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Un divisionario en el Monasterio de Santa María del Parral

Fray Julián Antoranz Merino

 

 El 30 de noviembre de 2014 fallecía a los 92 años Fray Julián, Monje Jerónimo en el Monasterio de Santa María del Parral. Sirvió en la División Azul con valentía y entrega, e ingresó después en la Orden de los Jerónimos con 26 años. Estamos seguros que desde el Cielo, Fr. Julián sigue rezando por España.  Este es su testimonio:

     


En la noche, el silencio de la celda, el pensamiento en la vida crucificada en Jesucristo, la oración en Cristo y por España, los recuerdos. Cruzan por mi, imágenes y escenas, no como pasadas sino presentes, sin nostalgia, pero todas ellas presentes hoy, ahora; tanto ellas como las razones que nos movieron. Cruzan por mi imaginación escenas y más escenas, como en lenta proyección cinematográfica; escenas que no sólo estoy viendo, sino oyendo, oliendo, palpando, viviendo.

Nací el 11 de junio de 1922, en Tetuán de las Victorias, Madrid. La niñez en el colegio y la Iglesia; la guerra de España, en Madrid. Después: Acción Católica, las milicias en O.J. y Frente de Juventudes; la marcha a Rusia en el 41. Campamento de Graferwer. Los mil  kilómetros de marcha a pie por Polonia y Rusia para entrar en “posición”. El contacto con la población civil en las “Isbas”; la entrada en fuego el 12 de octubre del 41, en el Wolchow. El paso del río Wolchow; los primeros tiros en combate; los muchos prisioneros.

Luego viene la toma de Nilikinón, en la que, con el 250 Batallón, participó mi Compañía, (la 1ª del 269, Capitán Muñoz). Allí fue herido Bermejo, que perdió el brazo derecho, y halló muerte Atienza, entre otras muchas bajas más.

Se suceden las escenas: Salida para Possad. Después de una marcha agotadora a través del bosque, tomamos posición. Fuimos cercados por los rusos. Muerte de mi camarada Santiago Denis cuando iba a auxiliarme. Combate de días después, en el que un oficial valiente perdió la vida. Rotura del cerco por el 250 Batallón.

Y recuerdo y veo a los Caídos en Possad: Eugenio Martín, Miguel Soto y José Caballero, con los que salí de Tetuán (Madrid), junto a “Carbonilla”, “Vaquero” y otros de la Centuria de “Balillas” de Madrid. En Possad se salvó el honor de España.

Fui herido de bala el 16 de noviembre. La evacuación fue con la sección de asalto del Regimiento “Esparza”, disparando en el bosque, pues había infiltración enemiga.

Vienen nuevas escenas: Polveredge, Muñoz Calero, Médico y Grigorowo; los hospitales de Porchow, Rostock. En Alemania, convalecencia en Kilisboúrg, un pueblecito del Báltico, y luego devuelto para el frente, Hof; permiso en Berlín. Llegada de nuevo al frente en marzo del 42 (río Wolchow); muerte de Urbano del Castillo, que fue enterrado en Chechulino. Aquí en Chechulino, mi entrada en la Centuria de “Balillas”, por Pérez de Pablo, que se había hecho cargo de la centuria por la muerte de Miguel (“Carbonilla”). Deshielo y mosquitos del Wolchow.

Veo y tengo un recuerdo a los Caídos: Teniente Setuaín, del que fui enlace, y que murió gloriosamente en un golpe de mano, pasando el río ¡Presente!

Junio del 42: Repatriación a España por menor de edad (19 años). En Alemania se nos despidió con entusiasmo, y en España (Vitoria) fuimos bien recibidos (eran otros tiempos).

Ya en España mi trabajo en el Instituto Nacional de Previsión. Fue poco tiempo, pues me reenganché en la División Azul. Febrero del 43. Concentración en Logroño. Salida para Hof (Alemania) y frente de Leningrado (Puschkin).

Llega la posición de la “Ermita”, en la 10ª Compañía del 264. Cogí dos prisioneros cuando estaba de “escucha” -¿se pasaban o qué?-. Descanso en Puschkin. Guardia en la cárcel de mujeres. Entrada en línea de frente en “el Talud”, en el que fui herido de mortero. (El recuerdo me trae a mi primo hermano Ciriaco Merino Vian y el Alférez Vilches que cayeron en este frente).

Hospitales de Kranoswaldesis, Riga, Vilna, Koenigsberg y, dado de alta,, vuelta a Vilna a la sección de “convalecientes”. Nueva salida para el frente y llegada en septiembre. Aquí me quedé en la “Sección de Asalto” del Batallón. Mi actuación fue llevar alambradas a las trincheras, y aprender “la caza de tanques”.

Octubre: relevo de la División, Quedo voluntario en la “Legión Azul” Jamburg. Concentración y preparación para el frente, en el que entramos en fuego a mediados de diciembre de 1943, en los bosques del Lago Ladoga. Allí fui nuevamente herido de mortero cuando iba a llevar un parte y no quise que me evacuaran hasta dar cumplimiento a la misión. Otra ven el Hospital, y en el de Campaña, estuvo a verme el Coronel García Navarro, y me anunció  la Cruz de Hierro de 2ª clase. Hospital de Riga. Ños muertos de “la Legión”: Alférez Palma, en una emboscada; este Alférez estuvo en Wolchow en mi Compañía, la 1ª del 269, en los primeros tiempos.

Una vez más, vuelta al frente, en febrero del 44. Los rusos venían pegando. Me incoporé a la 2ª Bandera, en Luga. Aquí nos pusieron unos vagones y fuimos concentrados en Estonia, Lehse. No sabíamos si entraríamos en  línea de frente. Aquí en Llaneda, puesto de mando de “La Legión”, se me impuso la Cruz de Hierro de 2ª Clase.

El 6 de marzo, toda la Legión formada, recibimos la orden de volver a España: Jornada dolorosa. El Teniente General Lindemann, en Lhese, despidió a la Legión con dolor y gratitud. En Koenisberg, jerarquías alemanas nos despidieron oficialmente. En las estaciones de regreso a la Patria, las bandas de música de Alemania nos despedían con emoción. En Hendaya y Vitoria pasamos como “a escondidas”, cada uno a su casa.

Llegué a España, esta vez, a últimos de abril de 1944. La 2ª Bandera de la Legión fue la última fuerza oficial que pasó la frontera. La Cruz de Hierro de 2ª Clase se la ofrecí a Nuestra Señora de la Victoria, en mi barrio madrileño de Tetuán. Me incorporé a la Centuria de “Balillas”, con Pérez de Pablo; trabajé en el Instituto Nacional de Previsión.

En ininterrumpida sucesión han pasado por los ojos de mi mente las imágenes y vivencias que van desde mi nacimiento hasta 1944; muy especialmente aquellas de la guerra que asoló una gran parte de Europa, aquellas de mi permanencia en lucha frente a lo que significaba Rusia entonces, y era el comunismo. Años de entrega y doloroso sacrificio que me harían reflexionar un poco después.

Hice Ejercicios en Chamartín, y después de cumplir la promesa hecha en Rusia de peregrinar a pie al Pilar de Zaragoza por la protección que me había prestado la Virgen, ingresé Monje de nuestro padre San Jerónimo el 30 de septiembre de 1946.

Soy, pues, Monje Jerónimo, y en mi silencio y oración están presentes aquellos camaradas que cayeron a mi lado en los frentes de Rusia, y cuantos dieron su vida por España, y cuantos en la entrega de la paz han ofrendado generosamente su trabajo y sacrificio; y pido a todos que rueguen por mí para que sea fiel a mi conciencia y “llegue a puerto”. ¡Dios nuestro Padre, nos bendiga!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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