! -repetían
uno a uno los rincones de la cárcel.
Era
el último grito de guerra que de él oíamos en nuestra vida. Todos los que allí
estábamos llevábamos ya tres años de labor diaria a su lado, de recibir sin
interrupción sus enseñanzas como de aprender a vivir dispuestos a la muerte.
Pero ninguno nos dimos cuenta de que ya había terminado una etapa de nuestra
vida, de que allí acababa la lección de José Antonio, que tuvo como fin el único
que él había imaginado como supremo para los falangistas en lucha. ¡Cómo se
apoderó de nosotros la tristeza!
¡Paseos
en silencio, caras de hombres dispuestos a todo, sin poder hacer nada! Y al fin,
otra vez, el nervio de la Falange, Julio, que quedaba allí, ordenaba cantar el
himno y se encargaba de que todo fuese en días sucesivos como José Antonio había
dispuesto. Después, con Raimundo, se ocupaban de las órdenes que habían de
salir al día siguiente a través de las rejas.
¡Qué
pocos quedamos de aquellos! ¡Julio Ruiz de Alda, Alejandro Salazar, Enrique Suárez
Inclán, Rubiellas, etc., etc.! ¡Cómo pensar en estos días la presencia de
todos y la ausencia de algunos!
¡Dios
nos dé fuerza para hacer bueno lo que ellos quisieron!
Si
llegan mis líneas hasta alguno de los cuatro o cinco que aún vivimos, yo le
pido que medite sobre aquellos recuerdos, y que estreche conmigo la amistad para
encontrar, entre todos, fuerzas que nos permita seguir luchando.
¡¡Para
justificar su sangre, para hacer justicia que en profunda lección de tres años,
nos enseñó José Antonio!!
(Diario
Vasco, 22 de noviembre de 1938)
De
"DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA" Ediciones Jerarquía, 1939. Págs. 288 y
289.