Presentación en la Matritense del libro

Escritos y Discursos
Desde la Lealtad y la Fidelidad

 

Jesús López-Cancio, un falangista reformador

 

Juan Velarde Fuertes

La lectura del libro de López-Cancio, Escritos y discursos. Desde la lealtad y la fidelidad (Plataforma 2003, 2010) es muy importante, a mi juicio para todo futuro investigador de lo que de verdad sucedió en la historia de España desde 1936 a 1975. López-Cancio se afilió a Falange cuando estudiaba Derecho en la Universidad de Oviedo, en 1935. Era entonces un joven asturiano impresionado por la Revolución de 1934, que en 1936 se incorpora al Ejército Nacional hasta licenciarse como sargento al concluir la contienda, momento en el que finaliza la carrera en la Universidad de Oviedo, y como joven letrado se incorpora al bufete de un magistrado, separado de la carrera por haber permanecido activo en la España republicana. Señala en este libro (pág. 8), en su “opinión injustamente (sancionado) con la separación del Cuerpo”. Ahí radica una característica primera de Cancio: no sentirse exactamente vencedor frente a otros españoles. Es una primera característica. En su primera intervención, en 1942, como alcalde y Jefe Local de Falange en Tapia de Casariego dijo (pág. 13): “Yo sé por qué me movilicé y por qué lo hice con mis actuales (subrayado mío significativo) camaradas; también veo claros los motivos de muchos de los que frente a nosotros combatieron bravamente”. Dentro de Falange ésa era una línea que había sido iniciada por Yagüe en su famoso discurso el 19 de abril de 1938 en Burgos, que por cierto le valió un severo castigo. Va a ser López.Cancio reiterativo en esto. El 12 de junio de 1955, en Aguilar de Campoo, en una reunión de excombatientes del Ejército Nacional, dirá: “Recordemos el valor de nuestros enemigos, para poder hacerles justicia y fortalecernos en su heroísmo” (pág. 27). Todo eso culminará con que varia el viejo homenaje que se hacía en los campamentos del Frente de Juventudes a los caídos “por Dios, España y su Revolución Nacionalsindicalista”- Dijo López-Cancio en la Red de Emisoras del Movimiento en 1960 (págs. 42-43): “A nadie… debe extrañar que me haya decidido reformar el rito conmemorativo del sacrificio de los Caídos, haciendo que los que conviven en los campamentos juveniles tengan presentes en sus afanes y canciones a todos los muertos por una España mejor: Su generosos sacrificio les depuró de toda parcialidad y les hizo paradigma del servicio al ideal de una sociedad nueva nacida del unánime deseo de fortalecer la Patria y la Justicia como un reparto abundante de pan de bienestar, pan de cultura y pan de libertad,,, La unidad de los Caídos en la memoria de los españoles es un imperativo político irrenunciable, inspirador de un futuro que ha de superar la división rencorosa de los Españoles, uniéndoles en la lucha contra las causas de su tragedia”.

La raíz de esto algunos la hemos conocido directamente. Era el verano de 1946, una unidad del Frente de Juventudes marchaba por Asturias mandada por López-Cancio. Los veraneantes contemplábamos a aquellos muchachos formados ante una Cruz de los Caídos, adosada a los muros de una iglesia. Se oyó una voz: los camaradas Tal y Cual colocarán la corona en homenaje a los caídos. Uno de ellos, hijo por cierto de un minero, salió de las filas y se cuadró ante López-Cancio, mientras preguntaba: “¿Por qué Caídos vamos a colocar la corona?” Todos dimos un ligero respingo. La respuesta que se oyó nos impresionó: “Por todos los que cayeron limpiamente por España”. A lo que el muchacho respondió: “Pues entonces puedo colocarla, por que mi padre murió en el Ejército republicano”. Yo pensé –y creo que debe meditarse ahora haber visto el final de la Guerra Civil. Enlácese esto con la anécdota que relata en la pág. 187 y con lo que refiere en la pág. 289.

Este mensaje queda claro en la pág. 45: “Mis convicciones habían nacido en la Universidad de Oviedo, como una desazón vital incontenible y una perplejidad ante las dos mitades ideológicas de España, cuyas parciales respuestas no satisfacían mi espíritu crítico de universitario ni mi afán juvenil de servicio”. Es importante para mi, como seguro lo sería para mi colega Enrique Fuentes Quintana, porque ambos escribimos para la Editorial Doncel –sobre ella véanse las págs. 328-331 el libro Política Económica leer que sus cuestionarios básicos estaban “desposeídos de todo matiz partidista”. Y que la convocatoria que se nos hizo “para dar a la intencionalidad de cada libro el porte de dignidad que los autores y la disciplina demandaban”. Y en esta línea, me siento confortado cuando leo (pág. 49) que la revista Juventud, en la que colaboré con artículos críticos, la imaginaba López-Cancio “para denunciar sin acritud las lacras de una sociedad imperfecta” (pág. 48).

Simultáneamente, late en López-Cancio, y también va a perdurar, una preocupación fundamental: los desheredados. Así, en una placa a Zoilo Iglesias dijo: “Zoilo era el más humilde de todos los combatientes de este concejo en nuestra guerra. No conoció padre legítimo, ni había recibido de su país otra cosa que el inseguro derecho al mendrugo y al mísero puchero a cambio de un eventual y duro trabajo de sol a sol, como criado, en las menguadas labranzas de unos pobres campesinos. Fuerte, paciente y analfabeto. Sube a la guerra sin odio y sin ira…” Y concluyó: “Que esta lápida no sea un simple honor concedido a su memoria, sino el recuerdo de una obligación pendiente” (pág. 13).

E inmediato, el talante crítico. Como Jefe del Distrito universitario del SEU de Oviedo, en la apertura del curso académico 1945-1946, dijo, dirigiéndose a los estudiantes en un acto en el que impuso, por haber alcanzado el número 1 de la Tercera Promoción de Infantería de la Milicia Universitaria, a mi amigo y compañero de mil vivencias, Benigno Pendás, el Víctor de Plata: “No os pido, porque tampoco yo lo he embargado, el sistemático aplauso a toda obra del gobierno, de cualquier esfera que sea” (pág, 14).

Por eso sus observaciones sobre la realidad de España son amplias, generosas. Le vemos percibir la importancia del jesuita Sisinio Nevares para el cooperativismo agrario palentino, ese que se encuentra detrás de la CONCA, raíz a su vez de la CEDA, o cuando en el homenaje al director del Diario Palentino, José Alonso de Ojeda, tras celebrar que estén reunidos, “en el crisol del amor a España y en el propósito de servir a Palencia”, se declara “servidor incansable… de la unidad social de nuestro pueblo”, y por eso feliz de que allí se encontrasen “viejos liberales, republicanos históricos, monárquicos de todas las dinastías, antiguos socialistas, falangistas de ayer y hoy”. Por supuesto, en esta integración recuerda que José Antonio “nos impuso el respeto a la variedad étnica, social y geográfica de nuestra Patria y nos invitó a escribir el poema de la futura España en versos gallegos, castellanos, catalanes y vascuences” (pág. 28), Naturalmente esto lo amplía a los tradicionalistas. En las págs. 60-61 en una carta fechada en Pamplona el 6 de septiembre de 1960 a los antiguos combatientes de los Tercios de requetés de Lácar y San Fermín les dice “que el joven y bravo requeté que cada uno de vosotros fue un día os mantenga ilusión y brio para luchar sin desmayo por todo lo válido y permanente que en nuestro mundo existe”. Por supuesto, en 1973 señalará: “A efectos dialécticos debe aceptarse la posibilidad de un futuro con partidos políticos” (pág, 166).

También es visible en López-Cancio un espíritu americanista, que contemplé no hace mucho cuando Vicente Ugarte del Pino, uno de los grandes de Perú, que acaba de ser condecorado por el presidente Alan García con la máxima condecoración de esta república, me enseñó la camisa azul que había llevado en una peregrinación, en 1948, de Roncesvalles a Santiago de Compostela, y que guardaba como oro en paño. Esa peregrinación es la que en este libro se cita en la pág. 271 ampliamente, con alusión también al boliviano eminente Jorge Siles Salinas. Se refiere López-Cancio así: “Peregrinad y pedid por todas las Españas. Las que abarca en la actualidad la soberanía de nuestro Estado y aquellas otras que, solas, llevan el impulso de nuestra estirpe” (pág. 63). Añádanse las referencias que hace a México y su escudo en la pág. 120, o la alusión al profesor de la Universidad Católica de Quito, Jorge Luna Yepes en la pág. 247, o la que hace de Pablo Antonio Cuadra, el gran nicaragüense, en la 260, y todo el contenido de la pág. 269, o la gran crónica de Cuba en las págs. 210-317.

Me he detenido para esta presentación esencialmente en esto, a lo que debo añadir las citas continuas, algunas veces reiteradas, a Ortega, a d’Ors –muchísimas veces , a Camón Aznar, a Balmes, a Gracián, a Pérez Galdós, a Marañón, a Concepción Arenal, a Quevedo, a “la poesía profunda de Hierro”, a Cossío, a Gerardo Diego, a Víctor Pradera, a Costa, a Teresa de Jesús, a Azorín del que recoge este bello lema “Vivir no es volver” en la pág. 179, a Mariano de Cavia, a Camilo José Cela, a Dámaso Alonso, cómo no Jovellanos, a Marcelo Arroita-Jáuregui, a Unamuno, a Manuel Alcántara, a Dionisio Ridruejo –al que califica en 1994 de “hombre sensible, inquieto y bueno” (pág. 273) , a León Felipe, a José Luis Hidalgo, a Pérez de Ayala, a con halago Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, a Tirso de Molina, a Calderón, a Cervantes –naturalmente , a José María Valverde, a Pío Baroja, a Rof Carballo, a Larra, a Manuel Azaña, al que elogia mucho en la pág. 348, a Maximino Romero de Lena, a Federico Sopeña, a Laín Entralgo, a Gonzalo Torrente Ballester, a Fernández Florez, a Sánchez Silva, a Rafael María de Labra… ¿Para qué seguir, si con lo dicho se observa su talante abierto? Añádase su negativa radical a integrarse en 1955 en el Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo (págs. 319-320). Por supuesto, cita multitud de veces a José Antonio algo a Ramiro Ledesma y siempre con lealtad y respeto, a Franco. Por eso le guardaré eterna gratitud porque, de pronto, en la pág. 149 me encontré con que dice: “Hay que hacer, como indica Juan Velarde, compatible una política de producción con una de distribución socialmente avanzada”.

Y sobre lo dicho, que es el armazón esencial de este libro, insiste una y otra vez, con un lema típico de un reformista, que dice procedía de fray Justo Pérez de Urbel, al que le oyó en un acto de la Sección Femenina que “no hay peor deserción que la de los que se quedan”. Por eso López-Cancio señala que esos son “los que se quedan sin fe y sin entusiasmo, aferrados como cadáveres a una rueda de timón inmóvil, ciegos para todos los rumbos; que no se adscriben más que a aquello que les es físicamente próximo o habitual. El horizonte no cuenta para ellos” (pág, 30). Sí contó para López-Cancio, y bien lo sabemos en esta Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, desde donde tantas cosas salieron para horizontes nuevos, y él, al servicio de esos nuevos proyectos, estuvo en los últimos años de su vida.

 

Jaime Suárez Álvarez


Ilustrísima Señora Doña Pilar Becerril Roca, Presidenta de esta Real Sociedad Económica Matritense, queridos y admirados Fernando Suárez y Juan Velarde, ilustres compañeros mío en esta misma Mesa, socios de la Matritense, asociados de Plataforma 2003, señoras y señores, amigos todos:

Me corresponde a mí el alto honor de abrir este acto de presentación de la obra completa de Jesús López-Cancio, tan estimado por esta Casa, en la que prestó su último servicio a España como Secretario General y director de su Revista Torre de los Lujanes. Y me corresponde a mí este honor no por méritos propios, −porque es obvio que no me concurren−, sino por la simple condición de ser el responsable de la edición material del libro objeto de esta presentación, edición que ha sido posible con la ayuda impagable de Emilio Álvarez Frías, Director de Altar Mayor, y de Luis Buceta Facorro, Presidente de Plataforma 2003.

Pero ¿se puede hablar de un libro sin tratar, −y tanto como resulte ello necesario−, de su autor? ¿Acaso se pueden considerar los motivos para la publicación de este libro, −libro que no es, desde luego, un libro más−, sin dar razón, tan suficiente como resulte posible, del por qué y para qué de su edición?

Pues bien, como voces más autorizadas que la pobre mía también les van a hablar a ustedes a continuación, considero que, −en cuanto a lo que a mi intervención corresponde−, debo ceñirme a requerir su atención sobre el libro en sí mismo. Bien entendido sin que ello signifique, desde luego, que yo estime el libro como el principal protagonista de este acto. El principal protagonista de este acto, y ello es lo que nos congrega a todos hoy aquí, es Jesús López-Cancio, en cuya memoria se ha editado su libro. Él es la causa primera de este encuentro: su libro y esta presentación no son más que un efecto, y nada colateral.

Y ni una palabra mía más, sin antes agradeceros, Sra. Presidenta, doña Pilar, vuestra hospitalidad. Y, créame, que no se trata del mero cumplimiento de un obligado deber de cortesía. Su hospitalidad es lo que nos permite, hoy, a Plataforma 2003 rendir este homenaje a Jesús López-Cancio, como asociado nuestro desde la primera hora. Y poder hacerlo, precisamente aquí, en esta Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País. Es decir, oficiando en este secular altar de la Patria, cuya real fundación y venerable historia nos hace entender cómo podría haber sido esa España que nunca hemos conseguido llegar a tener y que nos aprieta el corazón con la melancolía de su pertinaz y continua frustración. Esa España posible, en expresión acuñada por Julián Marías. Esa España “siempre en periodo de borrador inseguro”, de la que nos habló José Antonio, (FE, 12, 26 de abril de 1934, p. 12. O.C. Edición del Centenario, p. 558). Esa España que viene movilizando, desde hace más de dos siglos, a las mejores sensibilidades españolas. Y es, en este constructo histórico del ensueño de una España mejor posible donde egregios asturianos siempre han militado al frente. Y ello, desde Campomanes y Jovellanos hasta Jesús López-Cancio, asturianos que oficiaron en este mismo altar de la Matritense, para ejemplo del resto de los españoles. Aportación asturiana que mantiene vuestro Vicepresidente, Juan Velarde Fuertes, y a la que nos sumamos, hoy, en este homenaje, Fernando Suárez, medio asturiano por ser alto leonés y universitario de Oviedo, y yo mismo, hijo de asturiana. Juan Velarde y Fernando Suárez, a quiénes en nombre de Plataforma 2003, doy testimonio de gratitud por su noble participación en este acto.

Y de esta España mejor posible, siempre pendiente, y del afán por ella de Jesús López-Cancio, a cuyo anhelo de realización temporal dedicó toda su vida, es de lo que yo quisiera hablar hoy aquí. ¿Y qué tiene que ver todo esto con el libro objeto de esta presentación? Hablemos, pues, primero del libro.

Físicamente, este libro es poca cosa: en formato 165 x 240 mm. y 448 páginas, encuadernado en rústica, contiene además un cuadernillo de 16 páginas con ilustraciones. Nada más. Pero esto es sólo el continente. El contenido del libro es otra cuestión. Su contenido es, en efecto, ni más ni menos que la vida entera de un hombre expresada en doscientos textos. Bueno, si fuera esto todo tampoco sería un libro necesario: hay muchos libros que expresan la vida de otros tantos hombres; vidas y libros perfectamente prescindibles. No, no es nuestro caso. Estamos hablando de un libro excepcional porque expresa la vida de un hombre excepcional. De un hombre de esos que Dios concede a un país raras y muy pocas veces. De un hombre, desde luego, que no se merecía nuestra España real: país que hace y deshace a sus mejores hombres en un despilfarro descomunal de entendimientos, memorias y voluntades. Una España cruel y áspera, que dilapida amargamente, una y otra vez, el tremendo tesoro que significan sus mejores hijos, como López-Cancio. Y como esto, que acabo de afirmar, puede parecer exageración adulatoria producto de mi conocida devoción por quien fue mi jefe como Delegado Nacional de Juventudes, paso a demostrar que no estoy haciendo vana apología.

En efecto ¿qué es lo que contiene este libro? ¿Qué son, y qué significan, esos doscientos textos en él recopilados? ¿Por qué es un libro que yo no dudo en calificar de necesario y excepcional? Permitidme que os lo explique.

Por lo pronto, estoy en condiciones de asegurarles, con absoluto conocimiento de causa, que este libro contiene todos los textos, sin exclusión deliberada alguna, a los que hemos tenido acceso. Y como corrector de las pruebas del libro, respondo de que los doscientos textos aparecen en él sin modificación ni corrección alguna, respecto de sus originales. Aquí está todo lo dicho y escrito por López-Cancio de lo que existe memoria documental. Pues bien, desde la fecha del primer texto, 1942, (pág. 13) hasta la del último texto recogido, 2006, (pág. 465), transcurren 64 años. En 1942, López-Cancio tenía veinticinco años; en 2006, ya había cumplido los 89. Y yo pregunto: ¿De cuántos hombres en España se pueden publicar todos sus textos, escritos y discursos, absolutamente todos, sin alterar ni una coma ni una tilde, que den testimonio de toda una vida, casi siempre pública, a lo largo de más de 64 años, entre los 25 y los 89 años de edad; y ello, sin una sola incoherencia, ni una ofensa, ni un átomo de odio, expresando siempre, sin vacilación alguna, su fidelidad y lealtad al ensueño de una España mejor posible para todos los españoles, en paz, tolerancia, trabajo, libertad y justicia?

¿De cuántos podría hacerse esto mismo? Decidme.

Es sencillamente asombroso. Este hombre, este español egregio, aparece en el libro, en su página 13, en su primer texto conseguido, descubriendo una lápida en homenaje de Zoilo Iglesias, bracero del campo, y él, que en octubre de 1934 había sido testigo, con sus condiscípulos Torcuato Fernández Miranda y Sabino Fernández Campo, de la destrucción de su Universidad y del vandálico incendio de medio Oviedo; él, que el 25 de mayo de 1935 había oído hablar a José Antonio en Oviedo y había peleado voluntario en una bandera de Falange desde 1936 a 1939; ahora, cuando en 1942, a sus 25 años, habla como Alcalde y Jefe Local de Tapia de Casariego, va y dice a sus vecinos: “yo sé por qué me movilicé y por qué lo hice con mis actuales camaradas; también veo claros los motivos de muchos de los que frente a nosotros combatieron bravamente” (p. 13). Y, cuando, en 1944, accede a la responsabilidad de Jefe del Frente de Juventudes y del SEU del Distrito Universitario de Oviedo y tiene ocasión de decidir sobre las normas de convivencia en nuestros campamentos juveniles, reforma el rito vespertino en conmemoración del sacrificio de los Caídos, hasta entonces celebrado sólo en memoria de los del bando nacional, y hace que los acampados tengamos presente en nuestros afanes y oraciones a todos los muertos por una España mejor, sin distinción de bandos ni trincheras, porque “su generoso sacrificio les depuró de toda parcialidad y les hizo paradigma del servicio al ideal de una sociedad nueva nacida del unánime deseo de fortalecer la Patria y la Justicia”. Y así consta en once textos suyos: pp. 42, 64, 186 y ss., 218, 222, 241, 255, 264, 287, 289 y 327. Sí, estamos hablando de un español egregio, que, el 12 de junio de 1955, ahora en Aguilar de Campoo y como Gobernador Civil de Palencia y Jefe Provincial del Movimiento afirma:

“Recordemos el valor de nuestros enemigos, para poder hacerles justicia y fortalecernos con su heroísmo… Alcemos bien alto la gran victoria que alcanzamos. No olvidemos nunca que fue la victoria de España… Porque ¿quién está libre entre todos nosotros de la culpa de que ellos estuviesen frente a nosotros, de su desesperación de su error e incluso de su muerte? Venimos a levantar la bandera de España, de la España una, única, unida, hermanada” (p. 27). Enemigos a los que nunca llamará “rojos” y a los que se refiere siempre con profundo respeto porque, dice, nosotros sí que asumimos “las profundas razones populares de los dos bandos en lucha. Al ganar nosotros para España la victoria, nos obligamos a asumir todas las aspiraciones legítimas, nobles y válidas, que llevaron al sacrificio de lo más granado de toda una generación” (p. 73). Nacionalización de la victoria del 1º de abril de 1939 que es una constante en el ideario de López-Cancio: pp. 184, 215, 299, 327, 393 y 412. Y he dicho antes que López-Cancio fue un español excepcional porque esta nacionalización de la victoria del 1º de abril de 1939 no fue asumida por todos los vencedores y, desde luego, por ninguno de los entonces vencidos. Y, una vez más, la España posible, la España de todos, quedó pendiente. Dios no quiera que para siempre.

Por todo ello, no tiene nada de sorprendente que cuando, en diciembre de 1955, López-Cancio accede a la Delegación Nacional del Frente de Juventudes como sucesor de José Antonio Elola-Olaso, no vacilara en acometer la tan arriesgada como necesaria e imprescindible reforma radical de las enseñanzas de la que se llamara hasta entonces Formación del Espíritu Nacional. Y aquí es cuando la vida de Jesús López-Cancio se cruza con las nuestras, con las vidas de los tres que hoy podemos tener gracias a Dios, el honor de hablarles a ustedes de él. Y de esta empresa, como consta en el libro en varias ocasiones, puedo hablarles con algún conocimiento de causa. De algunas cosas de las que he hecho en mi vida puedo estar orgulloso, pero especialmente lo estoy, y mucho, de haber colaborado con López-Cancio en la tarea ingente de implantar en España la nueva Educación cívico-social y política. Reforma que no se hizo sin dolor. Él mismo se refiere a ello así: “Le dí cara a mi empresa, a sabiendas de que iba a cobrar el pago de muchas incomprensiones, porque conocía la traspuesta anatomía de no pocos españoles que llevan el corazón palpitándoles bajo el cráneo” (p. 46). Y, a continuación, añade: “Nada hubiera logrado de no ser por el magnífico equipo que compartió conmigo la difícil y hermosa tarea de trasvasar a odres nuevos los añejos caldos” (p. 46).

Y de este equipo, en el que tuve el privilegio de servir en primera línea, es de lo que quiero hablarles ahora. A él se refiere López-Cancio en el prólogo que escribió ex - profeso para el libro que estamos presentando. Y lo hizo así: “… El acierto que tuve al elegir como Secretario General a un hombre de la categoría de Carlos García-Mauriño que…. trajo a mi cercanía un equipo de valiosos universitarios” (p. 9). Y reitera sus referencias a este equipo en numerosas ocasiones: pp. 46, 302, 383, 401, 414 y 454. Sin dejar, tampoco, ahora, de expresar “el dolor de las reformas en las que, para salvar lo perdurable, para limpiar de ganga lo esencial, para volver al origen y ganar de nuevo la veta manantial, tuve que superar tantos recelos…” (p. 62). Y afirmando, bien claro, que “la mentalidad que inspiraba a aquella continuidad reformadora, respondía al convencimiento de que el ideario fundamental y el comportamiento de José Antonio Primo de Rivera merecían algo más que el estrecho cauce de un partido político, para convertirlo en inspiración y estímulo de la conducta social española” (pp. 417 y 418). Y llamo la atención de ustedes sobre la perseverancia de Plataforma 2003 en este empeño de López-Cancio: “trasvasar a odres nuevos los añejos caldos”, “ganar de nuevo la veta manantial”, más allá del “estrecho cauce de un partido político”.

Hablar del alcance, profundidad y calado de la reforma por López-Cancio de la formación política en el bachillerato y formación profesional (varones), exigiría todo un máster. Yo sólo les voy a dar un dato: En el libro, hay encartado un cuadernillo de 16 páginas de ilustraciones. De ellas, 4 están dedicadas a reproducir títulos, autores, portadas y sumarios de los 13 textos que compusieron entonces la Biblioteca de Educación Cívico-Social y Política, publicada por Doncel, editorial fundada al efecto por López-Cancio. Y a esta ingente obra me remito, sin más comentarios por mi parte. Pero no sin añadir que esa Biblioteca culmina en el texto para el 7º Curso, y último, de bachillerato, dedicado, íntegramente, a la libertad.

También quiero, aquí y ahora, invocar el recuerdo de Odón Alonso, leonés, recién fallecido en pasado día 21. El dirigió la Orquesta Sinfónica de la Cadena Azul de Radiodifusión, cuyos coros lideró Alberto Blancafort, buen catalán. Orquesta y coros que grabaron en Estudios Philips todo nuestro rico cancionero juvenil en cuatro vinilos LP que, ilustrados por Máximo, editó Doncel.

Y como hemos invocado, una y otra vez a Plataforma 2003, editora de este libro en pago de la deuda de todos nosotros con López-Cancio, deseo reproducir aquí y ahora, para el debido aviso de navegantes, lo que ya consta, a la página 460, en nota del editor: “A nadie que conozca nuestro pasado inmediato le extrañará comprobar la identidad casi absoluta entre el equipo que participó en la ardua empresa de transformación y actualización del Frente de Juventudes, tal y como le cita el propio López-Cancio (pp. 9, 46, 302, 383, 401, 414 y 454) y la relación de fundadores de Plataforma 2003; equipo y fundadores encabezados, una y otra vez, por el inolvidable Carlos García-Mauriño. Tampoco puede extrañar a nadie advertir una línea de coherencia entre estos dos hechos (Plataforma 2003 y equipo de López-Cancio) y estos otros jalones de nuestra historia más reciente: la ponencia de la Ley para la Reforma Política de 1976 (Del Franquismo a la Democracia. ¿Caída o evolución de un régimen?, de Ángelo Hüsler, Plataforma 2003, Madrid, 2007. pp. 118 y ss.; sobre todo pp. 136 y ss.), el grupo de los 39 que suscribieron un escrito a Franco en la Pascua de Reyes de 1973 (Aquí hubo una Guerra. Otra Memoria Histórica. Otra Antología, de Enrique de Aguinaga, Plataforma 2003, Madrid, 2010, pp. 87 y ss). Y las revistas La Hora, en su segunda época (1949) y Alcalá (1951). Entonces, y ahora, sólo pretendimos, y todavía pretendemos cumplir, con nuestro lema generacional, sugerido por García-Mauriño: Sic vos, non vobis (Manuel Galea,“Relato de una política audaz”, en Torre de los Lujanes, número 64, Madrid 2009, p. 59)”. Jalones a los que cabría añadir la revista Alférez (1947), hito inicial con Rodrigo Fernández-Carvajal, también asturiano, el grupo (1953-1958) de economistas en Arriba que lideró Juan Velarde (Sobre la decadencia económica de España, Tecnos, 1967, pp. 33 y 40) y el IV Pleno del Congreso Sindical (1968), en Tarragona, con Antonio Chozas Bermúdez, nuestro primer Presidente. Sin olvidar a Noel Zapico, también asturiano, ni a Francisco Labadie Otermín, santanderino tan próximo a Asturias. Sí, de todo ello resulta que, en efecto, también entonces, otra España mejor, de todos, para todos y por todos los españoles, fue posible. No menos cierto es que esta ocasión también se malogró.

Ya termino. Creo que queda explicado por qué hemos editado este libro. Sólo me resta añadir para qué lo hemos publicado.

Este libro forma parte, como número 9, de nuestra colección Testimonios y Vivencias. Pues para eso lo hemos publicado: para dar testimonio de que el proyecto de otra España, ésta total, como la llamó Ramón Menéndez Pidal, más allá de la cainita confrontación de las dos medias Españas, aún es posible. A hacer realidad esta posibilidad histórica, hasta ahora siempre frustrada, dedicó toda su vida Jesús López-Cancio y muchos otros también como él, siguiendo todos el ejemplo de José Antonio como arquetipo.

López-Cancio expresó, una y otra vez, su preocupación por la “síntesis de todo lo noble y trascendente que alentaba en el seno de las dos medias Españas hostiles” (p. 66) y afirmó, sin vacilación alguna, su “voluntad de no tomar partido por ninguna de las dos medias Españas en que se había escindido nuestra Patria” (p. 16). Y así lo reitera (pp. 45. 51, 53, 83, 169, 297, 327) en reclamación de una España esencial y entera, donde quepamos todos los españoles, sin exclusión alguna. Como pidió el poeta, Victoriano Cremer en su bellísimo Canto total a España :
 

Te necesito, España,
unánime y entera,
como el clamor del viento
sobre la mar inmensa.

No España tuya o mía.
¡España nuestra!

 

Por eso, y para eso, estamos hoy aquí. Para hacer constar, −en este noble altar de la Patria en el que han oficiado tantos de nuestros mejores españoles conciliadores, desde Jovellanos hasta López-Cancio, y consideramos que este es nuestro mejor homenaje a su memoria−, que estamos aquí, simplemente para dar testimonio, una vez más, de que otra España, total, entera, de todos los españoles, por todos y para todos, sí así la merecemos de verdad, todavía podría ser posible. Porque, como nos dijo otro gran poeta, Antonio Machado: “Hoy es siempre todavía”.

Muchas gracias.

 

24 de febrero de 2011.

 

 
     
 
     
 
     
 
     
 
     

 

Novedad editorial de Plataforma 2003

Escritos y Discursos
Desde la Lealtad y la Fidelidad

 

¡Novedad editorial!

Obras Completas de 
Jesús López-Cancio

488 páginas + cuadernillo de 16 páginas
con ilustraciones a todo color
Encuadernación rústica con solapas, cosido en hilo.

Jesús López-Cancio, nacido en Avilés, Asturias (1917). El 26 de mayo de 1935 asiste al mitin de José Antonio Primo de Rivera en el teatro Principal de Oviedo e ingresa en Falange Española de las JONS. Estudia Derecho en la Universidad de Oviedo, cuya destrucción conoce en la revolución de Octubre de 1934. En 1936 se incorpora  voluntario a una Bandera de Falange, licenciándose en 1939 como sargento. Termina su carrera de Derecho y ejerce como abogado. En 1944 es designado Jefe del Distrito Universitario de Oviedo (Frente de Juventudes y SEU). Manda la centuria universitaria  en peregrinación desde Roncesvalles a Santiago de Compostela en el  Año Santo de 1948 y la romería desde Asís a Roma en el Año Santo de 1950. En Diciembre de 1955 es nombrado  Delegado Nacional del Frente de Juventudes y creador de la Organización Juvenil Española (OJE).

ISBN: 978-84-96198-31-9

PVP: 40 €

pedidos@plataforma2003.org

Tlf.: 91 535 42 45
Fax: 91 536 24 34

Índice

 

Presentación: Un profundo amor a a España, por Ignacio García López

Prólogo

7

 I.

 

López-Cancio en Asturias (1941-1951)

 

 

1.

Homenaje a Zoilo Iglesias, bracero del campo

13

 

2.

El estudio como servicio

13

 

3.

Matías Montero

15

 

4.

 Pase al Movimiento de una centurias del Frente de Juventudes

17

 

5.

La peor deserción es la de los que se quedan, pero sin fe

 

II.

 

López-Cancio, Gobernador Civil en Palencia (1951-1955)

19

 

6.

 Sindicalismo agrario palentino

23

 

7.

Tendamos el puente

24

 

8.

Homenaje a D. José Alonso Ojeda

25

 

9.

La soledad es la negación de la política

26

 

10.

Recordemos el valor de nuestros enemigos

27

 

11.

Afán de renovación de la vida española

28

III.

  López-Cancio, Delegado Nacional de Juventudes (1955-1962)

 

 

12.

Pedagogía política

33

 

13.

Entendimiento del Frente de Juventudes

33

 

14.

Reforma de la educación político-social de la juventud

38

 

15.

Rezar por todos los caídos por una España mejor

42

 

16.

Sobre los Estatutos de la OJE

43

 

17.

Autocrítica como Delegado Nacional de Juventudes

45

IV.

  López-Cancio, Gobernador Civil en Navarra (1962-1966)

 

 

18.

Las dos grandes tareas del Movimiento

51

 

19.

Ideología fundamental del 18 de julio

52

 

20.

Evitemos ser ilusos, manteniéndonos ilusionados

55

 

21.

Libertad desde la verdad y para la unidad

57

 

22.

A los bravos requetés de "Lacar" y "San Fermín"

60

 

23.

Dolor de las reformas para salvar lo perdurable

61

 

24.

Peregrinad y pedid por todas las Españas

62

 

25.

Hacia una auténtica democracia social

64

 

26.

Síntesis de las dos medias Españas hostiles

65

 

27.

Españoles en lucha por una España mejor y posible

67

 

28.

Carácter representativo de los Ayuntamientos

68

 

29.

Las viejas murallas ya no son límite de Pamplona

69

 

30.

Tributo de gratitud a los maestros

70

 

31.

¡Las batallas de la Paz!

71

 

32.

Palencia, esencia de Castilla y la eterna Navarra

75

 

33.

Primera oración en el Camino de Santiago

76

 

34.

Gracias por vuestra amistad y por vuestro recuerdo

77

V.

 

López-Cancio, Gobernador Civil en Santander (1966-1969)

 

 

35.

¡No España tuya o mía! ¡España nuestra!

81

 

36.

Santander, recién nacida de entre sus cenizas

84

 

37.

La unidad sindical, poderosa palanca

87

 

38.

El Señor conceda a España una larga y ancha paz

89

 

39.

Saludo al Jefe del Estado en la II Semana Naval

91

 

40.

Entre la estrella y la estela está la nave en movimiento

92

 

41.

Visita del Caudillo a Castro Urdiales y Laredo

95

 

42.

Solución al abastecimiento de aguas a Santander

96

 

43.

Exposición de problemas de Cantabria

98

 

44.

Plan de desarrollo agropecuario de Santander

102

 

45.

Día de la Montaña, en Cabezón de la Sal

106

 

46.

Meditación en el año nuevo

111

 

47.

Sustancia irrenunciable de una España única

113

 

48.

Unir para España eternidad y modernidad

116

 

49.

Los niños, ciudadanos predilectos de España

118

 

50.

Gratitud a un indiano

119

VI.

 

López-Cancio, Gobernador Civil en Madrid (1969-1976)

 

 

51.

Hijo adoptivo de Santander

125

 

52.

Mi nostalgia navarra es permanente

125

 

53.

Comunión política en los ideales del 18 de julio

126

 

54.

En el día de Santa Teresa

128

 

55.

De la Ciudad Universitaria al valle de los Caídos

130

 

56.

Homenaje de Móstoles al general Ascensión

132

 

57.

Soluciones a la problemática de la juventud

133

 

58.

Versión pedagógica de la política

134

 

59.

José Antonio resume todo el dolor de España

137

 

60.

Distinción entre Madrid-Villa y Madrid-Provincia

140

 

61.

Aquí nació el noble intento de una España nueva

142

 

62.

España ha cambiado de piel. No es suficiente.

143

 

63.

La unidad no es un regalo: es un objetivo permanente

147

 

64.

A los Caídos en el cuartel de la Montaña

150

 

65.

Nuestra responsabilidad como jefes políticos

152

 

66.

Obligación de autoexigencia: objetivo de ejemplaridad

159

 

67.

Afán silencioso y constante por una España mejor

162

 

68.

Nosotros somos la vida de nuestros muertos

162

 

69.

La Falange, hoy

164

 

70.

A los sargentos provisionales

168

 

71.

"Todo por la Patria"

170

 

72.

El deporte, escuela de ciudadanía

171

 

73.

Los maestros ayudan al hombre a hacerse hombre

172

 

74.

No son los gestos lo que importa, sino el estilo

173

 

75.

Verdadera política municipal

174

 

76.

Toda una vida al servicio de España

174

 

77.

España es un legado, un quehacer y un ideal

175

 

78.

Insatisfactoria realidad de los Consejos del Movimiento

177

 

79.

"Vivir no es volver"

178

 

80.

No hay diálogo posible sin un lenguaje común

181

 

81

La provincia, realidad geográfica, social y política

182

 

82.

Por una España de hombres libres, en orden de justicia

184

 

83.

Oración por todos los caídos por una España mejor

186

 

84.

No hagamos de nuestro mensaje maza, sino luz

188

 

85.

Al fín, sólo se oye al que canta

189

 

86.

La libertad, el fruto más preciado del movimiento

190

 

87.

La sección Femenina, plataforma de participación

193

 

88.

la familia, base de la vida social

196

 

89.

No regresamos al pretérito, pero si nos apoyamos en él

200

 

90.

Sobre los problemas de Madrid

201

 

91.

Afirmaciones irrenunciables de nuestra fe

211

 

92.

Somos militantes de la unidad

212

 

93.

Nuestra comunión política  es dinámica e impaciente

213

 

94.

Solidaridad, progreso y esperanza

214

 

95.

Fidelidad y atrevimiento

216

 

96.

A los 400 caídos de la 5ª Bandera de Castilla en Quijorna

221

 

97.

Oración al Dios de la Paz por todos los Caídos

222

VII.

 

Colaboraciones en "Torre de los Lujanes" y "Altar Mayor" (1988-2004)

 

 

98.

Un monumento a Carlos III en Madrid

227

 

99.

Hacia una definición de las Sociedades Económicas

233

 

100.

El Muro de Berlín y los muros interiores

235

 

101.

Meditación y plegaria en el Valle de los Caídos

239

 

102.

Capellanes del Frente de Juventudes

241

 

103.

En el Cincuentenario del Frente de Juventudes

243

 

104.

Sobre la mendicidad y otras cuestiones

251

 

105.

Siembra de Paz

254

 

106.

Santa María del Valle de los Caídos

256

 

107.

1492-1992 Iberoamérica

257

 

108.

Marcelo Arroita Jáuregui

260

 

109.

¿Valle de los Ingenuos?

262

 

110.

La bandera que falta

265

 

111.

No es un panteón singular, es un cementerio

266

 

112.

España, nuestra preocupación

268

 

113.

Historiar para servir

270

 

114.

Creer y caminar: Peregrinación a Santiago (1948)

271

 

115.

Romería de Asís a Roma (1950)

273

 

116.

Honra a los muertos

287

 

117.

De nuevo, Jovellanos

290

 

118.

Economía y humanismo

292

 

119.

Primeras horas

293

 

120.

Lo que importa es el hombre

296

 

121.

Aún cuenta la amistad

297

 

122.

No despertemos a las furias

298

 

123.

Verdaderas causas y verdaderos fines

299

 

124.

Puntualización mínima pero significativa

301

 

125.

Afirmación estéril

302

 

126.

Toma de conciencia sobre tres cuestiones

304

 

127.

Entre la historia y la utilidad

306

 

128.

Con pena pero sin enojo

308

 

129.

Vivir los soñado: Cuba

310

 

130.

Iconografía actualizada

317

 

131.

Renuncia por incompatibilidad

319

 

132.

Algunos temas de actualidad

320

 

133.

La cifra de un nombre: José Antonio

322

 

134.

Sobre la Transición

324

 

135.

Memoria y superación de la guerra civil española

326

 

136.

"Doncel" y la educación política

328

 

137.

Dos ciudades y una conmemoración

331

 

138.

Misa para el recuerdo

334

 

139.

Lápida olvidada

335

 

140.

Mesa para veinticinco

337

 

141.

Perú: Misa de alba en el Cuzco

339

 

142.

Verdad y política

340

 

143.

Juan Tellería

344

 

144.

Rotulación inequívoca

344

 

145.

Iberoamérica

345

 

146.

Lamento retrospectivo

347

 

147.

Otrosí

348

 

148.

Pacifista en la guerra

348

 

149.

Dos temas de reflexión

350

 

150.

Vivencia y erudición

352

 

151.

España y otros temas

354

 

152.

Mirar para ver

357

 

153.

Necesidad de la poesía que promete

359

 

154.

Respeto a los fueros

360

 

155.

Conocer el pasado

361

 

156.

Estudio de la violencia civil

364

 

157.

Fines corporativos que nos distinguen

366

 

158.

El centro está en la persona

367

 

159.

Almuerzo en la Magdalena

368

 

160.

Presentación con insistencias

369

 

161.

Comentario editorial

372

 

162.

Recuerdo agradecido

374

 

163.

El hereje

376

 

164.

Unidad y previa diversidad

377

 

165.

Ni buenos ni malos, sino todo lo contrario

377

 

166.

Mi descubrimiento de Barcelona

379

 

167.

Prietas las filas

380

 

168.

Hagan verdadero lo supuestamente fingido

380

 

169.

Antigüedad y actualidad

381

 

170.

Respuesta a juicios parciales

383

 

171.

¿Se condena la Transición?

384

 

172.

Ante el año 2000

385

 

173.

Regenerar me aviva el recuerdo

389

 

174.

Confidencias navarras

394

 

175.

Unidad para la paz y la esperanza

396

 

176.

En torno a la verdad

399

 

177.

Aclaración obligada

401

 

178.

Entrevista con un doctorando

403

 

179.

Comentarios

406

 

180.

No hay fidelidad posible sin previo entendimiento

409

 

181.

Una falla histórica

411

 

182.

Anotaciones a una cuestión polémica

413

 

183.

Reflexiones veraniegas

418

 

184.

Memoria fiel: 20 de octubre de 2001

420

 

185.

Reflexión migratoria

422

 

186.

Comentarios oportunos

425

 

187.

Responsabilidad y alarma

428

 

188.

la cruz del Valle, símbolo de dolor compartido

431

 

189.

Presentimiento y visitas europeas

434

 

190.

Otro 29 de octubre conmemorativo

438

 

191.

Ilustración y progreso

440

 

192.

Creadores de Madrid

443

 

193.

Confidencia breve con humor y verdad

444

 

194.

Nostalgia y actualidad

450

 

195.

Mirando al mundo

453

 

196.

Cataluña y España

455

VIII.

 

Dos prólogos y un artículo para Plataforma 2003 (2003-2004-2006)

 

 

197.

Prólogo a "Cartas a mi hijo", de Gaspar Gómez de la Serna

461

 

198.

Prólogo a "El José Antonio que me cautivó", de Antonio Prada

464

 

199.

Mero testimonio de fidelidad, libre y consecuente, 68 años después

465

IV.

 

Epílogo

471

 

200.

Camaradas de ayer y amigos de siempre

479

 

 

In memoriam:

 

 

 

Jesús López Cancio, un liberal de camisa azul, por Gonzalo Cerezo Barredo

481