Apuntaciones sobre la causa de la crisis y su posible remedio

Antonio Castro Villacañas

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1. Los historiadores que aspiren a ser filósofos, es decir, quienes no se conformen con saber qué pasó en un lugar cierto día, sino por qué sucedió eso y no otra cosa- necesitan dirigir con todo cuidado su atención hacia los diversos tipos de hombres que protagonizaron los hechos que han merecido ser objeto de su estudio. Damos por supuesto que en él estarán los herederos o sucesores de las primitivas poblaciones, pero más fecundos serán sus resultados si atiende a la fusión de tipos y razas que poco a poco van constituyendo las sociedades modernas, y a que en las profundidades de todas ellas siempre se conservarán distintos, vagos y confusos recuerdos que no pueden explicarse sino por la organización intelectual de las personas y los pueblos que fueron el origen del hoy. Si el pasado no se explica bien, mal podrán explicarse los trastornos, grandes mudanzas y profundas alteraciones sociales que se dan en el hoy de las modernas sociedades políticas.

2. Mientras existe el entusiasmo popular, todas las individualidades se repliegan; sólo resplandece el pueblo, revestido de su armadura democrática. Cuando el entusiasmo se extingue, el pueblo deja de ser una realidad para ser tan solo un nombre sonoro; en la sociedad entonces no hay mas que intereses que se combaten, principios que luchan entre sí, ambiciones que se excluyen e individualidades que se chocan. En tiempos de paz y de reposo sólo aparecen en los hombres las calidades que los constituyen diferentes; en épocas de crisis y de exaltación moral sólo aparecen en ellos las que los constituyen semejantes; cuando las diferencias se esconden y las semejanzas aparecen, hay pueblo porque hay unidad, y la unidad es lo que le constituye; cuando las diferencias aparecen y las semejanzas se esconden, no hay pueblo, porque no hay unidad social, sino intereses opuestos, principios rivales y ambiciones hostiles. De aquí nace la inestabilidad del elemento democrático, vencedor siempre en un momento de alarma y de peligro, y vencido siempre después en el estado de reposo. Esto explica también el vigor y la fuerza del principio aristocrático. Las clases aristocráticas tienen siempre un poderoso centro de unidad; porque así en los tiempos de agitación y de discordia como en los de prosperidad y ventura, son más entre sus individuos las semejanzas que les unen que las diferencias que los dividen. Los tiranos son enemigos de la aristocracia, porque vela, y amigos de la democracia, porque duerme. Por eso la aristocracia es un elemento de libertad, y la democracia un elemento de tiranía.

3. Un siglo de vida religiosa y militar bastó a los sarracenos para derramarse por las regiones más fronterizas de Europa.

4. Merece la pena reafirmar y resaltar que el recuperar para nuestro presente histórico y nuestro inmediato futuro la figura, la obra y el pensamiento de José Antonio Primo de Rivera –razón de existencia y señas de identidad de la Asociación "Plataforma 2003"– es tarea que bien merece el respeto, la atención y el apoyo de los españoles en la medida que cada uno de ellos se sienta afectado por la misma. José Antonio pertenece al patrimonio común de nuestro pueblo, y a él debe ser reintegrado, más allá de cualquier clase de partidismo político o bandería electoral. Eso no quiere decir, a mi juicio, que no deban ni puedan existir españoles que seducidos por la figura, la obra o el pensamiento de José Antonio traten de utilizar alguno de esos aspectos, o dos o tres de ellos, para hacer política con ellos y tener la máxima presencia e influencia posible dentro del Estado Español y de la Sociedad Española.

5. Una organización política tiene el derecho y el deber de adoctrinar a sus simpatizantes y a sus militantes. Como cualquier organización política está sometida al desgaste que lleva consigo el cotidiano enfrentamiento con la realidad pública, su inspiración política, lo que es su doctrina, siempre está sujeta a la usura del tiempo. Porque en la España de hoy existen, separadas cuando no enfrentadas, tres o cuatro organizaciones políticas que dicen defender las ideas, creencias y valores que José Antonio defendió y propagó en su actuación política, a mi juicio uno de sus fundamentales deberes es el de impedir que ese patrimonio desaparezca por los sumideros de la historia colectiva o individual que se forja a diario en la actividad pública. El no impedir o no dificultar esa desaparición -no digamos nada del favorecerla con desacertadas actuaciones- constituye una herida difícilmente curable en el posible futuro de nuestro pueblo. En sentido contrario, el transmitir dicho acervo joseantoniano a las nuevas generaciones españolas es el mejor modo de contribuir a perfeccionar su futuro.

6. Es evidente que la existencia de varias organizaciones políticas "joseantonianas" no constituye el mejor modo de transmitir el estilo y la valía del referido acervo. A mi juicio, tampoco lo es el presentarlo siempre de manera anticuada, desgastada por el paso del tiempo y el cambio de circunstancias. La simple repetición, el convertirlo en objeto de culto e idolatría, lo desgasta y hace inadecuado para los nuevos días y trabajos. El conservarlo de modo íntegro, auténtico y limpio, y el inspirarse y fundamentarse en él para las nuevas diarias actividades políticas, es la mejor manera de mantener "vivo" a José Antonio y de ser y actuar como limpio, auténtico e íntegro militante joseantoniano.