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¿Me han levantado la camisa? Por Manuel Parra Celaya, en diarioya.es

 

 

Hoy, 8 de noviembre de 2014, tengo la casi completa seguridad de que, contra toda ley y contra todas las promesas del Presidente del Gobierno español, mañana se va a llevar a cabo la “consulta” secesionista en Cataluña.

¿Qué datos tengo para esta seguridad? La evidencia directa en mi ciudad: propaganda descomunal por doquier llamando a la participación y al voto “sí+sí” a las extrañas preguntas de la consulta; carteles en todas las escaleras de vecinos con indicación expresa del “colegio electoral” (centros de enseñanza públicos y religiosos); presión inmisericorde de la prensa y de las cadenas televisivas, tanto propias del nacionalismo como subvencionadas (con fondos públicos); puestos callejeros con “esteladas” ondeantes; grupos de “voluntarios” parando transeúntes, llamadas telefónicas a domicilio… Me comunican amigos de otras localidades de Cataluña que el ambiente es igualmente asfixiante, especialmente en las más pequeñas, quizás por hacer bueno el refrán de “pueblo pequeño, infierno grande”…

Más datos: los titulares de anteayer de un conocido periódico catalán –otrora con fama de serio e imparcial y ahora llamado popularmente el “diario oficial del nacionalismo”, rezaban: “El Gobierno y la Generalitat bajan el tono ante el 9N”; ayer, las declaraciones del Sr. Catalá, Ministro de Justicia, eran igualmente esclarecedoras, al afirmar que el Gobierno no actuaría si la consulta la efectuasen “entidades privadas”, porque eso “vulneraría la libertad de expresión”.

Entre el aluvión de informaciones de hoy mismo, leo en otro periódico que, desde hace meses, existe un “pacto secreto” entre PP. PSOE y la Generalidad de Cataluña para permitir la “consulta” bajo condiciones idénticas a las expresadas ayer por el Ministro de Justicia, y que consistirían –repito- en que no fuera el “govern” del Sr. Mas el convocante y el ejecutor del desaguisado; aunque no doy mucho crédito a la fuente de esa información –que incluye, incluso, los nombres de los participantes en ese pacto secreto-, no deja de corroborar todo lo anterior, y por ello afirmo que me han levantado la camisa. A mí y a todo el pueblo español, se entiende.

Me fijo en los carteles de convocatoria, con el logotipo y el nombre de “Generalitat de Catalunya”; por otra parte, me niego a creer que la “Asamblea Nacional Catalana” y el “Omnium Cultural” –que son las “entidades privadas” para el Gobierno español- dispongan de un caudal de tantos miles de millones de euros como se han empleado para el affaire que no provenga de los fondos públicos de la Generalidad. ¿Es tan tonto el Sr. Rajoy y tan listos los separatistas, que ya anunciaron que “iban a engañarlo”? ¿O, en realidad, somos tan tontos los españoles, catalanes o no?

Existe, pues, un pacto, sea o no el que han publicado, sean o no los participantes en el mismo. Nuevamente, por lo tanto, me han levantado nuevamente la camisa desde las altas instancias del poder ejecutivo del Estado, que entiendo son los máximos responsables de la situación a que se ha llegado en Cataluña.

Digo “nuevamente” porque no es la primera vez ni mucho menos. Quizás debería remontarme a la sediciente introducción del término “nacionalidades” en el texto constitucional o al entreguismo de competencias a las Autonomías, pero me basta hacer memoria de dos hechos fácilmente comprobables: la complicidad –por acción u omisión- de todos los gobiernos de la democracia, fueran de izquierdas o de derechas, con el nacionalismo catalán, y la ausencia total del Estado –ni está ni se le espera- en la vida pública cultural, social y política de Cataluña, también desde los primeros tiempos de la transición.


Mañana tendremos, pues, “consulta” separatista. En ella votarán, además de las nuevas generaciones, a partir de 16 años, alucinadas en sus aulas y todos los manipulados en sus sentimientos por la intensa propaganda de más de treinta años, los inmigrantes marroquíes, subsaharianos e hispanoamericanos, a quienes se les ha prometido la Arcadia en una Cataluña independiente; bastará incluirse en una lista-censo, que permitirá distinguir el día de mañana entre “buenos” y “malos” catalanes –entre quienes, me imagino, me incluirán- a los que se dotará, en el futuro, de un distintivo vergonzante similar al de los judíos bajo el III Reich…

Hoy, 8 de noviembre de 2014, soy más consciente que nunca de que los separatistas celebrarán su “consulta” con la anuencia del Gobierno del PP. Ojalá me equivocara y, la próxima semana, tuviera que pedir disculpas al Sr. Rajoy y a todos los lectores por mis injustas predicciones.
 

 

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