A. LO MATERIAL Y LO ESPIRITUAL EN JOSÉ ANTONIO

 

3. Elogio del espíritu por José Antonio

 

− ¿Cuándo y como elogió José Antonio el espíritu?

− No se entenderá nada del ideario de José Antonio si no se le basa y fundamenta en su constante y reiterada expresión de su profunda concepción espiritual de la vida y de la muerte. Esto es lo más importante en su pensamiento y la razón última de todo su programa político, económico y social. Para decirlo con sus propias palabras: “Triunfó la maña y el dinero, no triunfó el espíritu. Y sin espíritu no se hace nada, diga lo que diga el señor Gil Robles, genio de lo prosaico” (FE, 13, 5 de julio de 1934, Edición del Centenario, p. 623). Porque afirma: “Nosotros, los jóvenes, los que nos movemos por impulsos espirituales libres del egoísmo zafio de los viejos caciques… Esta generación, depurada por el peligro y el desengaño, puede buscar en sus propias reservas espirituales acervos de abnegada austeridad. Cuando se ha aprendido a sufrir, se sabe servir. En el ánimo de servicio está el secreto de nuestro triunfo. Queremos ganar a España para servirla. (Arriba, 18, 17 de noviembre de 9135, pp. 1179 y 1180). En el Parlamento, el 6 de noviembre de 1934, en un debate sobre la liquidación de la revolución de octubre, dijo: “… la raíz jugosa y profunda de la revolución está en otra cosa: está en los revolucionarios que han tenido un sentido místico, si se quiere satánico, pero un sentido místico de su revolución, y frente a ese sentido místico de la revolución no ha podido oponer la sociedad, no ha podido oponer el gobierno, un sentido místico de un deber permanente y valedero para todas las circunstancias. Se decía aquí por varios oradores: pero ¿cómo los mineros de Asturias, que ganan 18 pesetas y trabajan siete horas, han podido hacer una revolución socialista? Yo quisiera contestar: ¿pero es que también vamos a profesar nosotros la interpretación materialista de la historia? ¿Es que no se hacen revoluciones más que para ganar dos pesetas más o trabajar una hora menos? Os diría que lo que ocurre es todo lo contrario. Nadie se juega nunca la vida por un bien material. Los bienes materiales, comparados unos con otros, se posponen siempre al bien superior de la vida. Cuando se arriesga una vida cómoda, cuando se arriesgan unas ventajas económicas es cuando se siente uno lleno de un fervor místico por una religión, por una Patria, por una honra o por un sentido nuevo de la sociedad en que se vive” (Edición del Centenario, pp. 743 y 744). Ya lo había dicho en el Teatro de la Comedia, el 29 de octubre de 1933, y éste es el verdadero sentido de su canto a la poesía que promete: “… Hay algunos que frente a la marcha de la revolución, creen que para aunar voluntades conviene ofrecer las soluciones más tibias; creen que se debe ocultar en la propaganda todo lo que pueda despertar una emoción o señalar una actitud enérgica y extrema. ¡Qué equivocación! A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete! (Edición del Centenario, p. 350).