6 de octubre de 1934

Los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetir su historia. ¿Cuántas veces hemos oído esto? Pero están condenados a repetir su peor historia, no sus días de gloria, que no vuelven nunca sin más. Hoy, Cataluña en plena insumisión contra el gobierno de España va, paso a paso, siguiendo el mismo camino que ya la precipitó en el abismo un 6 de octubre de 1934.

Tengo tres hermanos nacidos en Barcelona, donde está enterrado mi padre, aquél “heróico Capitán Suárez” del que varias veces hablase José Antonio. Y, ahora hace 78 años, muerto en el cumplimiento de su deber en la misma plaza de San Jaime.

Sin embargo, mi amor por Cataluña está demostrado. No es hora de palabras. Por eso he preferido ilustrar este escrito con una postal que no tiene desperdicio. Bajo la presidencia de unas banderas de España y de la Falange, unos “xiquets de Valls” hacen una torre humana. Por una vez es lícita la nostalgia de una España en que la convivencia fue posible bajo un anhelo común y en respeto absoluto a la tradición más entrañable.

Entre la traición de unos y la cobardía de otros, España, se va al garete derecha hacia otro 98. No se perderá, porque la rescataremos. Pero, entre idas y vueltas, siempre quedará la sangre de los mejores y la pérdida de un tiempo sagrado que podríamos dedicar a conseguir nuestro pleno resurgimiento. No el de unos, ni el de otros, El de todos. España sin Cataluña no será España, pero Cataluña sin España tampoco será Cataluña. Y esta historia ya se ha vivido más de una vez.

Jaime Suárez