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Gramsci y su influencia en el mundo de hoy

Manuel Parra Celaya

Conferencia pronunciada en la HFJ de Barcelona

 

 

 
 

 

 

Introducción con preguntas al público

Vamos a alterar el orden tradicional de una conferencia; generalmente, todas comienzan con una referencia al motivo de las mismas y a su importancia, para ir, luego, desgranando las ideas. Los que habéis asistido esta tarde os preguntaréis, lo primero, quién era Gramsci y cómo puede influir en nuestros días una persona que murió en 1937; lo segundo, por qué hemos elegido este tema para abrir el ciclo de conferencias de nuestra Hermandad en el 2016.

 Para responder a estas dos cuestiones, nada mejor que trasladarnos al mundo que nos rodea, incluso a la más rabiosa actualidad, y formularnos en nuestro interior diez preguntas:

 1ª) ¿Cómo se explica el avasallante laicismo de nuestro momento, que llega a poner en cuestión aun tradiciones tan arraigadas, como pueden ser la Navidad y la Semana Santa, y que está descristianizando España y toda Europa?

 

2ª) ¿Cuáles son los orígenes profundos de la Ley de Memoria Histórica, que el PP no se atrevió a derogar o modificar contando con mayoría absoluta?

 

3ª) ¿Cómo se explica la popularidad  de ideas tales como el derecho al aborto, el matrimonio homosexual o la legalización de la eutanasia?

 

4ª) ¿A qué llamamos (o llaman) progresismo y cuál es la causa de que muchos se apunten al carro presidido por este apelativo?

 5ª) ¿Por qué la derecha, en general, se opone con uñas y dientes a medidas económicas que defiende la izquierda, pero raramente se enfrenta a sus planteamientos ideológicos de base?

 6ª) ¿Se puede explicar la inquina feroz contra la Iglesia Católica –no normalmente contra otras confesiones religiosas- sencillamente con el simplismo de la intervención de sectas masónicas más o menos influyentes y ocultas?

 7ª) ¿Cómo es posible que, tras el aparatoso derrumbamiento de la Unión Soviética y del Telón de Acero, y tras la demostración de la ineficacia política y económica del comunismo, el marxismo esté en emergencia en varios países de Europa –entre ellos, España- a punto de convertirse en alternativa de gobierno?

 8ª) ¿Es explicable que el PSOE, que había renunciado en teoría al marxismo con Felipe González, se mantenga en el candelero propugnando conceptos que chocan con los defendidos por la vieja guardia del partido?

 9ª) ¿Somos capaces de explicar el atractivo marxista sobre muchos jóvenes de hoy? ¿Nuestros conceptos son sus conceptos?

 10ª) ¿Ha caído verdaderamente el telón de la historia sobre el concepto de lucha de clases en nuestro mundo globalizado y tecnificado o ha sido sustituido por otras ideas emparentadas con la original?

 Espero que, en el curso de esta charla, podamos dar respuesta a este decálogo inquietante y demostrar cómo, en la raíz de las respuestas, se encuentra lo que llamaríamos la alargada sombra de Gramsci  en nuestros días.

 

2.- ¿Quién fue Antonio Gramsci?

 

Antonio Gramsci nació en Cerdeña en 1891, de familia humilde; estudió en la Universidad de Turín, entre 1911 y 1914, pero se vio obligado a abandonar los estudios por motivos de salud. En 1911 fundó, junto con Palmiro Togliatti, el diario Ordine Nuovo, que sería más tarde el órgano del Partido Comunista de Italia, fundado por él en 1921. A partir de ese año, trabajó para la II Internacional Socialista en Moscú y en Viena.

 En 1925 vuelve a Italia, se instala en Roma y se enfrente al régimen de Mussolini; es arrestado en 1926 y encarcelado en 1928. Se le condenó a veinte años, cuatro meses y cinco días de prisión, acusado de atentar contra la vida del Duce. El 27 de abril de 1937 fallece en el hospital de la cárcel de Roma.

Desde su ingreso en prisión hasta la hora de su muerte, escribió sus ideas en cuadernos manuscritos –un total de 32 cuadernos con 2.848 páginas- que se difundieron después de su muerte, y fueron editados tras la 2ª GM con el título de Cuadernos de la Prisión. La primera edición fue la de 1848, la segunda en 1951; en los años 70 se divulgaron sus propuestas revolucionarias con varias ediciones.

 He aquí el personaje. Vamos a adentrarnos en sus ideas más importantes con el fin de calibrar su importancia y su influencia, que ha llegado hasta nuestros días y nos permitirá acaso respondernos a las diez preguntas del principio.

3.- Las ideas de Gramsci en relación con el pensamiento de Carlos Marx

Los presupuestos filosóficos de Carlos Marx se sustentan en el Materialismo histórico y en el Materialismo dialéctico, este último tomado de Hegel; no así el primero, que se opone al idealismo del filósofo alemán. Según Materialismo histórico, toda la historia y la vida del hombre se mueve exclusivamente por razones económicas de producción y consumo; los posibles móviles de tipo moral, espiritual o idealista no son, para Marx, más que a modo de coartadas o engaños que enmascaran lo material.

 

Según el Materialismo dialéctico, el procedimiento mediante el cual la historia avanza siempre es por un movimiento lógico, de tipo ternario, en el cual a la tesis se opone una antítesis, y las dos encuentran la unidad en una síntesis; esta no es una simple conciliación, sino una superación de las anteriores. Todo esto, como se ha dicho, proviene de la lógica hegeliana, pero Marx le acopla su economicismo a ultranza: la tesis será la lucha de clases en el seno de la sociedad burguesa opresora; la antítesis será la dictadura del proletariado, que la antigua clase obrera oprimida impondrá sobre sus antiguos dominadores, los propietarios de los medios de producción; la dictadura del proletariado llevará, finalmente, a la sociedad comunista, la síntesis, en la que no serán necesarios los resortes coactivos del Estado, del Ejército, de las leyes o de la religión, porque los hombres habrán aprendido a convivir en libertad y justicia.

 

Dentro de la sociedad burguesa y capitalista, distingue Marx entre la infraestructura, formada por las relaciones económicas de producción-consumo fundamentales y caracterizada por la explotación de los poseedores sobre los desposeídos, y la superestructura, que es la cultura imperante y heredada, que sostiene la explotación, y sus resortes: educación, universidad, religión, ejército, prensa, leyes, instituciones… Todo ello realmente sirve de instrumento mental, psicológico, sociológico y político para mantener la infraestructura injusta; la religión, por ejemplo, es el opio del pueblo, especie de droga para mantener sumisas y esperanzadas en un más allá a las masas de oprimidos; la patria es un mito creado por la burguesía para controlar igualmente a estas clases bajas; el ejército y la policía son los métodos coactivos para reprimirlas… De ahí, concluye Marx, el movimiento dialéctico de la lucha de clases contra este tipo de sociedad logrará derribar a la clase opresora y suprimir esa superestructura dañina y falaz. Es decir, resumiendo, La infraestructura subvertida será capaz de desmontar la superestructura, mediante el uso de la fuerza.

 

Gramsci coincide con Marx, por supuesto, en el materialismo histórico y dialéctico, pero introduce una sustantiva modificación en la estrategia marxista y, posteriormente, leninista, por la experiencia de los acontecimientos históricos que ha ido viviendo. Resumidas, estas son sus conclusiones:

  •  Ninguna ideología puede imponerse por la fuerza, porque genera inevitablemente una contrarrevolución, que puede entorpecer o frenar la propia revolución (caso del fascismo en Italia o de la reacción de los países occidentales, en general, frente a l subversión comunista).

  • Es necesaria una mentalización previa. Modificar el modo de pensar de la sociedad, generar un nuevo pensamiento, un nuevo modo de ver la vida, unos valores distintos.

  •  Para ello, hay que adueñarse previamente de los organismos e instituciones donde se desarrollan la cultura y se transmiten los valores: el mundo de las artes, el mundo del espíritu y de la cultura, de las creencias, las escuelas y universidades, el ejército y la judicatura, los medios de comunicación y de difusión…

  • Debe empezarse por educar desde la niñez, para que los futuros ciudadanos crezcan ya con ese nuevo modo de pensar y de sentir.

  • Si esto se consigue, el poder político y económico caerá por su propio peso.

Es decir, también resumiendo, al subvertir la superestructura se podrá modificar la infraestructura, no al revés. El movimiento entre infraestructura y superestructura es también de carácter dialéctico; si la infraestructura material determina la superestructura ideológica, esta superestructura puede tener, a su vez, vida propia y actuar sobre la infraestructura. Por lo tanto, la hegemonía cultural es la base de la revolución comunista, no tanto la lucha de clases con el empleo de la fuerza; dependerá de la capacidad que las fuerzas revolucionarias adquieran para controlar los medios que dirigen la conciencia y la conducta social. La verdadera revolución consiste en modificar, de forma imperceptible, el modo de pensar y de sentir de las personas, para terminar modificando finalmente el sistema político y social.

 

Los pequeños cambios en el campo de la cultura irán constituyendo un nuevo pensamiento, que llegará a ser común en la sociedad. Hay que adueñarse, por consiguiente, de los organismos e instituciones donde se desarrollan los valores y los parámetros culturales.

 

No hará falta, así, una revolución armada, porque no habrá resistencia, ya que existirá un consenso general en cuanto a las ideas y valores.

 

4.- Los obstáculos para su estrategia.

 

Evidentemente, cual estratega, Antonio Gramsci se plantea dónde están sus principales enemigos y cuáles son las fuerzas con que estos cuentan; y los encuentra, principalmente, en la Iglesia Católica y en la familia.

 

En la Iglesia Católica por los siguientes motivos: a) representa la transmisión de una fe que se ha demostrado inquebrantable a lo largo de los siglos; b) es un factor de integración del pueblo, la clase media y una elite intelectual propia en esa misma fe, y c) ofrece un sentido a la vida y a la muerte basado en la trascendencia.

 

En la familia por: a) es la primera educadora del niño, por lo menos durante los primeros años, tan importantes en la vida; sus vínculos afectivos y de sangre son muy fuertes, y c) en su seno se transmiten los valores esenciales que pasan de generación en generación. Ante estos dos poderosos adversarios, es preciso elaborar una concienzuda estrategia a lo largo del tiempo: con respecto a la Iglesia, desprestigiarla de tres modos: a) por su doctrina, atacando los cimientos de la fe mediante la prédica del ateísmo; b) por su moral, calificándola de ataque a la libertad, y c) a través de sus miembros destacados –el clero-, destacando sus imperfecciones humanas y sus miserias y difundiendo los posibles escándalos que produzcan sus conductas. En relación a la familia, a) presentándola como una institución del pasado, caduca, y susceptible de adoptar otras formas más modernas; b) retirando, en la medida de lo posible, a los niños de la influencia de sus padres, situándolos bajo la tutela del Estado o de los maestros adictos en la escuela, donde serán adoctrinados adecuadamente, y c) mediante la influencia en los niños de los medios de difusión sociales controlados por los intelectuales orgánicos.

 

Detengámonos un momento y calibremos si la estrategia anunciada para salvar estos obstáculos no se está cumpliendo lenta pero inexorablemente…

 

Nos podemos explicar, en primer lugar, los brutales empellones de un laicismo en boga contra, casualmente, la Iglesia Católica, sus fundamentos y su moral, así como la existencia de altavoces poderosos que difunden por doquier cualquier asunto que pueda desprestigiarla como institución; en segundo lugar, la intensa propaganda hacia formas de familia alternativa, en desdoro de la llamada tradicional; también se podrían añadir las campañas a favor de una Escuela pública con exclusión de otras (concertada, religiosa). No nos olvidemos, tampoco, de la influencia de la televisión y, sobre todo, de Internet, sobre los niños, con padres ausentes por motivos de trabajo, y los modelos que se suelen presentar a través de estos medios.

 

5.- El papel de los intelectuales.

 

 A veces nos llaman la atención los manifiestos firmados por intelectuales, artistas y personajes del mundo de la cultura que se difunden sobre mil y un temas. Que nadie cometa la ingenuidad de creer en su carácter espontáneo: responden a una estrategia bien calculada, tanto por la inspiración de la misma como por sus posibles efectos sociales; no son más un reflejo de la estrategia que diseñó Antonio Gramsci en su momento, basada en la hegemonía ideológica que ya hemos mencionado.

 

Esta hegemonía precisa de dos tipos de personas: primero, de los identificados con el marxismo, sea porque han sido captados y convencidos en los lugares donde se ha logrado ejercer el suficiente magisterio, sea porque han sido infiltrados en estos lugares de manera consciente y sabia. La Universidad y las Escuelas de Profesorado son los principales focos de irradiación, y a ellos deben ir dirigidos los mayores esfuerzos; pero no se quedan a la zaga los Seminarios eclesiásticos, las cátedras de Teología o las Academias Militares, porque de todas estas instituciones van a salir quienes están capacitados para poblar los huecos en la superestructura e influir sobre ella.

 

Pero también deben contarse con otro tipo de personas, ya sean teólogos, militares o profesores; no es necesario que se declaren abiertamente marxistas: lo fundamental es que no sean desfavorables a los cambios de valores y que, al contrario, se muestren sumisos a la nueva cosmovisión; para ello, hay que convencerlos de que esas ideas responden a su propio criterio, en unos casos, o que, sencillamente, se dejen arrastrar sin oponer resistencia a las que consideran corrientes mayoritarias. Estos representan, pues, un segundo escalón de la estrategia, mientras que los intelectuales orgánicos, los que están totalmente identificados con las tesis marxistas, integrarán el primer escalón.

 El objetivo global consiste, por tanto, en ganarse, de una u otra forma, a las personas que puedan ejercer una cierta influencia sobre la sociedad: maestros y profesores, periodistas, sacerdotes, juristas… Es una actuación que podría representarse como el efecto de lanzar una piedra sobre un estanque: los diferentes círculos concéntricos que se formarían son símiles del efecto que se produce en el marco de la sociedad por la influencia de estas personas.

 Mucho se habló en los últimos cuarenta años del siglo pasado de la posible infiltración de militantes comunistas en los Seminarios; desconocemos los datos reales, claro está, pero lo cierto es que se produjo una corriente de atracción hacia las tesis del llamado progresismo y, en concreto, del marxismo en el seno de la Iglesia Católica. De forma muy inteligente, se aprovechó el impacto del Concilio Vaticano II para, tergiversando y manipulando sus orientaciones, necesarias en una Iglesia anticuada y en muchos casos retrógrada, provocar corrientes favorables. Ya Pablo VI avisó de que el humo de Satanás se ha infiltrado en la Iglesia.

 

6.- Los seguidores de Gramsci

 

No vamos a extendernos en este punto, porque merecería por su importancia varios estudios y conferencias, pero aprovechemos para dar unas cuantas pinceladas… Las líneas que marcara Gramsci fueron después continuadas y proyectadas por la llamada Escuela de Frankfurt. Este grupo de intelectuales se fundó en 1923 con el nombre de Instituto para el nuevo marxismo; con la llegada al poder del Nacional-Socialismo a Alemania, se vieron obligados a exiliarse a los EEUU, ya con el nuevo nombre de Instituto para la investigación social. Desde las universidades norteamericanas irradiarían a toda Europa sus ideas: la llamada revolución del 68 de París fue su primer efecto; le seguirían el predominio de estos planteamientos neomarxistas en las universidades francesas y alemanas en los años 70 y el nacimiento del eurocomunismo y del neosocialismo, que se desarrollaron en los años 80 y 90.

 

 

Los intelectuales de la Escuela de Frankfurt (George Lukács, Max Horkheimer, Theodor Adorno, Wilhelm Reich, Erich Fromm, Herbert Marcuse, Jürgen Habermas, …) inspiraron con sus enseñanzas las nuevas orientaciones del pensamiento y de la moral que seguimos viviendo en nuestros días y que se han hecho prácticamente hegemónicas.

Por ejemplo, la llamada revolución sexual, que consistió básicamente en ensamblar el pansexualismo de Freud con la liberación marxista, fue uno de sus efectos; los profesores Reich, Adorno y Marcuse fueron los gurús universitarios del momento; a este último se le atribuye el protagonismo de la revolución cultural en Occidente, y seguro que nos suenan algunos de sus planteamientos:

  • Toda realidad es una construcción social (incluido el género y la familia).

  • La verdad y la realidad no tienen un contenido estable y objetivo.

  • La realidad viene a ser un texto que hay que interpretar individualmente y todas las interpretaciones tienen un valor equivalente.

  • Hay que liberarse de todo marco normativo: semántico, sexual, ontológico, filosófico, políticos, moral, social, cultural, religioso…

Los intelectuales de la Escuela de Frankfurt también influyeron, mediante su programa de acción estructuralista, en los campos de la Psicología (Lacan), de la Educación (Piaget) y de la Etnología (Levi-Strauss).

Todo este proceso nos explica por qué la caída de la Unión Soviética no tuviera apenas repercusión entre socialistas y comunistas, que respondían más a una vinculación con las corrientes predominantes en los EEUU y en la Europa Occidental que con el modelo ruso; este representaba la línea tradicional del marxismo, su versión dura, y venía a ser más un obstáculo que una referencia.

 

Algunos de los efectos de este neomarxismo occidental, auspiciado por estos intelectuales orgánicos, pueden ser reconocidos en el mundo que nos rodea:

  • Materialismo a ultranza en el pensamiento y en la actitud, con negación o indiferencia a todo concepto de trascendencia (Dios, el alma).

  • Relativismo de valores, que niega la existencia de valores absolutos de validez universal.

  • Multiculturalismo, como consecuencia de lo anterior, y su aplicación a las hipótesis de una Alianza de Civilizaciones.

  • Liberación del instinto y educación sexual a cargo de las administraciones públicas.

  •  Igualitarismo radical, tendente a negar, incluso, la propia naturaleza humana.

  • Hostilidad permanente hacia toda forma de autoridad y jerarquía.

  • Antimilitarismo y pacifismo.

  •  Hostilidad hacia la familia.

  • Tergiversación de la historia, para adecuarla a los intereses del presente (Ley de Memoria histórica).

  • Sujeción a lo políticamente correcto, incluso, en casos concretos, con valor coercitivo y aun penal; no se pueden analizar ni opinar sobre casos tipificados por ley (por ejemplo, el matrimonio homosexual, la ideología de género o el alcance del holocausto nazi…).

Es curioso constatar, a pesar de ello, como la firmeza y solidez de actitudes y pensamientos claros ha conseguido, en algunos casos, hacer frente a esta auténtica deconstrucción del mundo y del hombre; el ejemplo más paradigmático podría ser el de Jünger Habermas, que entró el diálogo franco con Ratzinger; llegó a hablarse de una conversión de Habermas… Lo cierto es que –hubiera o no conversión- reconoció algunos aspectos válidos y positivos del mensaje del Catolicismo.

 7. La autodesconstrucción del lenguaje

 Ya hemos mencionado la palabra deconstrucción, que hoy en día sirve para todo (arte, tortilla de patatas, tapas de bar…). Vamos a referirnos ahora al importante tema de la deconstrucción del lenguaje, como un aspecto esencial de la estrategia inspirada en Gramsci.

La vida humana es una creación histórica, es decir, un entramado de valores, convicciones, sentimientos, ideas… Si se cambian estos aspectos, entramos en una cultura distinta. Un instrumento esencial de la cultura y del pensamiento es el lenguaje, hasta el punto que se puede decir que el lenguaje crea el pensamiento y no al revés, porque a través de los vocablos somos capaces de identificar y apreciar los conceptos.

 

La estrategia puesta en marcha consiste en penetrar en el lenguaje coloquial, alterando el sentido de las palabras y sus connotaciones emocionales, con el fin de conseguir en el hablante una nueva actitud espiritual, como dice el profesor Luis Buceta Facorro.

 

Para cambiar las conductas hay que cambiar las actitudes y, para esto, hay que modificar la percepción que se tiene de la realidad. ¿Cómo se consigue? Mediante la actuación sobre los centros de irradiación cultural, según dijimos, esto es, la superestructura de Marx y de Gramsci. La percepción de la realidad es creada por el lenguaje.

 

Se empieza inoculando un criticismo que, respetando aparentemente la estructura y los fines, consigue deconstruir el concepto, siempre a través de las palabras que lo reconocen. El procedimiento es el siguiente:

  •  Uso de una palabra del lenguaje común, cambiándole el contenido de forma subrepticia, para que se pase desapercibido el cambio inicial.

  • Bombardeo de la opinión pública, a través de la escuela y de los medios de difusión, especialmente. La ingeniería social utiliza el viejo vocablo pero girando progresivamente hacia el nuevo significado.

  • La población termina aceptando el término antiguo, pero con el nuevo contenido. Un ejemplo podría ser la palabra género: primero se la consideró como sinónimo de sexo, de forma intercambiable; luego se le añadió el nuevo significado: sexo construido socialmente, ya opuesto a sexo biológico; más tarde se habló abiertamente de género como de autoconstrucción libre de la propia sexualidad; finalmente, se extendió a toda la sociedad la nueva significación, empezando por las aulas escolares.

 Así, se habla de violencia de género, de opciones sexuales, de igualdad sexual y de género. Otros ejemplos serían las palabras opción, igualdad, derechos, matrimonio, familia No hace falta insistir porque todos tenemos, martilleándonos inconscientemente en el cerebro, expresiones como derechos sexuales y reproductivos, salud sexual y reproductiva, embarazo no deseado, interrupción libre del embarazo, homofobia, islamofobia, matrimonio homosexual…; la palabra preembrión no llegó a hacer fortuna por muy poco… Todos estos vocablos están comúnmente aceptados, sin la menor oposición ni matiz por parte de la derecha, que resulta sorprendentemente defensora de otros modelos en la teoría…

 

El lenguaje es, más que nunca, un arma ideológica en nuestros días; funciona, como se ha visto, como mecanismo inconsciente en todas las personas –a lo mejor, en muchos de nosotros- que va operando desde el exterior hasta nuestro interior, en nuestra expresión y, desde allí, a nuestras mentes y conciencias. Nuevamente, la estrategia gramsciana del cambio, paulatino pero constante, en la superestructura tiende a la creación de una nueva cultura, diferente a la que hemos heredado y en la que pretendíamos vivir.

8. Mas alla de Marx y Gramsci

Afirmábamos antes que, si el comunismo en su versión soviética (esa que representaba para José Antonio la invasión de los bárbaros) cayó estrepitosamente a finales de los años 80 del siglo pasado, el marxismo goza de buena salud, concretado en unas formas de neomarxismo que se inspiran en las teorías de Gramsci y en la Escuela de Frankfurt.

Este neomarxismo está presente, por ejemplo, en la desacralización o secularización de lo espiritual y sagrado, es decir, el acoso y derribo de lo representado por el Cristianismo y, en concreto, el Catolicismo (creencia en Dios, concepto trascendente del ser humano…) y su sustitución por el materialismo a ultranza. Un instrumento de esta visión es otro tipo de sacralización, la del sistema democrático y capitalista).

 

A cambio, todo lo demás está totalmente relativizado; así:

  • España (no solo su unidad, sino su esencia, razón de ser y existencia).

  • La familia (con el eufemismo de los nuevos tipos de familia).

  • El Estado de derecho (la disputa entre seguridad y garantías jurídicas, por efecto –dicen- del terrorismo).

  • La moral (calificada de tabúes caducos).

  • El sexo (mediante los roles sexuales de libre elección y variables).

Esta sacralización y este relativismo han creado, de hecho, la más terrible forma de totalitarismo, que deja en pañales todos los experimentos del siglo anterior.

También está presente el neomarxismo en la nueva forma de dialéctica hombre/naturaleza, representada por el ecologismo radical, en el que se pretende, por una parte, la sacralización de la naturaleza y, por la otra, la deshumanización más completa. Como se ve, sustituye a la antigua lucha de clases.

 

Igualmente, la Ideología de género, calificada por el profesor Dalmacio Negro como bioideología, que pretende sustituir, como hemos dicho, el sexo biológico natural por el rol sexual y el género; en este caso, la dialéctica enfrenta a hombre y mujer, como sustitución igualmente de la lucha de clases antigua. En la misma línea estarían la ideología de la salud o el transhumanismo, heredero espurio del superhombre nietzsciano.

 

El ataque ya no va contra la simple infraestructura, ni siquiera contra las pautas culturales de la superestructura, sino contra la propia naturaleza humana, que se pretende modificar en su sustancia.

 

9.- ¿Cómo hacer frente al neomarxismo de nuestros días? ¿Es posible revertir los efectos de la aplicación actual de las teorías de Gramsci? 

 

La historia camina siempre hacia adelante; los retornos e involuciones son muy difíciles o imposibles; cualquier intento reaccionario, en nombre de un estado de cosas anterior, se presenta ya de entrada como una tarea inútil, especialmente porque las nuevas generaciones han asimilado gran parte de esa nueva cultura que impulsó al gramscismo.

 

Lo primero es ser conscientes de la situación y de la estrategia, y ser capaces de reconocerla en todos y en cada uno de los casos ante los que nos encontramos, ya pertenezcan al ámbito de lo religioso, de lo moral o de lo político. Esto es relativamente fácil, pero encierra una primera dificultad: liberarnos, desde el subconsciente acaso, del uso de los términos, conceptos y realidades deconstruidas por el adversario.

 

Tras esta liberación mental y personal, llega el momento de actuar, en todo momento que sea posible, con una precisión de vocablos y de conceptos a riesgo de que esta actitud se haga odiosa para nuestros contertulios.

 

Pero queda la tarea más compleja, y la que puede garantizar éxitos, quizás no tan inmediatos como sería deseable, pero sí paulatinos y seguros: reconstruir el lenguaje y el pensamiento. Y, como ante se ha dicho, la historia no tiene operación-retorno ni lo reaccionario, por sí solo, puede tener visos de triunfo. Es preciso reconstruir lenguaje y pensamiento desde otras perspectivas, superadoras tanto de la deconstrucción vigente como de periclitadas concepciones.

¿Cuáles son estas perspectivas? Desde luego, acudiendo a la fundamentación espiritual y cristiana como base, cuyos valores son, por propia definición, eternos: tales la consideración del ser humano, dotado de dignidad por ser criatura de Dios, de libertad, de integridad y de trascendencia, y de su naturaleza inmutable, si bien susceptible de perfeccionarse –dentro de sus propios parámetros- por efectos de procesos educativos.

 Y, partiendo de esta naturaleza y de estos valores humanos, la nueva construcción de vocablos y conceptos de tipo sociológico, político y económico, con la necesaria incorporación de aquellas aportaciones que puedan ayudar a esta elaboración de un discurso actual, superador de la cosmovisión gramsciana estudiada y de sus efectos. La actual invasión de los bárbaros, en este caso, no se presenta con sones guerreros y sí culturales.

 

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