Conócenos

 

¿Dónde estamos?

Asóciate

 
 

Hemos leído/

 

 

Emilia "la canastera" y la memoria histórica
Álvaro Martínez
Diario ABC

 

 

 Los foros de la memoria zapatera no dicen ni pío
de la persecución religiosa en España, donde
la izquierda trata de imponer un recuerdo
hemipléjico del pasado.

Ayer fueron beatificados  el Almería 115 mártires que alcanzaron la muerte víctimas de la persecución religiosa en España por las izquierdas (había tantas que es imposible enumerarlas en estas pocas líneas) durante la década de los treinta del pasado siglo, antes y durante la Guerra Civil. Sólo entre 1936 y 1939 el llamado “terror rojo” se llevó por delante a 4.184 sacerdotes, 2.365 frailes, 283 monjas y 3.000 seglares, muchos de ellos torturados antes de la muerte por  delitos tan “graves” como el de Emilia Fernández, conocida como “la canastera” en su pueblo almeriense de Tíjola: no quiso delatar a quien en la cárcel le enseño, a petición propia, a rezar el rosario, las avemarías y a hacerse la señal de la Cruz. Por eso se moría en la España bárbara de aquellos años…

Emilia es desde ayer la primera gitana española elevada a los altares por la Iglesia por poner la fe por delante de su vida.  Por no descubrir a su catequista, fue encerrada, cuando estaba encinta, en una mazmorra de aislamiento en la prisión de Gachas Colarás, una inmunda ergástula donde dio a luz con la ayuda de dos reclusas. Nació Ángeles. Pero a los cuatro días “La canastera” moría, según el certificado de defunción, por una grave infección, devenida del parto en esas horribles condiciones de castigo, que se complicó con una severa bronconeumonía. Arreciaba el frío aquel invierno del 39. Sus restos fueron arrojados a una fosa común del cementerio municipal de Almería. De la pequeña Ángeles no se supo mucho más que terminó en una inclusa y que fue dada en adopción a una familia antes de que concluyese la guerra. Hoy tendrá (o tendría) 78 años.

La historia de Emilia es una mas entre las recopiladas en el proceso de beatificación de los llamados “mártires de Almería”, una causa que comenzó hace más de veinte años y que ocupa más de 20.000 folios con testimonios que acreditan los tormentos mayúsculos y espantosos a los que fueron sometidas esas 115 personas a causa de su fe. Como Francisco Haro, de Mazarrón,  entregado a sus misas en las Hermanitas de los pobres, y en la Catedral de Almería y cuyo cadáver fue encontrado en la Poza de la Lagarta, en Tabernas, con signos de haber sufrido espantosas torturas. Los milicianos le habían amenazado varias veces con que o se quitaba la sotana  o le daban el paso. No quiso y seguía vistiéndola en el Paseo del Príncipe, en Almería. Fue su penúltimo paseo. Tampoco se había metido con nadie  Vicente Monserrat, cura lorquino que profesaba en Villanueva de Sigena, y al que hallaron  con ocho tiros y una puñalada en Zaragoza.

Historia terribles hubo en uno y otro bando, espantos que fueron transmitidos, en lo general, por los libros de historia y, en lo particular, de padres a hijos, de hijos a nietos y de nietos a bisnietos, que van para cinco generaciones que pueden hablar de aquellos años terribles. Y de la misma manera que es muy difícil ver arder una Iglesia en alguna de las aproximadamente tres mil películas de la Guerra Civil que ha filmado el llamado “cine  español” en los últimos treinta años,  este batallón de asombros no ve una sola referencia de la persecución religiosa en los cientos de Foros de la Memoria (de la memoria zapatera claro) que hay en España, que también fue el país de Emilia, la gitana canastera que murió por santiguarse.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Plataforma 2003 - Alonso Cano 66, 2º sót. pta. 1.
28003 MadridTel.: 91 535 42 45 - Fax: 91 536 24 34

plataforma2003@gmail.com  - https://www.facebook.com/Plataforma2003