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La palabra "camarada".- por Francisco Caballero Leonarte
 

 

 

No hace mucho tiempo redacté un artículo en relación con el origen e implantación de una de las más famosas canciones militares: Yo tenía un camarada. A raíz de aquel trabajo tuve ocasión de conversar, con algunos eruditos, sobre el origen y significado de la palabra camarada. Lo cierto es que me ha parecido oportuno poner manos a la obra y aquí os ofrezco un pequeño estudio sobre el tema.

Como tantas veces ocurre, si vamos al diccionario, nos encontramos con una descripción o concepto parcial, sintético y pobre, de la palabra que buscamos; el diccionario Espasa, en su edición del año 1996, nos dice: «Camarada (de cámara, por dormir en un mismo aposento): Persona que acompaña a otro y come y vive con él; Persona que anda en compañía de otros tratándose con amistad y confianza; En ciertos partidos políticos y sindicatos, correligionario o compañero».

Sin embargo, esta palabra está llena de simbolismo, de matices y, por supuesto, de fuerza mística (sólo hay que recordar la susodicha canción Yo tenía un camarada, en su significado profundo).

Según nos dice Rafael García Serrano, en su Diccionario para un macuto, «De lo que no hay la menor duda es de que el vocablo es de origen militar». En qué momento y en qué lugar nació esta palabra, como tantas otras de nuestro lenguaje, es imposible saberlo. Pero sí conocemos que unas Ordenanzas militares españolas del siglo XVII se refieren a «la buena y loable costumbre que solía haber de que los soldados viviesen en camaradas [...], que son las que han conservado a la nación española».

¿Qué quiere decir vivir en camarada? Volviendo a García Serrano, éste señala: «De cámara y de cama puede derivarse camarada, y antes de significar amigo entrañable, compañero de armas y aventura, vino a ser algo así como república o imperio, es decir, fraterna administración militar para asuntos de rancho y vida en común». Abundando en esta idea nos encontramos también que Cervantes, en El Licenciado Vidriera, habla de «hacer camarada», es decir, «unirse a dos o más amigos, para vivir juntos, como la familia». Covarrubias dice que camarada es «el compañero de cámara que come e duerme en una misma posada». Y añade: «Este término se usa entre los soldados y vale compañero y amigo familiar».

Corroborando lo anterior nos encontramos un documentado libro, titulado Tercios de España, de Fernando Martínez Laines y José Mª Sánchez de Toca, que dedica un capítulo a la vida del soldado y profundiza, precisamente, en el significado y contenido de esta palabra: «…los soldados vivían en régimen de camaradas, lo que significaba que ocho o diez soldados compartían la misma cámara».

Así vemos, pues, que su origen es castrense o militar. Que dimana de algo tan prosaico como las necesidades materiales y económicas de los soldados. Pero es evidente que, trascendiendo de esa base material, esta convivencia generará unos lazos de unión y profunda amistad; sobre todo en los momentos difíciles de campaña militar o ante peligros comunes (¿Quién no recuerda la famosa frase de Los Tres Mosqueteros: «Uno para todos y todos para uno»).

Cuando el poeta alemán Ludwig Uhland escribió su famosa canción Yo tenía un camarada (1809), se estaban produciendo las grandes guerras napoleónicas en Europa y él, que seguramente habría participado en alguna batalla, fue capaz de transmitir poéticamente su sentimiento de dolor por el camarada caído y, también, al mismo tiempo, la exigencia del deber que le impulsa a seguir luchando.
A tenor de lo dicho, vemos que el vocablo camarada no es de uso exclusivo del idioma castellano o español. Cómo y cuándo pasó a formar parte de otros idiomas (alemán, italiano, inglés…) no lo sabemos. Sin embargo, sí le consta al autor, por ser testigo de ello, que en los ámbitos castrenses actuales, en muchas naciones, sigue utilizándose tal palabra, y, sobre todo, en actos solemnes.

Pero, si bien su origen es militar (como hemos visto), este vocablo con el tiempo se fue extendiendo hasta irradiar áreas de la sociedad civil y del mundo de la política. Como curiosidad citaremos el título de un librito escolar de primera enseñanza, utilizado allá por los años veinte, que algunos recordarán, denominado, precisamente, El Camarada.

En cuanto al mundo de la política, sabemos que esta palabra fue asumida en su día por muy diversas formaciones e ideologías, desde los comunistas, pasando por los nacionalsocialistas, fascistas…y, por supuesto, por la Falange Española.

En cada una de estas organizaciones políticas, como es lógico, debió tener su específica significación. Pero lo incuestionable es, con las matizaciones que se quieran y haciendo abstracción del contenido ideológico y doctrinal, que la intencionalidad no era otra que la de buscar un sentido de unidad y hermandad entre correligionarios de cada una de ellas.

Así, en la Falange Española de preguerra, se impuso el tratamiento de tú entre sus miembros con la intención de facilitar la aproximación espiritual y eliminar las barreras de carácter social-convencional que pudieran dificultar la existencia de un espíritu de hermandad (por otra parte, tan necesario en aquellos tiempos de dificultades extremas). En ese contexto y con esa intención, se atendió especialmente el fortalecimiento de los lazos de camaradería que debería reflejarse básicamente de dos formas: por un lado, en el sentimiento de hermandad con todos los de la Falange, como expresión de pertenencia a una fraternidad en las ideas y en la acción y, por otro, como elemento de cohesión en unidades operativas, de las cuales la escuadra sería el paradigma. La forma más depurada y concreta de la camaradería, en la Falange, se encuentra en la escuadra natural, es decir, en la formada por escuadristas voluntarios y por razones de afinidad.

En esa organización política siempre se puso el mayor énfasis en este aspecto. De tal forma que en el Juramento de la Falange puede leerse: «Juro vivir en santa hermandad con todos los de la Falange y prestar todo auxilio y deponer toda diferencia, siempre que me sea invocada esta santa hermandad».

Fieles continuadores de las esencias del Nacionalsindicalismo, las Falanges Juveniles hicieron suyo el vocablo y lo procuraron insertar en la existencia vital de la Organización, es decir, hacer de él una realidad en la vida misma, para darle un sentido práctico que contribuyese a la creación de esa sociedad ideal sin clases sociales a la que se aspiraba. Por esa razón se insistía constantemente en su explicación y valoración. El Manual del Jefe de Centuria, de 1943, inserta entre las diversas consignas: «8ª.- Vencerás con el ejemplo de tu conducta. Vive con austeridad. Supérate, sé camarada con los tuyos, prudente y correcto con todos, pero también enérgico, decidido y valiente». Cuando en un folleto de divulgación, editado en 1945, se pregunta: »¿Qué es la camaradería?», responde: «Es el vínculo íntimo e inquebrantable que nos une estrechamente en una misma comunión de intereses e ideales a todos los que constituimos la santa hermandad de la Falange».

En el famoso librito rojo Moral y Estilo, de las FF.JJ., podemos leer: «Vivirás en absoluta hermandad con todos los camaradas y compartirás con ellos alegrías y pesares». Del Manual del Cadete (1943) extraemos los siguientes párrafos: «Entre los afiliados de la Falange existe una hermandad que hace posible la supervivencia de la Organización que, sin ella, no tendría razón de ser. […] Camarada es más que amigo, porque amigo es el compañero de diversiones […], camarada es el que en momentos difíciles forma con abnegación junto a nosotros hasta la misma muerte».
Está claro que, a la luz de los tiempos actuales, estos conceptos de la palabra camarada parecen completamente desfasados. En la tercera edición de su libro Diccionario para un macuto (1983) Rafael García Serrano ya nos decía: «Con la palabra camarada pasa que no está de moda. Tampoco están de moda muchas otras vinculadas con el uso de la palabra y, en general, un clima bastante insolidario hace que ni siquiera la camaradería esté en boga». ¿Qué diría hoy nuestro querido camarada y escritor?

Sin embargo, pese a todo, nosotros sabemos que, como la acrópolis de Atenas, lo clásico permanece. Creo que no importa que el vocablo no esté de moda; las modas pasan y desaparecen, pero el sentido profundo de la palabra camarada no puede desaparecer, porque forma parte consustancial de la propia naturaleza humana y, por lo tanto, existirá mientras existan las personas.

Camaradas, sigamos siendo camaradas.

 

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