Plataforma 2003 presentó en Barcelona el pasado 6 de mayo los libros Aqui hubo una Guerra y Escritos y Discursos. El acto tuvo lugar en el Hotel Avenida Palace y fue organizado conjuntamente con la Hermandad del Frente de Juventudes de Barcelona. Presidió el acto Francisco Calduch, Presidente de dicha Hermandad, el acto se realizó en un marco de verdadera hermandad y camaradería entre las dos organizaciones. Participaron Manuel Parra Celaya, presentando el libro de Jesús López-Cancio, Y Juan Echevarria que junto con Enrique de Aguinaga presentaron el libro Aquí hubo una guerra.

Reproducimos las intervenciones de cada uno de los oradores, así como los archivos en pdf para su descarga.

 

Escritos y Discursos. Desde la lealtad y la fidelidad

Intervención de Manuel Parra Celaya

López-Cancio ya no se encuentra entre nosotros; el, que era "especialista en Campamentos Volantes", inició su última etapa hacia la Casa del Padre el 27 de julio de 2008, y seguro que dio la novedad al llegar, para que Dios le contestara "descanso" y pasar a gozar de la Vida Eterna, la de verdad, en la acampada feliz del Cielo.

Como último legado, dejó a Plataforma 2003 esta recopilación de sus escritos y discursos, que es como dejárnosla a todos los que, de alguna manera, hemos sido herederos de su labor política, histórica, mientras llevaba a cabo las etapas de ese Campamento Volante que es la vida del hombre en la tierra.

Elegí presentar sus Escritos y discursos para corresponder a una vieja deuda con un camarada y un jefe al que nunca conocí personalmente. Esto de la deuda se explica suficientemente, por una parte, aclarando que me formé en las filas de la Organización Juvenil Española, y por la otra, leyendo la dedicatoria que Plataforma 2003 estampa en las primeras páginas del libro, que voy a leer.

"A los hombres y mujeres que, gracias a la Organización Juvenil Española (OJE) y bajo su lema "Vale quien sirve han podido crecer; crecen hoy y crecerán también mañana -si Dios quiere- en un mismo afán por una España entera y total, superadora en síntesis conciliadora de su secular fractura en dos mitades: tradición versus progreso. Y a cuantos compartimos un mismo proyecto de convivencia común pacífica, laboriosa y atareada, tolerante y libre, justa y democrática, para todos los españoles, sin privilegios ni exclusiones ni exclusivas. A todos, ofrecemos esta recopilación de los discursos y escritos de Jesús López-Cancio, en su memoria y en el L aniversario de su fundación de la Organización Juvenil Española"

La Organización Juvenil española de la que procedo, y de la que procedemos muchos de los que estamos aquí, fue creada bajo los auspicios de Jesús López-Cancio; el puede considerarse, en justicia el fundador de la OJE.

Pero la palabra "deuda" tiene otro sentido más profundo aún. La reparación de una posible injusticia que muchos -yo el primero- cometimos en cuanto al juicio histórico que nos merecía la labor de López-Cancio como Delegado Nacional de Juventudes. Me explicaré…

Mi visión adolescente -y la de muchos de los que estáis hoy aquí- es que, después del mandato de José Antonio Elola-Olaso, el Frente de Juventudes había perdido su entraña, su razón de ser, lo habían "despolitizado"; oscuros designios habían acabado con aquella obra falangista para la juventud, dando paso a "otra cosa", algo que carecía del fervor, de la garra, de una institución, el Frente de Juventudes en general, y en concreto, de una organización o movimiento juvenil específico, las Falanges Juveniles de Franco, que habían llevado a miles de jóvenes a cantar imperios, reivindicar gibraltares, a exigir revoluciones, marcando el paso con botas claveteadas por las calles y caminos de España y a acampar con tiendas de campaña hechas de ponchos enlazados entre sí.

Con la etapa de López-Cancio como Delegado Nacional, los jóvenes ya no llevamos botas claveteadas, sino zapatos de piel vuelta, ya no dormíamos bajo ponchos, sino en tiendas con doble toldo y cremallera, con los primeros sacos de dormir que conocimos… Es lógico: el mundo había cambiado.

Seguimos nosotros, los jóvenes de los años 60 cantando imperios y revoluciones, quizá por pura tozudez, pero quizás no nos dábamos cuenta de que lo esencial de mensaje de José Antonio Primo de Rivera no estaba tanto en fórmulas y esquemas apresurados elaborados durante los años 30 sino en una interpretación del hombre y el mundo distintas y en la exigencia de un estilo de conducta, que podía ser transmitida mediante la educación de hombres nuevos, ciudadanos de una España de finales de siglo XX, y ahora, de comienzos del siglo XXI, pero sin perder ni un ápice de esa "entraña de estilo" de España, en palabras precisamente de José Antonio.

Así, la OJE creada por Jesús López-Cancio enseño a cantar al Doncel de Sigüenza, reflejo de la consigna de "Estudio y acción" del primitivo SEU; a Amadís, como espejo de caballeros; a los almogávares, como esforzados en el honor y la lucha; se exaltó el servicio a los demás, a la Patria, a Dios, como esencia del puro mensaje falangista, en un "Vale quien Sirve" que reunía la trayectoria de un hombre joven JA que había dado su vida y servía de ejemplo a otros jóvenes de muchos años después. En una palabra, se rescató a José Antonio de su exacto momento de la historia y se le proyectó a la intemporalidad de una juventud siempre cambiante; se intentó trocar un José Antonio de museo por un José Antonio de método educativo.

Muchos no le entendieron -no lo entendimos- yo el primero y López-Cancio se explica y se defiende en sus escritos:

y nos dice concretamente lo siguiente:

"… Respecto a la reflexión que se hace desde la primera línea de que a la "juventud se le habían cerrado las fuentes del manantial joseantoniano..." rechazo la parte de responsabilidad que pudiera corresponderme, porque nada tengo que ver ni con el silenciamiento a que se alude, ni con la topificación del pensamiento de José Antonio Primo de Rivera. Pensamiento menos original -que lo fue- que permeable y sintetizador, con estilo literario admirable, de la filosofía jurídica, política, económica y social de la época, del que presentó lo mejor y lo más sugestivo. Estimo que el simple hecho de declarar hoy mi devoción a José Antonio -tan soslayado-, me exime de la prueba de mi anterior adhesión; pero he de confesar que ya entonces y más ahora, no me basta lo dicho y analizado por él para responder a los áridos problemas, imprevisibles por su novedad y dimensiones, de los días siguientes a la canción heroica. Me vi obligado prematuramente a una opción decisiva -insoslayable e imperfecta- para resolver la angustiosa apetencia de compadecer unas dramáticas contradicciones: patriotismo y universalidad, riqueza y justicia, tradición y progreso, orden y libertad, hermandad y jerarquía, dogma y tolerancia, ciencia y religiosidad... José Antonio fue para mi, a posteriori de mi resolución inaplazable, toda una revelación por su planteamiento totalizador de la realidad histórica y social de España".

Por encima de todo, por tanto, Jesús López-Cancio fue un joseantoniano convencido, y, como todos, adquirió el conocimiento exacto de lo que ello representaba a lo largo del tiempo. Y también nos lo dice:

"Al principio José Antonio Primo de Rivera fue para mi una suposición; una individualidad constatable, como la de Garcilaso o Larra, pero de la que apenas sabía algo más que su filiación y estatus social. Imbuida por otros, la personalidad del Jefe de falange española se me aparecía, casi exclusivamente, como la de un joven valeroso, inteligente y de refinada educación. Con ese prejuicio le ví y oí por primera vez, en la ocasión citada, y confirmé entonces su valor sereno, pero no me entusiasmo su palabra, a pesar de que ya me había decidido a ingresar en el SEU. Me hicieron falangista las circunstancias, revolución de octubre, de 1934, desfiles de las milicias marxistas, uniformadas, agresivas y con las cantinelas del UHP y los vivas a Rusia, no el verbo y el pensamiento de José Antonio, aunque si me ayudó a ello su evidente gallardía".

Y más tarde dice:

"Cuando se me confiaron responsabilidades públicas, tuve el deber y la oportunidad de ahondar en el estudio del pensamiento político de José Antonio. El empeño me exigió la aceptación de dos variables: la evolución de sus ideas y propósitos de 1931 a 1936 y las mudables circunstancias desde la fecha de su muerte hasta la de mi dedicación a su estudio. Me ocupé con ahínco en discernir sus ideas fundamentales de las contingentes y deduje que el eje alrededor del que giraban sus formulaciones políticas tenía dos claros pivotes: el hombre y la Patria: el hombre trascendente y la Patria metafísica. Todo lo demás, incluida la propuesta de articulación sindicalista del Estado, de mayor o menor calado y proyección, han de apreciarse en función de estas previas concepciones: la dignidad personal del individuo y la realidad histórica colectiva de la que emana la unidad de destino".

Esto lo dice López-Cancio también en el año 97 pero este mensaje de José Antonio intenta de alguna forma transformarlo hacia una juventud que ya no conocía a José Antonio y López-Cancio permanece fiel no solo a una memoria sino también a un mensaje. Y dice así:

"Nada externo a mí, me obliga hoy a la lealtad a José Antonio hoy ni a la fidelidad a sus ideas. Lo hago, libre y selectivamente, como opción que me aprovecha, adorno que me dignifica, ejemplo que me inspira, y porque además, me aparta de la felonía de olvidarlo. No quiero gallo que me cante la advertencia".

Este mensaje de José Antonio se sigue lanzando hoy día -lo sigue auspiciando López Cancio desde su lucero entre jóvenes que quizá nunca han oído hablar de un tal José Antonio, me estoy refiriendo a la actual Organización Juvenil Española.

Llamado a dirigir la Delegación Nacional del Frente de Juventudes, y prefirió llamarla de "Juventudes" para que tuvieran cabida en ella todos los jóvenes que ya no vivían en una época bélica, de "frentes". Y acometió una serie de reformas y ampliación de servicios; y despojó -dolorosamente- el árbol y el bosque de hojarasca seca de otras épocas. Aquí cabe reseñar la creación de la red de Colegios menores, la creación de la Editorial Doncel, que puso en letra impresa poesía, historia, pensamiento, belleza, españolidad, y en música todas las canciones, viejas y nuevas, llenas de esa "poesía que promete"; reunió las radios en la Cadena Azul de Radiodifusión, promocionó el deporte, los intercambio de jóvenes y una agencia de viajes para ellos, les abrió aún más los Campamentos y Albergues, reformó aquella asignatura, condenada hasta entonces a ser una "maría" llamada "FEN" y la transformó en una verdadera "Educación Cívico-Social Política y Económica, dedicada a formar ciudadanos de una España del futuro, y se rodeó de las mejores plumas y de los mejores pensadores…

Y creó la O.J.E., manteniendo las Falanges Juveniles de Franco para aquellos afiliados mayores que tuvieran una especial vocación política.

Con respecto a esta creación de la OJE nos dice también en sus memorias:

"La Delegación Nacional pasó a llamarse de Juventudes, reservando el de Frente de Juventudes a la denominación del conjunto de asociaciones, movimientos y organizaciones juveniles propias y asociadas. La única propia, después de barajar varios nombres, decidimos llamarla Organización Juvenil Española (OJE) con sedes en la red de Hogares de la Delegación, y en cuya regiduría se daba participación a sendas representaciones de padres; se atenuaba el carácter castrense de su actitud externa, pero sin decaer el espíritu de milicia que debía seguir inspirando su estilo. En el escuadrismo continuaría anticipándose, como entrenamiento moral, la cooperación, solidaridad y mutua ayuda".

Y a continuación nos explica desde el "Vale quien sirve" hasta aquel uniforme primitivo.

Y nos dice:

"Ha desaparecido de la estructura administrativa del Estado cuanto en ella había de tutela directa de la OJE; pero permanece, independiente esta, su espíritu inicial. ¿Con más incomprensión y menos medios? No importa, si acepta la dificultad como estímulo y aprecia el valor de estos tres objetivos: servir a la dignidad de la persona humana, sea cual sea su color y situación; a la comunidad que recibimos de la historia, nos modela la antigua convivencia y nos obliga responder a los desafíos que, colectivamente nos depare el futuro; a la naturaleza que nos soporta y debemos cuidar; al Dios que nos hace transcendentes y cubre de esperanza nuestra pobreza.

La perdurabilidad de la OJE, constituye para mí alegre satisfacción que comparto con la honra y gratitud que merecen quiénes hoy la guían y la protegen. Y quiénes la integran voluntariamente comprometidos a cumplir lo expresado en su "Promesa".

Aquella OJE se presentó a Franco en el Parral de Burgos, y entonces un cadete le dijo estas palabras al Caudillo:

"Señor: hemos oído contar, que hace un cuarto de siglo, la entrañable geografía de nuestra Patria se ensangrentó en una lucha fraterna. Hemos oído contar que, hace un cuarto de siglo, los hombres de España dejaron el arado y la espiga por el arma y el grito; hemos oído contar que, hace un cuarto de siglo asumisteis la esforzada servidumbre del Poder, para responder de su buen uso ante las honestas gentes de nuestro pueblo. Lo hemos oído contar, porque nosotros no éramos allí. No habíamos nacido. Porque nosotros somos hijos de aquellos a quiénes acaudillasteis en las trincheras, y también de aquellos otros, de los vencidos, que habiendo perdido una guerra, compartieron con los vencedores el fruto de una paz…".

A continuación, Franco se levantó y abrazó a aquel cadete que le había dirigido estas palabras como espaldarazo de la Nación. Esta OJE sigue existiendo hoy en día, también evolucionada, según las circunstancias de un mundo siempre cambiante pero con la misma "Promesa" de la que nunca se consideró desligado Jesús López-Cancio, que llegó a prologar el último Plan de Formación del año 2000, por tanto, de hace muy poquitos años.

Y dice López-Cancio que "esa OJE que subsiste ahora, integrada por muchachos de ambos sexos, y que lo hace, aparte de por sus valores y fines propios, por la excepcional dedicación personal…" y aquí nos habla del actual presidente nacional de la OJE…

Además de sus reformas, modernización y universalización de la Delegación Nacional de Juventudes, y de la creación de la O.J.E., felizmente viva en la actualidad como un milagro de la España de nuestros días, Jesús López-Cancio mostró hasta el final de su vida ejemplo de fidelidad y de lealtad a sus ideas, concretamente a la herencia de José Antonio; fidelidad y lealtad constituyen, precisamente el subtitulo de la obra que tenéis ante vosotros. Así, dio el paso al frente como fundador de Plataforma 2003, que ha hecho más por lo joseantoniano en sus pocos años de existencia que todos los intentos, fervorosos pero a veces poco prácticos, de muchos de nosotros: ha dejado para el futuro la letra y el espíritu de lo que quiso ser la Falange, a través de su obra editorial, con el tesón y el esfuerzo de hombres que colaboraron precisamente con López-Cancio en aquella Delegación de Juventudes, como Jaime Suárez y Luis Buceta (el primero dirigió la Editorial Doncel y el segundo fue Jefe Central de la OJE), y que siguen hoy, con sus años acuestas, con la ilusión y entrega de siempre.

Se podría decir mucho y bueno de la trayectoria de Jesús López-Cancio, como reparación histórica a los juicios apresurados y como agradecimiento. Pero solo quiero añadir un aspecto, que me parece importante en estos momentos en que corre por España una supuesta reivindicación de la "memoria histórica" y que no es más que el espantajo del resentimiento y del odio.

Uno de sus empeños y logros fue que en los Campamentos y Albergues de Juventudes, ya en los años 60, la plegaria a los Caídos fuera por todos los Caídos, sin exclusión de bandos, por entender que todos lucharon por una España distinta y mejor; así pues, el "Presentes" lo gritábamos al unísonos por "Caídos por una España mejor", y, luego, el "Presente" por José Antonio Primo de Rivera, que había querido, en su doctrina y en sus hechos unir en síntesis indisoluble a las "dos Españas", para que, como dijera en su Testamento, "ojalá fuera la suya la última sangre española que se vertiera en discordias civiles". Leámoslo de sus propias palabras:

"A nadie, pues, debe extrañar que me haya decidido a reformar el rito conmemorativo del sacrificio de los Caídos, haciendo que los que conviven en los campamentos juveniles tengan presentes en sus afanes y oraciones a todos los muertos por una España mejor. Su generoso sacrificio les depuró de toda parcialidad y les hizo paradigma del servicio al ideal de una sociedad nueva nacida del unánime deseo de fortalecer la Patria y la Justicia, como un reparto abundante de pan de bienestar, pan de cultura y pan de libertad".

Rezar por todos los muertos es un deber cristiano de caridad; pero, además, la unidad de los Caídos en la memoria de los españoles es un imperativo político irrenunciable, inspirador de un futuro que ha de superar la división rencorosa de las Españas, uniéndolas en la lucha contra las causas de su tragedia.

¡Caídos, todos, por una España mejor! ¡Presentes! He aquí una invocación que depura y no margina He aquí, pues, una invocación juvenil para una Patria en marcha. Hace muchos años que la empleo, como complementaria, a título personal; pero creo que va siendo hora de que sustituya a otras más restrictivas en la extensión y en el alcance, aunque no en su verdadera intención original".

Con esta medida, enlazaba, a las promociones de los años 60 con la generosidad y amplitud de miras de la primitiva Falange. Aquella, que protestó, por ejemplo, de la profanación de las tumbas de Galán y García Hernández, por el respeto que merecían todos los que daban la vida por sus ideas. López-Cancio hereda esa generosidad.

Para concluir, el libro que os presento termina con unas palabras dirigidas a Cataluña, que nunca mejor que este marco barcelonés para traerlas a vuestra consideración. Frente a separatistas y frente a "separadores", estas palabras tienen la máxima actualidad, a modo de última consigna que el que fue Delegado Nacional de muchos de los aquí reunidos, dirige a nosotros, los catalanes que, por serlo, nos sentimos rabiosamente españoles.

"Sólo quiero adelantar ahora una palabra. No cabe mayor error que pensar que España siente a Cataluña como algo menos propio, ajeno, marginal, secundario, prescindible. La siente como irrenunciable. Cuando el español dice "nosotros", incluye radicalmente a Cataluña. No conviene equivocarse. Por otra aparte, el catalán siente veleidades en algunas ocasiones de renunciar a la realidad no catalana porque cree que le es impuesta, y automáticamente reacciona con un mecánico desvío; pero si hiciera el "experimento mental" de despojarse de la íntegra condición española, se sentiría desnudo y en un intolerable exilio: el exilio de si mismo. Para verlo, basta con preguntarse qué les duele a los catalanes a quienes la suerte adversa ha privado de la tierra originaria: su dolor empieza en Cataluña, pero se extiende, entrañable y conmovedoramente, a la España entera arrebatada".

Nada mas aquí tenéis el libro, muchas gracias.
 

 

Aquí hubo una Guerra. Otra Memoria Histórica. Otra Antología.

Intervención de Juan Echevarría

Tengo una costumbre, que a fuerza de repetirla se ha convertido en hábito, en vicio o en virtud.

Y consiste en que al caer en mis manos cualquier libro que se refiera a lo que podría llamarse política española contemporánea, acudo al índice o a los índices para averiguar la importancia dada y el trato dispensado a José Antonio.

A José Antonio como político, pero cada vez más a José Antonio como persona, como esperanza fallida o aún posible, como ejemplo. Y también como hombre malogrado.

Y Enrique de Aguinaga, mi admirado Enrique de Aguinaga, cita a José Antonio en 78 páginas de las 321 que componen su memoria histórica, su otra antología que con el título desafiante y esperanzado de “Aquí hubo una guerra” tengo hoy el honor de presentaros.

Enrique es como es –como nos pasa a muchos– por haber hecho de José Antonio un paradigma.

El libro va trazando en paralelo su vida y la de España desde el momento en el que aquí, en España, hubo una guerra. Y las guerras, especialmente las civiles – no inciviles como dicen algunos necios resabiados – no tienen fin, porque incluso la paz que las concluye, son proyección futura de aquella guerra que aquí hubo.

Mirad, he leído infinitas definiciones de la guerra, de nuestra guerra. Una para justificarla como aquella necesidad que alguien definió de la negativa a morir de una mitad de España. Otras para negar sus justificación –ahora está de moda– al presentar la II República, incluido el período que comienza el 16 de febrero del 36, como Arcadia feliz.

Pero hay una definición que me ha convencido desde que llegó a mi conocimiento. Y fue la formulada por los juristas republicanos, como acompañamiento de los 13 puntos del Dr. Negrín al presentarlos por sus embajadores en Londres y en París, en 1938, con el propósito de dejar sin efecto unilateralmente y a su favor la política de NO intervención en la guerra española.

Esta definición no echaba a nadie culpa de la guerra. Los culpables eran todos, los unos y los otros, al decir que la guerra, la guerra que aquí hubo era “un conflicto surgido en el propio seno de España, como resultado de una profunda y dolorosa crisis interna”.

Esta definición, que me estremece, me hace pensar a veces, si de una u otra forma, y ante tanta bajeza política imperante, no seguimos en guerra.

La vieja historia de España, para los que aún siendo niños como Enrique y varios de nosotros vivimos la guerra, se convierte en historias porque es en 1931 inicialmente y en 1939 plenamente, cuando comienza nuestra propia historia. Y este hecho obliga a pensar y a considerar si no serán historias para las nuevas generaciones lo que es para nosotros nuestra historia.

El libro de Enrique de Aguinaga está escrito en 1993. Y en estos siguientes 18 años se ha revisado, adulterándola, la historia que hemos conocido, vivido e incluso en algo hemos protagonizado y que el español de buena fe había dado por buena. Porque lo era en gran parte y porque necesitábamos para convivir, que así lo fuera.

Como afirma Jaime Suárez en su presentación del libro hace bien poco, se podía entonces, en 1993, sostener aún la tesis de la continuidad histórica mediante la denominada Transición.

Ya desde 1973, anticipándonos a los rupturistas del pasado y a los inmovilistas que son los rupturistas del futuro, intentamos incluso con nombre claro –Reforma Democrática– dar solución de continuidad a nuestra historia, contribuyendo así a esa Transición que los inmovilistas de siempre detestaban y de la que ahora reniegan los nuevos rupturistas.

Luego, cuando les conviene, unos y otros la presentan, como modelo de exportación, incluso.

Pero ahí está, firme e incontrovertible el libro de Enrique de Aguinaga, porque en esa especialidad tan suya, de recopilar elogios y denuestos útiles para un fin común, se cimenta la ya citada tesis de que todos, de una forma o de otra, no queremos hacer de nuestra historia tabla rasa.

Hace unos días proclamé que yo me siento solidariamente responsable de toda la historia de España. Como solidaridad en la responsabilidad definió Donoso Cortés a la Patria, hace ya muchos años.

Asumo al rey Favila y al oso que se lo merendó. Unas veces me siento partidario de Favila, otras del oso, pero siempre asumo totalmente el hecho histórico que tuvo a los dos como protagonistas.

Y en estos años recientes, de los que el libro de Enrique de Aguinaga es un mentís anticipado y profético, se desfigura y reniega de aquella parte de la historia de Enrique que fue escrita con heroísmo, ilusión y esperanza y los que tuvimos como ejemplo a José Antonio quisimos compartir con la otra parte, la entonces vencida, porque José Antonio fue también el gran perdedor, el gran burlado, al que ya en 1959 se intentó trasladar de tapadillo de El Escorial al Valle.

Lo más peligroso que pueda sucederle a una nación mas que olvidarla, es falsear su historia, a través de la política de partidos, de una presunta intelectualidad y de una real, buscada y continua mendacidad.

Preocupa el ver como los políticos de hoy asumen las mismas posiciones que los políticos del lejano ayer. Como si España no fuera distinta, como si nada hubiera cambiado en los últimos ochenta años.

Necio es aquel que ignora lo que está obligado a conocer. Y necios son quienes gobernando o queriendo gobernar, nos desgobiernan.

Y ahora estamos asistiendo a este deliberado proceso de falsear la historia, pero no la muy pasada sino la aún reciente, la que aún no es historia, la que levanta ampollas, la que se reconvierte en política de todos los días, en arma de combate dialéctico, la que obliga a dar respuesta de hechos que en sus detalles quisimos dejar de recordar, aún no olvidándolos, de ver cómo se va recreando aquella grave y dolorosa crisis interna que tuvo como resultado un conflicto –de uno u otro alcance– surgido en el propio seno de España.

En tu libro das cita a Gonzalo Fernández de la Mora a quien consideré como ideólogo y soporte como Ministro, y que anticipándose, señaló el crepúsculo de las ideologías.

Hoy en las sociedades avanzadas políticamente, ese crepúsculo se evidencia por la aproximación hasta confundirse y aún fundirse las que fueron ideologías diversas y encarnizadamente adversas, propias de los pueblos pequeños o empequeñecidos.

Pero para que la convivencia sea posible y fructífera, para que la aspiración a una vida alegre, democrática y apacible siga siendo siempre el punto de mira de la ciencia política, por encima de toda otra moda [J.A. dixit] es preciso formular, mantener, poder practicar y que sean respetados unos pocos principios. Los que hacen de la agrupación de los conciudadanos una nación, perdón, una Patria, sin alharacas sin fanfarronadas, con reconocimiento de las diversidades, sin prepotencias ni chantajes, con un estilo común al servicio de un también común destino.

Mientras y quien sabe si para siempre, tendremos que contentarnos con amar a España porque no nos gusta.

En amar a España, aunque no nos guste.

Tu libro Enrique nos ha dado la esperanza de que, aún con matices, era posible ese proyecto sugestivo de vida en común para todos los españoles, a proyectar de puertas hacia fuera. Que el español no era una pesada carga más que en aquello que la historia nos obligaba a todos. Y que esa pesada carga venía sobradamente compensada porque de una vez por todas el hilo de la historia era comúnmente aceptado, aún sin que lo fuera por muchos a sabiendas, porque el pueblo español había asumido como propia aquella fórmula de lo que es el estilo, de la persona, del pueblo, de la nación, que junto con la entraña hemos querido que nos defina, al menos desde aquel brindis de José Antonio en el homenaje a Eugenio Montes.

Estilo, dijo Goethe, es una forma de vida que consciente e inconscientemente, se realiza en cada hecho y en cada palabra. Lo importante es que lo sea inconscientemente, para que no se confunda con el talante que es ropaje y puede ser disfraz.

Y nosotros y con nosotros tantos españoles, fuimos asumiendo un estilo común. Y consciente y aún mejor inconscientemente supimos lo que era España, lo que de ella esperábamos todos y sabíamos también lo que podía esperar ella de nosotros. Sin necesidad de atormentarnos, alegremente, poéticamente. Dando por buenas y comunes aunque ellos creyeran eran excluyentes entre sí, las Españas de Américo Castro, de Madariaga, de Sánchez Albornoz, de Menéndez Pidal, de Laín Entralgo.

Porque los defectos que los historiadores señalaban, eran motivos de mejor quererla.

Y cuando Ortega y D’Ors se detestaban, nosotros encontrábamos divertidamente los espacios comunes.

Porque lo que de verdad queríamos era cambiar el modo de ser de los españoles, empezando por cambiar nosotros. España, ya nos servía como era.

Tú has buceado, como bien sabes hacerlo, en la opinión de tantos personajes que desfilan y opinan en tu libro.

Buscando y encontrando coincidencias entre las más distantes. Así se hace, Enrique. Así se hace España.

Ahora me correspondería detestar del presente y anunciar un futuro sombrío.

Pero nadie tiene el derecho de hacerlo y todos tenemos el deber de evitarlo, y de evitar lo hagan.

El viejo Pascal dijo ya siglos antes, que a las personas y a las cosas para llegar a quererlas, hay que empezar a tratarlas como si ya las quisiésemos.

 

 

Aquí hubo una Guerra. Otra Memoria Histórica. Otra Antología.

Teoría del franquismo

Intervención de Enrique de Aguinaga

Entremos en materia.

Primera consideración: Propongo una tautologia.

Como es bien sabido, según la definición de curso legal, el franquismo fue una dictadura inicua. Producto de un golpe de Estado consumado contra un régimen democrático legalmente constituido. Suma de todo mal sin mezcla de bien alguno. Sustancia necesariamente condenable no solo en la historia sino también en cualquier vestigio, sea objeto o persona, hijo de aquellos padres o reflejo de aquel pasado.

La corriente dominante, en la izquierda, mantiene la palurda dialéctica franquismo- antifranquismo, asimilable a fascismo-antifascismo, de modo que quienes no estén en el lado idóneo de la dicotomía quedan arrojados a las tinieblas, proscritos, condenados o fuera de la circulación. Franquismo, en fin, es signo de ignominia y franquista el peor insulto político, idea que se comparte en la derecha política, de modo calculado y vergonzante.

Hay, también, con carácter residual, una actitud opuesta a la visión infernal, que considera al franquismo como paraíso perdido. Mi carril va por en medio, dejando, a uno y otro lado de la vía, uno y otro terraplén.

En medio de este panorama, a estas alturas, me pregunto: Realmente, ¿que fue el franquismo?

Régimen fascista, dictadura totalitaria, dictadura militar, nacional-catolicismo, autocracia, dictadura de desarrollo o dictadura comisoria son definiciones relativas o parciales que, además, hay que situar en una periodificación del franquismo en la que, entre otros, se pueden apreciar tres hitos principales: 1945 (posguerra mundial), 1956 (desarrollo) y 1969 (heredero). Tales franquismos sucesivos (inicial, medio y bajo) dificultan un juicio total, si no se quiere falsear la historia como se hace con las referencias a la represión, que no se fechan, para extenderlas ladinamente a todo el tiempo.

Mi falta de autoridad, mi afición irresponsable de espontáneo que se tira al ruedo o de profesor que no sienta cátedra, me permiten la audacia de sobrevolar aquellas y otras consideraciones, somáticas o profundas, para llegar a una reducción que denomino teoría en cuanto sustancia que está por encima de cualquier otra sustancia.

Así, para mí, franquismo es Franco.

Franquismo empieza y termina en Franco, hermosa tautología, que, en definitiva, instrumentaliza todo lo demás (personas, situaciones e instituciones) para el cumplimiento del designio capital de Franco, teoría que se visualiza en su testamento.

Segunda consideración. Se lee un testamento y se aclara un designio

El testamento de Franco ¿que dice de la guerra, del Movimiento, del nacionalsindicalismo, del Frente de Juventudes y demás obras predilectas del Régimen?

Nada, no dice nada.

En su testamento, Franco establece cinco mandas y solo cinco mandas:

1. Perseverancia en la unidad y en la paz

2. Supeditación de miras personales a los intereses de la Patria

3. Justicia social y cultura, como objetivos

4. Exaltación de las regiones como fortaleza de España y, sobre todo,

5. Afecto, lealtad y colaboración para el Rey

¿Y los principios del Movimiento?

La Ley de los Principios del Movimiento (17 de mayo 1958) establece en su artículo primero que tales principios son, por su propia naturaleza permanentes e inalterables. No obstante, en 1969, Franco declara textualmente:

La ley Orgánica del Estado establece los cauces para la posible alteración de los Principios Fundamentales.

He revisado la ley Orgánica del Estado (10 de enero de 1967) y resulta que no solo no establece aquellos supuestos cauces, sino que, en su artículo tercero, proclama la más estricta fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional que, para que no haya duda, repite permanentes e inalterables por su propia naturaleza.

Otra cuestión.

La condena del liberalismo y del capitalismo, impregna el franquismo desde sus origenes. Y no hace falta que me acoja a una cita precisa. No obstante, en 1969, Franco declara, textualmente:

No podemos prescindir del mundo capitalista liberal en que vivimos, que condiciona nuestra labor. Dentro de él hemos de perseguir los logros sociales más ambiciosos que sea compatibles con la situación general.

Aquellas dos declaraciones sorprendentes (que los principio del Movimiento no son inalterables y que debemos ingresar en el orbita del capitalismo liberal) Franco las hace el 1 de abril de 1969, no en un circulo intimo, sino en la primera pagina de todos los periódicos de España, porque son declaraciones que hace al director de Arriba, Manuel Blanco Tobío, que, naturalmente, se publican en aquel diario y se reproducen en todos los demás.

De esta observación deduzco dos conclusiones válidas para la enunciación de la teoría del franquismo.

Primera. Franco dice y hace en cada momento aquello que conviene a su designio

Segunda. Lo tuvimos delante de nuestras narices y no nos dimos cuenta.

En cuanto a la primera

El llamado franquismo carece de ideología, es un régimen personal y pragmático que se apoya en falangistas, en tradicionalistas, en democratacristianos o en tecnócratas sucesivamente y según esclarece Stanley G. Payne en su libro El régimen de Franco.

Se ha convertido en tópico la recomendación de Franco a Sabino Alonso Fueyo, mi director en el diario Arriba: Haga lo que yo; no se meta en política. La expresión la repite el doctor Pozuelo en su libro, Los últimos días de Franco, cuando Franco le dice No soy político. Suena a broma paradójica. Pero, a la luz de las anteriores proposiciones, es un signo de la realidad.

Franco no se impone una política sino una estrategia supeditada a su designio.

En cuanto a la segunda

Es verdaderamente notable que aquellas dos proposiciones publicadas en lugar preferente por todos los periódicos, no llamasen la atención de nadie. Que nadie se preguntase por qué, así, tan de repente, los principios del Movimiento dejaban de ser inalterables; por qué, así, tan de repente, teníamos que entrar en la orbita del capitalismo liberal

Pero más notable me resulta que los sagaces historiadores, los implacables analistas, los tenaces investigadores de los pliegues y repliegues del franquismo tampoco hayan reparado en aquella sorprendente novedad. Yo al menos no la he visto concretamente registrada en ninguno de los numerosos libros o artículos que pueblan la cuantiosa bibliografía del franquismo.

Y, sin embargo, la explicación es tan clara que yo mismo sin ser sagaz, implacable o tenaz, la he entendido a la primera.

Por encima de otras consideraciones, Franco hace la doble declaración por que conviene a su designio.

Cuentan que el maestro d'Ors explicaba la fachada de un templo ante un grupo de seguidores. Se trata de una muestra de gótico flamígero les decía. Maestro, maestro le susurra un allegado: que no es gótico flamígero, que es gótico radiante. Y el maestro le replica: Ya se que no es gótico flamígero, pero me conviene que lo sea.

Al designio de Franco convenía aquella declaración porque él sabía privilegiadamente que, antes de cuatro meses, exactamente el 22 de julio de ese mismo año, quedaría designado heredero en la Jefatura del Estado a titulo de Rey el príncipe de España, don Juan Carlos de Borbón. Había, pues, que allanarle el camino, eliminar todos los motivos de reticencia para la aceptación, que fundamentalmente eran dos: el juramento de los principios del Movimiento y la inserción en el mundo democrático, inherente al capitalismo liberal.

Y todo ello como manifestación del designio o propósito fundamental de Franco y, por lo tanto del franquismo: la restauración de la Monarquía en la dinastía borbónica.

Tercera consideración. Se transita de Republica a Monarquía

La verdadera transición no ha sido, como se dice, de dictadura a democracia. La verdadera transición ha sido de republica a monarquía, según el designio de Franco, que se manifiesta en plena guerra con dos señales significativas.

La primera señal, el 18 de julio de 1937, primer aniversario del Alzamiento. Franco, en sus declaraciones al marques de Luca de Tena, pronuncia la palabra clave, que luego será objeto de largas y complicadas maniobras: la palabra Restauración.

Franco admite la posibilidad de la Restauración, confiesa que en este tema sus preferencias son conocidas de muy antiguo y anuncia que, si llegara el momento de la Restauración, la Monarquía tendría que renovarse y el Rey asumir el papel de pacificador, sin contarse en el número de los vencedores, razón esta ultima con que Franco rechaza por dos veces el ofrecimiento de don Juan de Borbón que desea alistarse en el Ejercito nacional.

Tres meses antes, el 19 de abril, en el Decreto de Unificación, como antecedente próximo, Franco había afirmado:

No cerramos el horizonte a la posibilidad de instaurar en la Nación el régimen secular que forjó su unidad y su grandeza histórica.

Antes, aún, el 29 de agosto de 1936 y el 27 de febrero de 1937, se restituyen la bandera monárquica y la Marcha Real como bandera e himno nacionales, respectivamente

No busquéis el ABC de Sevilla del 18 de julio de 1937, que publica aquellas declaraciones bajo el titulo Una hora con el Generalísimo. No lo busquéis en Internet, donde ABC ha instalado su completa hemeroteca, número a número. Si lo buscáis, del 17, sábado, se salta al 20, martes. El 18, domingo, ha desparecido por arte de birlibirloque. ¿Censura democrática? Llámese como se quiera.

La segunda señal, el 15 de diciembre de 1938, fecha de la Ley de la Jefatura del Estado por la que Franco deroga la sentencia de la Republica que condenó a Alfonso XIII, por alta traición,

a ser degradado de todas sus dignidades, derechos y títulos que no podrá ostentar legalmente ni dentro ni fuera de España, de los cuales el pueblo español le declara decaído sin que pueda reivindicarlos jamás ni para él ni para sus sucesores.

La sentencia (otra curiosidad) se fecha el 20 de noviembre de 1931. La cuidadosa y tempana derogación de Franco se desarrolla en una panoplia de disposiciones para devolver a la familia Borbón todos sus bienes y sus expectativas, de modo que a la palabra Restauración, de algún modo, se le pone apellido.

No busquéis esta ley franquista en el catalogo de los vestigios del franquismo que, según la ley de 26 de diciembre 2007, llamada de la Memoria Histórica, habría que erradicar. Al igual que ABC, la Memoria Histórica padece ataques de amnesia que, mi madre decía, se curan con rabos de pasa y, según algunos amigos, leyendo un libro proscrito titulado Aquí hubo una guerra, que puedo recomendar porque no me produce ganancia alguna, sino todo lo contrario.

¿Qué sucede después de aquellas señales de 1936, 1937 y 1938? Sucede que se termina la guerra.

En sus declaraciones al marques de Luca de Tena, Franco aplaza sus consideraciones sobre la Restauración diciendo: ahora (estamos en 1937) no cabe más que terminar la guerra. Luego, habrá que liquidarla. Después, construir un Estado sobre bases firmes…

Terminada la guerra, suceden todo género de complicaciones de modo que la restauración de la monarquía en la dinastía borbónica se convierte en la larga marcha, según la certera expresión de Laureano López Rodó,

Una larga marcha de obstáculos, que Franco va superando con paciencia de pescador, paso a paso, hasta el 22 de julio de 1969.

El retorno de España a la Monarquía -escribe Luis Suárez en Francisco Franco y su tiempo- fue producto de una terca y paciente política que Franco desarrolló a lo largo de muchos años.

Luis Suárez, desde su acreditada autoridad, comenta las declaraciones de 1937. Y así escribe:

El texto destinado a un máximo de publicidad, era suficientemente importante porque contenía dos indicaciones que antes no se habían expresado, al menos con la suficiente claridad. Franco aseguraba que la restauración de la Monarquía podía ser una meta política a alcanzar -nunca un punto de partida-dentro de la tarea de la construcción del nuevo Estado. También señaló al infante don Juan como el más idóneo candidato al trono.

En la práctica Franco recorrió el camino que le separaba de la restauración de la Monarquía con la mayor lentitud que imaginarse puede. Esto ha planteado numerosos interrogantes a los historiadores.

En ningún momento se desvió Francisco Franco de la meta trazada. Incluso en aquellos momentos en que la restauración se presentaba como más contraria a su obra de Jefe de Estado, nunca sintió la veleidad de proponer una formula nueva.

Franco mide los tiempos con prudencia, sin prisa, tanteando, sin dar un paso en falso, y maneja la terminología (reino, regencia, monarquía, instauración, reinstauración) contra viento y marea. Así lo ve Stanley G. Payne:

El régimen español no fue monárquico hasta que lo transformó Franco por su exclusiva decisión personal, enfrentándose a los carlistas, que deseaban otra monarquía y otra dinastía, y a los falangistas, que nunca renunciaron a una republica de exaltación hispánica y estructura económica sindicalista, así concebida por Ramiro Ledesma.

Las complicadas circunstancias de su designio acaban enfrentando a Franco y a su primer candidato, el hijo de Alfonso XIII, don Juan, al que (¿quién lo diría?) le explica, en carta de 6 de enero de 1944:

Nosotros caminamos hacia la Monarquía.

Cuarta consideración. Ser franquista carece de sentido.

¿Es el franquismo un movimiento político social, como dice el diccionario de la Real Academia Española (XXII edición) o, como también dice el diccionario, un periodo histórico?

Para mí, sin duda, un periodo que no tiene ideología propia, que no constituye un sistema, en cuanto larga marcha hacia la Monarquía, que se acomoda a las circunstancias, que se agota con la consecución del objetivo y que no es susceptible de reimplantación. En este sentido, el franquismo es una misión cumplida, con pleno éxito, por cierto; un ciclo cerrado en si mismo y no un sistema que tienda perpetuarse o a transferirse.

¿Qué sentido tiene hoy la definición de franquista; es decir, partidario o seguidor del franquismo, si franquismo es tramite cumplido, antitesis de sistema político con partidarios o seguidores?

¿En que cabeza cabe ahora el franquista, partidario o seguidor?

Seguidor ¿de qué? Seguidor ¿para qué?

¿Para la restitución del franquismo, como si fuera un sistema en si mismo y no el proceso de la restauración de la monarquía parlamentaria como sistema constitucional, acordado por franquistas y antifranquistas, si se admite la terminología, impuesto ya el termino franquista como insulto y vituperio?

Por encima de todas las interrogaciones, hay una afirmación evidente, que tiene que admitir quienquiera que se acerque a la teoría del franquismo con naturalidad:

Si Franco no se lo hubiera propuesto jamás habría retornado a España la Corona.

Lo confirma rotundamente Gonzalo Fernández de la Mora.

La institucionalización de España como Reino en 1947 fue una decisión personal de Franco en la que no creo que influyera nadie de modo apreciable…Ni la clase política ni la sociedad española eran monárquicas…Hay Corona por la pura voluntad de Franco.

Cumplido el objetivo del franquismo; es decir, efectuada la Restauración de la Monarquía borbónica, la historia sigue y en ella permanecemos en un tiempo histórico que el profesor de Ciencia Política, Ignacio Sotelo, identifica:

En 1936 empieza una nueva fase de la España moderna en la que todavía nos encontramos 1 , porque no hay hiato histórico en el 75.

Habrá que recordar que Transición se opuso a Ruptura y prevaleció.

Esto es tan elemental como que no cabe condenar aquello desde que se transita y por tanto es origen, a no ser que se practique la freudiana muerte del padre 2 como se está practicando.

La obsesión es tan delirante que no solo se condena el pasado, sino también los vestigios del pasado, negación del principio de continuidad histórica que mantengo, según la doctrina publicada por el profesor Sotelo en Revista de Occidente. Bien es verdad que no todo el mundo lee Revista de Occidente.

Pedro J. Ramírez lo ha explicado

Ni Juan Carlos ni los demás españoles se acostaron franquistas el 20 de noviembre del 75 y se despertaron demócratas el 21. (...) Esta experiencia española ejemplifica e ilustra la tesis historiográfica según la cual los elementos de continuidad que configuran lo que Américo Castro denominaba "la morada vital" de un pueblo, es decir su cultura política, su Constitución no escrita, tienen en la práctica más importancia que el propio marco institucional de cada época . El actual Estado constitucional es una emanación, por vía de la reforma, del Estado franquista. 4

Entramos aquí en la gran polémica: El franquismo como premisa de la democracia. Independientemente de que haya sido un efecto deseado o no deseado, hay pruebas de que la llamada Transición se incoa mucho antes de lo que se suele decir. Payne así lo ve:

Algunos de los logros y proyectos fundamentales de Franco fueron irónicamente requisitos indispensables para el éxito de una democratización estable sin rupturas ni violencia.

Y añade a este efecto:

La restauración de la monarquía fue decisiva. La modernización social y económica llevada a cabo finalmente bajo el régimen, era indispensable porque la España de clase media que sustituyó a la vieja sociedad antagónica de los años treinta proporcionó la base necesaria para la democracia.

Algo sabe el sociólogo Amando de Miguel, a quien tanto aprecio y que, el año pasado, declaraba:

Veo más continuidad entre el franquismo y la democracia de lo que yo mismo imaginé en su día

Pero, por favor, que nadie salga de aquí atribuyéndome la idea de que Franco se propuso la democracia. Tampoco se me atribuya la idea que Franco creyó dejar atada y bien atada la Monarquía del Movimiento, como sostiene, empecinado, Luis María Anson.

Volvamos al testamento.

No al testamento político de Franco, antes revisado, del que Ansón escribe Seria injusto no reconocer a este texto profundidad y emoción. Volvamos al testamento periodístico de Franco, su ultima entrevista (4 de julio de 1974), concedida a José Maria Barcena y publicada bajo el titulo de Dialogo entre dos generaciones. Es un documento poco conocido (Paul Preston lo ignoraba cuando se lo descubro en nuestra correspondencia) y digo poco conocido por no decir ocultado. La entrevista termina con esta exhortación de Franco:

Nunca se encontró un pueblo en mejores condiciones para entrar en el futuro. Tienen ustedes todos los medios. Lo demás está por hacer. De ustedes es ya toda la responsabilidad.

Ocho años antes (21 de junio de 1966) Franco, en la inauguración del monumento a la Batalla del Ebro, en Tortosa, había dicho

Conforme los años pasan se hace necesario preparar el campo nacional a que discurra y viva por si mismo. Yo no puedo hacer más que agotar mi vida en vuestro servicio. Que sean los españoles y el propio esfuerzo nacional el que se defienda. Las leyes pueden establecer y abrir nuevos cauces; pero la acción tiene que ser eminentemente popular.

Guste o no guste, convenga o no convenga, estos de 1966, 1974 y 1975, son los testamentos de Franco que además nos dejó un pronostico en su repuesta al Presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, que por medio del general Walters, su emisario, pregunta a Franco, en 26 de febrero 1971, qué va a pasar en España, cuando ocurra su muerte.

Franco le contesta en síntesis

1. Funcionará la Ley de Sucesión.

2. El príncipe será Rey.

3 Habrá democracia.

4 No habrá guerra civil.

Todo ello, sobre la base de la creación de la clase media y, cuando se refiere a la democracia, en estos términos:

España irá lejos en el camino que desean ustedes, los ingleses y los franceses: democracia, pornografía, droga y que sé yo. Habrá grandes locuras pero ninguna de ellas será fatal para España.

Walter relata la entrevista en sus memorias (1981) pero omite la referencia a la democracia que hace explicita en Santander, en Universidad Menéndez Pelayo, en el verano de 2000. Las nuevas declaraciones de Walter se publican en ABC el 15 de agosto. ¿Por descuido? Pregunto, dada la época del año y la condición del periodista, un becario. En cualquier caso, ¡oh prodigio!, se produce otro apagón informativo, porque ni un solo medio se hace eco, como si todos se hubieran quedado sordomudos, de repente, como si se hubiera prohibido (figuraciones mías) el pronostico de Franco con que, por hoy, se cierra mi teoría sobre el franquismo.

Termino con una profecía, una profecía muy cómoda, porque es seguro que yo no estaré para responder de su cumplimiento:

Franco estará en los manuales de Historia del año 2050 con unas líneas de este tenor.

General que, tras una guerra civil de tres años y una compleja y eficaz gobernación de treinta y seis, restauró la Monarquía en la dinastía borbónica y en la persona de don Juan Carlos de Borbón y Borbón.

Presentación de Manuel Parra celaya

 

 

Presentación de Juan Echevaría

   

Presentación de Enrique de Aguinaga

 
 

 

De izda. a dcha: Manolo Parra, Paco Calduch, Enrique de Aguinaga y Juan Echevarría

 

Aspecto de la sala: lleno total

 

Exposición venta del fondo editorial

 

Las ventas fueron importantes

 

Vista de la sala

 

Aspecto de la sala

 

Una pequeña anécdota al regresar a Madrid: Al hacer una de las paradas para estirar las piernas y tomar un café en un bar cerca de Calatayud, nos encontramos con el siguiente expositor de CDS. No hubo mas remedio que tomar unas fotos, menos mal que en esta Casa la cámara la llevamos siempre a cuestas.