Mientras cantábamos

 

Enrique de Aguinaga
La Gaceta, 30-6-2013
 

 Hemos cantado Cara al Sol, con naturalidad, como debe ser. Lo hemos cantado en una reunión (Mateo, 18.20) de personas heterogéneas, regionales y de orden, como dicen las madres. Estábamos reunidos en una cámara tranquila y jubilosa, sin gesticulaciones, para personificar la supremacía de lo espiritual, la propuesta de un modo de ser y la proclamación de la dignidad, la integridad y la libertad de la persona, valores fundamentales.

 

Hablo de José Antonio Primo de Rivera, cuya personalidad arquetípica, al fin de los gritos, de los silencios y de los purgatorios, merece ser restituida históricamente al patrimonio común, mas allá de cualquier tentación política, como el héroe de Carlyle. Tal, el acuerdo de los que, con diversa afinación, cantábamos en decorosa intimidad, derecho que, con el de libertad de expresión, protege el artículo 20 de la Constitución Española.

 

C'est le ton qui fait la chanson. Nuestro tono, pensaba en el coro, es un buen síntoma de ciudadanía, en medio del tenebrismo. Mientras cantaba, sentía con los demás una armonía interna y, al mismo tiempo, una armonía ambiental que no se reducía, que no quería reducirse a pura imaginación. Estos sentimientos sobrevienen. Un día, de repente, percibes que algo no es como el día anterior, que la primavera (o el verano) ha venido y nadie sabe como ha sido. Personal y transferible.

 


Cara al Sol es una hermosa canción sin adversario (exenta de odio para los que nos combaten), anunciación de la primavera, concurso de poetas, historia clamorosa que ha sonado desde los Andes a los Urales. La música: del guipuzcoano Juan Telleria que originalmente la compuso como Amanecer en Cegama en 1934, su lugar natal. La letra: dieciocho versos (Agustín de Foxá, Jacinto Miquelarena, Pedro Mourlane, Rafael Sánchez Mazas, José María Alfaro, Dionisio Ridruejo), escritos en la noche del 3 de diciembre de 1935, en un restaurante vascongado, en la calle Miguel Moya, de Madrid. Antonio Echezarreta era el dueño del restaurante, titulado Or Kompon, que, en eusquera, quiere decir Arréglatelas como puedas. Pues, eso.