Presentación de
El legado de José Antonio

 

Enrique de Aguinaga
Real Sociedad Económica Matritense
27 de mayo de 2013

Siendo el de mayor edad entre quienes estamos en la Mesa, me corresponde hacer de mozo explicador del acto, de trujamán, que es como llama Cervantes al mozo que explicaba el retablo de Maese Pedro, en la posada del capítulo XXV de la II parte del Quijote. Aviso para filólogos: la Academia también admite trujimán y truchimán, término este último, truchimán, adoptado para mis actuaciones.

Este retablo de las maravillas (Fernando, Juan y Jaime, en cualquier orden) es un retablo   de inteligencia  que aquí reúne a los tres, a la voz de José Antonio Primo de Rivera, verdaderamente grande España, cuanto más proscrito, más necesario. Jaime, como autor de El legado de José Antonio y Juan, con Fernando, lectores primeros y comentadores egregios, en esta fiesta del talento acreditado .

El truchimán, cumple con su oficio, riega la plaza y dice, a modo de cartel,  una palabra sobre José Antonio, una palabra sobre el autor y una palabra sobre el libro.

 Palabra sobre José Antonio.

 Como ocurre, naturalmente, desde su muerte, a José Antonio se llega intelectualmente. José Antonio vive como sedimento invisible en la mente de la sociedad y en una bibliografía incesante que no se explica como consecuencia de una acción política de hace casi ochenta años de antigüedad y, en su plenitud,  de dieciocho meses de duración: de octubre de 1934 (elegido Jefe Nacional de Falange ) a marzo de 1936 (su encarcelamiento definitivo) Solo encuentro una explicación: la condición de arquetipo que enseguida, en 1945,  en la primera posguerra, diseñó Eugenio Montes:

 Los puntos,  los programas, las  situaciones pasan. Nunca José Antonio, cifra ardiente de una ensoñada  España,  será ceniza, porque ha trascendido a una arquetípica actitud ante lo humano.

 Sobre esta definición caben todas las imágenes y variaciones. Entre mil, he elegido la de Salvador de Madariaga, en la revista del destierro, Ibérica, Nueva York, 1954.  Bajo el titulo Hombres en la Historia, escribe el insigne liberal:

 No conocí personalmente a José Antonio Primo de Rivera; pero si indirectamente por la princesa Bibesco, hija del primer ministro inglés Asquith, casada con un príncipe rumano que fue ministro de Rumania en Madrid. Y Elizabeth Bibesco me habló mucho de Primo de Rivera, a quien estimaba sobremanera, y hasta me leyó algunas cartas de él, que me permitieron hacerme una opinión sobre el fundador del falangismo.

 Era desde luego inteligente, muy inteligente.... Sin conocerle tuve hacia el cierta simpatía nacida de esas cartas suyas a la princesa Bibesco. Y cuando Eugenio Montes me llamo al teléfono, desde Paris a Londres, para pedirme que interviniera a fin de salvar a Primo de Rivera mediante un canje con un hijo de Largo Caballero, hice todo lo que estuvo de mi parte cerca de las autoridades británicas que acogieron mis gestiones con un sentido muy humano.

 Fue muy de lamentar que fracasáramos todos en salvar a un hombre que quizá hubiera podido hacer cambiar el rumbo de la Historia de España si hubiera vivido.

Palabra sobre el autor.

 Jaime Suárez es un titán en silla de ruedas, doble proeza que se llama Plataforma 2003, asociación cívico cultural para la restitución histórica de José Antonio Primo de Rivera (vida, pensamiento y obra) al patrimonio de la sociedad civil, sin afán proselitista alguno, según definición de  los estatutos.

 En la metafórica silla de ruedas, silla de todas las dificultades y prohibiciones,  silla que empuja la imprescindible Beatriz, Jaime Suárez está dejando la vida (la existencia por la esencia), sumido en la cueva de Montesinos, cueva de Alonso Cano 66, de donde ya ha salido toda una biblioteca, encabezada por la hazaña de las Obras Completas, instalación de José Antonio en el siglo XXI.

Palabra sobre el libro.

 El legado de José Antonio es el legado que nos deja Jaime  Suarez como su opera magna y, al mismo tiempo, como opera omnia, el todo José Antonio que muchos hubiéramos querido firmar de haber tenido el valor y la inteligencia de proponérnoslo con el estudio , la dimensión, el método y el estilo con que Jaime lo está haciendo.

El propio Jaime sintetiza en una frase su obra gigante: José Antonio, desde el ayer, en el hoy y para el mañana. Trilogía esencial a la que corresponden las tres partes en que divide su obra. Las dos primera partes, contenidas en el volumen que hoy se presenta, y la tercera parte extendida en dos volúmenes más, de los cuales uno ya está prácticamente terminado.

 En espera de las valoraciones de la mayor autoridad de Fernando y de Juan, como simple joseantoniano, incluso atribuyéndome la condición de buen aficionado, como se dice en el flamenco, declaro que yo creía saber,  hasta haber sabido de el Suárez, dicho como los estudiantes de Derecho dicen de el Castán.  Mi desquite simpático es advertir una errata en las páginas 134 y 135: donde dice Enrique Giménez Caballero, debe decir Ernesto. Lo siento, Jaime.

 Bien. De una manera primaria, los joseantonianos nos hemos pasado la vida dándole vueltas a la vigencia de José Antonio. ¿Está vigente José Antonio? ¿Cómo está vigente José Antonio? Aquí está, por fin, la recurrente vigencia, no como búsqueda, sino como solución.

 Aquí esta, gracias a Jaime Suárez, el legado de José Antonio.

En hora buena, todavía.