Recuperamos De la revista Teresa, publicada por la Sección Femenina  y concretamente del num. I del año 1954, la siguiente entrevista realizada a Mercedes Fórmica.

 

Un problema candente:

Mercedes Fórmica, Abogado,
no defiende sólo a las mujeres.


Es curioso como las ideas más disparatadas se fijan en las mentes infantiles. Recuerdo haber visto cuando era niña una fotografía de Victoria Kent, con birrete y toga, en un artículo que hablaba de algo muy extraño llamado divorcio. No lo leí, naturalmente, pero desde entonces la ley tuvo para mi la figura descarnada, dura y casi masculina de la conocida agitadora.

Tal vez se deba a esta deplorable impresión estética, mi absoluta falta de interés por todo lo que atañe al Derecho. Pienso ahora que si entonces hubiese conocido a Mercedes Fórmica, bella, rubia y delicada, con su sereno rostro que evoca al de “la dama del unicornio”, de Rafael, conservado en el museo Borghese, mi concepto de la Ley hubiera sido más risueño y agradable.

Pero entonces, Mercedes Fórmica aún no pensaba en estudiar Derecho ni en vivir en Madrid –donde se instaló después de su matrimonio con Eduardo Llosent y Marañón, hombre de letras y crítico de arte, ni mucho menos en el revuelo internacional que iba a levantar un artículo suyo, publicado para exponer la situación legal de ka mujer española dentro del hogar.

He visitado a Mercedes Fórmica, un mediodía en su casa. Pero no se puede decir “casa” a secas. Aunque no me gustan los adjetivos, hay que añadir algo. Es magnífica: muebles, cuadros, objetos, todo es prueba del más refinado gusto. He tenido tiempo de contemplar lo que me rodea porque Mercedes está con una visita. Después, la he encontrado rodeada de carpetas, de papeles, donde de reojo, he leído esos nombres tan fríos de las cosas legales. Entre aquel revuelo blanco, Mercedes está, vestida de gris, sencilla y amable como siempre.

-¿Esperabas la resonancia que ha tenido el artículo?

- La humana sí. La periodística no.

-¿Qué resultados prácticos crees que se obtendrán con esta campaña que tu has iniciado?

- No quiero ser pesimista. Creo y espero, que gane el que tenga razón. Muchos no han entendido mi posición. Yo no soy una defensora a ciegas de la mujer por el hecho de serlo. No debe ganar el hombre ni la mujer sino el cónyuge inocente. Como profundamente católica que soy, entiendo que cuando el matrimonio se quiebra por causas imposibles de superar, hay que salvar lo que queda de la familia; los hijos y el hogar, todo ello sostenido por el cónyuge inocente.

-¿Crees que se debe reformar la Ley?

- Si has leído todas las respuestas de los juristas que han intervenido en la encuesta…

Confieso que no me he enterado demasiado. Los términos profesionales que usan los importantes hombres de Leyes no me dejan ver a final si quieren decir que sí o que no. Mercedes Fórmica me expone la situación, me habla con ordenada claridad; los áridos vocablos se espolvorean de la sal que ella les presta con su fino acento andaluz.

… Todo esto deberá traer una reforma para unos problemas del Código Civil, para la solución de otros de la Ley Procesal. Por ejemplo el artículo 1.882 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, al regular la forma de llevarse a cabo el depósito de la mujer casada, habla por dos veces de “casa del marido” cuando se refiere al domicilio conyugal. Este domicilio conyugal debe ser considerado como la “casa de la familia”, de los hijos y del cónyuge inocente, sea este el marido o la mujer. Aquí como verás, la reforma se impone.

-¿Has tenido muchos ataques por tu campaña? ¿Cartas? ¿Anónimos?

-No. Puedes creerlo. Todos los ataques han sido desde las columnas de la prensa… Es la verdad…

-¿Y cartas alentadoras?

-Eso sí, muchísimas.

-¿De hombres también?

- Más de un cincuenta por ciento. Abogados, magistrados de las Audiencias provinciales, gentes que ven la necesidad de un cambio… Y entre los particulares, hombres, no ya en su papel de maridos sino de padres de hijas desgraciadas en su matrimonio, de hermanos. Hasta recibí la de un yerno que defendió a su suegra.

-¿Cuál es el lugar más inesperado de donde te escribieron?

- Quizá de Ceilán. O de la Guayana inglesa. He recibido cartas de todo el mundo. Y los periódicos de América, Inglaterra, Italia, Dinamarca, Suiza...; ¡en fín! De muchísimos países, se han ocupado del problema. Por eso opino que se ha hecho demasiado revuelo para que las cosas queden como antes…

-¿Dónde está la mayor dificultad para la reforma?

-En el ambiente. Está en contra de la mujer: se dice que a mayores derechos, mayores probabilidades para la destrucción de la familia.

- Eso me parece absurdo…

No se tiene en cuenta algo lógico y real: la mujer casada, por regla general no tiene más mundo que su hogar. En el caso de que falle el matrimonio, siendo ella inocente, además de perder el marido le arrebatan los hijos y le arrojan de su casa en que ha puesto sus ilusiones y muchas horas de su vida… Es cruel…

-Inexplicablemente cruel –añado– en un país como el nuestro, tierra de la galantería y de la caballerosidad…

-Si esto ocurre en el caso de la mujer culpable –continúa Mercedes-, cargue ella con su merecido castigo; pero siendo la mujer inocente es inadmisible. Yo no tomo posturas feministas: al cónyuge inocente hombre lo defiende bien defendido, la Ley, deseo conseguir que sea lo mismo con el cónyuge inocente mujer.

-Pero… eso no habría ni que discutirlo –digo, perpleja, pues me parece inaudito que se de vueltas a una cosa tan clara.

Mercedes Fórmica sonríe. Dice que ella tiene esperanza de que todo se arregle. Luego, metida ya por los intricados vericuetos del Derecho, le pido que me hable de cuanto el Código dispone sobre las mujeres casadas. Me perdonarán las lectoras si no lo repito. Vivan en su ignorancia, felices y tranquilas. Una espada de Damocles pende sobre las pobrecitas esposas, quienes, por el hecho de haberse casado, se han convertido automáticamente en menores de edad, incapaces de mover un dedo sin permiso del marido. Parece ser que la mayoría de edad tan sólo la recobran al quedarse viudas… Así pues la viudedad es el estado perfecto. Y, ¿será posible que los sabios jueces no se den cuenta de lo terrible que resulta esto? Muchas veces vivirán -Dios o lo quiera- con el punible anhelo de mandar al marido al otro barrio. Por eso urge reformar el Código, y no ya en defensa de la mujer, sino del hombre. Bien claro está, no hay más remedio que actuar.

Mercedes Fórmica, mujer de muchas facetas, es una gran escritora. Todas sus novelas han sido éxitos formales. Con “Monte de Sancha” quedó finalista en el Premio Ciudad de Barcelona; con “La ciudad perdida” fue seleccionada para el Nadal. La más reciente novela publicada ha sido “El secreto”.

-Y ahora, ¿Qué escribes?

-He terminado “El miedo”, un libro en que aparecen estos problemas de que ahora me ocupo… el argumento tiene una base real y trágica…

-Qué prefieres. ¿Escribir una novela o tu trabajo de abogado?

-Según… Entre un “contencioso –administrativo” y una novela, prefiero esta; pero en un pleito puede haber un hecho apasionante y estar cargado de poesía…

-¿Fue una tradición familiar lo que te llevó a estudiar Leyes?

-No, los hombres de mi familia se inclinaban a la ingeniería… yo deseaba ser diplomático. Con este fín seguí la carrera de abogado, pero al presentarme en la primera convocatoria, exigían como requisito imprescindible ser “varón”… y yo como por fortuna soy muy mujer, tuve que retirarme.

-¿Crees que la diplomacia es una carrera adecuada a la mujer?

-Desde luego… En la práctica, las mujeres que la ejercen están demostrando ser magníficos diplomáticos.

.Aparte de la abogacía y de la literatura, ¿Qué otra cosa te interesa?

-El hogar… es lo que más me gusta.

-¿Y del hogar?

-La decoración y guisar. Guisar me encanta.

-¿Labores?

-El encaje de bolillos. Me sale estupendamente. ¡De verdad, estupendamente! –lo dice convencida. Está más orgullosa de sus habilidades femeninas que de todos sus triunfos.

-¿Al seguir tu carrera, cumpliste tu verdadera vocación?

-Pues mira: yo quería dedicarme a ella y a todos estos problemas legales que atañen a la mujer, hasta que tuviera unos hijos y entonces hubiera sido tan solo para ellos…; pero no los he tenido y sigo con mis trabajos intelectuales.

-¿Cuál es ahora tu mayor aspiración?

-Que esto de la reforma en la situación legal de la mujer se consiga.

Son cerca de las tres y nos despedimos. Deseamos que Mercedes Fórmica triunfe en su empeño, porque lo que pretende es justo, porque podrá evitar la tragedia de muchas mujeres desafortunadas.