Réplica de Jaime Suárez a Eduardo López Pascual

Querido Eduardo:

He tenido conocimiento de la nota que has publicado en la web de Falange auténtica sobre mi libro recién editado, El legado de José Antonio. Ante todo, te agradezco tu cariñoso primer párrafo sobre mi persona y mi obra. Y también me apresuro a lamentar la tristeza que, según tu, te ha producido leer m libro. Por eso, empiezo por el final: tú no has llorado, porque ya no lloras. Pues yo todavía si lloro y te confieso mi mas intimo dolor al comprobar cómo un camarada, -no creo ofenderte si te sigo considerando así-, de quien tengo la mejor opinión, como tu, no me ha entendido. Sigo por el final: Fomentas mi orgullo al situarme en la compañía de Dionisio Ridruejo Lain Entralgo, Jaime Campmany y Enrique de Aguinaga, todos maestros míos y personajes que merecen todo mi respeto y admiración. De Enrique de Aguinaga no digo nada: afortunadamente esta vivo y coleando y sabe defenderse solo. Los otros ya están muertos y callados. Y es cierto que vivieron los últimos años de su vida alejados y fuera de toda militancia falangista. Pero no es menos cierto que habrá que preguntarse si la responsabilidad de ello, fue enteramente suya. ¿Y cual de nuestras numerosas falanges mereció, entonces, seguir contando en sus filas con tal egregios españoles?

Una vez despachados los asuntos colaterales de tu nota, paso a contestar el fondo de este asunto: las razones de tu rechazo.

Tu me acusas de “todo un razonamiento en contra de los  principios que caracterizan el mensaje de José Antonio y naturalmente [de atacar] al instrumento que lo hacía posible como es Falange, –yo te pregunto: ¿Cuál de ellas?, y su vehículo ideológico, en el nacionalsindicalismo, en el que yo, según tu aseguras, ya no creo”. Pues bien, de tu párrafo, querido Eduardo, no acepto nada más que tu acusación de que ya no creo en el nacionalsindicalismo. Es cierto, porque es un buñuelo de viento.  Pero te advierto que nunca devolví mi carnet de Falange que lleva fecha de 13 de agosto de 1936, y en cuyos Estatutos no figura la obligación de creer en el nacionalsindicalismo.

La parte de mi libro mas polémica, y donde yo estimo  que se basa tu oposición, es la referente a la actualización del pensamiento de José Antonio. Concretamente, las páginas 221 a 374,  Veamos los distintos temas, uno a uno y por su orden.

  1. Partido único: afirmo que José Antonio en ningún sitio considero ni propugnó a la Falange como partido único (p. 236). ¿Estoy equivocado? ¿Por qué?
     

  1. Dictadura: ¿cómo se puede propugnar una dictadura, aunque solo sea transitoria y para llevar a cabo la revolución desde el poder,  si al mismo tiempo se habla del hombre como portador de valores eternos, fundamento de todo un orden nuevo y portador de la libertad, integridad y dignidad? (pp. 238 y ss).
     

  1. Democracia orgánica: Ojalá fuera posible. José Antonio la propuso porque a el su tiempo se lo exigió. Nosotros la rechazamos, yo al menos, porque el nuestro, nuestro tiempo así lo exige. Sinceramente, creo que si soy libre, y estimo y respeto la libertad de los demás, como valor eterno que es, no puedo rechazar el pluralismo político. Yo no digo en sitio alguno que José Antonio fuera partidario de los partidos políticos. Propuso, en efecto, su eliminación. Yo no puedo,  hoy, pensar lo mismo. Los partidos políticos son necesarios, tanto como su regeneración democrática. En cuanto a la posibilidad de una democracia orgánica en base a las que José Antonio llamó unidades naturales de convivencia, pregunto: ¿Con cuál familia de las varias posibles según el ordenamiento legal actual? En cuanto al municipio simplemente lo considero sede del Poder local en el que participar, no vehículo ni canal de representación para participar en el Poder nacional (Parlamento).  En cuanto al sindicato, este tema merece tratarlo mas despacio (pp. 245 y ss).

  1. Sindicato: (pp. 278 y ss.) Creo, sinceramente, que la concepción sindical de José Antonio que, en efecto no comparto, ya fue un error entonces, en 1933; y, ahora, un disparate. Afirmo que el sindicato o gremio no es ni fue ni podrá ser nunca, una unidad orgánica, natural de convivencia laboral. ¿Quién convive en un sindicato?  Se puede decir ¿Qué se convive en un sindicato porque se tiene una profesión y un trabajo o no, y se obtiene un carnet? ¿Cómo puede ser el sindicato la unidad de convivencia laboral si nadie trabaja en un sindicato? Donde se trabaja es en una empresa ¿Y ese sindicato, que no es una unidad natural de convivencia, puede ser vehículo de participación y representación del ciudadano ante el Estado? ¿Y ese vehículo de participación y representación es compatible con la concepción del sindicato como órgano directo del Estado?  En cuanto a la vertebración sindical de la economía española, y la organización sindical total de nuestra economía, –gigantesco ejercito de productores– no cabe mayor disparate desde 1933 hasta esta fecha. ¿Sabe alguien lo que es un Sindicato Vertical o Nacional? Que nos lo explique, por favor. Tal como nuestros fundadores concibieron el Sindicato Nacional resulta incompatible con la libertad sindical (asociación) con la libertad de empresa (iniciativa privada) y con la libertad de mercado (oferta y demanda).  Hay tres vergüenzas nacionales: Gibraltar, los 500 consejeros de la Moncloa y los incontables sindicalistas liberados. Para terminar, el concepto  marxista de José Antonio de la “plusvalía” no tiene recibo. Ni ayer, ni hoy. Desde luego, ni mañana.
     

  1. Desarticular el capitalismo: “las previsiones de Carlos Marx vienen cumpliéndose inexorablemente” ha dicho José Antonio. No es verdad.  ¿Dónde?  ¿Cuándo? “La agonía del capitalismo es implacable” ¿Dónde? ¿Cuándo?  ¿Por qué es absolutamente injusto el capitalismo? No acepto el descuaje del capitalismo, sino su reforma. Y como este tema me parece esencial, te desafío, amigo López Pascual a un debate público, siempre dispuesto a rectificar mi posición si tus argumentos son mejores. Por cierto, mi posición actual coincide con la reciente de Hillers de Luque (pp. 246 y ss).
     

  1. Revolución y violencia jurídica: no soy yo solo el que rechaza la revolución; también lo hace José Antonio, quien diga lo que diga una y otra vez, aunque no lo reconozca, prefiere la reforma (pp. 304 y ss).
     

  1. La justicia social como efecto de la revolución económica: (pp. 322 y ss). Conseguir la justicia social no exige, como condición previa, revolución económica alguna. Lo que exige es, una política fiscal adecuada y una acción total del Poder que equilibre las rentas, mejore las oportunidades y deshaga las desigualdades fragantes. El Estado de Bienestar debe ser defendido, mantenido y fomentado. Ello no exige revolución alguna, ni desde el Poder ni desde la calle.
     

  2. Relación laboral versus contrato de trabajo: No es verdad que cuando yo trabajo y percibo, como remuneración, un salario venda mi trabajo como una mercancía. Sobre la relación laboral, como alternativa al contrato de trabajo, sólo tengo que añadir que únicamente es posible en algunas formas jurídicas de empresa (sociedad colectiva y cooperativas) imposibles de generalizar.  Hablar de la relación laboral como forma universal a implantar, es otro buñuelo de viento (pp. 354 y ss).

No acepto que estos ocho temas, en que identifico mi rechazo a las tesis respectivas de José Antonio constituyan los principios fundamentales de su pensamiento, que consiste en algo mucho mas extenso y profundo que su nacionalsindicalismo, al fin y al cabo, mérito exclusivo de Ramiro Ledesma Ramos. Precisamente, este verano, −si Dios me permite recuperar mi salud−, lo voy a dedicar a terminar de escribir los tomos II y III de mi Legado de José Antonio. El tomo II casi terminado, puede que supere las 900 páginas y trata sólo de lo esencial de su pensamiento, excluida España como nación, tema del que trata el tomo III, no menos extenso. Ese pensamiento es lo esencial, y no la nacionalización de la banca, por ejemplo. Desde luego no incluye, lo que hemos llamado, siempre, la revolución pendiente. Te cuento, querido Eduardo, que yo fui consejero de Caja Madrid, donde nunca cobré un duro, por mi condición de Secretario general del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Pues bien, en la entrada de la sala de juntas había un eslogan de su fundador, Padre Piquer,  que avisaba de que la finalidad de la caja era “en sufragio de difuntos y el socorro de los vivos”. De los sufragios no tengo noticias. Del socorro de los vivos; a los muy vivos, todos los días.  Por el creciente desarrollo de las Cajas habíamos conseguido nacionalizar ya el cincuenta por ciento de nuestro sistema financiero. ¡Y los socialistas las convirtieron en bancos, además de saquearlas!  ¿Y queremos una España todo así? Frente a esto, propongo privatizar hasta el Banco de España.

Acabo ya y quedo a tu entera disposición querido Eduardo, para aclararte lo que no haya quedado claro. Pase lo que pase y sea cual fuere tu posición, yo desearía que nuestra amistad no sufriera por ello: dos personas pueden ser amigas aunque no piensen exactamente lo mismo.

No te oculto que tu nota sobre mi libro me ha dolido, y mucho. Y no porque tengas razón sino porque es tuya, a quien aprecio y estimo. Recibe un fuerte abrazo,

Jaime Suárez