LA OJE VISTA POR UN PADRE

 

 



Manuel Parra Celaya
Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación (Pedagogía).
 


I. Confesión y declaración de intenciones
 

En el momento de ponerme ante vosotros no tengo más remedio que ser sincero y confesar la dificultad de la tarea que me han propuesto. Hablar sobre "La OJE vista por un padre" me obliga a una difícil disección de mis emociones: en primer lugar, las heredadas de una impronta familiar; segundo, las que me vienen dadas por mi condición de antiguo afiliado y de dirigente; en tercer lugar, las propias de mi condición actual de Veterano -de "dinosaurio", para los íntimos-, y, finalmente, la específica del padre de tres entusiastas afiliados, de 21, 18 Y 14 años, respectivamente.

A estos tres o cuatro bloques de emociones cabe añadir la de mi profesión: profesor en ejercicio en Secundaria, educador de vocación, sometido, por tanto, al vapuleo cotidiano, propinado, normalmente a partes iguales, por los alumnos, los padres y las autoridades educativas con sus normativas ingeniosas y siempre cambiantes…

Esta declaración debo hacerla, por imperativo moral, para que nadie se llame a engaño y acuse de subjetivas a mis palabras.

Con respecto a lo primero, la tradición familiar, tengo a título de orgullo que mi padre, afiliado a las anteriores organizaciones del Frente de Juventudes, me llevara un día de la mano a un Hogar de la recién nacida OJE "por si me gustaba". Con todas las licencias que se quiera, comparo mi situación familiar con todas las licencias que se quiera, comparo mi situación familiar con la de aquellas antiguas familias carlistas que tenían colgados en la pared del caserío las tres boinas rojas y los tres fusiles, del abuelo, del padre y del hijo.

En relación a mi pertenencia a la Organización como afiliado, acumulo en mi memoria un gran número de experiencias que van, acaso, desde un primer curso de Jefe de Escuadra de Flechas hasta el de Jefe de Campamento, ya a punto de vestir la toga viril que era para nosotros el Servicio Militar: marchas, tardes de Hogar, canciones, deporte, Campamentos, camaradería, ejemplos, alegrías y algún disgusto que otro (sigo siendo bastante sincero) jalonan una larga etapa juvenil de mi vida tomada desde el “vale quien sirve”, de la que ni me olvido ni me arrepiento.

Sobre lo tercero, eso de ser "dinosaurio", qué os voy a decir.
Acaso parafrasear, con poca modestia por mi parte, las palabras de Cervantes cuando un tal Avellaneda le acusaba de ser viejo y manco: no estaba en su mano detener el paso del tiempo y su manquedad -en mi caso, las heridas del alma ante lo que nos rodea- estaba ocasionada "por la más alta ocasión que vieron los siglos pasados y esperan ver los venideros"; traducido a mi situación, se trata de la batalla de Lepanto sino de mi militancia en un proyecto bello e ilusionante para España.

Hago omisión de la tragicomedia en que han convertido, por último, la Educación en España; pero todas las contrariedades no pueden eclipsar la esperanza de que, algún día, la siembra constante dé su fruto…

Me voy a centrar, por lo tanto, si puedo, en la visión de un padre de tres hijos afiliados a la OJE del siglo XXI, la del 50 Aniversario: qué pudo haberme impulsado a invitarles a vestir un uniforme; qué esperaba de ello, y, sobre todo, qué espero, en este momento, cuando están en edad adolescente y aprendiendo a elegir sus propios caminos en la vida.

(Una confidencia, ahora que no me oyen: en el fondo, estoy orgulloso de ellos. No sé si pasaré a la intrahistoria -que no a la historia- como un padre modelo; elogio sus aciertos y les hago reflexionar sobre sus errores; a veces, surge la bronca impetuosa -quizás poco educativa- o la discusión acerada -no olvidéis que hablo de tres adolescentes-, pero en el fondo no puedo evitar enorgullecerme cuando mi hija Blanca hace los pinitos de Dirigente; cuando mi hijo Manolo me consulta proyectos para su Unidad de Arqueros, o cuando el "trasto" de mi hijo Rodrigo me cuenta las vicisitudes de su grupo de Cadetes).

II. Donde se manifiesta mi preocupación por la educación de mis hijos.

Antes nos decían que la educación se recibía esencialmente en la familia; después, en la escuela; luego, en la parroquia, y, como complementaria, en los movimientos juveniles. Todo parecía muy claro y estructurado, incluso los contenidos educativos respectivos en cada ámbito, sin interferencias en teoría.

Pero nuestro mundo ha cambiado mucho… Vivimos en la llamada "postmodernidadtt o "segunda modernidad", caracterizada por la falta de referencias, la ausencia de convicciones, la ruptura de moldes, hasta el punto de que un autor ( Zygmunt Bauman) ha acuñado la expresión "modernidad líquida" para referirse con más precisión a la incertidumbre que estamos pasando.

Movilidad, inconstancia de formas y de fondos, levedad o liviandad, relativismo… son palabras que pueden definir estos días en que no hay nada seguro, ni el presente, ni el pasado (que nos cambian constantemente), ni el futuro.

Así, debemos revisar rotundamente aquella vieja distribuci6n de funciones educativas que, nos decían, se daban en la sociedad en la que crecimos.

No sólo eso: también debemos revisar las nuevas clasificaciones, por ejemplo, la que distingue entre Educación Formal, No Formal e Informal.

La llamada Formal, la Escuela, no es menos fluctuante e insegura, y a las pruebas me remito…

La llamada no Formal, la que se centra en nuestro caso en la pedagogía del ocio, es claramente sistemática y metódica (por lo menos en la OJE), a diferencia de la Informal… pero ¿ no es cierto también que esta última -por ejemplo, los medios de difusión de masas son igualmente sistemáticos y metódicos al transmitirnos unos determinados valores o contravalores?

Si la Escuela (Educación Formal) está institucionalizada, no lo está menos la No Formal y esa Informal que entra por nuestras pantallas de televisión…

Lo más importante: ¿qué tipo de valores se transmiten en cada ámbito educativo? ¿No es cierto que, pese a la pluralidad, presentan unas sospechosas coincidencias?

De forma que un padre de familia se pregunta a qué escuela pueden acceder sus hijos, pero nunca puede estar seguro de que ha acertado en su elección; se informa de qué programas de televisión son los más y los menos adecuados para la formación de sus hijos, pero no será extraño que los mensajes que se desprenden de los más, en apariencia, anodinos nos obliguen a pulsar el "off" o tirar el televisor por la ventana más próxima...

Es preciso contar con la llamada Educación no Formal, la del tiempo libre, para garantizar que la impronta educativa de la familia se vea reforzada, por lo menos en este ámbito.

Entonces, la elección debe hacerse en el marco de la Prospectiva educacional. Me explicaré: se trata de establecer tres pautas:

1ª) Estudiar y analizar todos los posibles "futuribles" y elegir, de entre ellos, el que se considere mejor, al que llamaremos "futurable".

2ª) Contrastar este "futurable" con la situación presente.

3ª) A partir de la primera y la segunda pauta, elaborar estrategias para alcanzar los "futurables".

Como es lógico, a mi esposa y a mí nos preocupaba -y nos sigue preocupando- la educación de nuestros hijos. En su día procuramos elegir, en el ámbito de la Educación Formal, un Centro de Enseñanza que nos pudiera ofrecer cierta garantía de estudiar y convivir. Procuramos también rodearlos de aquellas experiencia cotidianas (Educación Informal) que contuvieran los elementos mejores (o menos contaminantes) que se correspondieran en alguna medida con la instrucción dada en la familia.

Siguiendo el método prospectivo, no tuvimos duda en elegir, en el ámbito de la Educación No Formal, un lugar donde los fines educativos, plasmados en el futuro, se correspondieran con los valores familiares, sobre todo en vista de la situación presente. La elegida fue la Organización Juvenil Española.

Claro que quizás contábamos con una ventaja: por el hecho de ser catalanes y vivir en Cataluña, necesitábamos encontrar un espacio para nuestros hijos donde se hablara de España.

Y de más cosas, que, contando con vuestra paciencia, os confesaré…

III. Donde se analizan unas situaciones y unos valores

Francamente, yo nunca me he creído esa falacia de que pueda existir una educación neutra, algo así como incolora, inodora e insípida. Siempre que se me ha intentado vender ese producto, Como síntoma de "tolerancia", he encontrado una ideología concreta en el trasfondo. Claro, el silencio de unos valores equivale a la afirmación tácita de otros (y, a veces, no sólo tácita).

La OJE no ha caído en toda su historia en ese engaño demagógico, en ese truco propio de encantadores de serpientes. Por el contrario, siempre ha resaltado que su educación es intencional: existe una filosofía educativa cuyos puntos conforman los fines pedagógicos y que están encarnados políticamente en la Promesa.

Analicemos todo esto desde el criterio de la Prospectiva mencionada.
Partamos del presente, de lo que tenemos ante la vista, para poder elegir, entre las ofertas ( recuérdese: los futuribles), los futurables para nuestros hijos. Como decía aquel anuncio,"busque, compare y, si encuentra algo mejor, c6mprelo" (que yo hubiera plagiado para eslogan de este 50 Aniversario).

¿Qué nos ofrece el presente? ¿Qué valores nos ofrece en los escaparates de moda? ¿Qué razones nos impulsaron a mi esposa y a mí a elegir esta Organización y no otra para nuestros hijos?

Las razones nos las da nuestra mirada al entorno…

Porque resulta que está mal visto hablar de Dios y se ha decretado el silencio sobre El. Ni siquiera la "muerte de Dios" proclamada por Nietzsche… La sola mención de la trascendencia del hombre es inoportuna y políticamente incorrecta. Al parecer, la fe debe ser relegada a los últimos rincones de la conciencia para no molestar…

Resulta que vivimos en una sociedad arreligiosa, donde el ser humano ha quedado encerrado con la única perspectiva de sí mismo. La frivolidad es su bandera; el materialismo, su dogma; la dignidad humana ha sido sustituida por la cosificación.

Y, como el hombre no puede, en el fondo, prescindir de su dimensi6n de creyente, tiene que buscar sucedáneos entre exóticos orientalismos o sectas alienantes.

Por eso me reconforta el hecho de que mis hijos encuentren en la cabecera de la Promesa el Amor a Dios como fundamento de la vida humana; de un Dios real y personal que, como Creador, hizo al hombre portador de un alma inmortal que alcanzará su vida plena junto a Él, tal como recuerda el texto de la Usía, y como Padre, que perdona nuestros deslices diarios.

Porque resulta que aquí vivimos la gran paradoja de que está también mal visto afirmar a España; lo que en cualquier nación de nuestro entorno es normal, el patriotismo, aquí está estigmatizado como inoportuno (salvo que se trate de la Selección de fútbol).

Si el silencio de Dios lleva al egoísmo individual, el silencio de España lleva al egoísmo colectivo, que tiene el nombre de nacionalismo como expresión de un particularismo insolidario. Esto se agrava cuando vivimos en regiones donde el caciquismo ha asumido esta ideología nacionalista; en otros lugares, el particularismo adopta la forma de indiferencia…

Se cuestiona o menosprecia la españolidad, y en ocasiones se confunde con un ramplón "españolismo" de charanga y pandereta, cuando decir España quiere decir amplitud, universalidad.

Como antes os decía, necesitaba un lugar donde se hablara de España; el segundo punto de la Promesa trata del servicio a esa Patria común y a la unidad -que es amor- de sus tierras y sus hombres; y el cuarto añade la palabra "responsabilidad" al hecho de ser español, que siempre se ha justificado por un servicio entre la comunidad de los pueblos del orbe.

Profundizando, diría que la OJE hereda fielmente de nuestros clásicos una manera española de entender el mundo, que no puede confundirse con un cerrado nacionalismo ni con un vago humanitarismo.

Porque resulta que, si continúa mirando alrededor, veo que las relaciones humanas están marcadas por un feroz mercantilismo: cada uno mira por sus intereses y escasamente por los de los demás; la alteridad ha sido sustituida por el yoísmo. Y, si analizo un poco más, veo que la figura del pícaro ha desplazado a la del Caballero, aquél que tenía como lema el "nobleza obliga".

Frente a ello, la Promesa de la OJE resalta lo que constituye su propio lema: el servicio permanente como justificación de una vida que no vale la pena vivir sino se quema en este servicio. El "Vale Quien Sirve" -divisa de una antigua familia de conquistadores- resume muy bien el sentido español de la historia.

Porque resulta que los que nos dedicamos a la Educación tenemos una confrontación diaria contra una mentalidad muy extendida que yo he denominado "la teoría del pringao". El pobre "pringao" es ese alumno que quiere aprender, que hace sus deberes, que es puntual, que tiene inquietudes culturales. Nuestro Sistema educativo prima la "ley del mínimo esfuerzo" y la igualdad por el rasante inferior; por ello, el pobre "pringao" es señalado con el dedo…

Fijaos si será raro, que me inclino por lo que afirma la Promesa de la Organización en la que están mis hijos: el estudio y el trabajo no sólo son condición para los logros personales sino también aportaciones a la empresa común, recuperando aquel "estudiar es ya servir a España".

Porque resulta que yo, que soy gran admirador de José Antonio Marina, filósofo y profesor, leo en sus libros una queja constante sobre el terrible drama de nuestra sociedad -que se dice dem6crata- : se exigen todos los derechos, pero, en correspondencia, no se cumplen deberes.

Y leo en nuestra Promesa -que no sé si conoce Marina pero a lo mejor es que sí- que los conceptos de "hermandad" y "camaradería" se unen, en la línea de la antigua aristocracia, a la sobriedad en la exigencia de derechos y en la generosidad en el cumplimiento de los deberes. Como ellos decían, "podemos prescindir de nuestros privilegios, pero nunca haremos cesión de nuestras obligaciones",

Porque resulta que nunca se habían pronunciado tanto las palabras “justicia” y “libertad” como en nuestros días, pero, sin embargo, nunca se habían tergiversado tanto sus significados profundos, y, en la práctica, nunca las relaciones humanas se habían caracterizado tanto por la ausencia real de ambas.

Injusticia entre los hombres, entre los pueblos, entre las naciones: crece la pobreza aun en las sociedades más desarrolladas; se ahondan las diferencias entre éstas y las consideradas -¡qué sarcasmo!- como "emergentes”…

Si la justicia era la constante voluntad de dar a cada uno de lo que le corresponde, vemos cómo, por el contrario, sale privilegiado el holgazán, el artero, el adulador…

La libertad, por otra parte, se confunde con el mero instinto, alejada de cualquier noción de responsabilidad. Y es también tabú aludir a la Norma, con mayúscula; las "normas" con minúscula, por el contrario, proliferan cada día más y más, porque, ¡oh paradoja!, nunca los poderes públicos habían pretendido más interferir en la vida privada…

En nombre de grandes principios se cometen las mayores irregularidades y arbitrariedades...

Cuando mis hijos eran flechas, cantaban una simpática canci6n que decía " … cantando sin cesar / por las rutas de España justicia y libertad", y, sin darse cuenta, iban desgranando los puntos de la Promesa que proponen "defender la justicia y luchar por imponerla", empezando por uno mismo, y "afirmar la libertad en cada hombre", sometiéndola a la Norma (con mayúscula) y al respeto.

Porque resulta que, a nuestro alrededor, se ha impuesto una terrible "gerontocracia de las almas": todos es caduco, todo nos suena a un "déjà-vu" de los peores momentos de nuestro pasado; y ajadas son las actitudes, los pensamientos y las mismas diversiones. Y nuestra sociedad está 'llena de viejos prematuros… y crecen las enfermedades mentales entre la juventud y las psicosomáticas y los “traumas”…

Como contraste, se menosprecia todo lo que pueda considerarse como "antiguo", sin darse cuenta de que la involución no es progreso, por mucho que lo proclamen los altavoces sociales.

Y la O.J.E., en contrapartida, nos habla de mantener con dignidad la condici6n de joven, que se entiende como servicio, sacrificio, renuncia y alegría; y no deja de lado a esos "mayores", a los que se debe, por lo menos, gratitud y reconocimiento por su aportación al quehacer de las generaciones.

Porque resulta que no sólo veo insolidaridad en las relaciones en el presente, sino también insolidaridad con la historia y con el futuro. Con respecto a la primera, nos la intentan falsificar -como en la novela de Orwell- y, con relación al segundo, se nos bloquea cualquier intento de hacerlo mejor por caminos no trillados. Todo ello con una expresa renuncia y menosprecio del heroísmo de cualquier tipo, que es sustituido por la cobardía y el hedonismo.

Pero a mis hijos y a los vuestros, en los Hogares y Campamentos, se les enseña una conducta que honre a todos los que fueron capaces de entregar su vida por una España mejor.

Y puedo dar fe de que ni ayer (en "mi" OJE) ni hoy (en la "de ellos") se ha predicado nunca ningún tipo de odio como el que actualmente se está transmitiendo a otros jóvenes, con la maligna esperanza -ojalá me equivoque- de que los españoles seamos incapaces de convivir en paz y diálogo.

Porque resulta que está de moda el transfuguismo de ideales y el travestismo de valores, que vienen a ser, así, tan "líquidos" como las estructuras. Y los verdaderos y profundos son objeto de burla, de ignorancia, de rechazo.

Sigo creyendo que el primer rayo de sol que entra por la ventana de la habitaci6n de mis hijos cada mañana viene a iluminar su tarea diaria de formación y de servicio, en la perseverancia en las ideas.

No quiero que, simplemente, "estén" en una Organizaci6n, sino que "sean" partícipes de unas actividades, de una convivencia generacional e intergeneracional, en el marco de esta gran comunidad social que los cincuenta años de existencia han ido creando.

IV. Donde aspiro incluso a algo más…

De nada le serviría a una Dirigente en ciernes (mi hija), a un Mando de Arqueros ( mi hijo mayor) o a un intrépido cadete (mi hijo pequeño) una acumulaci6n de marchas y campamentos y un historial de tardes de Hogar, si se limitaran a esa vida activa…

Poco serviría, incluso, que aprendieran la lección de la bondad de unas ideas, unas creencias y unos valores, si todo esto no se encarnara en sus vidas, en su día a día, ahora y mañana. Es decir, si se limitaran a un "modo de pensar", más o menos cercano al mío, y no adquirieran un "modo de ser", un Estilo.

De todas las definiciones de esta olvidada palabra me quedo con aquella que la define Como "una forma de vida que, consciente o inconscientemente, se manifiesta en cada hecho y en cada palabra". Y, para esto, no hay lecciones, ni programas, ni reglas fijas.

Os aseguro que no me gustaría nada que mis hijos fueran "clones" míos. Su circunstancia histórica y vital no es la mía; sus respuestas tampoco lo pueden ser. Se trataría de un mimetismo antinatural que, tarde o temprano, explosionaría, y normalmente en la direcci6n contraria a la que yo hubiera pretendido.

Sus vivencias tienen que llevarles acaso por otras sendas; sus aciertos y sus errores los tienen que ir descubriendo por ellos mismos, sin que mi experiencia pueda actuar de eterno freno de contención frente a las dificultades. No pretendo actuar de GPS que les vaya indicando el camino, por dónde deben girar o encontrar un atajo. Una generaci6n -en este caso, la de mis hijos- no puede heredar de esta manera lo que otra generaci6n ha construido…

Sólo puedo y debo poner en sus manos una brújula que les marque siempre el Norte, la Polar, y que yo he ido aprendiendo a manejar a lo largo de mi vida -y sigo aprendiendo- : esta brújula es el Estilo.
En el fondo, el Estilo responde a una ley de amor y a un imperativo político, y, como en una relación de enamorados, no les marcará la pauta de cuándo deben besarse o cuándo deben reñir, sino que, en todo caso, les garantizará que besos y riñas obedezcan a esa ley de amor y a ese imperativo poético.

El Estilo responde a una manifestaci6n externa producto de una interiorizaci6n de aquellos valores de la Promesa que antes he desglosado. Que serán vividos desde su perspectiva generacional, no desde la mía. Y será "su" OJE, sus camaradas, sus alegrías y sus frustraciones las que actúen de fragua y yunque en la forja del Estilo.

Porque el Estilo -como la verdadera tradición de donde obtiene su entraña- no consiste en repetir lo que otros hicieron, sino en adivinar que harían en nuestras circunstancias.

V. Donde explico el papel de un padre en la OJE de hoy

Cuando hace cincuenta años nació la Organización Juvenil Española, se definía como "movimiento juvenil" y respondía a una larga tradición española y europea de "autoformación" o, si se quiere, al lema de "la juventud formada por la juventud". Desde entonces, han cambiado muchas cosas en el mundo y habría que preguntarse hasta que punto siguen existiendo los movimientos juveniles en estado puro… De hecho, son los adultos quienes promueven, tutelan y dirigen incluso la educación de los jóvenes, cuya edad de maduración se ha retrasado, por otra parte, tremendamente.

¿Quiere decir eso que ha desaparecido la posibilidad de la acción educativa de unos jóvenes sobre los otros? ¿Que no es posible la interacción educativa entre iguales? Afirmarlo sería llevar las cosas demasiado lejos. Desde un punto de vista realista, habrá que convenir en que coexisten las líneas educativas verticales (adulto-joven) y las horizontales ( joven-joven), pero con predominio de la primera si se pretende la eficacia y la garantía de la tarea pedagógica, mientras que la segunda línea ha quedado como complementaria.

En nuestro caso, además, la OJE se ha convertido en un amplio movimiento intergeneracional, por una parte, y sociológico, por la otra; junto al afiliado, existe ya el "veterano", vinculado por una afectividad y, Dios lo quiera, también por un compromiso; y nosotros, los padres, que, a priori, coincidimos en intereses con los de la Organizaci6n, la formaci6n de nuestros hijos; además, si hemos elegido ésta y no otra, es que nos sentimos identificados, en mayor o menos medida, con esos fines educativos que componen los puntos de la Promesa.

Lo que ocurre es que debemos hilar fino para evitar interferencias.
El campo de acci6n específicamente educativo corresponde al educador juvenil, entendiendo por tal desde el Jefe de Escuadra, el de Aljaba, el de Grupo, el de Círculo, hasta el Dirigente; conforme avanzamos en edades, se desplaza la perspectiva desde la línea horizontal, la interacci6n educativa (por ejemplo, en el seno de la escuadra o grupo), hacia la vertical (Dirigente- Mando- Afiliado). El papel del antiguo afiliado, del Veterano, será colaborar con esa línea educativa, cuando se le requiera como "experto"…

¿Y los padres? Dejando aparte aquellas circunstancias concretas en que ellos -nosotros- se han visto obligados a actuar de "promotores" de una OJE casi desaparecida, debe circunscribirse al diálogo con el educador juvenil, a la opinión, al asesoramiento (cuando, igualmente, sea requerido), o a la colaboraci6n en actividades concretas. El undécimo, no estorbar…

Claro que no por eso debemos dejar de tener nuestra mirada, a veces crítica, a veces complaciente, sobre el funcionamiento diario de una Organizaci6n que es compleja por sus dimensiones y por sus ambiciosos objetivos. En el buen sentido de que esta mirada crítica debe hacerse siempre desde el amor, desde el afán de perfeccionamiento.

¿Que nos gustaría en ocasiones más rigor en la planificaci6n y preparaci6n de actividades y menos espacio a la hispánica improvisación y al "cumpla usted con su acostumbrado celo" que pretende suplir estas carencias? ¡Quién lo duda!

¿Que nos gustaría mayor diálogo entre familias y dirigentes para que labor de unos y otros se complementara? ¡Por supuesto!

Pero, junto a las críticas con propósito de enmienda, no es menos cierto que los padres tenemos una deuda de gratitud con la dedicación altruista de Mandos y Dirigentes en el día a día, con la atención hacia ese material humano que son nuestros hijos. Y esta deuda de gratitud no se cubre simplemente pagando una cuota, sino correspondiendo en colaboración, entrega, generosidad y servicio.

Una vez, cuando era Flecha, oí una consigna curiosa: "Te hicieron un favor; corresponde". Se refería a la captación individual: del mismo modo que alguien nos había llevado a un Hogar, nosotros podíamos hacer lo propio con amigos y compañeros del colegio. Ahora, como padres, podemos reconocer con creces el favor que la Organizaci6n ha hecho a nuestros hijos; la correspondencia en todos los aspectos es casi un deber moral…

VI. Donde, como epílogo, reúno otra vez todas las facetas de mi personalidad

Sinceramente, no creo haber conseguido la suficiente "distancia" para hablar de la OJE sólo como padre… Lógicamente, la personalidad no se puede partir en trozos, como si fuera un roscón de Reyes, y no puedo ni debo dejar de lado una herencia, una afiliación juvenil, una condición de antiguo dirigente o una de Veterano en la actualidad.

En contra de lo que se podía esperar de esto último -la veteranía, que algunos asimilan al "abuelo Cebolleta"- no he hablado apenas del pasado. Que nadie entienda que ello encierra algún tipo de vergüenza o de arrepentimiento; todo lo contrario: me enorgullezco de él, de toda mi historia, de toda la Historia de España que he vivido, y la asumo plenamente, sin más falsificaciones que las que pueda haber otorgado, involuntariamente, la normal subjetividad o el desconocimiento de determinadas circunstancias.

Pero mi condición de padre, por el que he sido invitado a esta tribuna, ha hecho que me centrara en el presente y, sobre todo, en el futuro; lo primero, porque representa el aquí y ahora de mis hijos en la OJE del siglo XXI; lo segundo, porque puede representar la plenitud de una enseñanza recibida por ellos y su aplicación en un servicio, Dios quiera que en una España distinta y mejor.

¿Qué esperamos los padres de afiliados de la OJE de hoy?

Indudablemente, no estamos ante una organización monolítica, y, así, conviven en ella diversas "sensibilidades" que no se pueden contradecir en lo esencial. En función de este criterio, los deseos y aspiraciones de cada padre pueden variar; y, para finalizar, me voy a atrever a establecer una gradación de expectativas, sin entrar en juicios de valor:

- Habrá padres que se conformarán con que la organizaci6n cubra, de manera responsable, el ocio de sus hijos. Me atrevo a sugerir que mandos y dirigentes deben demostrar su competencia en cuanto a técnicas y seguridad, pero no deben ocultar, por un afán de aumentar la afiliaci6n, que la principal misión de la OJE es educativa: no estamos ni en una guardería ni en un "aparcamiento" de niños.

- Otros padres pedirán que se cumpla la finalidad formativa para la que han traído a sus hijos; éstos saben de los valores de convivencia que se pueden esperar en el transcurso de una actividad. No hay ni que decir que la actuación de mandos y dirigentes debe superar en mucho a la de un habitual "monitor" de un club de "esplai" o de "casal de jóvenes". Estamos ante un grado de exigencia paterna mayor y, por supuesto, más acorde con las finalidades de nuestra entidad.

-Dentro de este grupo de padres, habrá quienes esperan que estos resultados educativos se correspondan con el comportamiento de sus hijos fuera del Hogar o de las actividades, en casa, en el colegio… No debemos asustarnos, pues no están pidiendo nada del otro mundo. Se requiere un esfuerzo adicional del educador en un diálogo con la familia.

- Finalmente, el Mando y el Dirigente podrán encontrar padres cuya petici6n se halla más elevada que la de unas normas de civismo y de convivencia: son los que están plenamente identificados con los valores que plantea la OJE. En este ámbito es donde el mando y el dirigente deben "echar el resto", porque la misión exigida coincide plenamente con la tarea que la Organizaci6n les ha encomendado.

No tengo que decir que me encuentro en este último grupo de padres…

Al darse esta coincidencia de valores y de expectativas, me considero parte integrante de la nueva OJE, siempre en mi papel y en mi esfera, y mi esperanza en este 50 Aniversario es que afiliados, mandos, dirigentes, veteranos y padres, nos sintamos cada vez más integrados en el esfuerzo diario, en esta comunidad de aspiraciones, de alegría, de esperanzas, de ilusiones.
 

V.Q.S.

25 de marzo de 2010