«MONTAÑAS NEVADAS»

 

Juan Velarde Fuertes

Tengo que traer a colación, en este momento de la muerte de Enrique Franco, recuerdos personales. El más importante se refiere a su música en el himno Montañas nevadas. Por supuesto que lo escuché muchas veces, lo  canté en multitud de ocasiones, y me encantó ponerlo en mi tocadiscos. Pero lo importante es, en primer lugar, lo que se me relató de la letra. Pilar García Noreña, la mujer del embajador Juan Ignacio Tena me dijo como la había compuesto. Fue una mañana muy limpia, en la que iba, o volvía de comulgar, y en la que se sentía feliz. Y para comunicar esa felicidad a todos, fue componiendo estrofas. Las redactó con viveza cuando llegó a su casa. Pero era necesario que aquello tuviese la música adecuada. Admiraba mucho a Enrique Franco; sabía que era un buen compositor. Además, la orientaba asiduamente gracias a la labor de crítico musical que éste tenía en el periódico Arriba. Se las arregló para enviarle las estrofas.

Yo conocí a Enrique Franco en Arriba, cuando dirigí su sección de Economía y en la que escribían Enrique Fuentes Quintana, Gonzalo Arnaiz, Gutiérrez Barquín, Cotorruelo, Plaza Prieto, Cerrolaza, Mira y César Albiñana, y donde simultáneamente, redacté multitud de editoriales, sobre cuestiones de economía. Fue el momento en el que intentábamos alterar el rumbo de política económica española. En parte ahí está una de las piezas de ese cambio que fue el Plan de Estabilización de 1959. Pero en el periódico existía un contacto grande entre los colaboradores. Yo charlaba habitualmente desde con José María García escudero a José María de Llanos S.J. Uno de ellos era Enrique Franco. Yo sabía que había puesto la música de Montañas nevadas y le pregunté un día sobre ello. Me contestó que cuando recibió los versos a través de una persona de la Delegación Nacional de Juventudes, quedó conmovido, agradecido y preocupado por dar con la réplica musical adecuada. ¡Y vaya si lo logró!

Yo oí cantar esa marcha en Guinea Ecuatorial, con una leve transformación: Montañas nevadas se había convertido en Selvas tropicales. Después de la independencia me dijeron que se había convertido en la canción preferida de la organización «Juventudes en marcha por Macías». Recientemente en mi última estancia en Lima, me invitaron a una asociación juvenil, de estudiantes universitarios. Tiene una raíz argentina, y se comienza a establecer en varios puntos de América del Sur. Cuando llegué, para darles una charla, me recibieron chicos y chicas cantando Montañas nevadas, pero con una alusión a los Andes en la letra.

Se habla mucho de la música que se escucha en el Paraíso. Estoy seguro que cuando hace unos días llegó a él Enrique Franco, al mismo tiempo que saludaba a Pilar García Noreña, ambos escucharon cantar Montañas nevadas, esta vez no por una centuria en un camino polvoriento, no por unos morenos ecuatoguineanos, no por universitarios limeños, sino precisamente, como premio, por coros angélicos.