¿Por qué el grito de ¡Viva Cristo Rey!?

 Hoy ha tenido lugar en Tarragona la solemne beatificación de 522 mártires de la persecución religiosa en España en el siglo XX. La beatificación más numerosa hasta ahora en España.

Fueron religiosas, seminaristas, sacerdotes, religiosos. Todos asesinados por no renegar de su fe y por declararse católicos. Fueron perseguidos, encarcelados, torturados y finalmente asesinados.

Una cosa que llama la atención:

Todos los mártires de la persecución religiosa española terminaban sus trágicos momentos con este grito: ¡Viva Cristo Rey! ¿Por qué sucedía esto?

Hacía poco tiempo que el Papa Pío XI había instituido la fiesta de Cristo Rey. Lo había hecho con estas palabras:

“Instituimos la fiesta de nuestro Señor Jesucristo Rey y decretamos que se celebre en todas partes el último domingo de octubre. Ordenamos que en ese mismo día se renueve todos los años la consagración del género humano al Sagrado Corazón de Jesús”.

Por aquellas fechas la Iglesia estaba pasando una etapa de aniquilación por parte de los gobiernos de distintas naciones. Ese fue el motivo de proclamar a Cristo como Rey. Si otras instancias proclaman su soberanía, hacemos constar que Cristo está por encima de todos los reyes de la tierra.

Sólo habían pasado diez años. El fervor por la devoción a Cristo Rey estaba en su mejor momento. Y entonces, ocurre la persecución en España. Para aclamar su fe, los mártires no encuentran mejor frase que esta: ¡Viva Cristo Rey! Podrían haber empleado otras: Alabado sea Jesucristo… o cualquier otra. Pero en los tiempos de la persecución religiosa en España los mártires decían ¡Viva Cristo Rey!

Hay muchísimos ejemplos de esta afirmación: D. Manuel Hidalgo, párroco de Albalate (Cuenca) enfermo al comienzo de la guerra, sufrió pellizcos, salivazos, agua helada en la cabeza, avispas dentro de la cama, amenazas con fusiles que le propinaron para que blasfemara contra Dios y contra la Virgen. El contestó: Tiradme por la ventana cuando queráis, pero yo no blasfemo. ¡Viva Cristo Rey!

D. Antonio Sierra Leyva, beneficiado de la catedral de Guadix, fue maltratado, por no blasfemar, hasta prenderle fuego y enterrarlo vivo. Mientras tanto decía: “Padre: perdónalos”.

El sacerdote de 24 años. Eduardo González Liria, también de Guadix, por no quitarse la medalla que llevaba al pecho para luego profanarla, fue apaleado de tal forma que murió unas horas después gritando ¡Viva Cristo Rey!

Un enterrador de Paracuellos, Gregorio Muñoz Juan, cuenta una conmovedora escena: El 28 de noviembre de 1936 un sacerdote pidió a las milicias que le permitieran despedir a todos sus compañeros y darles la absolución. Fue abrazándoles uno a uno, y arrodillados, en tierra les daba la absolución. Cuando terminó, pronunció estas palabras: Sabemos que nos matáis por católicos y religiosos. Lo somos. Tanto yo como mis compañeros os perdonamos de todo corazón ¡Viva Cristo Rey!

Y como estos ejemplos, ¡miles!