«MANUEL CANTARERO DEL CASTILLO»

 

Fernando Suárez Fernández

De la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Esta nota necrológica fue enviada a "El Mundo" y publicada, pero en un sospechoso y sesgado esfuerzo de síntesis, se suprimieron todos los párrafos que aparecen en negrita.

 

 

En cualquier estudio sereno sobre los políticos que participaron en la vida pública durante el Régimen que gobernó España entre 1939 y 1975 Manuel Cantarero del Castillo puede afrontar con toda dignidad el veredicto de las hemerotecas.

Sin responsabilidad ni participación alguna en el doloroso enfrentamiento de 1936 -tenía 10 años- y educado en el ambiente de las organizaciones juveniles cuyos mentores explicaban una doctrina que pretendía sintetizar la voluntad reformadora de la izquierda y los tradicionales valores de la derecha, su propia experiencia familiar y su propia conciencia crecientemente crítica, le convierten muy pronto en exponente de la corriente integradora y conciliatoria que, con diferentes actitudes y variados comportamientos personales, enlaza -entre otros- con los nombres de Dionisio Ridruejo, Pedro Laín Entralgo, Gaspar Gómez de la Serna o Joaquín Ruiz Jiménez. Acaso Gómez de la Serna y Cantarero mantienen actitudes menos rupturistas; quizá conservan durante un tiempo más largo esperanzas evolutivas que las demás persoalidades citadas consideraban ya  ilusorias; o incluso para ser riguroso, no sienten el apremio de descargar en modo alguno su conciencia, pero nadie podrá negar con justicia, que -acaso porque no se despegaron tan radicalmente del Régimen- tuvieron una audiencia de mayor alcance y, por lo mismo, una influencia mayor en amplísimos sectores juveniles inicialmente dóciles y adaptados, pero preocupados enseguida por un futuro de concordia y libertad.

En un contexto que los jóvenes de hoy no pueden siguiera imaginar, Manuel Cantarero es de los que más tempranamente plantean, no ya la necesidad de asumir la íntegra herencia cultural de las Españas, sino también la de buscar fórmulas  que permitan la normalización de la convivencia, la superación de la dicotomía entre vencedores y vencidos y un futuro integrador en el que no se volvieran a cometer los errores excluyentes que habían llevado a esa situación. En las colaboraciones de Cantarero en las Revistas Juventud, La Hora o  Alcalá, late siempre la preocupación por superar el pasado. «Lo nuestro, lo de la juventud -escribía en 1958- es no saber nada de inocentes o culpables de ayer, sino responsables conjuntamente del mañana». Manuel Cantarero del Castillo tiene que estar definitivamente  incluido en el proceso, nunca bien explicado, de lo que se llamó «aperturismo»

 

Hay dos frases de Cantarero, ambas de 1970, que resumen lo que quiero decir: «Muchos de nosotros hemos intentado cooperar a una necesaria cordialización de los disentimientos políticos de los españoles, fijándonos como método ético de nuestra conducta política la presunción general de buena fe en en contrario, se trate de quien se trate y esté donde esté [...] La España del futuro inmediato no puede ser ni la España estratificada y narcisista de los adoradores incondicionales del Régimen, ni la España de la tabla rasa que propugnan los enemigos irreconciliables del mismo. La España del futuro inmediato ha de ser a través de una evolución en vías de legalidad, una España democráticamente integrada en la órbita cultural de Occidente y construida dialógica y críticamente -y quienes lo impidan, sea desde el Poder, sea desde la oposición, contraerán una grave responsabilidad histórica- a partir de la España presente, en la que no todo es bueno y válido, como pretenden unos, ni todo es estéril y negativo como pretenden los otros. Habrá de ser, y ojalá lo sea para siempre, una España de todos y para todos».

 

Hubo u tiempo en el que los jóvenes superaron la dicotomía entre vencedores y
vencidos y se acogieron  a los amantes brazos de la cruz y de la Madre.

«La Piedad», Juan de Ávalos. Valle de los Caídos.

 

Si se recuerda que ese mismo año de 1970 por una parte se declaraba desde las más altas instancias que había  que cuidar mucho que el desarrollo político no cambiase la naturaleza del sistema y que por otro, el PC y el PSOE exigían «la ruptura absoluta con el poder despótico y fascista impuesto a nuestro pueblo», la creación de un gobierno de transición y la apertura de Cortes Constituyentes de signo republicano será más fácil atribuirle  con propiedad el calificativo de centrista. Muchos de los que se lo apropiaron después jamás emitieron antes de la muerte de Franco, opiniones semejantes a las de Cantarero.

 

Su Reforma Social Española tuvo más votos en toda España que algunas formaciones de arraigo autonómico, pero las exigencias de la Ley electoral no le permitieron llegar a las Cortes de 1977. Se acercó más tarde a Alianza Popular y fue diputado en el 82 y eurodiputado en el 86. Después fue injustamente excluido de las listas. Llevaba muchos años sumido en la niebla y ello ha supuesto que al afecto que le teníamos, se una ahora la admiración hacia Hortensia y sus hijos por el alarde de cariño con que le atendieron incansablemente en su larga enfermedad. Descanse en paz.