Los asociados de Plataforma 2003,  ante el triste espectáculo de general confusión y creciente desarme espiritual y patriótico de España, en grave riesgo de pérdida de su secular identidad y unidad, DECLARAMOS:

  • Afirmamos nuestra filiación joseantoniana:

Negado, censurado, ignorado, manipulado y proscrito, José Antonio Primo de Rivera, simboliza, hoy, lo “políticamente incorrecto”. Sin embargo, basta aproximarse a él, a su verdadera esencia, para tener que convenir, si se es honesto, sobre su generoso afán de equilibrio, armonía, reconciliación y síntesis cultural, económica, social y política.  

  • Y más allá:
     

  • De derechas y de izquierdas.

  • De individualismos y de colectivismos.

  • De capitalismos y de comunismos.

  • De productivismos liberales y de materialismos marxistas.

  • De oligarquías financieras y de burocracias tecnócratas.

  • De panteísmos fascistas y de estatismos socialistas.

  • De particularismos nacionalistas y de cosmopolitismos mundialistas.
     

  • Nos confirmamos en nuestro afán por un mundo nuevo:

Fieles a los análisis, interpretaciones y premoniciones del ideario personalista joseantoniano:

  • Queremos la primacía de la persona humana sobre cualesquiera acontecimientos materiales y sociales. Consideramos al hombre, “portador de valores eternos”, como un ser arraigado que emerge más allá de su limitada naturaleza porque, dada su transcendencia, no puede ser reducido a ninguna de sus temporales dimensiones, sean éstas de índole económica, social, política, étnica o nacional. Creemos que la divinización de la economía, erigida en categoría autónoma, o la obsesión por el mercado, el consumo o el dinero, son tan nefastos y totalitarios como el culto de la raza, del Estado, del Partido, o de la lucha de clases. Y porque queremos la primacía de la persona humana reclamamos una cultura del esfuerzo, del mérito y de la ambición de excelencia. Y, en consecuencia, instamos la restauración de la noble conquista del ser, más allá de la mera codicia del tener.
     

  • Queremos un mundo multicultural y multipolar  y su defensa a ultranza, frente a la pretensión en marcha de la uniformización planetaria. El derecho a la diferencia es un derecho no sólo de la persona humana sino también un derecho inalienable de las naciones y de los pueblos, plurales ventanas abiertas para el mundo. Definir la nación como “unidad de destino en lo universal” es subrayar la importancia de los lazos de identidad social, cultural e histórica, sin ignorar la superior unidad del género humano. En cuanto al Estado, instrumento necesario, no está por encima del hombre, de las patrias o naciones, ni de las comunidades naturales intermedias, sino a su servicio.
     

  • Queremos una democracia participativa y no partidista, basada en la igualdad de todos, sin privilegios, ante la Ley; en el control del ejercicio del Poder; en la soberanía del pueblo y en el respeto a las minorías. Una democracia que considere las comunidades intermedias (la familia, la asociación y la empresa) como el sistema vertebral de la sociedad civil; a fomentar y defender por el Estado de Derecho frente a los intereses depredadores de las oligarquías financieras, tecnócratas, mediáticas y partitocráticas.
     

  • Queremos un Estado beligerante al servicio de la liberación del hombre, a fin de que la ignorancia, la salud, la clase social, el sexo, la raza, la cuna o el lugar de nacimiento, no limiten, condicionen ni determinen el pleno desarrollo de su personalidad, decidida por cada uno en uso del bien supremo de nuestra libertad. Que el Estado haga todo lo necesario para que todos podamos perder el miedo al ejercicio de nuestra personal libertad, porque la haga eficaz y viable frente a la vaciedad de tanta palabrería partidista. Y ello, en cuanto se refiere a todas las dimensiones del hombre y de la mujer: social, económica, cultural, política, histórica y sobrenatural.
     

  • Queremos una economía solidaria, preocupada por la justicia social, dirigida hacia el interés general y el bien común, implicada activamente en la protección del ecosistema terrestre y en el respeto del patrimonio cultural, gestionada en grandes regiones supranacionales, autocentradas con fronteras comunes, y basada no sólo en la propiedad individual, y en el respeto a la iniciativa privada, sino también en la debida consideración de las diversas propiedades colectivas no estatales (entidades intermedias públicas: municipio, comarca y región). Todo ello, en la creencia de que la competencia, el mercado libre, etc. no constituyen fines en sí mismos, –tampoco, por supuesto, la planificación ni el dirigismo, sean o no indicativos–; todos son meros instrumentos, medios o herramientas, en todo caso  al servicio del empleo, del equilibrio ecológico, del bienestar, de la concordia social y de la justicia. Es decir, al servicio de la persona y de su pleno desarrollo, en pacífica convivencia.

 Por todo ello,

  • Apostamos por la primacía de lo espiritual:

Denunciamos el actual y hegemónico desprecio y descalificación de todo lo sobrenatural, lo religioso y lo moral; a eliminar de toda vida social y política; y sin más espacio para la dimensión superior del espíritu que su creciente reducción al baluarte de la más estricta intimidad de cada uno. Este destierro de lo público para lo más noble de la cultura, conseguido en enorme esfuerzo de siglos y siglos contra la superstición, limita al hombre al mundo visible y lo deja ciego y sordo para todo lo que no es susceptible de percepción sensorial. Más allá de las discrepancias religiosas entre izquierdas y derechas, consideramos nuestro deber combatir esta perversa cruzada laicista y agnóstica  que nos condena al embrutecimiento, pasividad y apatía espiritual. Nos unimos, por ello, y con toda decisión, a cuantos movimientos y corrientes político–culturales, nacionales e internacionales, sean conscientes del peligro de las formas de manipulación y de control de ciudadanos y pueblos que significa el “pensamiento único”, tantas veces trasvestido de “progresismo” socio-liberal. Por ello, esta es nuestra jerarquización: ante todo, la moral, los valores espirituales; después, la política, el bien común; tercero, la economía, la prosperidad material.

  • Reiteramos la suprema realidad de España:

Nada ni nadie, pase lo que pase, nos hará dimitir jamás de nuestra absoluta creencia en la suprema realidad de España. Y nada mejor que expresarlo así con palabras del propio José Antonio: “fortalecerla, elevarla y engrandecerla es la apremiante tarea colectiva de todos los españoles. A la realización de esta tarea habrán de plegarse los intereses de los individuos, de los grupos y de las clases. (Punto 1). España es una unidad de destino en lo universal y toda conspiración contra esa unidad es repulsiva. Todo separatismo es un crimen. La constitución vigente, en cuanto incita a las disgregaciones [debe ser revisada] (Punto 2). Si las luchas y la decadencia nos vienen de que se ha perdido la idea permanente de España el remedio está en restaurar esta idea. Hay que volver a concebir a España como realidad existente por sí misma: superior a las diferencias entre los pueblos, a las pugnas entre los partidos y a la lucha de clases (Puntos Iniciales III). España no es un territorio, ni un agregado de hombres y mujeres. España es, ante todo, una unidad de destino. Una realidad histórica. Una entidad verdadera en sí misma, que supo cumplir –y aún tendrá que cumplir– misiones universales”  (Puntos Iniciales I). Reclamamos, por ello la urgente necesidad de instaurar en las jóvenes generaciones el orgullo de ser españoles y el imperativo categórico de la unidad de España.

  •  Proclamamos nuestra esperanza en un hombre nuevo:

Necesitamos un hombre nuevo en el que fundamentar el orden nuevo al que aspiramos, y “que hay que implantar en España y comunicar a Europa y al mundo” porque “cuando el mundo se desquicia no se puede remediar con parches técnicos; necesita todo un nuevo orden. Y este orden ha de arrancar otra vez del individuo. Nosotros consideramos al individuo como unidad fundamental, porque éste es el sentido de España, que siempre ha considerado al hombre como portador de valores eternos” (3 marzo 1935). “La construcción de un orden nuevo la tenemos que empezar por el hombre, por el individuo, como occidentales, como españoles y como cristianos” (19 mayo 1935). Y “esta es la misión reservada a España” (17 noviembre 1935). Ya nos había dicho José Antonio, desde sus primeras palabras, que “el hombre es el sistema” (Octubre 1933) y había proclamado (Puntos Iniciales, VII, 7 diciembre 1933) que “Falange Española considera al hombre como conjunto de un cuerpo y un alma; es decir, como capaz de un destino eterno, como portador de valores eternos. Así, pues, el máximo respeto se tributa a la dignidad humana, a la integridad del hombre y a su libertad”. Y esta es la raíz más profunda del pensamiento de José Antonio que, más allá de posibles programas de ingenierías económicas, políticas o sociales, que el viento de la Historia siempre se acaba llevando, supo calificar, en unas de sus últimas palabras, su propuesta de un orden nuevo como “una alta tarea moral” (2 de febrero de 1936). Y esta alta tarea moral sí que es la verdadera revolución, todavía pendiente.

  • Reconocemos en José Antonio  nuestro arquetipo humano:

Nos dejó dicho “nosotros amamos a España porque no nos gusta. Nosotros la amamos con una voluntad de perfección” (19 de mayo 1935). Y del español, nos dijo que es “una de las pocas cosas serias que se pueden ser en el mundo” (17 de noviembre 1935); pero también afirmó: “nosotros no podemos tolerar ni estamos conformes con la actual vida española. Hemos de terminarla, transformándola totalmente, cambiando no sólo su armadura externa, sino también el modo de ser de los españoles” (26 de abril 1934). Y para esta revolución moral, para este nuevo modo de ser español, a conseguir en España para que España lo pueda comunicar, a su vez, a Europa y al mundo, reconocemos en el propio José Antonio nuestro modelo a seguir, nuestro arquetipo humano. Y esto sí que no se lo lleva el viento de la Historia. Esperamos, pues, en unos nuevos españoles, capaces de encarnar el hombre nuevo que, como fundamento del Orden Nuevo, España debe ofrecer al mundo. Unos nuevos españoles que, a imagen y semejanza de José Antonio, se inspiren en su ejemplo de moderna actualización del hidalgo español como éste en su día lo fue del tradicional caballero cristiano. Hombres nuevos, no clónicos y cada uno (varón o mujer) con su propia personalidad, porque jamás seremos una secta.

  •  En consecuencia, nos ratificamos:

Nacidos a la sociedad civil, con ocasión de la conmemoración del Centenario de José Antonio, Plataforma 2003, como tal asociación cívico cultural, ahora con duración ilimitada, prosigue su actividad con una doble y apremiante misión metapolítica:

  • Contribuir a recuperar la figura histórica de José Antonio para la memoria colectiva de nuestro tiempo, analizando con rigor y honestidad intelectual, las filiaciones, especifidades, evoluciones y sugestivas perspectivas de su acción y pensamiento, a actualizar.
     

  • Estudiar e investigar con actitud decididamente joseantoniana, es decir con espíritu de apertura, diálogo y debate crítico, las raíces profundas de la crisis de nuestra cultura y civilización. Procurar así, activamente, participar en el necesario desarrollo de un arsenal de conceptos y argumentos indispensables para la lucha de ideas actual, prólogo de la nueva invasión de los bárbaros; esta vez, capilar.

 A este fin, Plataforma 2003 seguirá organizando sus reuniones, conferencias, debates y editando sus diferentes publicaciones (libros, facsímiles, láminas, CD’S, y vídeos). Y, para todo ello, Plataforma 2003 reclama el apoyo y colaboración de todos aquellos que estén dispuestos a comprometerse en este proyecto común, basado en dos ideas fundamentales: la absoluta primacía de lo espiritual y la suprema realidad de España; siempre, al servicio del hombre, como persona, y en defensa de su libertad. 


Plataforma 2003, V Asamblea General. Madrid, 12.03.05