José Antonio y las dos Españas

 

Jaime Suárez

Ponencia dictada el curso "Gurmendez"

Club de Prensa de Ferrol, 2009.

 

“Nuestro pueblo de hoy es un momento de la historia de nuestro pueblo. La solidaridad entre los que viven se prolonga bajo tierra y va a buscar en sus sepulcros a las generaciones muertas. En el presente se condensa el pasado íntegro: Nada de lo que fue se ha perdido; si las venas de los que murieron, están vacías, es porque su sangre ha venido a fluir por el cauce joven de nuestras venas"

 

José Ortega y Gasset, 12 de marzo de 1910.

 


 

 

 

 

 

 

1 .- La reconciliación nacional, problema pendiente:

José Antonio no usa nunca, que yo sepa, la denominación de las dos Españas y sólo escasas veces habla de la Anti-España, término acuñado por la derecha más reaccionaria. José Antonio trata nuestro tema como la dialéctica entre las derechas y las izquierdas, siempre en el contexto de la estéril lucha entre los partidos políticos y dentro de su tesis de España como perpetuo borrador inseguro. La primera consecuencia de la necesaria recuperación histórica de José Antonio, -y del resto de sus amigos, colaboradores y seguidores, hasta hacerlos presentes en nuestro tiempo-, tal como se propone, sería la aportación de sus figuras al acervo cultural común de todos los españoles mediante su incorporación activa a esa galería de españoles egregios que, desde Jovellanos acá, han pretendido la conciliación de nuestros compatriotas; con escaso éxito, hasta hoy. Y todos ellos, que forman el elenco de la verdadera tercera España; por cierto, maltratados, incluso a veces hasta con la muerte, bien por una de las dos Españas, bien por la otra, cuando no por las dos Españas al mismo tiempo. ¡Triste sino el de nuestros mejores españoles! De lo que vamos a hablar es del malogrado proyecto de José Antonio, con actual plena vigencia histórica hoy, de reconciliación y resurgimiento nacional, superador de nuestra secular división en dos Españas. Dos Españas siempre incompatibles e irreconciliables y, en más de una ocasión, dispuestas a su mutuo y recíproco exterminio, incluso físico. Y lo mismo nos da una España que la otra. Nuestras izquierdas, ayer como hoy, insolidarias con el pasado y carentes de toda emoción nacional. Nuestras derechas, hoy como ayer, insolidarias con el presente y carentes de todo sentido social. Ya nos dijo José Antonio: "el ser "derechista" como el ser "izquierdista" supone siempre expulsar del alma la mitad de lo que hay que sentir. En algunos casos es expulsarlo todo y sustituirlo por una caricatura de la mitad". (9 de enero de 1936. Edición del Centenario, p. 1.302). La primera pregunta que tenemos que hacernos es ¿qué es eso de que la reconciliación nacional está pendiente? Y la respuesta es: entendemos que José Antonio fracasó en su empeño de conseguir la reconciliación nacional. Y ello, como cuantos otros españoles antes y después de él lo intentaron, y la reconciliación nacional quedó, y está todavía, pendiente. Y lo seguirá estando mientras existan dos Españas, las derechas y las izquierdas, mutua y recíprocamente excluyentes. Y de esto se trata: de la superación de nuestra secular división en dos Españas. ¿Es esta superación posible? Pensamos, como José Antonio, que la reconciliación nacional pendiente es posible siempre que se supere esa división en dos Españas, una de derechas y otra de izquierdas. La una, conservadora y tradicional; y, la otra, innovadora, moderna y progresista. Hay que nacionalizar a nuestras izquierdas y hay que socializar a nuestras derechas y ésta es una empresa más allá de la política; es una empresa del más alto contenido espiritual: la síntesis superior de las derechas y de las izquierdas; las dos al servicio común de una empresa total, de todos los españoles, para y por todos los españoles, sin exclusivas ni exclusiones.

2 .- Derechas no sociales e izquierdas no patriotas:

La siguiente pregunta es ¿existe algún texto de José Antonio donde explique esta tragedia española de las derechas no sociales y de las izquierdas no patriotas? La respuesta es sí. Hay un párrafo, un poco largo para transcribirlo pero lo haremos porque resulta necesario, de un discurso de José Antonio en el Parlamento el 6 de junio de 1934, de una actualidad estremecedora. Ese párrafo dice así: "No hace mucho tiempo hablaba aquí don Fernando de los Ríos de la obra de las Misiones españolas; poco después me hablaba a mí en los pasillos de la congoja con que él había seguido en América el rastro de los conquistadores españoles; y yo le decía a don Fernando de los Ríos: el día en que estas cosas que usted nos dice, el día en que esta emoción española que usted pone cuando habla con nosotros la trasladen ustedes a los Sindicatos obreros, entonces ya no habrá nadie que se atreva a ponerse en el camino del partido socialista; porque si el partido socialista suscita enemigos, y tal vez los va a suscitar más cada día, pues las juventudes socialistas se alejan de este sentido nacional, es porque el partido socialista se empeña en arriscarse en una interpretación marxista, antinacional, absolutamente fría ante la vida española. El día en que el partido socialista asumiera un destino nacional, como el día en que la República, que quiere ser nacional, recogiera el contenido socialista, ese día no tendríamos que salir de nuestras casas a levantar el brazo ni a exponernos a que nos apedreen, y, a lo que es más grave, a que nos entiendan mal; el día en que eso sucediera, el día en que España recobrara la misión de estas dos cosas juntas, podéis creer que la mayoría de nosotros nos reintegraríamos pacíficamente a nuestras vocaciones". (Edición del Centenario, p. 603). También cabría pensar que es universal la distinción entre estas dos maneras distintas de ver las cosas? En todas partes, con un nombre u otro, hay derechas e izquierdas… A esto hay que decir que es cierto. Pero no como aquí. Aquí cada una de las dos Españas se cree en posesión de la verdad absoluta y su mutua obsesión es la exclusión de la España contraria, a la que no ve como un adversario o rival a quien ganar en limpia contienda electoral, sino como un enemigo a exterminar. Cada una de las dos Españas es, para la otra, la encarnación absoluta del mal, a extirpar. Esta visión maniquea ha esterilizado toda la historia contemporánea de España, consumiéndose todas nuestras energías en este inútil y funesto combate que ha provocado, además, tragedias históricas tan enormes como nuestra última guerra civil. Con esta visión de las dos Españas irreconciliables hay que terminar. Dios nos ha dado dos manos. Por algo será. Cada una de mis dos manos, mi derecha o mi izquierda, no es enemiga de la otra ni pretende su desaparición; cada mano es complementaria de la otra. Cuando con una mano sola no podemos realizar tal o cual operación, usamos las dos. Y así es como se construye una Patria para todos, con todos y por todos. Sin exclusivas (nada de "nosotros", los "míos" o los "nuestros") ni exclusiones (nada de "ellos" o los "otros"). A todo esto, se llama reconciliación nacional. No se trata sólo de la reconciliación, todavía pendiente, entre vencedores y vencidos en nuestra pasada guerra civil. La gente que ha nacido después, y que ya no tiene tal vivencia bélica fratricida, sigue apuntándose, ahora como entonces, a una de las dos Españas. Y toda España continúa, como entonces y por mitad, dividida en dos. No nos proponemos olvidar la tragedia que nos dividió, porque no nos dividió la guerra, como se dice. La guerra fue el efecto. Fue nuestra división la causa que provocó la contienda. Y esto es lo que hay que tener siempre presente para no repetirlo. De lo que se trata, pues, es de ser capaces de proyectar un futuro común que nos una, de una vez por todas, en un proyecto total donde quepamos todos, a realizar por todos y para todos, sin "nosotros" ni "ellos". Uniendo, para siempre, tradición y modernidad.

La tercera pregunta que cabe hacer es: ¿no es eso lo que pretende el centro? Y la respuesta es: no. Por el contrario, el centro, precisamente, afirma, aunque no lo diga, que deben existir las derechas y las izquierdas y, además, cada vez más incompatibles. Su papel consiste, precisamente, en servir de colchón intermedio que evite o palíe el cainita enfrentamiento. Así aspira el centro a convertirse en árbitro de la situación. El centro no supera, ni integra, ni sintetiza. Sólo pretende mantener y consolidar una división fratricida que, cuanto más grave sea, más justifica su existencia.

Por todo ello, fue el propio José Antonio quien dijo que el movimiento que preconizaba no era ni de izquierdas ni de derechas. Y lo repitió muchas veces. Desde su discurso fundacional, el 29 de octubre de 1933: "El movimiento de hoy…, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas"; hasta su último discurso en el Cinema Europa de Madrid, el 2 de febrero de 1936: "…nosotros, que no somos de derechas ni de izquierdas", pasando por afirmaciones tan absolutas como "basta de izquierdas y de derechas" (26 de abril de 1934) o "nada de partidos, nada de derechas ni de izquierdas" (20 de mayo de 1934). Y hay quien puede pensar que si no se es ni de izquierdas ni de derechas será porque se es del centro. Pues no. El centro no es de derechas ni de izquierdas, pero no lo es por defecto, como se dice en matemáticas, porque no es nada. El centro no es más que una situación geométrica, no una ideología. José Antonio no es de izquierdas ni de derechas, pero es así por exceso, usando la misma terminología matemática. Es decir, porque es las dos cosas al mismo tiempo. José Antonio se hubiera expresado mejor si hubiera dicho: no somos ni de izquierdas ni de derechas porque somos las dos cosas al mismo tiempo: en lo nacional, somos de derechas; en lo social, somos de izquierdas. La cuarta pregunta a resolver sería esta: ¿cómo se pueden ser dos cosas contrarias y opuestas al mismo tiempo? La respuesta la va a dar el propio José Antonio: "Nuestro movimiento no es de derecha ni de izquierda. Mucho menos es del centro. Nuestro movimiento se da cuenta de que todo eso son actitudes personales, laterales, y aspira a cumplir la vida de España, no desde un lado, sino desde enfrente; no como parte, sino como todo; aspira a que las cosas no se resuelvan en homenaje al interés insignificante de un bando, sino al acatamiento al servicio total del interés patrio. Para nosotros, la patria no es sólo un concepto, sino una norma. El acatamiento de esta norma hay que imponerlo con todo el rigor que haga falta, contra todos los intereses que se opongan, por fuertes que sean. Por eso somos revolucionarios". (En Córdoba, 12 de mayo de 1935, Edición del Centenario, p. 986).

3 .- Síntesis joseantoniana de derechas e izquierdas:

La cuestión fundamental a resolver es: ¿esa síntesis joseantoniana de derechas e izquierdas, en qué consiste? ¿Cómo se hace? Simplificando mucho las cosas, y a efectos sólo didácticos, digamos que las derechas ponen todo su énfasis en la Patria (tradición) despreocupándose del Pan y la Justicia (modernidad). Las izquierdas, por el contrario, se preocupan del Pan y de la Justicia (modernidad), pero se desentienden de la Patria (tradición). Al final todos, los unos y los otros, acaban estimando incompatibles el patriotismo y el afán social. Unos, arropan en la Patria todo lo que pretenden conservar, aunque no proceda, y, los otros, terminan por ver en el patriotismo el enemigo a eliminar, en primer lugar, si quieren poder progresar en su pretensión de Pan y Justicia; es decir, acaban estimando que "la Patria es un mito para explotar a los desgraciados", como denunció José Antonio en su discurso en el Teatro de la Comedia (Edición del Centenario, p. 346). Y esta es toda nuestra lamentable historia contemporánea. La solución consiste en una concepción de la Patria en la que ésta sólo exista, para todos, cuando todos tengan en ella su Pan y su Justicia. Sin Pan ni Justicia no puede haber Patria. Pero lo contrario no es menos cierto: sin Patria, sin una verdadera Patria, tampoco puede haber Pan y Justicia. En efecto, el Pan y la Justicia sólo son posibles en un Estado fuerte, que crea en su misión al servicio de una Patria grande, donde quepamos todos. No sólo se trata de lograr una instancia superior, capaz por su fortaleza de erradicar todo privilegio, garantizar la igualdad de oportunidades y redistribuir, tanto como sea justo, la riqueza nacional. También se trata de que esa instancia superior a todos (el Estado) sea capaz de eliminar todas las desigualdades y discriminaciones injustas por razón de sexo, cuna, clase, raza, opinión, creencias religiosas o lugar de residencia. Un adagio latino dice: "Ibi bene, ubi Patria". De acuerdo, siempre que "bene" sea Pan y Justicia. En una palabra, se trata de que no sea necesario, nunca más, el tener que optar entre la Patria o el Pan o la Justicia.

4 .- España, borrador siempre inseguro:

Y mientras el Pan y la Justicia se consideren incompatibles con la Patria, no hay solución: dos Españas enfrentadas, insolidarias e incompatibles. Y aquí es necesario citar unas estremecedoras palabras de José Antonio, publicadas en el núm. 12 de F.E., el 26 de abril de 1934, (Edición Centenario p. 558) recién cumplidos sus 31 años. Dicen así: "Otra vez, como tantas en los últimos tiempos, vuelven a ponerse en azar los destinos de España. Se diría que pesa sobre nuestra Patria la maldición de no llegar a ser una realidad, siempre en período de borrador inseguro. Cada vez que ha parecido entreverse el resurgimiento de una común aspiración nacional, pronto lo ha frustrado la pugna de unos partidos contra otros. La última vez fue el 14 de abril..." Son estas palabras de José Antonio sobre España como nación maldita, en perpetuo borrador inseguro, tan actuales hoy, como entonces, 26 de abril de 1934: la España de las ocasiones frustradas, "cada vez que ha parecido entreverse el resurgimiento de una común aspiración nacional", por la pugna de una España contra la otra. El señaló como últimas ocasiones perdidas el 13 de septiembre de 1923 y el 14 de abril de 1931; hoy, tendríamos que añadir dos fechas más: el 1º de abril de 1939, y la fecha, más próxima, del 6 de diciembre de 1978. Y, como el 6 de diciembre de 1978 nació la que, tal vez sea la última ocasión de una definitiva reconciliación nacional, tremenda cosa es obligarnos a temer, si es cierta la maldición sobre España de que nos hablara José Antonio, que esta nueva ocasión también se frustrará, como todas las veces anteriores que haya parecido entreverse "el resurgimiento de una común aspiración nacional". Y cabe preguntarse ¿es posible esa maldición secular del borrador siempre inseguro por culpa de las dos Españas? ¿Puede ser esto cierto? ¿Es fatal la profecía de Antonio Machado en Campos de Castilla (1912), en Poesías Completas, 7ª ed., Espasa-Calpe, Madrid, 1955, p. 320?

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

Antigua historia es ésta de las dos Españas. Historia de las dos Españas que resumió Larra (1809 - 1837) en su tristísimo pero certero epitafio: "Aquí yace media España: murió de la otra media".

5.- Superación, mediante su síntesis, de las dos Españas:

No se entenderá lo que significó el proyecto político de José Antonio si no se le sitúa en esta dimensión de haber pretendido la superación, mediante su síntesis, de las dos Españas. Como él mismo lo dejó escrito en su prólogo al libro ¡Arriba España! de J. Pérez de Cabo, Agosto de 1935 (Edición del Centenario p. 1099): "... Se nos ocurrió a algunos pensar si no sería posible lograr una síntesis de las dos cosas: de la Revolución -no como pretexto para echarlo todo a rodar, sino como ocasión quirúrgica para volver a trazar todo con un pulso firme al servicio de una norma- y de la tradición -no como remedio, sino como sustancia; no con ánimo de copia de lo que hicieron los grandes antiguos, sino con ánimo de adivinación de lo que harían en nuestras circunstancias--. Fruto de esta inquietud de unos cuantos nació la Falange. Dudo que ningún movimiento político haya venido al mundo con un proceso interno de más austeridad, con una elaboración más severa y con más auténtico sacrificio por parte de sus fundadores, para los cuales -¿quién va a saberlo como yo?- pocas cosas resultan más amargas que tener que gritar en público y sufrir el rubor de las exhibiciones". El verdadero sentido del proyecto político de José Antonio consistió en formular una propuesta concreta, nacional y social, que pretendía la definitiva solución de la aporía ya secular de nuestra Patria -España como problema-, escindida en dos, mutua y recíprocamente exclusivas y excluyentes, irreconciliables, a integrar en una empresa de destino común para todos los españoles uniendo, de una vez por todas, tradición y modernidad.

6.- Juicio sobre las derechas de su tiempo:

Se podría hilvanar una antología de textos de José Antonio a propósito de su juicio sobre una de las dos Españas, las derechas de su tiempo. Su descalificación de las derechas empieza en el mismo discurso del Teatro de la Comedia: "En el fondo, la derecha es la aspiración a mantener una organización económica, aunque sea injusta… luego esto se decora… con una serie de consideraciones espirituales. Sepan todos los que nos escuchan de buena fe que estas consideraciones espirituales caben todas en nuestro movimiento, pero que nuestro movimiento por nada atará sus destinos al interés de grupo o al interés de clase que anida bajo la división superficial de derechas e izquierdas". (29 de octubre de 1933, Edición del Centenario, p. 347). Y continúa en su "carta a un militar español" (de mayo o junio de 1935): "¿Y las derechas? Las derechas invocan grandes cosas: la patria, la tradición, la autoridad…; pero tampoco son auténticamente nacionales. Si lo fueran de veras, si no encubriesen bajo grandes palabras un interés de clase, no se encastillarían en la defensa de posiciones económicas injustas… Mientras defiendan con uñas y dientes el interés de clase, su patriotismo sonará a patriotería; serán tan materialistas como los representantes del marxismo. Por otra parte, casi todas las derechas, por mucho empaque moderno que quieran comunicar a sus tópicos (Estado fuerte, organización corporativa, etc.) arrastran un caudal de cosas muertas que les privan de popularidad y brío", (Edición del Centenario, p. 1034). No parece muy positivo el juicio de José Antonio sobre las derechas… Y así sigue la descalificación, y "en crescendo". Las derechas "son las que consideran que el fin del Estado justifica cualquier sacrificio individual y que se debe subordinar cualquier interés personal al colectivo… según esta definición ¿sería derechista el comunismo?", (Arriba, núm. 3, 4 de abril de 1935, Edición del Centenario, p. 925). "Todas las fracciones políticas de derecha ponen un especial empeño en destacar su carácter contrarrevolucionario. Se ha establecido un pugilato rabioso para probar cuál es más contrarrevolucionario… Los partidos "de orden", Acción Popular, Agrarios, Renovación Española, Bloque, Tradicionalistas, son contrarrevolucionarios porque son de "orden". Es decir: porque su fundamental aspiración es conservar el orden. Y no un orden abstracto, sino el orden actual". (Arriba, núm. 2, 28 de marzo de 1935, Edición del Centenario, p. 917). "El derechismo, los partidos de derechas, enfilan precisamente el panorama desde otro costado. Se empeñan en mirar también con un solo ojo, en vez de mirar claramente, de frente y con los dos. El derechismo quiere conservar la Patria, quiere conservar la unidad, quiere conservar la autoridad; pero se desentiende de esta angustia del hombre, del individuo, del semejante que no tiene para comer… ¡cuántas veces habréis oído decir a los hombres de derechas: estamos en una época nueva, hace falta ir a un Estado fuerte, hay que armonizar el capital con el trabajo, tenemos que buscar una forma corporativa de existencia! Yo os aseguro que nada de esto quiere decir nada, que son puros buñuelos de viento", (Conferencia en el Círculo Mercantil de Madrid, 9 de abril de 1935, Edición del Centenario, p. 954). "Y los [partidos] de derecha, por el contrario, manejan, un vocabulario patriótico, pero están llenos de mediocridad, de pesadez y les falta la decisión auténtica de remediar las injusticias sociales", (en Córdoba, 12 de mayo de 1935, Arriba núm. 9, Edición del Centenario, p. 986). Algunas de las opiniones de José Antonio sobre las derechas parecen particularmente crueles. Por ejemplo: "Las derechas españolas se nos han mostrado siempre interesadas en demostrar que el apóstol Santiago estuvo dando mandobles en la batalla de Clavijo. Con esa preocupación obsesionante se desentendieron por completo de las angustias del pueblo español, de sus necesidades apremiantes, de su situación dolorosa", (en Málaga, 21 de julio de 1935, Haz, núm. 8, Edición del Centenario, p. 1074). "Nosotros -dicen los jóvenes de derecha- salimos a la calle con el alma llena de justa cólera española contra la política irreligiosa, rencorosa, antinacional, del primer bienio. Nos humillaba la posición internacional de España, nos dolía en lo más hondo el galope emprendido hacia la desmembración, nos ofendía la insolencia de los triunfadores… y en noviembre de 1933 se nos dijo que habíamos vencido… Hoy, aunque nos duela, hemos de confesar que nuestro esfuerzo fue baldío… Nosotros aspirábamos a una España grande y justa, ordenada y creyente. No es esto, no es esto". ("Juventudes a la intemperie", Arriba, núm 18, 7 de noviembre de 1935, Edición del Centenario, pp. 1178 y 1179). "¿Qué es la juventud de derecha? Es la que creyó en el 19 de noviembre de 1933", (en el Cine Madrid, 17 de noviembre de 1935, Edición del Centenario, p. 1195). "¿Y las derechas? Las derechas, sí, invocan a la Patria, invocan a las tradiciones; pero son insolidarias con el hambre del pueblo… Y esto no puede ser así. No se puede ensalzar a la Patria y sentirse exento de sus sacrificios y de sus angustias; no se puede invitar a un pueblo a que se enardezca con el amor a la Patria si la Patria no es más que la sujeción a la tierra donde venimos padeciendo desde siglos", (en Sevilla, 22 de diciembre de 1935, Arriba, núm. 25, Edición del Centenario p. 1266). "La política… de derechas, en cambio, se desentiende de la angustia popular. No se acongoja con la conciencia de que el pueblo campesino español vive condenado a arañar tierras pobres por las que, encima, tiene que pagar renta", (en Quintanar del Rey, 29 de diciembre de 1935, Arriba, núm. 26, Edición del Centenario pág. 1281). Sus últimos textos muestran la radicalización de José Antonio, incompatible ya con la derecha española. Así, el 9 de enero de 1936, en plena campaña electoral para las elecciones a celebrar el día 16 de febrero, -elecciones que ganó el Frente Popular-, y en plena negociación de una posible candidatura común con la derecha española, José Antonio escribe: "El ser "derechista", como el ser "izquierdista", supone siempre expulsar del alma la mitad de lo que hay que sentir. En algunos casos es expulsarlo todo y sustituirlo por una caricatura de la mitad. Esto pasa, quizá, preferentemente entre las derechas: un gran aparato patriótico y religioso, demasiado enfático para ser de la mejor calidad, envuelve una falta espeluznante de interés por las miserias de los desheredados. Las derechas que se suponen más "avanzadas" llegan a recomendar ciertas ampliaciones jurídico sociales, como las que da a los obreros una homeopática participación en los beneficios o la que les asegura a la vejez un pingüe retiro de una peseta y media al día. Pero no hay partido de derechas que acepte el acometer con decisión heroica el descuaje del sistema capitalista y su sustitución por otro más justo. Y como en ello estriba la tarea de nuestra época (ya que la sustitución del sistema capitalista implica toda una revolución moral) y como sin esto la conciencia de una nación como comunidad completa de vida no puede afirmarse, es claro que un frente calificado por ser "de derechas" no puede ser, aunque lo ponga en todos los carteles electorales, un "frente nacional" (Edición del Centenario, p. 1302). Y en ese mismo mes de enero, el día 19, en Cáceres, en el Teatro Norba, dice: "Todo lo que sea invocación patriotera sin este sentido, sin este contenido, será una música de charanga con la que unos cuantos privilegiados traten, en vano, de distraer al pueblo para que no se acuerde de su hambre", (Edición del Centenario, p. 1317). El 2 de febrero de 1936, en el Cine Europa, todavía es más radical: "¿Qué nos dicen las derechas en sus manifiestos, en sus carteles electorales? Si el rencor es la consigna del frente revolucionario, simplemente el terror es la consigna del frente contrarrevolucionario… Todos son gritos: "que se hunde esto, que se hunde lo otro; contra esto, contra lo otro"; el grito que se da al rebaño en la proximidad del lobo para que el rebaño se apiñe, se apriete cobarde. Pero una nación no es un rebaño, es un quehacer en la Historia. No queremos más gritos de miedo: queremos la voz de mando que vuelva a lanzar a España, a paso resuelto, por el camino universal de los destinos históricos". (Edición del Centenario, p. 1349). El 21 de febrero de 1936, en su circular a todas las jefaturas acerca de los resultados de las elecciones celebradas el anterior día 16, expone: "Dos años de Gobierno y Parlamento derechista habían demostrado la absoluta esterilidad de tal sector. Las derechas, como tales, no pueden llevar a cabo ninguna obra nacional porque se obstinan en oponerse a toda reforma económica y con singular empeño a la reforma agraria. No habrá nación mientras la mayor parte del pueblo viva encharcado en la miseria y en la ignorancia, y las derechas, por propio interés, favorezcan la continuación de este estado de cosas", (Edición del Centenario, p. 1398). Y, para terminar esta antología de descalificaciones de la derecha, hay que traer aquí su manifiesto, del 14 de marzo de 1936, desde los sótanos de la Dirección General de Seguridad, el mismo día de la pérdida de su libertad para siempre: "La derecha, a fuerza de querer ignorar la apremiante angustia económica planteada por los tiempos, acaba de privar de calor humano a sus invocaciones religiosas y patrióticas", (Edición del Centenario, p. 1414).

7 .- Juicio sobre las izquierdas de su tiempo:

La descalificación de la izquierda es tan absoluta como la ya recopilada sobre la derecha. Y, también, se inicia en el mismo discurso de la Comedia: "…La izquierda es, en el fondo, el deseo de subvertir una organización económica, aunque al subvertirla se arrastren muchas cosas buenas. Luego esto se decora, en unos y otros, con una serie de consideraciones espirituales". (Edición del Centenario, p. 347). Y en Libertad, de Valladolid, el 27 de agosto de 1934, escribe: "Pues ¿y las izquierdas?... ya se han desligado por completo de toda emoción española. No hay movimiento separatista, por ejemplo, que no cuente con su aquiescencia. Toda la sustancia masónica, heladamente sectaria, antinacional, parece nutrirlas", (Edición del Centenario pp. 667 y 678). Una de las definiciones más extensas sobre las izquierdas consta en su Carta a un militar español, de mayo o junio de 1935, donde dice: "Las izquierdas son más numerosas… más impetuosas, con más capacidad política… pero son antinacionales. Desdeñando artificiales denominaciones de partido, las izquierdas están formadas por dos grandes grupos: a) Una burguesía predominantemente intelectual. De formación extranjera, penetrada en gran parte por la influencia de instituciones internacionales, esta parte de las izquierdas es incapaz de sentir a España entrañablemente. Así, todas las tendencias disgregadoras de la unidad nacional han sido aceptadas sin repugnancia en los medios izquierdistas. b) Una masa proletaria completamente ganada por el marxismo. La política socialista, extremadamente pertinaz y hábil, casi ha llegado a raer de esa masa la emoción española. Las multitudes marxistas no alojan en su espíritu sino una torva concepción de la vida como lucha de clases. Lo que no es proletario no les interesa; no pueden, por consiguiente, sentirse solidarias de ningún valor nacional que exceda lo estrictamente proletario. El marxismo, si triunfa, aniquilará incluso a la burguesía izquierdista que le sirve de aliada. En esto la experiencia rusa es bien expresiva", (Edición del Centenario, p. 1034). Tampoco parece muy positivo el juicio de José Antonio sobre la izquierda y aumentará aún más, con el tiempo, esta descalificación. Por ejemplo: "…las "izquierdas" ponen como primera afirmación la del individuo, y todo está supeditado a ella; lo supremo es su interés, y nada que atente contra él será considerado como lícito". (Edición del Centenario p. 925). "¿Y las izquierdas, hasta Azaña, quieren subvertir el orden actual? ¿Quieren establecer un orden nuevo, por ejemplo, en lo económico, sobre las astillas del régimen burgués? De ninguna manera. Ellos son esencialmente burgueses, partidarios de mantener el orden capitalista", (Edición del Centenario, p. 917). "Los partidos de izquierda ven al hombre, pero lo ven desarraigado. Lo constante de las izquierdas es interesarse por la suerte del individuo, contra toda arquitectura histórica, contra toda arquitectura política, como si fueran términos contrapuestos. El izquierdismo es, por eso, disolvente; es, por eso, corrosivo; es por eso, irónico y, estando dotado de una brillante colección de capacidades, es, sin embargo, muy apto para la destrucción y casi nunca apto para construir… Ésta es rigurosamente la verdad…", (Conferencia en el Círculo Mercantil de Madrid, 9 de abril de 1935, Edición del Centenario, p. 954). "Los partidos de izquierda alegan la preocupación de lo social; pero, además de que, aún en eso, son totalmente ineficaces, porque su política desquicia un sistema económico y no mejora en nada la suerte de los humildes, los partidos de izquierda ejercen una política persecutoria, materialista y antinacional", (en Córdoba, 12 de mayo de 1935, Edición del Centenario, p. 986). Y no parece que José Antonio dulcificara mucho su juicio sobre la izquierda española. Por ejemplo: "Las izquierdas han venido proclamando a los cuatro vientos la necesidad de llegar a una verdadera justicia social, fuera como fuera, mas al mismo tiempo se esforzaban en arrancar del alma del obrero todo impulso espiritual, todo estímulo religioso. Llenaban de odios las masas obreras, no para mejorar a la Patria, ni para restablecer una más perfecta justicia social, sino para medrar, encaramándose sobre las espaldas de las masas hambrientas como señor de horca y cuchillo". (En Málaga, 21 de julio de 1935, Edición del Centenario, p. 1077). "Nosotros -dicen los jóvenes de la izquierda- creímos en el 14 de abril. ¿Qué era el 14 de abril? ¿Un programa? No; mal podía brotar un programa del conglomerado heterogéneo que triunfó entonces. Lo que nos unió a todos en 1931 fue, más que un programa, una actitud de espíritu. Sentimos como si nos diera en la frente aire fresco de amanecer. Como si saliéramos de una mazmorra triste. Todos nos hallábamos como recién bañados y ligeros. El recuerdo de una decadencia secular, sólo a relámpagos interrumpida, nos abrumaba. Despertábamos de una pesadilla angustiosa: Pérdida del imperio colonial, incultura, patriotería, mediocridad, pereza… ya era otro día: un día transparente, como las palabras del manifiesto de Ortega y Gasset". ("Juventudes a la intemperie". Arriba, 7 de noviembre de 1935, Edición del Centenario, p. 1176). "¿Qué es la juventud de izquierda? Es la que creyó en el 14 de abril de 1931… pero fijaos en que aquella juventud de izquierda fue la primera en declararse defraudada cuando lo que pudo ser ocasión nacional del 1931 se resolvió en una ocasión rencorosa de represalia zafia, persecutoria y torpe, en que pronto se sobrepuso a la alegría colectiva del 14 de abril el viejo anticlericalismo sectario y pestilente…", (En el cine Madrid, 17 de noviembre de 1935, Edición del Centenario, p. 1195). Y en Sevilla, el 22 de diciembre de 1935 dice: "…las izquierdas, insolidarias con el pasado… Las izquierdas, que lo entregan todo al azar de las urnas, a la suerte de las urnas, aunque salgan de las urnas desmembraciones y blasfemias. Las izquierdas, que dicen: "Sea lo que quiera el Cuerpo electoral", como si el Cuerpo electoral, como si nosotros, los que votamos ahora, fuéramos los autores de España; como si pudiéramos hacer de esto, que se nos entregó con el esfuerzo difícil de tantas generaciones, lo que nos viniese en gana en un domingo; como si no nos importase a todos, más que la voluntad del Cuerpo electoral entero, la voluntad de Isabel la Católica", (Edición del Centenario, p. 1266). "Las izquierdas rompen con la tradición de España y con el orgullo de haberla servido como la sirvieron nuestros antepasados y nosotros mismos en las guerras imperiales, en la de la Independencia y en África. La política de izquierdas obedece a consignas extrañas y transige con los separatismos". (En Quintanar del Rey, 29 de diciembre de 1935, Edición del Centenario, p. 1281). Y esta descalificación de la izquierda se mantiene en los últimos textos de José Antonio, ya en 1936. El 26 de enero de 1936, en Zaragoza, en el Frontón Cinema dice: "En el fondo de nuestras almas vibra una simpatía hacia muchas gentes de la izquierda, las cuales han llegado al odio por el mismo camino que a nosotros nos ha conducido al amor, mediante la crítica de una España mediocre, entristecida, miserable y melancólica". (Edición del Centenario, p. 1326). El 2 de febrero de 1936, en el Cine Europa, dice: "Si la revolución socialista no fuera otra cosa que la implantación de un nuevo orden en lo económico, no nos asustaríamos. Lo que pasa es que la revolución socialista es algo mucho más profundo: es el triunfo de un sentido materialista de la vida y de la historia; es la sustitución violenta de la religión por la irreligiosidad; la sustitución de la Patria por la clase cerrada y rencorosa; la agrupación de los hombres por clases, y no la agrupación de los hombres de todas las clases dentro de la Patria común a todos ellos; Es la sustitución de la libertad individual por la sujeción férrea de un Estado que no sólo regula nuestro trabajo, como en un hormiguero, sino que regula también, implacablemente, nuestro descanso. Es todo esto. Es la avenida tempestuosa de un orden destructor de la civilización occidental y cristiana; es la señal de clausura de una civilización que nosotros, educados en sus valores esenciales, nos resistimos a dar por caducada", (Edición del Centenario, pp. 1348 y 1349). Lo mejor de José Antonio aparece cuando, después de la victoria del Frente Popular, aún cree en la posibilidad de que las izquierdas pudieran dotarse de la condición nacional y afrontar así la realización revolucionaria, que España necesitaba. Y, a la altura del 21 de febrero de 1936, recién llegadas las izquierdas al Poder, se dirige a todas las jefaturas dando estas instrucciones: "…las izquierdas, hoy reinstaladas en el Poder, cuentan con mucho mayor desembarazo para acometer reformas audaces. Sólo falta saber si sabrán afirmar enérgicamente su carácter nacional y se zafarán a tiempo de las mediatizaciones marxistas y separatistas. Como esto se logre, como al brío revolucionario en lo social se una el mantenimiento de una alta temperatura espiritual española, acaso el período de Gobierno de izquierdas se señale como venturoso para nuestra Patria. Son muchas las dificultades y, por consecuencia, los riesgos de fracaso; pero mientras las fuerzas gobernantes no defrauden el margen de confianza que puede depositarse en ellas, no hay razón alguna para que la Falange se deje ganar por el descontento", (Edición del Centenario, p. 1398). Poco le duró su optimismo a José Antonio. El 14 de marzo de 1936, en su manifiesto desde los sótanos de la Dirección General de Seguridad, afirma: "La izquierda, a fuerza de cerrar las almas populares hacia lo espiritual y nacional, acaba por degradar la lucha económica a un encarnizamiento de fieras… el Gobierno pequeñoburgués no ha hecho más que capitular en el mes escaso que lleva de vida", (Edición del Centenario, p. 1414).

8 .- Condena conjunta de derechas y de izquierdas:

Además de sus ataques a las derechas, por un lado, y a las izquierdas, por el otro, José Antonio también las descalifica conjuntamente. En efecto, si son particularmente fuertes las descalificaciones ya recopiladas sobre las derechas y las izquierdas, no lo son menos aquellas que se refieren a unas y otras, conjuntamente. Por ejemplo: "Los partidos políticos ignoran la unidad de España porque la miran desde el punto de vista de un interés parcial. Unos están a la derecha. Otros están a la izquierda. Situarse así ante España es ya desfigurar su verdad. Es como mirarla con sólo el ojo izquierdo o con sólo el ojo derecho; de reojo. Las cosas bellas y claras no se miran así, sino con los dos ojos, sinceramente, de frente. No desde un punto de vista parcial, de partido, que ya, por serlo, deforma lo que se mira. Sino desde un punto de vista total, de Patria, que al abarcarla en su conjunto corrige nuestros defectos de visión". (Puntos Iniciales, F.E. núm. 1, 7 de diciembre de 1933, Edición del Centenario, p. 377). "El señor Gil Robles ha dicho que es mala solución una dictadura de derechas y que es mala solución una dictadura de izquierdas. Pues bien, los miembros de esa juventud de la que formo parte consideramos que no es sólo mala una dictadura de derechas y una dictadura de izquierdas, sino que ya es malo que haya una posición política de derechas y una posición política de izquierdas", (en el Parlamento, 19 de noviembre de 1933, Edición del Centenario, pp. 385 y 386). "Ha sido inútil que la Falange Española de las JONS alzará su voz reiteradamente contra un sistema político que juega con la Patria en una contradanza alternativa de derechas e izquierdas. Ha sido inútil repetir que el destino y el interés patrio son siempre los mismos y no pueden mirarse desde la derecha ni desde la izquierda, sino en toda su integridad… ¡Españoles! ¡Basta de Parlamento y de política oscura! ¡Basta de izquierdas y de derechas! ¡Basta de egoísmos capitalistas y de indisciplina proletaria! ¡Ya es hora de que España, unida, fuerte y resuelta, recobre el timón de sus grandes destinos!", (Manifiesto, F.E., núm. 12, 26 de abril de 1934, Edición del Centenario, pp. 558-559). "Nada de partidos; nada de derechas ni de izquierdas. Unas y otras miran el interés patrio desde su propio interés", (en Fuensalida, Toledo, 20 de mayo de 1934, Edición del Centenario, p. 587). "Ni en la derecha ni en la izquierda está el remedio. La victoria de cualquiera de las dos implica la derrota y la humillación de la otra. No puede haber vida nacional en una patria escindida en dos mitades irreconciliables; la de los vencidos, rencorosos en su derrota, y la de los vencedores, embriagados con su triunfo", (Carta a un militar, mayo o junio de 1935, Edición del Centenario, p. 1035). El 26 de marzo de 1935, y en el núm. 1 de Haz, José Antonio escribe: "No se sabe qué es peor, si la bazofia demagógica de las izquierdas donde no hay manoseada estupidez que no se proclame como hallazgo, o la patriotería derechista, que se complace, a fuerza de vulgaridad, en hacer repelente lo que ensalza. Y producido por el alboroto de las izquierdas y las derechas, un caos ruidoso, confuso, cansado, estéril y feo" (Edición del Centenario, p. 908). "Tal pugna [Estado, individuo y libertad] ha agrupado la tendencia política alrededor de dos constantes, que podemos llamar "derecha" e "izquierda"… En las épocas chabacanas, como esta que vivimos, se borran los perfiles de estas dos constantes. Y así acontece que los archiconservadores se sienten izquierdistas, es decir, individualistas, en cuanto se trata de defender sus intereses. Tanto "derechas" como "izquierdas" se entremezclan y se contradicen así mismas porque se han vuelto de espaldas al espíritu fundamental de sus constantes". (28 de marzo de 1935, Edición del Centenario, p. 925). Y una y otra vez, José Antonio denunció la parcialidad, -hemipléjica, la calificó Ortega y Gasset- de las derechas y de las izquierdas, y reclamó la síntesis superior que abarcara la visión total de la Patria. "Los [partidos políticos] de derechas representan lo nacional, pero carecen de un verdadero contenido social; los de izquierda, al contrario, tienen un fondo social, pero antiespañol, olvidando unos y otros la necesidad de superar a ambos elementos, fundiéndose en una síntesis superior", (en Jaén, 7 de abril de 1935, Edición del Centenario, p. 937). "Pues bien, esta integración del hombre y de la Patria ¿a qué esperamos para hacerla? Pues esperamos a que los partidos de izquierda y los partidos de derecha se den cuenta de que estas dos cosas son inseparables, y ya veis que no les censuro por ninguna menuda peripecia; los censuro por esta incapacidad para colocarse ante el problema total del hombre integrado en su Patria… Esta es, rigurosamente la verdad, y los dos encubren su insuficiencia bajo palabrería: unos invocan a la Patria sin sentirla ni servirla del todo; los otros atenúan su desdén, su indiferencia por el problema profundo de cada hombre con fórmulas que, en realidad, no son más que mera envoltura verbal, que no significan nada", (Conferencia en el Círculo Mercantil de Madrid, 9 de abril de 1935, Edición del Centenario, p. 954). Al denunciar esta situación, José Antonio llega a hacer una confesión personal: "Nosotros, al enfrentarnos, al situarnos entre estas derechas y estas izquierdas, no sabíamos donde incorporarnos. Unas carecían de valor social; otras hundían las grandezas y las glorias de la Patria. Nosotros decidimos encerrarnos en nuestra torre de marfil, donde esperábamos los acontecimientos, creyendo que era hermoso encerrarse en la torre de marfil, de espaldas a las angustias del pueblo. Así vivíamos, hasta que, por fortuna, vino una revolución a sacarnos de nuestro engaño. Una revolución que nos cogió desprevenidos, como se coge por la cintura a los niños indecisos y se los arroja al mar, donde tendremos que nadar todos, queramos o no queramos. Veréis cómo nadamos y vamos lejos, porque nosotros, y ésta es nuestra gloria y nuestra fecundidad, hemos fundido aquellas dos cosas. ¡Qué es eso de canciones y de gritos callejeros, y nada de justicia social! ¡qué es eso de engañar a los obreros, de ocultarles que se puede ser libre, fuerte, dentro de una Patria, grande, libre y justa!", ( en Málaga, 21 de julio de 1935, Edición del Centenario, pp. 1077 y 1078). Pocos días después, el 22 de julio de 1935, en Madridejos, Toledo, dice: "… la Falange no es partido de derechas, como lo prueba su resuelta actitud frente a la reforma de la Reforma agraria; la Falange sabe que hay que mejorar revolucionariamente la vida del pueblo español. Y tampoco es un partido de izquierdas, porque las izquierdas han servido, más o menos conscientemente, al designio extranjero de deprimir a España para disminuir su papel histórico. Por eso la Falange no quiere ni la Patria con hambre ni la hartura sin Patria; quiere, inseparables, la Patria, el pan y la justicia", (Edición del Centenario, p. 1083). Y ya esto son los últimos textos a citar: "Desbordando sus rótulos, los muchachos de izquierda y derecha que yo conozco han vibrado juntos siempre que se ha puesto en juego algún ansia profunda y nacional… En cuanto llega así un trance de prueba nacional o de prueba moral, nos entendemos todos los jóvenes españoles, a quiénes nos resultan estrechos los moldes de la izquierda y de la derecha. En la derecha y en la izquierda tuvieron que alistarse los mejores de quienes componen nuestra juventud, unos por reacción contra la insolencia y otros por asco contra la mediocridad; pero al revolverse contra lo uno y contra lo otro, al alistarse por reacción del espíritu bajo las banderas contrarias, tuvieron que someter el alma a una mutilación, resignarse a ver a España sesgada, de costado, con un ojo, como si fueran tuertos de espíritu. En derechas e izquierdas juveniles arde, oculto, el afán por encontrar en los espacios eternos los trozos ausentes de sus almas partidas, por hallar la visión armoniosa y entera de una España que no se ve del todo si se mira de un lado, que sólo se entiende mirando cara a cara, con el alma y los ojos abiertos", (Edición del Centenario, pp. 1195 y 1196). Y en Sevilla, el 22 de diciembre de 1935, insiste: "No se puede ensalzar a la Patria y sentirse exento de sus sacrificios y de sus angustias; no se puede invitar a un pueblo a que se enardezca con el amor a la Patria si la Patria no es más que la sujeción a la tierra donde venimos padeciendo desde siglos… nosotros no nos conformamos con ninguna de esas dos mitades… no creemos que, si se ha sido tuerto del ojo derecho durante dos años, se arregle nada con volverse tuerto del ojo izquierdo. Queremos ver una España entera, armoniosa, fuerte, profunda y libre", (Edición del Centenario, pp. 1266 y 1267). "Nosotros sabemos que ni en la derecha ni en la izquierda está el remedio, sino en el resurgimiento de la auténtica España de debajo…" (en Quintanar del Rey, 29 de diciembre de 1935, Edición del Centenario, p. 1281). Por todo ello, vuelve a insistir José Antonio: "Nosotros andamos recorriendo España en busca de ese fondo permanente, entrañable, defraudado por las izquierdas, capaces de avenirse a la desmembración de España, y por las derechas, insensibles al hambre del pueblo". (En Alcañiz, Teruel, 5 de enero de 1936, Edición del Centenario, p. 1288). "Derechas e izquierdas son valores incompletos y estériles", concluye José Antonio al encabezar así su manifiesto desde los sótanos de la Dirección General de Seguridad el 14 de marzo de 1936. (Edición del Centenario, p. 1414). Largas y extensas han sido las citas de José Antonio. Pero nadie podrá decir que no ha quedado claro lo que José Antonio pensaba de las derechas y de las izquierdas. También lo que se proponía hacer con ellas. Después de conocer cómo juzgaba José Antonio a una y otra de las dos Españas, y cuán claro lo proclamó una y otra vez, a nadie le puede extrañar cómo le devolvieron su tratamiento: con la saña de unos y con la antipatía de los otros. Su proyecto, heredado de Ortega, de un gran partido nacional, transversal, que fundiera derechas e izquierdas en un quehacer común, cada vez parecía más una quimera fuera del alcance de cualquier viabilidad política. La distancia entre una y otra España aumentaba día a día y la posibilidad real de una síntesis superior desaparecía, tal vez ya para siempre. El enfrentamiento, en busca de su mutuo y recíproco exterminio, se hacía cada vez más inevitable, y lo más dramático de todo esto es que aparezca José Antonio, según opinan todavía muchos, como agente fundamental de este enfrentamiento, y como factor decisivo en el desencadenamiento de nuestra última guerra civil, y por eso está hoy proscrito.

9 .- "Que una mitad de España extermine a la otra":

No vamos a hacer, aquí y ahora, una antología de los textos de algunos de los muchos españoles que, ellos sí, provocaron la guerra civil. Permítaseme, ahora, traer aquí sólo un testimonio del benemérito Encargado de Negocios de Noruega en el Madrid rojo: Félix Schlayer, de una conversación suya con Dolores Ibárruri: Así dice Schlayer: "Hacia el final le pregunté a La Pasionaria cómo se imaginaba que las dos mitades de España, separadas entre sí por un odio tan abismal, pudieran vivir otra vez como un solo pueblo y soportarse mutualmente. Entonces estalló todo su apasionamiento: "¡Es simplemente imposible! ¡No cabe más solución que la de que una mitad de España extermine a la otra!" No podría, por lo tanto, quejarse si la parte contraria le aceptaba la receta". (Félix Schlayer: Diplomat in roten Madrid, Berlín, Herbig, Berlagsbuchhanlung, 1938, p. 222; existe versión española: Matanzas en el Madrid republicano. Paseos, Checas, Paracuellos… Altera, Madrid 2005). Pero, hoy, para media España Dolores Ibárruri es la que defendió la democracia y la libertad. Como Indalecio Prieto y Largo Caballero, cuyas estatuas permanecen en los Nuevos Ministerios, de Madrid, mientras la de Franco ha sido retirada. Y aquí cabe hacer observar que como a José Antonio no se le puso estatua alguna en Madrid por los españoles de ayer; eso se han ahorrado los españoles de hoy: tener que quitarla. ¡Qué España!

10 .- Frustración del proyecto de síntesis de las dos Españas:

Pero lo cierto es que la síntesis de las dos Españas no fue posible por el fracaso del 18 de julio de 1936, como golpe de Estado. En efecto, una vez fracasado el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 para la rectificación violenta, pero "desde dentro", de la II República, secuestrada por el Frente Popular, su conversión en guerra civil, nada menos que de tres años, significó el fracaso total del proyecto de José Antonio de la definitiva síntesis de las dos Españas en una empresa común. Nuestra guerra significó la radicalización absoluta e incompatible de cada una de las dos Españas, ahora enfrentadas a muerte, en su sentido más literal. Y, por ello, el posicionamiento de la Falange, por tantas razones obvias absolutamente inevitable en uno de los dos bandos, aunque resultara el vencedor, esterilizó a la Falange para llevar a cabo su proyecto histórico de liderar el resurgimiento de España en una común aspiración nacional. Y esto debió ser la última y más amarga reflexión de José Antonio al amanecer del 20 de noviembre de 1936, frente al pelotón de su fusilamiento. No es, por lo tanto, que la Falange desapareciera con José Antonio en Alicante el 20 de noviembre de 1936. Fracasado el 18 de julio como golpe de Estado, y abierta la guerra civil, su Falange ya había perdido, desde entonces, toda viabilidad histórica para llevar a cabo su pretendida síntesis de las dos Españas, propósito y proyecto de José Antonio. Y esta es la dramática realidad de su frustrado intento de reconciliación entre uno y otro bando con su ofrecimiento al gobierno de la II República de viajar desde la cárcel de Alicante a Burgos para negociar el término de la guerra civil. De haber sido aceptado su propuesta, una vez llegado a Burgos y expuesto allí su propósito, no sabemos lo que hubiera pasado: había ya demasiada sangre derramada y el proceso de aniquilamiento cainita, mutuo y recíproco, de cada una de las dos Españas por la otra, era irreversible. Y todavía, hoy, aunque para muchos la Basílica del Valle de los Caídos, templo excavado bajo los brazos de la Cruz, es el símbolo de la reconciliación nacional, no es así para todos. La mayoría de los vencidos en nuestra guerra civil no han aceptado la Basílica del Valle de los Caídos como símbolo de tal reconciliación. Y, además, para los no creyentes la Cruz no significa nada. Tampoco la reconciliación.

11 .- Reconciliación nacional en Juventudes:

No vamos a entrar ahora en la espinosa cuestión de si el régimen originado en el alzamiento del 18 de julio de 1936, y consolidado en la victoria del 1º de abril de 1939, intentó o no, de verdad, la reconciliación entre todos los españoles procurando poner fin así a nuestra secular maldición de las dos Españas. Tal vez, incluso, dicha reconciliación entre vencedores y vencidos resultara, entonces, imposible, -y aún hoy-, porque seguramente este es el precio final de toda guerra civil: que sus efectos devastadores de la convivencia entre todos se propaguen a lo largo de un tiempo indefinido, generación tras generación, como las ondas concéntricas en una superficie de agua herida por un tiro de piedra. Esta maldición ya fue predicha por José Antonio: "La victoria de cualquiera de las dos... implica la derrota y la humillación de la otra. No puede haber vida nacional en una Patria escindida en dos mitades irreconciliables: la de los vencidos, rencorosos en su derrota, y la de los vencedores, embriagados en su triunfo". (Edición del Centenario, p. 1035). En efecto, esta es la maldición de toda guerra civil: se llega a ella por el enfrentamiento irreconciliable de dos mitades y se sale de ella con la victoria estéril para la reconciliación de la parte vencedora porque la parte vencida y humillada, permanecerá en el rencor de su derrota, incapaz de reconciliarse ya para siempre. Y así sucedió, y aún sucede, en España. Ahora y aquí, me basta con recordar que, al menos, entre los jóvenes dicha reconciliación fue, desde luego, una realidad vital. Cuando el 18 de febrero de 1997 tuve el honor de hablar en nombre de la generación intermedia de la Falange en el Ateneo de Madrid, en el acto de presentación del libro "Sobre José Antonio" de Enrique de Aguinaga y Emilio González Navarro, lo expresé así: "Subidos a esos hombros de gigante de José Antonio, porque le entendíamos y le queríamos, dimos un paso más hacia delante e hicimos también nuestros los sueños de los vencidos en las trincheras. Y dimos este paso, lo mejor que pudimos y supimos, siempre dispuestos a hacer definitiva realidad en nuestra historia, presente y futura, como imperativo categórico, la última voluntad de José Antonio: que no hubiera nunca más sangre española vertida en discordias civiles. Esto es: que no hubiera nunca más que tener que elegir entre la Patria o el Pan o la Justicia. Nuestra generación creció así, -gracias a José Antonio, repito -en el ideal de una Patria total; de una España de todos los españoles sin exclusivas ni exclusiones. Fue José Antonio el que nos enseñó, para siempre, a mirar a España de frente, con nuestros dos ojos bien abiertos. Y nunca lloraremos bastante que a él no se lo perdonaran. Y murió, tuvo que morir, víctima de todos los profesionales de la España tuerta, los partidarios de una España de un solo ojo. Sea éste el derecho, sea éste el izquierdo, que lo mismo da. De aquí nuestro fracaso, y nuestra derrota, cuando no conseguimos para toda España lo que sí fue una realidad gozosa en nuestras filas juveniles: la definitiva superación de la maldición perenne de las dos Españas". Y, otra vez, estamos en las mismas andadas. La Ley de la Memoria histórica ¿no resucita, de nuevo, esta maldita historia de las dos Españas? Y, hoy, José Antonio vuelve a tener razón. El fantasma de las dos Españas no deja de sobrevolar el cielo de nuestra Patria, animando una y otra vez la sombra errante del fratricida Caín, que siempre vuelve. Y, con ello, España queda de nuevo, y así llevamos ya más de dos siglos, en perpetuo borrador inseguro. ¡Qué difícil resulta ser español! Diríase que ser español es una misión imposible. Es como si todos los enanos se hubieran puesto de acuerdo en derribar al Gulliver gigante, de los cuentos de nuestra infancia, y maniatado, inmovilizado y amordazado, jugaran diabólicamente con él. En nuestro caso, con España. Podríamos haber empezado en 1975 - 1977 una nueva etapa de la historia de España. Pero no. Como en la concepción de la historia de Vico, volvemos, una y otra vez a las mismas andadas. Es como si España fuera como una noria loca: una misma rueda, unos mismos cangilones y, siempre, una misma agua. Lo imperdonable de esta II Transición, que se pretende, es el haber resucitado, y con toda virulencia, las dos Españas; otra vez frente a frente; incompatibles y dispuestas, al menos una de ellas por ahora, al vencimiento cuando no al aniquilamiento de la otra. Esta obsesión por provocar la total fractura social y política de la ciudadanía española, poniendo fin a lo que de positivo tuvo la transición, significa una traición hacia la posibilidad de una España actual, integrada y cohesionada, necesario soporte para todo proyecto común de convivencia. Y, ello, además, cuando la Patria sufre el asalto del más crecido y agresivo terrorismo, promovido por el separatismo y por la amenaza, interior y exterior, del fundamentalismo musulmán. Lamentable historia es esta de las dos Españas. Primero, la pugna entre la modernidad y la tradición. Después, entre el inmovilismo y el progreso. Más tarde, las derechas y las izquierdas en mutuo y recíproco afán de exterminio, hasta llegar a dirimir sus diferencias en implacable y cruel guerra civil, en pleno siglo XX, como si no hubiera sido suficiente con haber perdido ya el siglo XVIII, y después el siglo XIX, en continuas pugnas fratricidas. Luego, la prepotencia hegemónica de los vencedores y el rencor, el resentimiento y el odio, de los vencidos. Sí, triste historia la de España, ahora otra vez en camino de las mismas andadas, como si fuera una vez más imposible la unión de todos los españoles, y sus clases y sus tierras, en un proyecto nacional en el que, cada uno con sus peculiaridades, pretendiéramos una gran España común en la que quepamos todos, sin exclusiones. Triste historia.

12.- Propuesta por José Antonio de un gran partido nacional:

Y, ¿qué acción política propuso José Antonio para llevar a cabo su proyecto de reconciliación nacional mediante la síntesis de las dos Españas? José Antonio, recapitulando el proyecto regeneracionista de llevar a cabo la síntesis de tradición e innovación, rescata la propuesta de Costa de un gran movimiento nacional que, a su vez, intentó en su momento Ortega y Gasset. Así, el 1º de octubre de 1935, expuso: "No hay más que un camino: nada de derecha ni izquierdas; nada de partidos: un gran movimiento nacional, esperanzado y enérgico, que se proponga como meta la realización de una España grande, libre y unida. De una España para todos los españoles, ni mediatizada por poderes extranjeros ni dominada por el partido o la clase más fuerte. Hace falta un movimiento nacional nutrido, además, del viejo temple heróico de España… un gran movimiento nacional que aspire a refundir de nuevo ese mismo temple heroico de la patria entera, llamada otra vez, si lo queremos firmemente, a realizar gloriosos destinos. Pues bien; ese gran movimiento nacional ya existe" (Edición del Centenario, pp. 1135 y 1136).

13.- Últimas palabras de José Antonio sobre derechas e izquierdas:

Esta visión de las izquierdas y las derechas en España como alternativas mutuamente excluyentes, y no complementarias, fue expuesta por José Antonio, por última vez, en su informe ante el Tribunal Popular en Alicante: "…lo nacional, que es lo que parte en dos a toda la juventud de España. Toda la juventud de España, todas las clases enérgicas y ardientes de España, están divididas en dos grupos encarnizados. A esto se debe que de cuando en cuando nos matemos como fieras; a que unos aspiren a otro orden social más justo y se olviden de que forman con el resto de sus conciudadanos una unidad de destino y los otros ventean y mueven el gallardete del patriotismo y se olvidan de que hay millones de españoles hambrientos y de que no basta pasear la bandera de la Patria sin remediar a los que padecen hambre. Ni ahora, que comparezco ante este Tribunal, ni por este hecho, sino desde 1933 he venido sosteniendo sin descanso esto, hasta enroquecer…" (Edición del Centenario, p. 1675). De lo que se trata, ahora, es de conseguir que el esfuerzo de José Antonio, y su sacrificio, así como el de tantos de sus seguidores, y de sus contrarios, que en el empeño dieron su vida, no resulte inútil. Para ello, hay que mantener viva la llama de la reconciliación nacional y de la síntesis superior de las dos Españas. Alguien, algún día, desde algún rincón de España, recogerá este proyecto, hasta ahora frustrado, y, entonces, en España volverá a amanecer.

14.- Conclusión:

He empezado citando a Ortega. Permítaseme ahora que termine citando a Indalecio Prieto. Cuando, de vuelta de tantos de sus excesos, supo afirmar: "Acaso en España no hemos confrontado con serenidad las respectivas ideologías para descubrir las coincidencias, que quizá fueran fundamentales, y medir las divergencias, probablemente secundarias, a fin de apreciar si éstas valían la pena de ventilar en el campo de batalla. La confrontación de ideologías, que no se hizo entonces, debe hacerse ahora. Porque es necesario un esfuerzo generoso en busca de puntos de concordia que hagan posible la convivencia, tratándonos como hermanos y no peleando como hienas" (Convulsiones de España, Ed. Oasis, México, 1967, p. 152). Esto es, concluyo, tratándonos como hermanos y no peleando como hienas.