El pasado no debe alterarse

 

 Félix Arbolí

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Según Jean Paul Sastre, “el pasado puede modificarse”, pero con todos mis respetos al filósofo y padre del existencialismo francés, no estoy nada de acuerdo con su teoría. El pasado pertenece a la Historia y ésta no es susceptible de cambio o tergiversación, si quiere conservar su carácter de hecho realmente sucedido, nos guste o no nos guste. Que eso es harina de otro costal. Lo contrario sería fábula, leyenda, mito o cuento. Nada fiable de retener y aceptar. Lo que si podemos y esto no lo dice el filósofo, lo digo yo, es modificar las actitudes y maneras de ser y pensar en el presente sirviéndonos de lo sucedido en épocas pretéritas, aunque esto tratándose de la tozudez y la necedad del ser humano, es algo más que improbable. Decía shakespeare, estoy de citas, que “la memoria es el centinela del cerebro”. Una frase con la que me identifico más, aunque algunos lo de “centinela” debe parecerle relacionado con lucha y enfrentamiento y no ven el sentido metafórico del dramaturgo inglés. Somos así de cerrados y enconados. Estamos asistiendo en estos días, con una impavidez y asombro sorprendentes, a la alteración más cainita y desafortunada de los hechos históricos que protagonizaron nuestros padres y sufrimos algunos de los supervivientes de ese periodo de terror. Hasta en ese fatídico y enconado libro de “ La educación para la ciudadanía”, se comentan algunos sucesos y acontecimientos con tan erróneo concepto y descarado giro a la siniestra, que solo los analfabetos de la Historia y los empeñados en llevar las ovejas a su redil particular, pueden tragarse tanta impertinencia, tanta bobada y tanta alteración de la prudencia y la verdad. ¡Y yo que creía que estábamos ya curados de espanto y libres de malos recuerdos!.

El temido, odiado y respetado Veinte de Noviembre, según de qué lado vengan los vientos, ha sido un aniversario que, contra todo pronóstico, ha transcurrido sin sobresaltos dignos de destacarse. Esta circunstancia pudo obedecer a dos motivos bastante diferentes: que el pueblo, por cobardía o desidia, yo le llamaría simplemente hartura de soportar inconvenientes, haya evitado airear ese pasado y esconder sus ideales, o que los agoreros de turno, victimas ocultas de ayer y gallitos de peleas de hoy, se hayan salido con la suya, al hacer un día normal de una fecha que siempre ha de permanecer en el recuerdo. Ese aniversario doblemente importante en la Historia de la España Contemporánea, que parece haberse diluido con la misma facilidad que el azúcar en una caliente y humeante taza de café, aunque no proporcione dulzura alguna, todo lo contrario. No digo yo, pues no es el caso, que sea fecha para rasgarse las vestiduras y salir dándose golpes en las espaldas hasta sangrarlas llorando tan sensibles pérdidas. Eso queda para exaltados rituales en algunas sectas musulmanas, que de esta forma se duelen y honran la memoria de su líder religioso Alí, yerno del Profeta Mahoma (“El Alabado”). Los musulmanes, (cuanta envidia me dan), siempre aireando con valentía y sin complejos sus creencias religiosas y convicciones más profundas. Igual que los católicos que nos abstenemos, por vergüenza, de santiguarnos al pasar ante una iglesia o simplemente proclamar nuestra fe religiosa ante el prójimo de nuestro entorno.

El Valle de los Caídos, esa obra faraónica, arquitectónicamente hablando, que Franco quiso edificar como mausoleo para las víctimas de ambos bandos en nuestra guerra y enterramiento de los rencores del pasado, están intentando y si Dios y los votos no lo remedian lo conseguirán, que se convierta en algo anodino, expuesto al polvo del olvido y fácil de desaparecer ante la indiferencia y el paso del tiempo. Los de turno no pueden soportar que ese monumento histórico continúe como faro de atracción de naturales y turistas, aunque éstos sean ajenos a toda ideología política y su visita obedezca en gran mayoría a satisfacer la curiosidad y demostrar la admiración que la obra les merece. El mismo interés que por los otros muchos monumentos arquitectónicos de los que nos podemos ufanar los hasta ahora llamado españoles. Posiblemente quieran convertirlo en un foro de debate para sociólogos, intelectualoides y politicuchos, donde se ofendan y ataquen creencias e ideas que no concuerden con las suyas. Vamos que, como ya profetizó Alfonso Guerra sobre España, tras el gobierno del PSOE, al Valle de los Caídos no lo van a conocer ni las rocas que lo rodean. (Nos quejábamos de Guerra y ahora le echo de menos en los asuntos gubernamentales). Es curioso también que quieran sacar de sus tumbas a Franco y José Antonio y devolverles los cadáveres a sus familias, como si España y su Historia fuera una finca particular y caciquil de Zapatero y Compañía. Ordeno y mando y todos a obedecer sin rechistar que ésta es mi voluntad democrática. ¿Van a desenterrar también a los cientos de cadáveres de ambas tendencias que se hallan enterrados en su interior?. ¿Y éstos a quienes se los van a entregar, si no constan las identificaciones personales, según creo?. ¿Los van a dejar adornando las paredes de la biblioteca, ateneo o círculo científico, político o literario de nuestro sacrosanto socialismo español?. A mi entender, eso se llama pensar con el rencor y no con la razón y emponzoñar el ambiente, en lugar de luchar contra tanta contaminación de ideas y actitudes.

El l de abril de 1969, lo tengo ante mis ojos, escribí una serie de reportajes sobre nuestra guerra civil en las dos páginas centrales del diario El Alcázar. Era con ocasión de celebrarse los treinta años de paz. Cuando llevar unas pocas, pero bonitas, pesetas en el bolsillo le hacía a uno sentirse el hombre más feliz. El último de mis trabajos, con el que cerraba texto y páginas, era una foto del Valle de los Caídos y bajo ella, como colofón, me recuadraron y publicaron en letras grandes, mi mensaje que copio literalmente: “ Y como final de nuestras páginas, ofrecemos la foto de la basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, donde duermen la paz eterna nuestros caídos de uno y otro bando. Es el más bello símbolo de la reconciliación de todos los españoles. Ellos que lucharon y ofrecieron sus vidas por un ideal, es justo que reciban de todos cuantos gozamos la paz que nos legaron nuestras más fervientes oraciones y nuestro más cálido homenaje de gratitud y perenne recuerdo. Treinta años de paz bien lo merecen” Y no me lo censuraron, aunque hablara de paz entre los dos bandos y de reconciliación entre todos los españoles, seis años antes de la muerte del llamado “Dictador”. Por lo visto a los setenta si es conveniente remover la tierra y desenterrar odios y rencores a base de cadáveres, que creo sinceramente merecen que les dejemos en paz y nos sirvan de recuerdo y escarmiento con sus ejemplos y sacrificios.

¿Sabían que la Cruz del altar mayor de la basílica, es obra de un escultor vasco y nacionalista, Julio Beobide, policromada por el célebre Ignacio Zuloaga?. La historia me la contó nuestro querido amigo y director José Luis Navas, que conoció personalmente de don Julio y es amigo de las familias de ambos. Por lo oído, los dos eran vecinos del mismo pueblo Zumaya y grandes amigos. Con ocasión de una visita de Franco y varias personalidades a dicha localidad, aprovechando su veraneo acostumbrado en las vascongadas, fueron invitados a una fiesta por el pintor y durante la visita a su casa, advirtió la existencia de una Cruz en talla policromada sobre el altar de la capilla de la finca, que le llenó de admiración y le hizo exclamar que quería otra igual para el altar de la nueva basílica, aun en construcción. Zuloaga se la encargó a su amigo el nacionalista vasco, pero no le informó sobre la identidad del que se la había pedido. Dijo que era para un turista americano. Beobide la hizo, Zuloaga la policromó y cuando estuvo terminada le confesó la verdad y su destino. No hubo pegas y fue el propio escultor quien la entregó en el Pardo y recibió el cheque a cuenta de su trabajo, sin ningún problema. ¿También esta cruz ha de ser destruida, con todo cuanto le rodea como en la antigua Roma se hizo con Cartago? (“Delenda est el Valle de los Caídos”). Lo dice Catón, pero no el viejo, sino el de la desmemoria histórica.

No quieren darse cuenta de que es un monumento que enriquece nuestro Patrimonio Cultural al igual que, con sus evidentes diferencias, El Escorial, el Palacio de Oriente, el Palacio del Pardo y tantas otras obras que dan prestigio a nuestro tesoro y patrimonio artístico y cultural, respetados por sus anteriores compañeros de ideologías, incluso con una dura guerra civil por medio. Ni siquiera tocaron el Panteón de El Escorial donde descansan su sueño eterno nuestros anteriores monarcas, a pesar de su exaltado republicanismo. ¿Y ahora pretenden estos aprendices de republicanismo anticlerical exhumar cadáveres y sacarlos alevosamente de sus tumbas en esa Basílica?. ¿Por qué no puede continuar siendo iglesia y convento como hasta ahora?. Seguro que si se tratara de una Logia respetarían hasta los antiguos pomos de sus puertas. ¿Qué hubiera pasado si los republicanos de los años treinta, en abierta confrontación con todo lo que les recordara el pasado Régimen, hubieran destrozados y eliminados palacios, bibliotecas, museos y todas las instituciones, edificaciones y obras de arte?. Los hubiéramos tachados de salvajes, incultos y descerebrados, con toda la razón a nuestro favor. ¿No se conforman con bajar a Franco de un pedestal para subir en otro a Prieto, Largo Caballero, Azaña y La Pasionaria, sino que también quieren hacer desaparecer todo lo que queremos conservar, después de que intenten borrar de nuestra memoria los recuerdos más entrañables?. Quieren que desaparezca esa reliquia donde yacen unidos en el abrazo eterno de la muerte los que murieron luchando por una misma España, aunque no coincidieran en su ideal patrio. Y quieren profanar los sagrados muros de un Panteón de héroes de todas las tendencias para convertirlo en circo de sonadas y caricaturescas reuniones donde impere el nefasto aire del odio y la venganza. Y ante este atropello artístico, los políticos, intelectuales y la siempre insatisfecha masa, que antes hacían malabarismos literarios y excesivas adulaciones en homenaje al “odiado Dictador”, se erigen en aventadores de cenizas y fuelles avivadores de un fuego que amenaza y presagia un final nada feliz, ni deseable para nadie. La derecha no dice nada, calla como avergonzada de su militancia y aguanta carros y dentelladas con un espíritu conformista y de resignada tolerancia. En el argot popular, no se come una rosca y guarda el rabo entre las piernas, pero no precisamente el que deberían tener y mostrar, sino el que le sale en su parte posterior como a perro escaldado. La situación ha llegado a tal extremo que intentan confundirnos y engañarnos con historietas de mala ralea y poca gracia y consistencia, como la de nuestro colega Martín Prieto al afirmar, con la misma tranquilidad que el hombre del tiempo nos habla de huracanes y marejadas, que el Fundador de la Falange era de la cera de enfrente y se hallaba oculto en el armario. Es fácil hacer ese tipo de afirmaciones cuando el ofendido no está entre nosotros para poder defenderse. Ya lo que nos faltaba por oír en este mundo de despropósitos y mal yogur, convertir a José Antonio Primo de Rivera en el “Zerolo” de la Falange Española. ¡ Si eso lo dice de un líder religioso musulmán a esta hora está mirando a la Meca, pero de manera indefinida!.