Sucedió en el Valle. Cuento de Navidad

A los niños de la Escolanía

Niños, os voy a contar un cuento… un cuento de Navidad. Fue un día especial, el 24 de diciembre pasado… Salíamos de la Basílica después de haber asistido a la Misa de Nochebuena y de haberos escuchado cantar en el pequeño concierto que nos ofrecisteis al terminar la Misa. Íbamos contentos. Charlando y felicitándonos la Navidad, Dios se había hecho Niño. Nos había nacido un Salvador. Íbamos muchos de Plataforma y la gran mayoría del grupo de San Germán, con nuestras familias. Alguno faltaba, pero aunque físicamente no estuviera, también estaba presente.

No se veía mucho. Nos dirigíamos al aparcamiento, para volver a Madrid. Era noche cerrada. En el cielo, únicamente y a lo lejos, una estrella. A todos nos sorprendió la gran cantidad de luz que emitía. Parpadeaba insistentemente y dirigía su luz como un foco gigantesco, a una zona determinada del Valle. Parecía que nos quería decir algo. Nos entró la curiosidad y nos dirigimos para allá. Teníamos linternas, así que cogimos los coches y nos fuimos en pos de la estrella. Hasta donde pudimos, claro. Llegamos hasta el principio del sendero que se dirige a la Cruz. Allí tuvimos que dejar los coches ante la barrera que prohíbe el acceso. Entonces ya no nos hicieron falta las linternas… La luz que emitía la estrella era tan intensa que casi nos deslumbraba… Estábamos a punto de llegar al sitio indicado. Continuamos caminando por el monte como unos cincuenta metros, hacia la izquierda. Y entonces lo vimos.

Un pequeño portal de Belén, y ante el, y cantando ante el niño Dios, las lechuzas, los corzos, los ciervos y los gamos… Tejones y gatos monteses, petirrojos y lagartijas, zorros, liebres y ardillas… alguna familia entera de jabalíes, y hasta una pareja de águilas imperiales… Pudimos distinguir al pequeño zorrito que diariamente acude a comer a las puertas de la cocina de la Abadía, y esos jabalíes que se acercan también y que da de comer Fray Saturnino… todos cantaban villancicos ante el niño Dios que balbuceaba y sonreía. Vimos también como  a María, la Virgen, emocionada, le asomaban unas pequeñas lágrimas en sus ojos…

Beatriz Avilés