Inasequibles al desaliento...

Javier Prado

 

En la mañana de hoy día 3, nos hemos acercado de nuevo al Cementerio de la Florida. El haberlo encontrado ayer tarde cerrado, nos parecía tan increíble, que no hemos dudado un momento en probar suerte hoy de nuevo, y la hemos tenido. ¡Estaba abierto! Y es que somos inasequibles al desaliento…

En el cementerio se encuentran enterrados en una fosa común, los cuarenta y tres patriotas madrileños que, tras participar en el Levantamiento del 2 de mayo de 1808, fueron fusilados en la madrugada del día 3 a los pies de la montaña del Príncipe Pío por las tropas francesas.

En el lugar actualmente ocupado por el cementerio existía a mediados del siglo XVIII una alquería, o casa de labor, que posteriormente, en 1796, se convirtió en lugar de enterramiento para los empleados del cercano Palacio Real, Era el cementerio de la Ermita de San Antonio de la Florida.

Es un recinto modesto y de reducidas dimensiones, rodeado por un muro de mampostería en aparejo toledano. En el interior se hallan los restos de los fusilados, en dos cajones de plomo y cinc situados en una cripta bajo una pequeña capilla; dos hileras de cipreses, una columna conmemorativa y tres lápidas que recuerdan los fusilamientos. Una de éstas es una reproducción en azulejos, inaugurada en 1982, del cuadro El tres de mayo de 1808 en Madrid de Goya.

Hasta 1917 el cementerio estuvo a cargo de la Cofradía de la Buena Dicha por cesión de Isabel II, ya que al menos dos de los fusilados fueron miembros de ésta. Ese año, a punto de desaparecer la Cofradía de la Buena Dicha, el cementerio pasó a ser gestionado por la Sociedad Filantrópica de Milicianos Nacionales Veteranos. Hace unos años se vivió una situación grave para la pervivencia del pequeño camposanto, cuando el Ayuntamiento quiso vaciarlo y trasladar los restos de los fusilados al Monumento a los Héroes del Dos de Mayo, circunstancia que finalmente pudo evitar la Sociedad Filantrópica.

Finalizados los enfrentamientos entre los patriotas madrileños y los soldados franceses, varios cientos de detenidos fueron fusilados en la madrugada del día 3. Tras ser torturados e injuriados, fueron conducidos hasta la montaña del Príncipe Pío, donde a las 4 de la mañana fueron fusilados y tirados en un hoyo que cavaron sus verdugos. Allí permanecieron insepultos hasta que, nueve días después y secretamente, los hermanos de la Congregación de la Buena Dicha rescataron los cuerpos y los enterraron en el pequeño cementerio de La Florida.

El cementerio sólo esta abierto los días 2 y 3 de mayo (mañanas) y todos los sábados del mes de mayo de 10 a 13 horas. El resto del año está cerrado.