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XVI Escuela de Verano/22-25 junio, 2017

 

 

¿REVERSIBILIDAD DE UNA SITUACIÓN?
Manuel Parra Celaya
XVI Escuela de Verano.

 

                

1. Enfoque inicial

El que os habla carece totalmente de cualidades para la profecía, dicho sea ante todo. No esperéis, por tanto, que destape una bola cristal y os deslumbre con un anuncio sorprendente acerca de qué senderos va a tomar en el futuro la deriva separatista en Cataluña por una rectificación de sus impulsores o por la acción del Estado español.

De momento, tenemos una nueva fecha clave (1 de octubre de 2017) y la pregunta que constará en las papeletas: ¿Quiere que Cataluña sea un Estado independiente bajo la forma de República?

No se me ocurre un desenlace airoso ni satisfactorio de antemano, ni para los secesionistas ni para quienes tenemos como valor permanente y esencial la unidad entre las tierras y los hombres de España, como no sea alguna forma de la famosa conllevancia del discurso que pronunció Ortega y Gasset en las Cortes republicanas el 13 de mayo de 1932.

Se mantienen hoy en día en Cataluña aquellas dos tendencias perfectamente antagónicas mencionadas en el referido discurso: la que quiere seguir siendo española y la que ha caído en ese nacionalismo particularista y disgregador, con un fanatismo completo.

A ellas tenemos que añadir una tendencia que sigue, por desgracia, vigente: la que generaliza estúpidamente, sin sensibilidad alguna hacia esta parte de España, sin conocer los alcances de un verdadero patriotismo, y que es, por tanto, la mejor colaborada del separatismo.

Y otra tendencia igualmente lamentable: la de la indiferencia ante el riesgo de sedición; y me temo que esta última es mayoritaria entre todos los españoles.

A la altura de 2017, se dan otros factores que no estaban contados en aquellas palabras de Ortega; por ejemplo, que la fórmula que él proponía como remedio -que se extendiera la autonomía a todas las regiones y comarcas, y que venía a ser el café para todos impuesto en la Transición- se ha revelado insostenible política y económicamente, pero, además, más que resolver el problema como creía Ortega, lo ha agravado hasta extremos insospechados desde aquella perspectiva; por ejemplo también, que la imposición foránea de  dar voz a la Europa de los pueblos, que no es más que un factor premeditado para debilitar los Estados-Nación europeos con vistas a favorecer la mundialización. Otro elemento que nos aparta de las previsiones orteguianas es, sencillamente, que no vemos en las actuales estructuras del Estado español un suficiente y necesaria voluntad para hacer frente al separatismo, ni para querer comprender el problema en todas sus dimensiones.

En lo que podemos coincidir plenamente con Ortega es con sus palabras finales de aquel discurso: El nacionalismo requiere un alto tratamiento histórico; los nacionalismos solo pueden deprimirse cuando se envuelven en un gran movimiento ascensional de todo un país (…) Lo importante es movilizar a todos los pueblos españoles en una gran empresa común.

Pero, a continuación, desconfiamos profundamente de que los gobernantes de España sean capaces o tengan la voluntad de crear este entusiasmo colectivo que hace falta para superar por elevación los nacionalismos disgregadores…

Junto a la falta de cualidades proféticas en quien os habla, está el problema de confundir ingenuamente el es o el será con el debe ser o el debería ser; es decir, confundir deseos con realidades.

Si en este momento lleváramos a cabo una encuesta solvente entre todos los españoles preguntándoles si creen que debería mantenerse este Estado de las Autonomías, posiblemente la respuesta sería negativa o, por lo menos, tendente a limitar bastante el alcance de esta forma de organización territorial. ¿Quiere esto decir que es posible sustituir el Estado de las Autonomías en este momento por otra fórmula más feliz? Evidentemente, no.

Hay, como en la comedia de Benavente, demasiados intereses creados como para que ello fuera posible. Lo más seguro es que, lejos de constituir esta posibilidad un elemento de coincidencia entre los españoles, a pesar de los resultados de la hipotética encuesta, constituiría un motivo de seria discrepancia civil y aun de enfrentamiento.

Tenemos, pues, una situación creada que, hoy por hoy, es irreversible. Lo deseable, lo conveniente y lo posible es atenuar las consecuencias, pero nada más.

El tercer motivo -junto a la nulidad de las profecías y el sometimiento al realismo- es un tema de confianza. ¿Me puedo fiar de que cualquiera de las posibilidades o alternancia de los partidos actuales en el poder asuman enderezar la situación? Con rotundidad, no.

¿Me fío, incluso, de que no se vaya a realizar ese referéndum, tal y como han aseverado Rajoy y sus ministros un millón de veces? Tampoco. Como precedente, tememos el famoso 9N, en el que, según malas lenguas, existió un pacto secreto -luego, aireado por varios medios- para tolerarlo con las menores consecuencias posibles. Nada nos asegura que el 1 de octubre de 2017 no vaya a ocurrir lo mismo, cuando ya está anunciada a bombo y platillo la comisión de un delito, aunque sea en grado de tentativa.

Y, sobre todo, tenemos el precedente de la evidencia -y esto no es rumorología- de la connivencia de PP y PSOE con el nacionalismo catán y el vasco, sea por motivos electorales, sea por aquello del mal menor, sea por cobardía, por traición o por otros motivos inconfesables (espero que algún día salgan a la luz, si persiste el acoso a la familia Pujol).

Nos queda la esperanza y el esfuerzo diarios. Aquí, a este lado del Ebro, y allí, en nuestra Cataluña, para influir, en la medida de nuestras posibilidades y medios, en la opinión de algunas gentes. Tenemos que traer al presente aquellas palabras de José Antonio sobre el amor a Cataluña y a todas las tierras de España.

No olvidemos, por otra parte, que no se trata de poner este esfuerzo ante un problema catalán, concreto y aislado del resto: estamos ante una reverberación del problema de España, que hoy se vive con especial virulencia y preocupación en Cataluña, pero que afecta a todas y a cada una de las tierras españoles y a muchos de sus hombres. El trabajo consiste, nada menos, que en coadyuvar para nacionalizar España.

Pero, para llevarlo a cabo, hay que tener los fundamentos claros y ser capaces de plantear cabalmente nuestras razones.

 

2. España es irrevocable

Esta frase debe ser siempre la conclusión (no el encabezamiento para los no iniciados) de un riguroso razonamiento que debemos transmitir urbi et orbi.

Permitidme que traiga a vuestra memoria unas palabras que parecen haber sido publicadas con ocasión de nuestros días: Hace falta que las peores deformaciones se hayan adueñado de las mentes para que personas que se tienen, de buena fe, por patriotas, admitan la posibilidad, dados ciertos requisitos, de la desmembración de España. Unos niegan licitud al separatismo porque suponen que no cuenta con la aquiescencia de la mayoría de los catalanes. Otros afirman que no es admisible una situación semiseparatista, sino que hay optar entre la solidaridad completa o la independencia.

¿No vemos reflejadas estas palabras en artículos actuales o en esas páginas web o twitters que corren por la red, poniendo en cuestión si el número de manifestantes fue tal o cual, si las encuestas señalan tales o cuales preferencias, si el porcentaje de separatistas ha subido o ha bajado? ¿No las vemos también contenidas en esas burlas a los catalanes, que son el mejor caldo de cultivo del separatismo?

Esas palabras, como la mayoría habréis reconocido, fueron publicadas por la pluma de José Antonio en el periódico FE nº 15, el 19 de julio de 1934.

Y el razonamiento que las seguía es impecable: Los españoles podrán decidir acerca de cosas secundarias; pero acerca de la misma esencia de España no tienen nada que decir. España no es nuestra, como objeto patrimonial; nuestra generación no es dueña absoluta de España, la ha recibido del esfuerzo de generaciones y generaciones anteriores, y ha de entregarla, como depósito sagrado, a las que la sucedan.

¿Cuántas veces hemos oído o leído que tiene que ser todo el pueblo español, en función de la soberanía que le otorga la Constitución del 78, el que, en todo caso, puede votar de si Cataluña debe ser o no independiente? Este argumento constitucional se apoya, como sabemos, en el artículo 1, punto 2, que reza así: La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.

Pero es que el artículo 2, a continuación, dice que la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles…; luego, reconoce, claro, aquel torpedo que se introdujo en el texto, con la subdivisión entre nacionalidades y regiones, y que fue una de las causas de este reverdecer del nacionalismo separatista en Cataluña y otros lugares.

 

3. España no es un contrato que se pueda rescindir

Da la impresión de que, ante la unidad de España, una generación está viviendo una peculiar interpretación del carpe diem literario: aprovecha el instante, vive el día… Esta es una óptica posmodernista, sin duda, que rechaza lo que llaman grandes relatos (religiosos, históricos, políticos…) y pretende que, como los animales irracionales, que carecen de sensibilidad de pasado y de futuro, los individuos y los pueblos sean dueños absolutos del momento del hoy, y tomen una decisión fuera de cualquier perspectiva trascendente o temporal.

Viene a decir esta óptica posmodernista: Yo soy dueño absoluto de mis decisiones y no tengo por qué atender a las razones de mis padres -ya cerradas- ni a las de mis hijos -hipotéticas-. Del mismo modo, pueden hacerlo así las colectividades históricas.

Por lo tanto, la decisión sobre la pertenencia o no a una nación es puramente actual; como dijo Pablo Iglesias, la patria es la gente, la gente que vive ahora y que él aspira a que le den su voto…

Vale la pena que nos detengamos en este punto.

Ya sabemos que las palabras nación y patria nacieron sin significado político: la primera hacía referencia a la tierra donde se había nacido y la segunda a la tierra de los padres, de forma indistinta una y otra (“…mi patria, un principal lugar de Andalucía…”, leemos, por ejemplo, en Cervantes). A partir de la Revolución Francesa adoptan el significado actual (¡Vive la Nation!). Lo que subyace, en todo caso, es el significado: antes -repasad a José Antonio- las palabras en cuestión se sustituían, por ejemplo, con servicio al Rey o alusiones a la Monarquía Católica.

Desde el momento en que el término nación deviene en concepto jurídico-político, los filósofos tratar de establecer sus fundamentos. Rousseau, en su teoría de El Contrato social, en 1742, lo atribuye a las decisiones de voluntad, en función de la soberanía popular; más tarde, Renán, en 1892, sostiene que la existencia de la nación… es un plebiscito cotidiano, ya que una nación es un alma, un principio espiritual que exige la voluntad de vivir juntos.

Para este último autor, lo sustantivo es el espíritu, pero que exige, además, la voluntariedad de pertenencia a esa nación; como se puede ver, la tesis esencialista – el volkgeist del Romanticismo alemán- se une al deseo o voluntad de pertenecer.

Este espíritu de un pueblo determinado y la manifestación del deseo (diríamos el derecho a decidir) han sido invocados por todos y cada uno de los nacionalismos que han existido en el mundo, y es el leit motiv del separatismo catalán; la voluntad, claro está, ha de plasmarse mediante consulta, ese referéndum que Rajoy afirma que no se ha a realizar.

Sin embargo, don Mariano se basa en estrictas razones del patriotismo constitucional, que heredó de su predecesor en la Presidencia, el Sr. Aznar.

Por el contrario, nuestra postura es distinta; volvamos a recordar aquel texto que os decía que parece haber sido escrito para nuestros días: Las naciones no son contratos, rescindibles por la voluntad de quienes los otorgan: son fundaciones, con sustantividad propia, no dependientes de la voluntad de pocos ni de muchos.

Una fundación nace con unos objetivos permanentes que han dado lugar a su constitución; estos objetivos permanentes conforman un proyecto o destino diferenciados del de otras fundaciones; su cumplimiento justifica la existencia nacional.

Unido a este destino o proyecto, encontramos el servicio que se presta en el conjunto de los pueblos del mundo. Pero siempre desde esa perspectiva multigeneracional, histórica, que se opone a la visión del momento de una sola generación, la que se arroga el privilegio de adoptar decisiones que afectan a las pasadas y a las venideras.

Esta es, en síntesis, la interpretación joseantoniana. ¿Qué ocurrió con ella? En el anterior Régimen convivió con otras teorías del patriotismo; por ejemplo, con la tradicionalista, de signo casi providencialista, y con la conservadora y liberal, que le dio una impronta cercana a un espurio nacionalismo español.

Bastó que el PP adoptara, años después, las tesis revisionistas del patriotismo constitucional mencionado para que esa fuera la línea que se impusiera hasta nuestros días en la derecha española y en la parte del PSOE que, por lo menos, quiere hacer honor a la E de su frontispicio. Otros sectores de la izquierda titubean constantemente en cuanto a España y su sentido de nación (Pedro Sánchez ha dicho recientemente que se trata de una nación de naciones).

En este momento, las formas predominantes con que se enfoca España son, pues, la conservadora, que recae en las interpretaciones gruesas del pasado como única justificación para mantener la unidad, y la que justifica la integridad de la nación en el texto de la Constitución del 78 y su defensa, exclusivamente, en cuestión jurídica.

Nada, por tanto, de la rica doctrina joseantoniana sobre el tema de la patria impregna la política contemporánea: ni su análisis descriptivo, tan cercano al de Ortega, ni su patriotismo crítico, ni su metafísica de España, ni su fundamento en raíces clásicas y no románticas; ni, por supuesto, el enfoque deontológico que vincula el patriotismo a una transformación radical de estructuras injustas.

Pretender que nuestros argumentos sean recogidos por la política oficial es un brindis al sol.

Sí que podemos y debemos esgrimirlos -y profundizar en ellos- allá donde tengamos oportunidad de que se oigan nuestras voces: en foros o tertulias informales, en conferencias, en artículos… Y no olvidemos que las modernas técnicas de comunicación nos pueden proporcionar un pequeño altavoz desde el que difundir ideas e inquietudes.

Desde aquí nos limitamos ahora a ofrecer, a quien corresponda, pistas que contribuyan a la reversibilidad de un proceso abierto para desunir a España. Estos argumentos, démoslo por sentado, no van a hacer mella en el fanatismo nacionalista, ni, nos tememos, en quienes se empeñan en ver como algo artificial el tema catalán y, como dijo José Antonio, solo le atribuyen motivos egoístas y económicos.

 

4. Ámbitos de necesaria reversión del proceso separatista.

a) Educación y Enseñanza.

Si juzgamos por la prensa reciente, da la impresión de que ¡ahora! han descubierto que se manipula en las aulas, desde los libros de texto, las clases y las actividades escolares…

La realidad es que esto viene ocurriendo desde el primer momento en que se cedieron estas competencias a las CCAA. El mejor favor que han podido hacerles a los separatismos ha sido el otorgamiento de esta facultad en exclusiva.

En unos casos, se ha tratado de una especie de localismo reduccionista (estudiar solo la geografía o la historia del terruño); en otros, como es el de Cataluña o en el País Vasco, ha ido adoptando una constante animadversión a lo español.

La larga hégira de Jordi Pujol, de treinta años, ha representado esa siembra del virus nacionalista en las escuelas.

Muchos profesores de Catalán, de Historia, de Ética… han actuado de verdaderos comisarios políticos, orientando los planes de estudio -y seleccionando cuidadosamente libros de texto y editoriales- hacia la predicación separatista, cuando no del odio a España más descarado. No hay ni que decir que el apoyo institucional ha sido total: el pasado mes de mayo, al celebrarse el aniversario de las Corales Infantiles, el Palacio de la Música de Barcelona se convirtió en un auténtico aquelarre en que los niños asistentes recibieron esteladas para ondear y fueron aleccionados por el Sr. Puigdemont acerca del referéndum…

Si nos centramos en la asignatura de la historia, existen una serie de fechas-estrella para los secesionistas: Compromiso de Caspe, Corpus de Sangre de 1640, Guerra de Sucesión y Guerra Civil del 36-39, que se presentan como símbolos de la resistencia de Cataluña frente al invasor español; otros acontecimientos (Guerra de Independencia o del francés, campañas africanas o coloniales) se enfocan siempre desde la perspectiva interesada para el nacionalismo.

La literatura y la geografía siguen un tratamiento parejo, y quién sabe si hasta las clases de matemáticas se aprovechan para la propaganda…

Me temo que esta situación, quizás no con tanta gravedad y virulencia, también se da en otras CCAA, porque, como he dicho antes, el problema de Cataluña no es más que una manifestación del problema español.

Desde la enseñanza Preescolar hasta las Universidades, y, en especial, las Escuelas de Formación del Profesorado, la incisión nacionalista es permanente. ¿Cómo reacciona el alumnado? Como siempre ocurre, quien hace más propaganda y tiene más voceros lleva las de ganar; muchos, quizás la mayoría, pasan del tema, al igual que son pasotas en cuanto a su españolidad… Pero la evidencia está en que las filas separatistas se han ido nutriendo de jóvenes, más o menos exaltados, a lo largo de estos treinta años de siembra.

Tampoco se escapa la llamada Educación No Formal, la del tiempo libre, por supuesto; grupos infantiles y juveniles parroquiales, esplais privados y centros cívicos de juventud son áreas de influencia nacionalista.

¿Cuáles son las medidas que podrían revertir esta situación? Me apresuro a decir que todas son de difícil aplicación en este momento y, en todo caso, no dejarían de resultar traumáticas y, por tanto, casi inimaginables de aplicar por los gobiernos españoles.

La actuación decisiva de la Alta Inspección del Estado, que en Cataluña ha brillado por su ausencia.

La introducción de un mensaje distinto en las facultades y escuelas de profesorado privadas (en las públicas, es aún más difícil hoy por hoy).

La acción de los medios de difusión educativa y orientadora del Estado y sus instituciones dependientes para contrarrestar la influencia nacionalista.

La edición de cómics, libros de lectura, video-juegos, programas de televisión de consumo infantil y juvenil.

Y, por supuesto, la principal sería la restitución al Estado de las competencias educativas. Insisto en que esto último es una utopía tal como están las cosas…

No se cómo irán las cosas el próximo otoño, pero, pase lo que pase, el ámbito educativo es esencial para la unidad de España.

 

b) El orden público

Todo golpe de Estado requiere contar con una fuerza armada. Lógicamente, el separatismo tiene su vista puesta en los Mossos d´Esquadra. Reiteradamente, tanto los mandos de esta policía autonómica como los sindicatos de guardias han venido reafirmando su profesionalidad, con gran disgusto de la Generalidad. Sin embargo, en el seno del Cuerpo coexiste una tendencia favorable al separatismo, que, aunque no sea mayoritaria, puede ser influyente y decisiva. Hace escasos días, Albert Donaire, portavoz de MxI (Mossos per la independencia) se permitía amenazar a los alcaldes traidores (socialistas) que no querían ceder locales para un referéndum ilegal.

A nadie ha pasado desapercibido el juego de palabras en cuanto a obedecer las leyes vigentes: si esas leyes cambian -porque se acomete la desconexión de España-, ¿cuál será la postura de los Mossos? La peligrosidad es evidente. Como en el tema de Educación, la cesión de la competencia del Orden Público a la CA fue un error, medianamente paliado con la coexistencia de otros cuerpos de seguridad en Cataluña (Guardia Civil, Policía Nacional).

Se ha dicho que la solución estaría en situar, como mando supremo de los Mossos d´Esquadra a un militar o guardia civil de completa confianza. Como en todos los casos, la duda es quién se atreve a ponerle el cascabel al gato…

Me asalta también la duda de si, entre la política de concesiones que puede llevar a la práctica este u otro gobierno español, no nos encontraríamos con algo parecido a lo recientemente llevado a cabo con el pacto de Rajoy con el PNV, es decir: conexión de la Policía Autonómica Vasca con los servicios europeos de seguridad (lo que le permite intervenir en caliente más allá de la frontera como cuerpo habilitado), integración en el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO), acceso a la información y expedientes en que esté involucrada la Unidad Nacional de EUROPOL, etc.

Si estas concesiones se han otorgado para obtener el voto del nacionalismo vasco para los Presupuestos, ¿qué no otorgará el PP para tratar de frenar -de momento- el proceso separatista de la Generalidad de Cataluña? Lo que es seguro es que no van a desistir de la idea y tarde o temprano volverán a la carga…

La pregunta inmediata que se nos ocurre es qué órdenes emitirá la Fiscalía del Estado a los Mossos d´Esquadra de cara al próximo 1 de octubre.

 

c) El clero y la jerarquía eclesiástica

No es ningún secreto que gran parte del clero catalán, con sus obispos a la cabeza, han venido representando, desde casi siempre, una especie de acogimiento a lo sagrado para el nacionalismo catalán. Montserrat se ha convertido en su vaticano, hasta el punto de que el profesor Barraycoa habla de montserratismo frente a catolicismo…

Se queda corto Juan Carlos Girauta cuando sostiene que, mientras Franco vivía, no había prácticamente nacionalismo en Cataluña y que solo unos cuantos curas, más o menos trastornados, convencieron a Jordi Pujol de que era el elegido.

No fue así: parroquias, centros religiosos de reflexión, grupos juveniles de los minyons de muntanya, fueron ejerciendo una labor de zapa al amparo de aquel Concordato de un Estado confesional con la Iglesia Católica; hoy en día esa labor se ha multiplicado de forma exponencial, sin tapujos, como nos lo demuestra la reciente pastoral de los obispos catalanes reunidos en el monasterio tarraconense de Loreto. Desde la Transición, se han repetido proclamas en hojas diocesanas, declaraciones y homilías, siempre favorables, con lenguaje solapado o directísimo, al nacionalismo catalán.

Quizás haya que remontarse a los orígenes, a finales del XIX, para encontrar las raíces de este nacionalismo o catalanismo radical en los ámbitos clericales: otra vez estaríamos en la evolución del tradicionalismo españolísimo hacia una desafección hacia España, vía nacionalista.

El sector separatista del clero es una punta de lanza decisiva para el separatismo, en coexistencia, competencia o colaboración (hay de todo) con sectores laicistas y abiertamente anticatólicos.

El actual Régimen no es confesional, por lo que se me ocurre que las intervenciones en lo político del clero y de la jerarquía eclesiástica deben estar sujetas, simplemente, a las leyes comunes. Ello no es óbice para que la diplomacia española en el Vaticano pueda intervenir para aplicar la máxima evangélica de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Es necesaria, por otra parte, una contestación de los fieles que se sienten españoles, pero esto pertenece a un ámbito particular; sectores carlistas ya están actuando en este sentido actualmente. Sería deseable que los movimientos católicos de orientación nacional no tuvieran tapujos a la hora de levantar la voz frente al separatismo amparado en las estructuras de la Iglesia.

 

d) El deporte y el tejido social

Se han hecho lamentablemente crónicos los silbidos y abucheos al Himno Nacional y a la figura del Rey en el Nou Camp, acompañados por el flamear de esteladas repartidas generosa e impunemente por los impulsores de estos desacatos. Y es sabido que la Junta del CF Barcelona, arrogándose la opinión de sus miles de socios, se ha adherido a la campaña pro referéndum.

Es inútil, como en casi todos los aspectos relacionados con el separatismo, acudir a la historia del club y entablar polémica, tal es el fanatismo imperante. Ni tan solo queda la opción de apuntarse al RCDE Español, su rival, ahora bajo la presidencia de un ciudadano chino, pues, aunque parezca absurdo y extraño, también hay un sector españolista de corte abiertamente secesionista…

La campaña por las selecciones catalanas quedó atrás, y realmente no les hacía falta, pues en el fútbol y en el club del Barça tienen, como dijo alguien, su ejército sin armas, de amplia difusión internacional y nacional.

¿Es legítimo y posible invocar la resistencia de aquellos socios barcelonistas que no comulgan con la politización, con la utilización de un club de fútbol para motivos espurios? Ello formaría parte de la necesaria movilización social, que trataremos después.

En realidad, además de los ámbitos eclesiásticos y deportivos, es todo un tejido social el que está inficionado por el separatismo. En unos casos, ha sido por adoctrinamiento puro y duro; en otros, por la moda; en otros, porque su propio origen es artificioso: este tejido social ha sido creado ad hoc desde las instancias públicas para sus intereses, cual es el caso de muchas asociaciones vecinales; finalmente, en otros casos, por puro clientelismo: se comulga fácilmente con ruedas de molino a cambio de una generosa política de subvenciones.

En este último apartado podemos incluir algunas casas regionales, cuyos orígenes y procedencia geográfica de los socios parecería alejarlos de las políticas segregacionistas; claro que de la subvención depende su propia existencia…

En todos estos casos, la reversibilidad es muy difícil; dependería de la largueza con que un Estado español convencido de serlo o una iniciativa privada potente económicamente promocionaran, a su vez, entramados sociales de carácter distinto.

Por el contrario, hasta la fecha y que nosotros sepamos, aquellas entidades ciudadanas que han plantado cara a los ucases nacionalistas no han recibido ayudas exteriores significativas.

 

f) Los medios de difusión

El separatismo dispone de abundancia de medios de difusión a su alcance; caso típico es El Punt-Avui, publicación deficitaria sostenida con fondos públicos. El periodista Rafael Jorba lo avisaba hace algunos años: No me he cansado de exponer, en público y en privado, mi desacuerdo con una cosmovisión y un universo simbólico, del que es paradigma Televisión de Cataluña, que colonizan transversalmente su programación, desde los informativos hasta la ficción, pasando por los deportes, y que impregna también su lenguaje,

 El grupo Godó, por su parte, es receptor de grandes subvenciones, que han convertido La Vanguardia en lo que se llama popularmente el diario oficial de la Generalidad. El Periódico, de izquierdas, tampoco suele quedarse atrás en propagar las mismas ideas, dentro de su sensacionalismo.

La cadena de televisión de este grupo (canal 8) compite con TV3 y Canal 33 en propagar el nacionalismo entre su público.

No hace falta decir que los libros que editan las Administraciones (Generalidad, Diputación, Ayuntamientos) -tengan o no venta pública, que esto es otro tema- son totalmente unidireccionales.

Frente a estos medios, El País, ABC o La Razón tienen escasa incidencia entre el público catalán y, por supuesto, ninguna en los ámbitos nacionalistas.

Es evidente la desproporción de medios que contrarresten la propaganda separatista. Claro que queda el reducto de las redes sociales informáticas, cuyo alcance, tanto en esas ideas como en las opuestas, suele quedar reducido a los ya convencidos.

 

 

g) La instrumentalización de la lengua catalana

Dentro de la sociedad catalana real no existe problema lingüístico; evidentemente, en las poblaciones pequeñas se usa predominantemente la lengua nativa, mientras que en las ciudades se emplean, indistintamente y alternándose a veces en las misma conversación, el catalán y el castellano o español común.

El problema lingüístico viene dado por la sociedad política, esto es, por el nacionalismo imperante desde hace más de treinta años. La inmersión lingüística ha impuesto el catalán como único idioma de la Enseñanza y de las Administraciones, con escasos resquicios para los hispanoparlantes. La coacción por medio de multas al comercio que no rotule por lo menos en catalán no ha levantado excesivas ampollas públicamente…

El problema se centra, pues, en la marginación del español.

Justifican la necesidad de la inmersión por la llamada diglosia, es decir, porque una lengua (el español) tiene más relevancia social que otra (el catalán). Ahora bien, la realidad es que lo que se da en Cataluña, como en la mayoría de zonas bilingües, es el sesquilingüismo: se conocen dos lenguas, pero, a título particular, cada uno utiliza una predominantemente, sea el catalán o el castellano.

El tema de la imposición del catalán ha sido uno de los motivos por los que la Generalidad ha dado prioridad a la inmigración islámica por encima de la hispanoamericana…

El problema no es que se valore y promocione la lengua catalana, sino su uso como ariete separatista:

a) Como instrumento nacionalizador y separador.

b) Como vehículo de expansión y colonización: aunque ahora la reivindicación de els països catalans parece atenuada, lo cierto es que el pancatalanismo se está imponiendo en Valencia y en las Baleares; no así en la llamada Catalunya Nord (Francia), por razones obvias.

c) Lo más importante, con todo, no es que se utilice ampliamente el catalán, sino lo que dice en catalán, es decir, el mensaje…

Por supuesto, uno de los recursos que tenemos en la mano es el uso del español, reclamando su normalidad en el lenguaje de la Administración y de la Enseñanza. Pero no olvidemos que no es menos importante es el empleo natural del catalán, especialmente cuando hagamos llegar nuestra afirmación de españolidad a un público; verdaderamente, esto descoloca a los separatistas…

 

5. Aspectos que deben considerarse para la reversibilidad del proceso separatista.

- El factor del miedo.

Hoy por hoy, el miedo a una agresión física está reducido casi a lo anecdótico: grupos o individuos aislados que increpan, insultan o vejan (o lo intentan, por lo menos) a quienes se atreven a manifestar su españolidad o, simplemente, su disconformidad con la línea separatista; es el caso de los tenderetes de los partidarios de retransmitir partidos de la Selección Nacional de Fútbol o conatos de agresión aislados a los que se acusa de fachas.

Pero hay otra forma de miedo imperante en la población, de tipo psico-sociológico: el temor a ser señalado por el dedo, al qué dirán (el respeto ajeno de los antiguos catecismos), que anula cualquier tipo de discrepancia expresada en voz alta.

En muchos casos, el miedo es a la exclusión social. Como es lógico, esta situación adopta menos intensidad en las capitales grandes, donde estas actitudes pueden quedar inmersas en el anonimato, pero aumenta a medida que, en ciudades menos pobladas o pueblos, se corre el riesgo de ser conocido. Pensemos en quienes tienen un negocio al público, en aquellos profesionales cuyos medios de vida dependen de una clientela.

Así, Manresa, Vic, Berga…, por ejemplo, son feudos separatistas, donde no existen discrepancias a la vista; no digamos en pequeñas localidades, donde todo el mundo se conoce.

La presión política y social se unen, pues, creando esta atmósfera de omertá mafiosa, donde las expresiones públicas en contra del separatismo son difíciles de encontrar.

La dejación del Estado ha sido un factor esencial para que, como una bola de nieve, fuera creciendo la supuesta unanimidad en torno al proceso secesionista.

 

-La inmigración

Podríamos distinguir entre tres sectores. a) Los procedentes de otros lugares de España -siempre en términos generales- se han ido sometiendo al influjo del nacionalismo; sus hijos se consideran catalanes y, en algunos casos, hacen expresión de un separatismo más acusado (¿intento de superar un complejo de inferioridad?); repásense la lista de apellidos de los más conspicuos separatistas y no será raro encontrar entre ellos ocho apellidos castellanos…b) Los inmigrantes de origen islámico han sido mimados por la Generalidad, a través incluso de un departamento específico regido por el Sr. Ángel Colom; se les ha dado prioridad sobre los de origen hispano, por entender que a estos, por razones de idioma y de cultura, iba a ser más difícil atraerlos para el procés. Existen en la actualidad asociaciones islámicas fieles (en teoría) a la trayectoria separatista. c) La población de origen hispanoamericano es, evidentemente, más reacia a dejarse atraer; con todo, no es extraño ver esteladas en pisos habitados por estos inmigrantes.

(Uno confía en el efecto beneficioso de un segundo mestizaje, que nos proporcione una restitución de los valores que en la España actual se han ido perdiendo, y especialmente en Cataluña)

 

- Sectores de afirmación española en Cataluña.

Si atendemos al espectro ideológico, podríamos distinguir tres sectores, que actualmente no dejan de imbricarse entre sí por la urgencia de una contestación:

a) El que llamaríamos constitucionalista (Sociedad Civil Catalana, España-Catalans, etc.), constituido especialmente por una clientela procedente del PP, de Ciudadanos o, más raramente, por personas procedentes de la izquierda. Dado este talante, evitan cuidadosamente que se les pueda identificar con lo políticamente incorrecto; como ejemplo, en sus manifestaciones, son bien admitidas las banderas tricolores de la II República, pero ni por asomo con el águila de San Juan.

Destaquemos la labor llevada a cabo por Empresarios por Cataluña, con una acción titánica -casi personal- en los ámbitos económicos.

c) Curiosamente, la tradición carlista de Cataluña ha reverdecido y experimentado un considerable tirón ante el desafío separatista. Somatemps y Dolça Catalunya difunden sus mensajes a través de Internet, convocan manifestaciones y actos (a veces, en colaboración o competencia con el sector anterior) y logran cierto predicamento entre los jóvenes; cuentan con ideólogos preparados y valientes.

d) Un tercer sector sería el de aluvión, en el que se encuentran, desde posturas netamente falangistas y joseantonianas, hasta actitudes puramente españolistas sin mucha identificación ideológica concreta. No me atrevo a calificarlo de nuestro, precisamente por lo variopinto de sus componentes. Como de costumbre, los que agrupo en este sector pululan de uno a otro grupúsculo, participan en actos y manifestaciones de los dos sectores anteriores, siempre que se enarbole la bandera española.

 

- Movilización social creciente.

Este es el fenómeno más esperanzador: a pesar de que persiste el miedo ya indicado, cada convocatoria de afirmación española cuenta con un buen respaldo de asistentes, simpatizantes o adheridos a los tres sectores mencionados en el apartado anterior, así como por una población que ya se atreve a salir a la calle y manifestarse públicamente en favor de la unidad de España.

El caso de los 12 de octubre en la Plaza de Cataluña barcelonesa, últimamente no respaldados oficialmente por ningún partido constitucional, es paradigmático al respecto; también se celebran manifestaciones con motivo del Día de la Constitución, y, últimamente, por motivos variados (caso de la Hermandad de Legionarios), siempre que las presida la bandera de España, y esto es altamente significativo.

Como dice la canción, sabemos reconocernos en las calles de cualquier ciudad: muchas personas procedentes de sectores azules participan, por supuesto, en estos actos, como no podía ser menos; ahora bien, sin otro protagonismo que el que nos otorga graciosamente el adversario separatista (caso de la polémica entre Romeva y un señor del PP, de cuyo nombre prefiero no acordarme.

Los medios de apoyo exteriores para esta movilización social son prácticamente inexistentes; la dejación mencionada por parte del Estado español y de los partidos constitucionalistas se pone de manifiesto también en este punto.

Entendemos que una política coherente consistiría en la creación de un tejido social de carácter nacional y la potenciación del ya existente, que obedece a iniciativas de carácter privado exclusivamente.

 

6. A modo de conclusiones…

1) La lucha por la unidad de España tiene varios frentes, como se puede deducir. El político corresponde a las instituciones del Estado. Hasta la fecha, este frente ha estado activo solamente en declaraciones rotundas (que, con toda sinceridad, no me merecen mucha confianza) y en esa judicialización del tema, consistente en entregar al Poder Judicial todo aquello que, a juicio del Gobierno de España, entra en lo delictivo; sus efectos se han reducido a inhabilitaciones breves, sentencias benignas y amagos de más de lo mismo…

2) En el aspecto económico y fiscal, se están sacando a la luz los casos de corrupción más flagrantes relacionados con el nacionalismo. ¡A buenas horas, mangas verdes! Hay que decir que no causan la menor mella en el proceso separatista, pues el fanatismo imperante es capaz de pasar de puntillas por encima de ellos (caso de ERC apoyando a PDdCAT). No hay ni que decir que eran archisabidos…

3) Lo que llamaríamos frente social es el más esperanzador, pero precisa mucho apoyo para conseguir superar el miedo psicosociológico ya reseñado.

4) No es posible adelantar acontecimientos. La aplicación del artículo 155 de la Constitución parece, hoy por hoy, impensable; dicen los expertos que daría alas al separatismo (¿) … La pregunta es si sería aceptado por otras fuerzas políticas (PSOE, PNV, Ciudadanos, Podemos y sus marcas blancas…)

5) ¿Qué consecuencias podría tener en el caso de aplicarse? ¿Una rebelión generalizada? ¿Una rebelión institucional? Lo segundo es más claro que lo primero. Estarían garantizadas, eso sí, las movilizaciones de la masa separatista. ¿Cuál sería la actitud de otras CCAA? ¿Qué alcance podría tener una solidaridad en este aspecto? Pensemos en la composición actual de los gobiernos y parlamentos autonómicos…

6) Sea cual sea la medida que se adopte, su efecto traumático está asegurado; sin embargo, la necesidad se impone cada día más. Creemos que los expertos deberían sopesar bien las posibles consecuencias y aplicar las medidas necesarias.

Los que no somos tales expertos reconocemos una serie de factores, tales como la tibieza del gobierno del PP hasta la fecha, así como su debilidad parlamentaria, el confuso maremágnum de la izquierda, entre los podemitas y el PSOE… No dejemos de lado el posible pactismo de los gobiernos alternativos al actual…

7) Sea como sea, entendemos que lo prioritario es la defensa de la unidad e integridad española. Las medidas deben ser consecuentes con este objetivo trascendental.

De entrada, la primera medida de orden estratégico consistiría en no acudir en modo alguno a la convocatoria del supuesto referéndum y hacer toda la campaña posible para ello; recordemos que España no se vota. Falta saber en qué términos tendrá lugar un posible pacto político con el Gobierno español, conforme vaya avanzando el calendario.