Obras Completas de José Antonio

 

 

Boletín de la Fundación Francisco Franco

nº 111

 

Nos encontramos con José Antonio ahora, a través de los textos, de las «Obras Completas» tras el trabajo ingente de Rafael Ibáñez Hernández, que son el resultado del compromiso fundacional de la Plataforma 2003, para conmemorar el Centenario del Fundador de la Falange. Y aquí están, con un retraso requerido por la magnitud de la pretensión, ahora lograda en esta edición de sus escritos y discursos, reunidos en dos volúmenes -3.000 páginas- necesarios para su mejor manejo.

El esfuerzo del historiador Ibáñez Hernández, que ha recogido, ordenado, ampliado y depurado trabajos anteriores, resulta un testimonio de inmenso valor histórico, tan necesario ahora, de la figura de José Antonio, que enmarca una época de nuestra historia, que movilizó a toda una generación para la ilusión y la esperanza.

Rafael Ibáñez, en la presentación de esta su obra, ha ofrecido muestra de sus trabajos, indagaciones y descubrimientos, que ahora presentamos en parte aquí -la extensión de su texto nos impide hacerlo en su totalidad-, pero creemos que resulta indicativo de su intención y de la importancia y magnitud de la obra.

Ibáñez ha confiado en que estas Obras Completas de José Antonio «se constituyan no sólo en instrumento de re­ferencia fundamental para los estudiosos del fundador de la Falange y de su obra política, sino para cuantos deseen conocer una época de nuestra historia que ha marcado y sigue aún marcando nuestro devenir diario».

Pues ahí están las muestras de las indagaciones y trabajos de Ibáñez, cuyo resultado son esos textos joseantonianos que ha editado la Plataforma 2003, que también mueven a la emoción de cuantos, entonces y después, seguimos tras la bandera alzada en 1933.

  

  F. M

Una fuente segura de textos joseantonianos

Rafael Ibáñez Hernández

Boletín de la Fundación Francisco Franco

nº 111

No había concluido aún la Guerra cuando la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda inició la publicación de las obras completas de José Antonio con un primer volumen en donde se agrupaban diferentes discursos, recopilación que tendría su continuidad ya en 1941 con otro volumen en el que se recogían sus intervenciones en las Cortes, con el significativo título José Antonio Primo de Rivera frente al Parlamento. El interés oficial y la demanda editorial hizo que sobre esta primera versión se solapasen otras dos, una materializada en 1939 en una edición popular de los discursos fundamentales de José Antonio -sólo vio la luz este primer volumen- y otra en cuatro volúmenes aparecida en Barcelona entre 1939 y 1941, debidos ya al esfuerzo sistematizador de Agustín del Río Cisneros. Éste contaría con el apoyo del doctor Enrique Conde Gargollo para la edición de la primera versión de los textos joseantonianos conocida como Obras completas en 1942, año en que debió salir de la imprenta por dos veces, amén de una tercera en 1945. Apenas cuatro años más tarde vio la luz la última versión organizada sistemáticamente, al poco reeditada con mayor amplitud. Publicaciones Españolas será la editorial oficial encargada de sacar a la luz la primera versión cronológica de las textos de José Antonio en 1951, tarea asumida a partir de 1954 por la Delegación Nacional de la Sección Femenina durante dos décadas- sumando un total de ocho ediciones-, con lo que se convirtió en el baluarte de la memoria joseantoniana.

Con todo, la inquietud existente entre las filas falangistas en tomo a la difusión del pensamiento joseantoniano no quedaba satisfecha. Anhelaban la sistematización de todos los textos de José Antonio y la publicación de unas obras verdaderamente completas, lo que provocó no pocos debates. Al fin, el acariciado proyecto se limitó a la versión que se esperaba definitiva de las obras completas de José Antonio que vio la luz ya al inicio de la Transición, en 1976, de la mano del Instituto de Estudios Políticos, que ha sido desde entonces y hasta ahora la principal fuente textual joseantoniana, a pesar de que la mayor parte de la edición fue destruida.

No siendo José Antonio Primo de Rivera autor que se dedicase a la redacción sistemática de sus textos, con posterioridad a la última edición de sus conocidas como obras completas han continuado apareciendo otros textos, cuya difusión no siempre ha sido lo amplia que debiera. Sin duda, la edición más conocida de textos de este tipo es la que realizara su sobrino Miguel bajo el título Papeles póstumos de José Antonio, obra en la cual se dan como inéditos algunos textos que eran conocidos. Igual que ocurre con los documentos que prueban el propósito de José Antonio de mediar entre los contendientes para evitar la prolongación en el tiempo de lo que fuera la Guerra Civil o un ensayo de historia política. Junto con notas empleadas por José Antonio en su defensa y correspondencia variada, se publican en sus Papeles póstumos los borradores de otros dos ensayos que pueden ofrecer mucho a los estudiosos de su pensamiento político y algunos de aquellos «trabajos meramente literarios» cuya destrucción rogó en sus disposiciones testamentarias: la novela inconclusa Alarico Alfós, la titulada El navegante solitario -que retoma algunos personajes de la anterior- y una pequeña colección de sus poemas. A cambio parecen escamotearse nuevamente al lector otros textos, acaso anecdóticos.

Por otro lado, a lo largo de estos últimos años se ha ido produciendo un pequeño goteo de cartas, ofreciéndonos breves y dispares destellos de su biografía. Entre esta correspondencia figuran algunas cartas que permiten, más allá de la anécdota, captar no pocos matices de la personalidad y el pensamiento de éste, como las que remitiera a su profesor Luis Olariaga, Marichu de la Mora, Miguel Maura, el general José Sanjurjo o el que fuera antiguo ministro de Agricultura de la CEDA Giménez Fernández en junio de 1936, cuando el Jefe Nacional de la Falange ya llevaba semanas privado de libertad.

Sin duda alguna, la dispersión de los textos será uno de los problemas que el anterior recopilador afrontó con mayor o menor fortuna. Su indagación debió plantear grandes dificultades, entre las que no fue menor la existencia de diferentes versiones para una misma alocución, lo que en muy pocas ocasiones resolvió trascribiéndolas todas. Pero habitualmente, existiendo diversas fuentes accesibles, Agustín del Río sólo recogió una versión que pasó de esta forma a ser considerada canónica, desechándose las demás. En otras oportunidades, el recopilador silenció la fuente de la que tomaba los textos, una falta que no sería de gran importancia si no fuera porque la versión incluida en las obras completas no coincide con la recogida en la fuente más accesible y lógica.

Sin duda alguna, la mayoría de estas deficiencias tiene su origen en una defectuosa tarea de edición literaria. La tosquedad de los medios empleados -muy posiblemente, trascripciones manuscritas insuficientemente contrastadas en las sucesivas versiones- y la ausencia de un rigor metodológico en el tratamiento documental provocaría no pocos de los errores detectados. Pero además, pese a tratarse de ediciones oficiales, el recopilador debió encontrar también dificultades de carácter político que hicieron su particular mella en las obras completas de José Antonio. Esto explica la sistemática eliminación en las recopilaciones de textos joseantonianos -con la excepción de la publicada en 1976- del último punto de la Norma Programática de FE de las JONS o la exclusión de aquellos escritos que éste redactase durante la permanencia en la cárcel hasta su fusilamiento el 20 de noviembre de 1936. A cambio, no faltan las dudas sobre otros escritos a él atribuidos.

Con esta edición he pretendido ofrecer una fuente canónica de los textos joseantonianos, poniendo a disposición de todos cuantos estén interesados la versión más fiel -o, en su caso, la disparidad de versiones- de cada uno de los textos, debidamente tratados para su lectura, comprensión y manejo. Además, esta recopilación ha de ser un instrumento fundamental para la comprensión de la peripecia biográfica de José Antonio, útil guía para seguir su trayectoria vital, aunque evidentemente no se trata de una biografía.

Para ello he revisado uno por uno todos los textos conocidos -seguro que algunos han escapado a las pesquisas y quizá asomen ahora, al calor de esta edición-, recurriendo a las fuentes primarias o reproducciones fidedignas: la prensa nacional y extranjera, los periódicos falangistas de la época, el Diario de Sesiones de Cortes, la correspondencia original, los sumarios judiciales ... Así, esta nueva edición aparece depurada de las manipulaciones antes mencionadas, libre de los antiguos errores de trascripción. con la versión íntegra de los textos; incluso, en aquellos casos de discursos con distintas versiones -por ejemplo, las correspondientes a las distintas crónicas publicadas por diferentes periódicos- se ha optado por incluirlas todas, pues en el fondo de esta manera se informa de las diversas percepciones que los españoles tuvieron en su momento del mensaje de José Antonio. En todo caso, se ha reseñado la fuente empleada para la trascripción de cada texto, de modo que siempre se podrá contrastar la versión que ofrecemos en esta recopilación, sólo en contados documentos hemos de conformamos con la versión ofrecida por el anterior recopilador, dada la imposibilidad de acceder a la fuente primaria. Además, incorpora los textos que hasta ahora habían sido hurtados a los lectores, lo que supera el centenar de registros.

Para la ordenación de los textos, es indiscutible que el criterio cronológico resulta el más apropiado, entre otros motivos porque permite percibir la evolución personal e ideológica de José Antonio, amén de traslucir los principales hitos de su biografía y de la trayectoria del movimiento nacionalsindicalista. Sobre esta premisa, no obstante, se derivan a una posición secundaria los borradores existentes de algunos textos, primando
-lógicamente- las redacciones definitivas. Tratándose de una edición cronológica, se han revisado
y ajustado las fechas de los textos incluidos, subsanando algunos errores significativos.

Consciente de la importancia de ubicar cada uno de los textos en su contexto espacial y temporal para alcanzar su más exacto significado, se han incorporado en esta edición algunos instrumentos básicos, como un aparato de notas aclaratorias y un exhaustivo apéndice onomástico con sucintas reseñas biográficas de todos y cada uno de los personajes mencionados, manteniendo -además- los titulares o entradillas que en su caso acompañaron a la primera versión conocida. Respecto de las intervenciones parlamentarias, se han mantenido las palabras pronunciadas por otros diputados en aquellos casos en que su lectura resultaba necesaria para la comprensión de lo dicho por José Antonio en el palacio de la Carrera de San Jerónimo.

Al tratarse en muchos casos de intervenciones orales -sujetos, por tanto, a la arbitrariedad del taquígrafo- o de textos escritos con premura, ha sido necesario revisar la puntuación con el sólo propósito de clarificar el sentido de los textos, sin intentar aplicar con rigor las normas hoy al uso. Además, los errores detectados en las fuentes manejadas han sido debidamente señalados o subsanadas en beneficio de la comprensión del texto, aunque algunos se han trascrito en nota para mantener la vinculación debida con el origen de la información. Por otro lado, el lector podrá conocer aquellos errores o manipulaciones más reveladoras o que alteraron significativamente el sentido de las palabras originales en las versiones del anterior recopilador mediante el empleo de diversas notas. De esta manera, sin interferir la línea argumental de cada texto, se conserva una mínima relación entre esta edición y las versiones previas, fueran la originaria o las trascripciones anteriores.