He aquí la diferencia entre un partido político y un movimiento espiritual como es la Falange. Los partidos se apoyan en cosas exteriores y sólo viven para el éxito exterior; los movimientos espirituales viven para su mundo interior ante todo y logran la victoria por expansión de esta fuerza interna lograda en constante ejercicio. La Falange –hemos dicho ya varias veces- sirve para toda España, pero no es un clima para todos. Meterse en la Falange, cuando se cumple bien el juramento, es mitad como meterse fraile, mitad como hacerse soldado. Son estúpidos los que nos suponen el grosero propósito de defender eso que llaman “la absorción del individuo por el Estado”.

La plenitud del individuo, del hombre, del ciudadano nos es necesaria. No concebimos el servicio sino como obra maestra de la libertad. Invocamos la perfección interior del individuo como piedra angular de la perfección interior de la Falange, de la futura perfección de España. Un hombre, señor de sí mismo, que sabe imperar sobre sí mismo, es un hombre que sabe mandar y obedecer. Así queremos a los nuestros. De esta individual plenitud se sale rectamente a la obediencia y a la armonía. Es menester que todos obedezcan a una y que todos estén unidos.

No olvidéis que se jura la hermandad y que este juramento es el más hermoso de cumplir. Debéis trabajar en esta hermandad con todas las fuerzas del alma porque con la obediencia ésta es una de las fuerzas mayores de la Falange. Estad unidos en todo y por todo, ante todo y contra todo. No traicionéis nunca esta hermandad. Es un pecado que os deshonrará y entristecerá toda la vida. Sentíos sobre todo hermanos de aquellos que murieron por la Falange y en ella dieron por España su sangre generosa. No desertéis nunca su ejemplo y su compañía.

 

Rafael Sánchez Mazas

Arriba, 9 de mayo de 1935