Monumentos y legados

Enrique de Aguinaga

La Gaceta, 5 de junio de 2011



El general Franco se puso en pie para indicar que la entrevista había terminado… En el momento de estrecharme la mano me dijo en voz muy apagada, casi en un murmullo: Mi verdadero monumento no es aquella cruz en el Valle, sino la clase media española. Cuando asumí el gobierno, no existía. La lego a la España de mañana.

El texto corresponde a la entrevista de Franco con el general Vernon A. Walters, mensajero personal del presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, que así, de Jefe de Estado a Jefe de Estado, solicitaba su pronóstico sobre el sesgo de la sucesión (26 de febrero de 1971). El texto está tomado literalmente del libro Misiones discretas (Planeta, Barcelona, 1981, pagina 331).

 

¿Hablamos de monumentos? ¿Hablamos de templos católicos? ¿Hablamos de cementerios? ¿Hablamos de vestigios? ¿Hablamos de legados? ¿Hablamos de lo que hay que hablar? ¿Hablamos de reconciliación? ¿Quiénes se tienen que reconciliar? ¿Reconciliamos y condenamos, a la vez? ¿Oímos a todas las partes? ¿Manejamos datos compulsados?

Ya en Kilómetro Cero (21 de noviembre, 2010) se recomendaba la lectura de la Carta Apostólica Stat Crux, del Papa Pío XII (27 de mayo de 1958) por la que otorga el título de Abadía de Santa Cruz del Valle de los Caídos al monasterio y al templo erigidos a la memoria de cuantos, por una causa o por otra, entregaron su vida y sucumbieron en la guerra civil y para que, al mismo tiempo, en este nuevo hogar de la religión, Dios fuera convenientemente honrado y se alcanzaran dones celestiales para la Nación española.

 

Termina la Carta Apostólica: Desde ahora se ha de tener sin efecto y sin valor cuanto aconteciera ir en contra (de estas letras) sea a sabiendas o por ignorancia o por quienquiera o en nombre de cualquier autoridad.

No cambio de conversación, si digo que la historiografía más objetiva y documentada atribuye a Franco el legado de la restauración de la Monarquía y que a esto, solo a esto, se refería su atado y bien atado, que pronunció públicamente en tres ocasiones, a partir de la designación de heredero en la Jefatura del Estado.