Diccionario de la Falange

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kant, enmanuel

knoblaugh, edgard
kelsen, jans kindelán
Kent, victoria krausismo
 

sugerencias y colaboraciones: diccionario@plataforma2003.org

 

 

kant, enmanuel

"Kant busca la norma de validez absoluta sobre un fundamento moral por haber llegado en la "Crítica de la razón pura" a descubrir la insuficiencia metafísica de los datos de la experiencia y de las formas a priori. Así establece el imperativo categórico que se expresa en la fórmula: "Obra de modo que la razón de tus actos pueda ser erigida en ley universal". Stammler, queriendo ser más kantiano que Kant, pretende hallar, no por un camino ético, sino por un camino lógico, la idea, el ideal formal (no empírico) de todo Derecho posible, la resume en aspiración a "una comunidad de hombres libres". "No sólo Ledesma Ramos y Primo de Rivera, sino todos los intelectuales falangistas, tuvieron mucho más respeto por el pensamiento de Kant que por el Rousseau. Además de una cierta reverencia ante la indiscutible altura del pensador de Koenigsberg, hay que tener en cuenta otros dos factores de mayor importancia. El primero, que el común maestro y guía intelectual de los fundadores falangistas, Ortega y Gasset había recibido la influencia kantiana de la escuela de Marburgo y había orientado el interés de los universitarios españoles hacia Kant. El segundo, que en el caso de José Antonio Primo de Rivera, el formalismo trascendental kantiano le llega a través de Stammler (1856 - 1938) y de Kelsen (1881 - 1973). Stammler había acotado la definición del Derecho y de la justicia en el camino lógico-formal de la razón pura, "queriendo ser más kantiano que Kant", al decir de Primo de Rivera. Pero había esclarecido la pregunta por la esencia del Derecho como una realidad perteneciente al reino de los fines, como un querer (wollen) o modo de querer social entrelanzante, autárquico e inviolable. Kelsen, por su parte, en la medida en que lo recoge José Antonio Primo de Rivera, ilumina el problema de la justicia y el problema del Derecho a la luz de una perspectiva metajurídica. Es lo que había hecho el pensamiento griego, desde Platón hasta el estoicismo. Fueron menos los juristas que los filósofos quienes se preocuparon por la idea de la justicia y por diferenciar las manifestaciones propiamente jurídicas de las actividades que lo son. Las distinciones joseantonianas entre el deber ser ético, el deber ser jurídico y el deber ser político parten, indirectamente, de Kant, y muy directamente, de Kelsen.
Es preciso retener, también, un tercer dato: el conocimiento directo que los fundadores tenían de Kant era bastante limitado, y, con la excepción de Ledesma, no parecer ser que conociesen los estudios filosóficos que hacían referencia al pensador prusiano" . ( Salvador de Broca "Falange y Filosofía". Ed. Universidad europea. Salou, Tarragona, 1976, p. 141).

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"La idea del Derecho responde a la definición de justicia. José Antonio acude a nociones extrajurídicas, o mejor, metajurídicas, para aclarar y profundizar en la respuesta a la pregunta, ¿qué es la justicia? o ¿cuándo un Derecho es justo? Reduce a cuatro las fuentes históricas de valoración: el principio teológico, de origen divino, con citas expresas de San Agustín y Tomás de Aquino; las referencias metafísicas, con la selección de autores como Platón, Kant y Stammler; las referencias a un impulso natural, como Savigny y la escuela histórica, y las referencias a una realidad sociológica, de abolengo aristotélico, al decir de José Antonio, y que tiene como inspirador a Comte y como expositor magistral a Ihering. José Antonio despacha las cuatro explicaciones por insuficientes, aunque por diversos motivos. La primera porque prescinde del Derecho como Ciencia, sin que esto quiera decir que el fundamento supremo de cualquier realidad no sea de origen divino, la segunda, porque se mantiene en una dialéctica ideográfica (Platón), o se funda en una resultante metafísica de orden ético y jurídico Kant), o - "queriendo ser mas kantiano que Kant" - no sale del camino lógico formal de la razón pura en la definición del Derecho y de la justicia (Stammler); la tercera, porque descansa en una idea de la naturaleza, originaria (los romanos y el jusnaturalismo racionalista), o estratifica históricamente (el romanticismo jurídico y la escuela histórica), y la cuarta, porque agotan en el Derecho, como producto social, las razones de su fundamentación posible (Comte y Escuela Positivista)" (A. Muñoz Alonso, ob cit p. 336.)

kelsen, hans.

(1881 - 1973) Profesor de la Universidad de Viena (1919 - 1930) y fundador de la Escuela Vienesa de Derecho. De 1930 a 1933 enseña en Colonia. Exiliado de la Alemania nazi, pasa a Ginebra y en 1940 se instala en Estados Unidos. Allí enseña en Harvard y, más tarde, en Berkeley. Se jubila en 1952 y fallece en 1973.
La obra capital de Kelsen es la "Teoría Pura del Derecho".

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"Todas las normas jurídicas integrantes de un orden, como enseñan Merkel y Kelsen, se alinean en diferentes jerarquías. Las normas de cada jerarquía se refieren a las de la inmediata superior, de donde reciben su fuerza. Y por ese camino ascendente se llega hasta una norma fundamental, que es la que justifica a todas. Así, los reglamentos, los contratos, las sentencias, contienen normas que en tanto obligan a cuanto se ajustan a los efectos que la ley - norma de la jerarquía inmediata superior - en cada caso les asigna. Y así la ley obliga en cuanto se halla revestida de las solemnidades y desenvuelta en el ámbito que la Constitución - norma suprema, fundamental - le exige y le atribuye. La Constitución es la norma fundamental. Sobre ella no puede, por definición, haber otra, porque entonces esta sería propiamente la Constitución". (O.C. pag. 17)

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" Ante explicaciones tan varias y traídas de tan lejos, se nos ocurre preguntar: ¿es qué nuestra ciencia, el Derecho, carece de método propio, o es que no tienen linderos? ¿no será preciso, para aspirar a ser juristas, extender nuestros conocimientos a todo lo regido por las leyes de la casualidad y la finalidad? La anchura del campo se nos presentaba como desalentadora. Hasta que la doctrina pura del Derecho expuesta por Kelsen señaló su límite justo" (O.C. pag. 700)

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"José Antonio entiende que ha sido Hans Kelsen, el filósofo del Derecho, que ha reducido el área del Derecho, como ciencia, a su límite justo, y el que nos ha hecho ver que el problema de la justicia no es un problema jurídico, sino metajurídico. El entusiasmo de José Antonio por la obra de Kelsen es un caso de contaminación intelectual y académica. Cuando José Antonio estudiaba Derecho en Madrid, Kelsen - nacido en Praga el 11 de octubre de 1881 - explicaba como profesor ordinario en la Universidad de Viena, y cuando José Antonio tributaba su admiración ante los jóvenes universitarios el universalmente famoso tratadista del Derecho, Kelsen, había dimitido de su cátedra en Colonia (1930), huido de Alemania perseguido por el nazismo, y se encontraba en Ginebra como profesor del "Instituto de Altos Estudios Internacionales", José Antonio admira en Kelsen la armonía del sistema, y aunque Ortega escribiera en 1948 que "la teoría del Derecho de Kelsen, de la que se han empapuzado los juristas y filósofos del derecho de todo el mundo, sólo podía terminar donde ha terminado, con una palmodia", lo cierto es que entre los especialistas de su tiempo, en el mundo y en España, su teoría pura del Derecho constituyó un fenómeno sociológico de fecundidad intelectual y jurídica, al que no fueron ajenos los "discípulos juristas" de Ortega. Quizás no sea irrelevante señalar que, cuando José Antonio dictaba su lección, ya llevaba dos años en las librerías la obra de Legaz, uno de los fieles expositores críticos de Kelsen". ("Legaz Lacambra, Luis, "Kelsen", Barcelona, 1933) La elección de Kelsen como autoridad es un tema como el de la justicia: es una prueba de sagacidad en José Antonio. En su despedida académica (Berkeley, 1957), Kelsen no encontró argumento más importante y actual para su disertación. Las palabras con que la inició revelan su importancia y una preocupación emocionada: "Ningún otro problema ha sido tan apasionadamente discutido; por ninguna otra cuestión se ha derramado tanta sangre o llorado lágrimas tan amargas; sobre ninguna otra han meditado tan profundamente los espíritus más esclarecidos, desde Platón a Kant, y, sin embargo, esta pregunta está aún sin respuesta". Con ellas da comienzo Antonio Gómez Robredo a su obra "Meditación sobre la justicia", en la que aparece desarrollado el tema a nivel crítico de actualidad, con serios alardes de erudición histórica". (Adolfo Muñoz Alonso op. cit.p. 337 )

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"El apoyo de la doctrina de Kelsen que merece la atención y la aceptación de José Antonio, no es el debatido de su descendencia, más o menos limpia, de la escuela neokantiana de Marburgo, sino las derivaciones que se aprecian en la distinción entre el deber-ser-ético, el deber-ser-jurídico y el deber-ser-político. Es evidente que José Antonio en 1935, estaba entregado a la política, pero la entrega no le dispensaba de una fundamentación ética, religiosa y jurídica. Lo que pretende es clarificar los ámbitos, esclarecer las situaciones y depurar los conceptos. La justificación del Estado, como organización de la sociedad, no se encuentra precisamente en la juridicidad. La juridicidad - afirma José Antonio - no puede ser el único criterio político, entre otras razones porque no es de suyo criterio político. Lo que José Antonio admira en la teoría de Kelsen es la pulcritud con que las normas legales se enlazan en la escala jerárquica dentro del sistema hasta alcanzar su razón última en "la ley fundamental o Constitución". Pero el Derecho carece de instrumentos - es José Antonio el que subraya - para juzgar una Constitución, en su manera de expresar un ideal concreto de vida política y, por la misma razón, para juzgar del contenido ético de todas las normas que componen el sistema legal. A José Antonio la teoría pura del Derecho le permitía aconsejar a los futuros graduados universitarios que en nuestros trabajos profesionales tengamos la pulcritud de no traer ingredientes de fuera. Como jurista, el profesional del Derecho ha de atenerse al juego impasible de las normas, como en la balanza simbólica, sin que el pulso, la sangre, la emoción o el aliento, y muchos menos otros factores, alerten el equilibrio. Lo que sucede es que al jurista, como hombre que es, le asiste el derecho y el deber de expresar sus ideales religiosos, morales y políticos, si no quiere mutilarse el alma y reducirse a la gloriosa y humilde artesanía de manejar un sistema de normas cuya justificación no le es lícito indagar. Lo que José Antonio enseña es que el político no cometa un fraude jurídico, ni el jurista introduzca gérmenes extraños, por nobles que parezcan, en nombre de la juridicidad. Si un jurista entiende que la sociedad reclama un orden social más justo o que el Estado ha de organizarse sobre otras bases, tiene el deber de actuar, pero en su condición, riesgo y responsabilidad de político. En otras profesiones o dedicaciones científicas, la delimitación de fronteras es clara, pero en los que se consagran al estudio del Derecho el riesgo de confusión es mayor, ya que el Derecho - como advierte José Antonio - recibe sus datos de la política. José Antonio concluye transmitiendo a sus oyentes la máxima de Ramiro de Maeztu: "No debe olvidarse que toda construcción confusa en Derecho lleva en el fondo agazapada una injusticia". (A. Muñoz Alonso ob. cit p. 338-339)

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"En el pensamiento de José Antonio, ni Stammler ni Kelsen alcanzan categoría de definidores. Representan una apoyatura académica de actualidad para la exposición de su pensamiento. Su idea del Derecho y de la política nos e reduce a una selección de afirmaciones eruditas, fletadas por otros autores, sino que revela una síntesis personal, flanqueada por ilustres pensadores. Esta labor se aprecia cuando se comprueba que de los autores elegidos como autoridades José Antonio asume las notas que entran en su dialéctica personal como elementos conjugables, sin permitir que el sistema doctrina ajeno invalide la intuición primaria que se propone desarrollar. Por esta razón no resultaría correcto argüir que en la interpretación jurídica de Kelsen, tal como es apuntada por José Antonio, faltan aportaciones fundamentales o se descubren lagunas de erudición. José Antonio no oficia de profesor universitario de curso regular, sino que acompaña y enriquece su doctrina con expresiones e ideas congruentes de los maestros que considera más actuales. No es el suyo un estudio crítico a nivel académico, sino unas referencias culturales sabiamente utilizadas con fidelidad expositiva" (A. Muñoz Alonso ob. citp. 339-340.)

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"Hay tres momentos significativos en los que José Antonio se manifiesta kelseniano en lo jurídico. El primero, cuando en la defensa de don Galo Ponte, ante el Tribunal de Responsabilidades Políticas de la Dictadura, el 26 de noviembre de 1932, frente a la acusación de que ésta había creado un vacío jurídico rompiendo el pacto constitucional, les dice a los jueces: ningún hecho revolucionario puede justificarse con "arreglo al orden jurídico anterior" (O.C. pag 134)

"El segundo momento lo encontramos en las sesiones del Parlamento cuando, después de la Revolución de Octubre, se discute la posibilidad de derogar el Estatuto de Cataluña. En la del 30 de noviembre del 34 interviene José Antonio para anunciar que votará la propuesta de don Honorio Maura (de Renovación Española) que preconizaba la derogación del Estatuto. En su alegato, otra vez utiliza el concepto kelseniano del escalonamiento de las normas. No cita al maestro pero su argumentación es kelseniana: el Estatuto es una ley ordinaria que forma parte del "ordenamiento jurídico estatal" y el Parlamento puede derogarlo" (O.C. pag. 514)
 

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"En estas dos ocasiones, José Antonio ha manejado únicamente la pirámide jurídica de Kelsen. Pero cuando vamos a hallar una manifestación generalizada de aceptación global de las teorías del profesor vienés va a ser en la tercera ocasión: en la conferencia que el 11 de noviembre de 1935 dicta al SEU de Derecho con el título "Derecho y Política". Aquí su filiación kelseniana es explícita. (A. G. Molina, op, cit p.171.)

kent, victoria
(1898-1987). Político y jurista.

"Perfecto caballero.- En dos ocasiones he tenido frente a mi a José Antonio Primo de Rivera de contrincante. Un perfecto caballero, un perfecto hombre, con toda la cortesía. Y debo decirlo porque eso es lo justo". ("A fondo, de la A a la Z", Joaquín Soler Serrano, Plaza y Janés. Barcelona, 1981. p. 125. A propósito de esta declaración, Pilar Primo de Rivera escribe a Victoria Kent: "Muchas gracias por su equitativo y sereno juicio sobre la pesonalidad de José Antonio, mi hermano; no todos tienen ahora la honradez de reconocer sus cualidades, como usted ha hecho" (Madrid, 3 de febrero de 1979). Victoria Kent le contestó: "La justicia fue y será siempre la norma de mi vida" (Nueva York, 12 de febrero de 1979).

knoblaugh, edgard
Corresponsal de la Associated Press. Entrevistó a José Antonio en la cárcel Modelo.

"Independencia de ideas.- La brillante carrera politica de Primo de Rivera se caracterizó por su independencia de ideas y su dinamismo. Rehusó aliarse a la coalición derechista de Gil Robles en las elecciones de 1936, aunque sabía que con su negativa aseguraba la derrota potencial para los nacional-sindicalistas.
A Primo de Rivera le hería profundamente el que a su partido lo consideraran "fascista". El nacional-sindicalista apoyaba a la iglesia católica, pero aparte esta circunstancia, en lo religioso, su política era casi idéntica a la C.N.T.
José Antonio Primo de Rivera, de treinta y tres años de edad y agradable físico, se había ganado reputación de politico luchador durante el tiempo en que fue diputado". ("Corresponsal en España", Fermín Uriarte editor. Madrid, 1967. P., 100)

José Antonio. Derechas. Iglesia.

kindelán, alfredo

Alfredo Kindelán nació en Santiago de Cuba en 1879. Estudió la carrera militar y se especializó en la Aeronáutica. Publicó varias obras y participó en la construcción del primer dirigible español. Al proclamarse la República pasó a la reserva y se trasladó a Marruecos, donde colaboró activamente con el Alzamiento del 18 de julio., Se encargó de los servicios de la aviación, que dirigió durante toda la guerra, y participó en las sesiones de la Junta de Defensa Militar, en las que Franco fue designado generalísimo y jefe del gobierno del Estado. En 1943 fue nombrado Director de la Escuela Superior del Ejército y fue admitido como académico de número de la de Historia. Participó activamente en la conspiración monárquica contra Franco de 1943 a 1948. Murió en Madrid en 1962)

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"Sería erróneo ver en las actividades de Kindelán una prueba de que era un acérrimo antifranquista. Aunque su tono solía ser directo, lanzaba sus llamamientos al cambio con respeto por el Caudillo y como fruto de su compromiso con los valores del régimen. En otras palabras, su intención no era la restauración monárquica constitucional, si no el establecimiento ("instauración"), "por Franco y con Falange, como dijo, de una monarquía franquista autoritaria. Quería que se resolviese el problema de la sucesión a fin de perpetuar un régimen no liberal. Por ejemplo, en diciembre de 1941 había escrito a don Juan aconsejándole que rechazase su admiración por J.A. Primo de Rivera, que alabase los servicios prestados por Franco a España y que estuviese dispuesto a mantener con vida a la Falange" (Paul Preston "La política de la venganza". Barcelona, 2004. p. 222)

krausismo

"La influencia krausista llega a la Falange por una vía directa: la de Joaquín Costa. Frente a las nuevas realidades de la sociedad europea, Costa había llegado a la conclusión de que el sistema liberal resultaba excesivamente sobrio para conseguir una verdadera regeneración de España en sentido europeista. Aunque partía de premisas liberales y él mismo era, en el fondo, un liberal, su confianza en el sistema se arruinó a la vista de la perversión oligárquica que contribuyó a fomentar en él una veta autoritaria, regeneradora por la vía de un estado de intervención que debía subordinarse a la implantación en España de un régimen democrático. Como el propio Costa explicó, su exigencia se dirigía más que al logro de la libertad formal, al logro de la libertad real para su pueblo. Joaquín Costa, que partió de la filosofía krausista como base inicial de su formación intelectual fue más lejos que sus compañeros krausistas en la denuncia del liberalismo individualista. Su actividad crítica respecto al Parlamento y a los partidos políticos afectaba la raíz misma del sistema liberal al que consideraba de imposible redención en el camino de su reforma. De ahí su apelación a una "política quirúrgica" y su invocación al "cirujano de hierro" que llevase a cabo "la revolución desde arriba" No es extraño, en consecuencia, que el Profesor Tierno Galván haya hablado de Costa como precursor del fascismo español. "Costa dio contenido nacional - escribe Tierno - a dos tópicos frecuentísimos en su tiempo: la dictadura y la revolución. El proceso por el cual pretendió de tolerancia hacia las ideas y respeto a las actitudes de los demás, es en extremo curioso. La Dictadura de Costa no es la expresión de una ideología política, sino el resultado de las condiciones del país. España necesitaba, a su juicio, una dictadura ideológicamente neutral, que subordinase las ideas a la eficacia para salvar al país de la situación en la cual se encontraba. La expresión ideológica de la dictadura sería exclusivamente "la nación, su historia, sus aspiraciones intra y extra nacionales. En este sentido creó y potenció, ambas cosas a la vez, una idea y sentimiento difusos de admiración por la dictadura totalitaria y nacionalista. A esta tradición la llamamos en el presente libro costismo. Costa - concluye Tierno - se ofrece a esta luz como un prefascista". (E. Tierno Galván "Costa y el regeneracionismo". Editorial Barna. Barcelona, 1961) (Salvador Broca ob. cit.p. 195).

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" El fin de todos ellos - krausismo tradicional, costismo y corriente socialista - coincidían en un común afán reformista y regeneracionista cuya última meta era la democracia real, a la que se confiaba en arriba mediante el previo ejercicio de una educación austera y a menudo puritana, siempre liberal, fundada en el respeto profundo de la libertad del hombre, tal como la quería en estos mismos instantes el fundador de la Falange. El movimiento falangista recogió, ciertamente, la influencia del krausismo a través, sobre todo, de Joaquín Costa. Pero, como hemos visto anteriormente, no fue en absoluto ajeno a las derivaciones del socialismo humanista y mucho menos todavía, a "otras filosofías, en concreto, entre nosotros, el raciovitalismo orteguiano, que sustituirá al krausismo (aunque continuándole en muchos aspectos)", según señala acertadamente Elías Díaz" (Salvador Broca, ob cit.p. 197).