De "en medio de la calle"
recoge la abandonada bandera del 14 de abril


− ¿Pero eso dónde lo dice José Antonio?
− Pues lo dice en el Cine Madrid, el 19 de mayo de 1935: “Nosotros frente a la defraudación del 14 de abril, frente al escamoteo del 14 de abril, no podemos estar con ningún grupo que tenga, más o menos oculto, un propósito reaccionario, un propósito contrarrevolucionario, porque nosotros, precisamente, alegamos contra el 14 de abril, no el que fuese violento, no el que fuese incómodo, sino el que fuese estéril, el que frustrase una vez más la revolución pendiente española. Y, por eso, nosotros, contra todas las injurias, contra todas las deformaciones, lo que hacemos es recoger de en medio de la calle, de entre aquellos que lo tuvieron y abandonaron, y aquellos que no lo quieren recoger, el espíritu revolucionario español que, más tarde o más pronto, por las buenas o por las malas, nos devolverá la comunidad de nuestro destino histórico y la justicia social profunda que nos está haciendo falta” (Edición del Centenario, p. 1002) No puede estar más claro: ¿Cabe mayor comprobación que esta frase: “lo que hacemos es recoger de en medio de la calle, de entre aquellos que lo tuvieron y abandonaron…?"

− ¿Algún otro texto que demuestre la recuperación del proyecto político de Ortega por José Antonio?
− Consta en su Homenaje y reproche a D. José Ortega y Gasset (Haz, núm. 12, 5 de diciembre de 1935), “Don José Ortega y Gasset –que cumple en estos días veinticinco años de profesor− oyó la vocación de la política. En esta hora de valoración, ¿quién podrá negarle, si es justo, la clarividencia crítica y la limpieza moral de sus actitudes? No tuvo que expresar a gritos el dolor de España –“acostumbro a gritar pocas veces”, ha dicho– pero nosotros, los hombres nacidos del 98 acá, entendemos muy bien el escozor entrañable que esconde la sobriedad castellana de sus gestos. Acaso porque hayamos aprendido a identificarla en libros suyos… ¡Cómo se nos sube hasta la garganta la mediocridad de una España sin alma común, que al descalzarse el coturno del Imperio no halló modo de andar si no era poniéndose en babuchas! D. José no quiso hacer de la política un “flirt”, pero se dio por vencido. Cuando descubrió que “aquello”, lo que era, no era “aquello” que él quiso que fuere, volvió la espalda con desencanto. Y los conductores no tienen derecho al desencanto. No pueden entregar en capitulaciones la ilusión maltrecha de tantos como le fueron a la zaga. D. José fue severo con sí mismo y se impuso una larga pena de silencio; pero no era su silencio, sino su voz lo que necesitaba la generación que dejó a la intemperie. Su voz profética y su voz de mando”. Y en este mismo texto, José Antonio se expresa como portavoz de “una generación que casi despertó a la inquietud española bajo el signo de Ortega y Gasset”, del que afirma que “la crítica precursora ha desbrozado mucho”, por lo que reconoce, en nombre de su generación, su gratitud con los que “si no vieron del todo la verdad o no tuvieron fuerzas para entronizarla, al menos deshicieron a cuchilladas muchos espantapájaros armados con mentiras”. (Edición del Centenario, pp. 1225 y ss.)

− ¿Es verdad que José Antonio llegó a proponer a Ortega como ministro?
− Sí. la mayor demostración del aprecio de José Antonio hacia Ortega resulta de su inclusión del filósofo como ministro de Instrucción Pública, en el gobierno de salvación nacional que propuso desde la cárcel de Alicante cuando se ofreció al gobierno de la república para mediar ante Burgos el cese de las hostilidades.

Jaime Suárez, en El  legado de José Antonio, vol. I pp. 46 y 47