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Falangistas en el Cuartel de la Montaña
Relato de David Jato en "Madrid, capital Republicana"

 

Los falangistas que llegaron a la Montaña antes de las cuatro de tarde pudieron entrar con cierta facilidad, aún cuando algunos fueron interrogados por los de Asalto y hasta cacheados cuando se dirigían por Ferraz en dirección al Cuartel. Juan Ponce de León recibió en la Montaña a los primeros. Cuando no los conocía personalmente les preguntaba a que Centuria y Escuadra pertenecían  y quiénes eran sus jefes. Se había dado la orden de que no se presentaran en grupos que pudieran infundir sospechas. No obstante, las patrullas comunistas de vigilancia de Radio Oeste, merced a sus avisos y denuncias, hicieron que se intensificara la severidad del cerco, logrando que solamente alcanzaran  el cuartel 183 falangistas. El relato de Carlos Salido ilustra el episodio: “A las cuatro de la tarde, encontrándome con varios camaradas en un café situado en la glorieta de Bilao, se nos comunicó la orden de presentarnos en el Cuartel de la Montaña. Nuestro grupo, compuesto de doce personas, se dirigió para infundir menos sospechas, en grupos de dos o tres. Ramón Alberola y yo nos dirigimos al cuartel utilizando el siguiente itinerario: calles de Carranza, Princesa y Ferraz. Durante el trayecto fuimos detenidos varias veces por las milicias, que, ya dueñas de la calle, nos cachearon y nos exigieron la documentación. Afortunadamente, no nos encontraron los brazaletes con los colores de la Falange, que llevábamos enrollados en el tobillo, debajo del calcetín.

 

Juan Ponce de León

 

“Poco antes de llegar al monumento de los muertos de la Aviación, en la calle de Ferraz, fuimos detenidos nuevamente, esta vez por guardias de Asalto; pero al decirles que nos dirigíamos a visitar a un enfermo en el Sanatorio Riesgo, situado en la calle de Ferraz, frente al Cuartel, nos permitieron pasar.

Al llegar a la altura de dicho edificio cruzamos la calle rápidamente y entramos en el Cuartel. En ese momento fuimos agredidos por unas ráfagas de ametralladora desde la Plaza de España (1). Las fuerzas del gobierno habían instalado una ametralladora en la terraza del sanatorio del Dr. Slocker, situado en Rosales, que batía la entrada de Zapadores y otra en una casa en la esquina de Evaristo San Miguel enfilando el cuartel de Alumbrado.

Los intentos para entrar en la Montaña  produjeron un episodio al que la prensa madrileña dedicaría gran espacio. A las cuatro de la tarde, el jefe de la primera Centuria Falangista, el estudiante  de Medicina de 19 años Reinerio García Pérez, tomó en Ríos Rosas uno de los pocos taxis que todavía se alquilaban y dio la dirección del final de la calle Luisa Fernanda. Se había preocupado de la complicada tarea de hacer llegar la orden de concentración en el cuartel a cuantos pudo de su unidad. Vestía camisa azul y llevaba un paquete con pistolas. Poco antes de desembocar en la calle de Ferraz, fue detenido el taxi por una patrulla de milicianos. Desde dentro contestó con desenvoltura: “Salud, camaradas”. Abandonó el coche frente al número tres de la calle Juan Álvarez Mendizábal, subiendo a la azotea de la casa al ver que un pelotón de guardias de Asalto se dirigía hacia él. Mantuvo un intento tiroteo con sus perseguidores, hiriendo gravemente a un cabo. Apenas sin municiones y también herido, pretendió refugiarse en varios pisos, sin conseguirlo.

Según los periódicos tenía unos amigos en el principal izquierda que se negaron a esconderle (2). Logró, sin embargo,  entrar en el piso de enfrente, desde el que continuó defendiéndose, parapetado en la cocina. La prensa terminaba el episodio acusando al estudiante falangista de haberse suicidado al sentirse acorralado, sin embargo el parte del capitán de Asalto, Francisco Hernández, era mucho más preciso: “Di cuenta a la Dirección General de Seguridad de haber sido agredido desde una azotea de la calle Juan Álvarez Mendizábal, resultado un cabo gravemente herido y muerto el agresor, a quien se le ocuparon cuatro pistolas y bastantes municiones. Inmediatamente, -continúa el guarda de Asalto- se me enviaron cinco carros blindados, y se personó el teniente coronel, señor Sánchez Plaza, dándome instrucciones precisas para actuar y colocación de fuerza  y blindados para el total bloqueamiento de los sublevados que se hizo con toda rapidez”.

 

Esquela publicada en ABC,  16.07.39

 

Después de estas medidas, Javier García Noblejas, jefe de la Sexta Centuria, fue detenido al intentar entrar en el Cuartel.

La severidad de quiénes  vigilaban los alrededores fue irregular. Hubo un momento, explica Méndez Parada, que “ante la dificultad para entrar los falangistas, durante la tarde,  se mandó un enlace al teniente  de Asalto que vigilaba el acceso por Ferraz y éste tomó medidas  que permitieron la entrada a más falangistas”. La flexibilidad duró poco, pero revela lo indeterminado de las posiciones de ciertos oficiales de las fueras de Seguridad.

La versión de los de Asalto señala: “Próximamente a las diecisiete horas y con el propósito de facilitar la entrada en el cuartel de unos paisanos, fuimos agredidos con fuego de ametralladora, que fue contestado por la fuerza enérgicamente y desde ese momento quedaron rotas las hostilidades entre sitiados y sitiadores, recibiendo poco después a dos parlamentarios del general sublevado con proposiciones indignas que teniente coronel conoce”.