Crónica del Vía Crucis en el Valle de los Caídos

 

 

Beatriz Avilés


El pasado sábado 31, simpatizantes y asociados de Plataforma 2003 nos acercamos al Valle de los Caídos para participar en el Vía Crucis que la Comunidad Benedictina había convocado. Se iba a rezar por el camino original, una vez reabierto y acondicionado por Patrimonio Nacional. Alrededor de un millar de personas fueron las que hicieron el recorrido penitencial. Cerca de cinco kilómetros de recorrido y alrededor de tres mil peldaños de bajada y subida.

Hombres y mujeres de todas las edades, jóvenes y niños se dieron cita en los Juanelos, cota de salida, y donde  se inicia el camino del Vía Crucis. Nos acompañaban también alrededor de 20 personas, principalmente matrimonios con niños, feligreses de la Parroquia San Germán, con su Párroco al frente, don Enrique. San Germán Es la Parroquia donde se ha venido celebrando desde junio de 2011 hasta ahora, el rezo semanal del Santo Rosario, por el Valle de los Caídos.

También acudieron algunos Caballeros Legionarios en representación de la Hermandad Nacional de la Legión. Quisieron dar gracias a Dios por la vida del legionario recientemente herido en Afganistán y cuya salvación se atribuye al Detente que llevaba.

Durante el recorrido del Vía Crucis, silencio y oración. Recordábamos la Pasión y Muerte de Jesucristo. El Vía Crucis que se tomó para rezar era el del Papa Benedicto XVI, cuando todavía era sólo el Cardenal Ratzinger.  Largas subidas y bajadas, y en el silencio, además de la nuestra, podíamos también escuchar la respiración a veces jadeante de nuestros compañeros peregrinos. Así caminábamos entre rocas, arbustos, piñas, piedras y árboles, siguiendo el curso del valle. Hasta llegar a Altar Mayor, tan solo hay tres estaciones con capilla. El resto están solo señalizadas con una rústica cruz de madera.

Y tras una pequeña pero dura subida, llegamos a la capilla de Altar Mayor, aunque no pudimos entrar en ella. Éramos tantos y eran tan estrechas las pocas escaleras que tenía su acceso, que tuvimos que rezar la Estación a las puertas. Esta ermita esta dedicada a María. Sobre su fachada, una preciosa escultura de la Virgen que domina todo el Valle. Después de Altar Mayor empieza la ansiada bajada.  Tras la Estación IX que no tiene capilla, nos encontramos con la X, con una impresionante ermita. Ésta, junto a Altar Mayor son mis capillas preferidas. No se que tiene esta capilla pero subir a ella es como estar en el cielo, palpas una paz, un sosiego, que sientes la presencia de Dios. Actualmente está inhabilitada, todavía en restauración por Patrimonio.

La Estación XI tampoco tiene capilla, y está señalada por una gran roca con la inscripción “PAX”, además de su cruz de madera.  Y llegamos a la XII Estación, ésta todo el mundo la conoce, las tres Cruces. Jesús, colgado de la cruz, a vista de todos, con otros dos crucificados a ambos lados. Y de ahí, el último esfuerzo: la subida por el Calvario a la Estación XIII; donde Jesús es bajado de la Cruz y entregado a su Madre: la fachada de la Basílica, la maltratada Piedad de Juan Ávalos.  Entramos en la Basílica y recorriéndola, llegamos a la XIV y última Estación, la capilla del Cristo Yacente. Tampoco pudimos acceder, éramos tantos que no cabíamos en la misma.

La bendición final se hizo en la Basílica, con todos los bancos tanto centrales como laterales absolutamente llenos. El Padre Abad nos dirigió unas palabras bendiciéndonos con el Lignum Crucis. A continuación se entonó ante la imagen de la Virgen del Valle,  la “Salve”. El Vía Crucis finalizó con la adoración del Lignum Crucis, reliquia donada por el Papa Juan XXIII a los monjes con motivo de la consagración de la Basílica.

Después de la bendición y una vez salíamos de la Basílica para regresar a casa, nuestro cansancio, parecía que se había esfumado, casi puedo decir que hubiera vuelto a recorrerlo de nuevo y es que el Vía Crucis en el Valle es una experiencia inolvidable que recomiendo a todo el mundo.