El avión de papel


El pasado 13 de octubre, como cada sábado, mi amigo y camarada Revilla y yo nos encontramos a primera hora de la mañana para desayunar juntos. Pero ese encuentro –que ya tiene solera– no sólo cumple un fin gastronómico. Sobre todo nos sirve para ponernos al día de los aconteceres que se producen en el mundo que nos rodea.

En esta ocasión mi amigo Revilla me contó un suceso que nosotros, ambos, estimamos importante. El caso es el siguiente: Estando él, la tarde anterior, esperando la llegada del autobús en una parada de la Gran Vía barcelonesa, cayó a sus píes un avión de papel. Sorprendido por el insólito aterrizaje, alzó los ojos para ver de donde procedía el pequeño aeroplano; y pudo observar cómo una niña, entre alegre y asustada, se escondía tras los visillos de su ventana. Mi amigo le obsequió con una sonrisa y, acto seguido, recogió el avioncito del suelo. Inspeccionó las formas aerodinámicas del “aparato” y las diversas inscripciones del mismo. Pudo observar que se trataba de un modelo “Orión”; es decir, que simulaba las famosas alas delta del Mirage. Las palabras que figuraban en el fuselaje –por cierto, muy reiteradas– estaban claras: VIVA ESPAÑA, y CATALUNYA ES ESPAÑA. Además, en la parte inferior y superior de las alas aparecía pintada la bandera de España; detalle que facilita, obviamente, su visión tanto desde tierra como desde el aire. El material utilizado para la construcción del avión era papel de libreta escolar.

Hasta aquí el hecho. Pero, evidentemente, nosotros sabemos que la importancia de lo narrado no reside en ese aterrizaje forzoso ¿Qué fuerza interior llevó a una niña de pocos años a arrancar una página de su libreta de colegio, construir un aeroplano, pintar sus escarapelas con los colores de la bandera nacional, escribir sus mensajes en mayúsculas, y lanzarlo al vuelo? Ahí está la cuestión.

Me imagino a una niña de entre ocho y diez años, pizpireta y algo traviesilla que, día a día, va recibiendo esos mensajes subliminales –y a veces directos– que le hablan de diferencias, de agravios, de enfrentamiento entre españoles. Es posible que en su colegio exista la polémica, porque unos dicen que quieren ser solo catalanes y no españoles, otros –quizás– dirán que es posible amar a Cataluña y España. Pero lo que sí está claro es que ella no es receptiva al odio. El vuelo de su avión ha puesto de manifiesto que quiere sonreír a todos, que quiere la hermandad entre todos. Algún día alguien –bendito sea– le hablaría de España de forma comprensible para ella, y sus ojos se abrirían sorprendidos y su corazoncito se pondría a latir con más fuerza. Seguro que en su tierna almita cabe el sentimiento de catalanidad y de españolidad sin ningún problema, porque no se excluyen. Su avión llevaba el mensaje de que todos los españoles nos amáramos por encima de las diferencias regionales. Nuestra niña seguro que no sabe de razones económicas, ni históricas, ni jurídicas…para fundamentar su amor a España. Su amor es espontáneo como el amanecer, puro como el aire de la sierra, tan grande que necesita compartirlo con los demás, por eso lanza aviones de papel a la calle con el grito de ¡VIVA ESPAÑA!

En Barcelona, 16 de octubre de 2012

Francisco Caballero Leonarte