José Mª de Llanos, S.J.

José María de Llanos, el jesuita con quien venía colaborando en tareas de apostolado religioso, me aconsejó que lo hiciera, y aún no se bien por qué… “Tu forma de ser encaja con la ambición de José Antonio de un hombre nuevo que compagine lo espiritual con el sentimiento militar”. Un hombre nuevo… me acordaba del hombre nuevo de San Pablo que tenía sentido para mí pero… “Puedes hacer mucho bien en el Frente de Juventudes, donde se conserva la pureza inicial de propósitos de José Antonio Primo de Rivera”. Aquellos muchachos repetían frases poéticas del Fundador, se confesaban y comulgaban, cantaban, adoptaban formas militares y convivían con la esperanza de la “revolución pendiente”. Y lo más importante: querían integrar en sus filas a los hijos de los vencidos en la guerra civil.

Eran buena gente y me sentí a gusto. Participe en acampadas y en marchas de montaña y reverdecieron mis antiguos propósitos de lucha política por la justicia social. Pasado el tiempo, el P. Llanos, mi amigo y confidente, me sugirió que había un grupo de universitarios, en la órbita de su dirección espiritual, que podrían agruparse en otra centuria juvenil aprovechando mi experiencia en el Frente de Juventudes de Madrid. Y fundamos la “Iñigo de Loyola”, que pretendía recoger también el mensaje de quiénes, desde los noviciados, seguían cantando:

- Fundador: sois Ignacio general de la Compañía real que Jesús con su nombre distinguió… la Legión de Loyola, con fiel corazón, sin temor enarbola la cruz por pendón.

Ramiro de Maeztu decía que en los Andes había oído cantar a un indio: Señor San Ignacio, Alférez Mayor, llevas la bandera delante de Dios…

Vinieron de otras centurias, César Ruiz-Ocaña, Vicente Royo, Manolo Muñoz, Ángel López Castelví, Benigno Rodríguez Alda, Fernando Fernández Mesa, José Ricardo Fernández de Velasco, Juan José Adán, y otros nuevos como Paco Carbajosa, Julio Fanconi, José María Pagola, José Mari Manzanares, Antonio Toral, Olañeta. Al final con Jaime Suárez, que había sido Jefe de Centuria en Zaragoza.; Pepe Bujeda, Salvador Gay, José Manuel García Roca, y Hasta Carlos Alonso del Real, más Miguel Sánchez Mazas, José Luis Rubio, Pablo Ortega, Alfonso García Noreña, éramos un grupo de hombres jóvenes y menos jóvenes en los que hervía la pasión juvenil por dominar el futuro de nuestro país. Y el Padre Llanos nos dio su bendición. Nos unía a todos el profundo sentido religioso, la apertura al mundo de la cultura moderna a partir de Ortega y Unamuno, de Machado y de Maeztu. El deseo de una profunda transformación de la sociedad española , de justicia social. Y la voluntad de rescatar el acervo poético y revolucionario de José Antonio Primo de Rivera y de cuanto creyeron en él... (La vida que viví con los demás, pp. 73 y 74, Ed. Plataforma 2003, autor: Ceferino Maestú, PVP: 18 €)