Teníais razón

Carta a los Mártires de 1936

Ealfri

Altar Mayor, Abril 1990


Desde hace algunos años, desde 1976, estáis olvidados. España ha puesto un enorme muro ante vosotros: el del silencio. Un muro mucho más denso que el que guarda vuestros restos en la cripta del Valle de los Caídos; un muro mucho más denso que el que forman las toneladas de tierra en las fosas de Paracuellos del Jarama; más denso que los existentes en tantos otros lugares de nuestra geografía patria.

Os tenemos olvidados; por temor, por cobardía. Somos cobardes, ¿de qué? ¿De mantener una postura honesta y limpia frente a las deshonestas y sucias al uso? No queremos recordaros porque sois historia reciente e importante de España. No queremos recordaros a pesar de que sois la historia viva que no deberíamos olvidar si deseamos evitar volver a caer en los mismos errores de antaño. A pesar de que los pueblos no deben olvidar su historia, según frase bien conocida, nosotros la olvidamos (¡insensatos!), o la cambiamos y manipulamos (¡deshonestos!)

Queremos olvidaros y ponemos un gran paréntesis en todo cuanto ha acontecido desde que nos dejasteis ¡Que vergüenza!

Perdisteis la vida porque fuisteis capaces de mantener la fe y las ideas impregnadas de conciencia cristiana y católica, que era la base de la convivencia de nuestra nación, frente al marxismo que se iba apoderando de una parte de la sociedad española.

Ahora, ya veis, la Europa sojuzgada por el marxismo durante décadas ha conseguido enfrentarse a los sistemas políticos marxistas que han estado rigiendo su destino.

Aunque tarde, ha sido posible triunfara esta reacción. Después de que hubieran removido el mundo en sus esencias, cuando son incontables los millones de muertos que la actuación de esos regímenes han producido durante años, cuando todos los valores morales y éticos han sido puestos en tela de juicio, cuando las sociedades de muchos países han apostado por la autodestrucción: por un lado ya no será posible volver a recuperar la totalidad de los valores morales del individuo y la sociedad, y por otro la vida ya no volverá a vosotros.

En todos estos países han empezado a rescatar a los héroes y mártires que se enfrentaron a las ideas marxistas y a los tanques que las sustentaban.

Pero aquí todavía nadie ha levantado la bandera de que teníais razón, de que fuisteis los primeros héroes y mártires contra el marxismo que quería implantar su cabeza de puente en España para saltar a la América hispana. España fue la primera nación del mundo que se dio cuenta de que el marxismo venía a destruir las ideas y la libertad del individuo, y cara pagó su osadía, que todavía está pagando, con intereses.

Os tenemos olvidados. Por temor, por cobardía. Porque tememos que si sacamos a la luz vuestro recuerdo nos colocarán etiquetas descalificadoras que debieran ser un orgullo y no una afrenta.

Somos unos cobardes. Y lo somos frente a quienes difícilmente pueden ejercer un magisterio edificante.

Perdonadnos porque teníais razón y nadie os lo reconoce.

Y pedid al Señor que nos ilumine.

Lo de menos es romper vuestra paz, que sabemos disfrutáis en el seno del Señor, henchidos de gozo; lo importante es que traigamos de nuevo a la sociedad española las ideas impregnadas de fe, de ética, de moral, de honradez, de amor, que supisteis defender hasta con vuestra vida. Sobre todo de amor, pues con el amor entre las gentes es posible volver a construir la sociedad libre y limpia que perdimos.

Vosotros, que podéis, pedid al Señor que nos ilumine, y que ilumine a todos aquellos que pueden volver a implantar en nuestra sociedad los valores humanos derivados del patrimonio inalienable del hombre. Hacedlo. Así sea.